El auto viejo que ahora vuela

Defensa y justicia estuvo a minutos de hacer historia. Un equipo que comenzó en un taller de mecánico y estuvo cuarenta años para afiliarse a AFA. Menos le costó llegar a primera y competir internacionalmente. Escribe Santiago Núñez.

Alfredo Scrocchi se juntaba con sus amigos a tomar mate y charlar de fútbol en un galpón de forrajes ubicado en la calle Mitre al 400, en pleno Florencia Varela. Esa banda de amistades, como no podía ser de otra manera, se la pasaba también jugando en la canchita por asados, contra “los del Cruce”, los de “la Capilla” y tantos otros. En frente del lugar de juntada había un terreno baldío que lucía para toda la calle un auto abandonado, por lo que Scrocchi y los muchachos no tuvieron mejor idea que ponerle a su equipo “el auto viejo”.

Con el tiempo, ese grupo de gente joven y entusiasta del sur de la Provincia decidió que ya un equipo que juega por apuestas no alcanzaba, sino que había que armar un club hecho y derecho. Nadie al día de hoy entiende bien el nombre que le pusieron, pero el 20 de marzo de 1935 nació de aquellos sueños varelenses el famoso, viejo y querido “Defensa y Justicia”.

En una primera instancia había una idea de impronta social y un billar. Luego vendría un club cada vez más enraizado, en el que los juegos de mesa y los bailes de carnaval, seguidos de algunas actividades deportivas como el básquet. El fútbol se practicaba solamente para competencias menores, barriales, hasta que en algún momento a alguno de los locos buscadores de aventuras se les ocurrió que para cambiar de aire había que competir en AFA.

Así fue como el 4 de marzo de 1978, el sueño de unos muchachos de Varela se plasmó en una cancha de fútbol oficial de AFA, en la victoria 2 a 1 a Cañuelas por la Primera D. A principios de los ochenta el equipo del auto viejo empezó a volar, como el Halcón, apodo que tomó por la coincidencia de un presidente que gestionaba a Defensa y Justicia así como también a la empresa “El Nuevo Halcón”, dueña de los colectivos verdes y amarillos (como el color de los de Varela) 148, que llegaban de a más de a 50 unidades para ver a Defensa. Volaba tanto que ascendió a la C en el 82, a la Metropolitana en el 85 y al nacional en junio del 86, el mismo mes que Maradona voló pero en México.

Desde allí, salvo algún que otro traspié, los del auto viejo fueron transitando como protagonistas el Nacional a tal punto que un día, en 2005, se salvaron del descenso en la promo contra Morón con dos goles en tiempo de descuento. Ese partido generó tanta algarabía que hasta hoy el 3 de junio es el “Día del hincha de Defensa y Justicia”. Pero lo que nadie sabía es que el Halcón no se conformaría con volar hasta el anteúltimo piso del edificio del fútbol argentino, sino que no iba a parar hasta llegar al cielo.

Con eso llegó el ascenso. Con la Primera, el buen juego y el protagonismo. Con ellos, los resultados lógicos de triunfo que lo llevaron al plano internacional. En su primer partido fuera del país tuvo uno tranquilo: el San Pablo en el mítico Morumbí. Pero los varelenses no se achicaron en el césped tropical paulista y eliminaron a un equipo que era campeón de América unos 12 años antes, mientras ellos casi caen a la Metropolitana. Un gol de visitante aislado, de esos que tiene el fútbol, le impidió llegar a semis en 2018, año en el que empezó un torneo local que terminaría con Defensa subcampeón de Racing, con victorias anheladas como el 1 a 0 al River de Gallardo (campeón de América) en el Monumental. Ese espíritu del auto viejo con el motor que no se vence nunca siempre está.

Esta semana, el halcón fue nuevamente por la gloria en Villa Belmiro, contra un Santos que fue campeón de América y del mundo 15 años antes de que Defensa juegue por primera vez en la D. Pero la Historia no fue obstáculo para el Halcón, que estuvo clasificado a octavos de final hasta los últimos minutos del descuento. Mereció ganar, a tal punto que uno de los comentaristas televisivos dijo “habría que cambiarle el nombre y ponerle ‘Ataque y Justicia’”.

Pero el hecho de que no haya podido ser le pone en el camino a Defensa el desafío de la Copa Sudamericana, esa famosa otra mitad de la gloria. No hay derrota que sea un límite para ese auto viejo que hoy vuela como el Halcón, y que puede correr más rápido que cualquier Ferrari o Mercedes Benz. Es la magia que ocurre cuando el potrero, ganando o perdiendo, hace historia en el continente.

Santiago Núñez

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