Diego es, entre muchas cosas, una forma de ser y estar. Una de ellas, quizás la más importante, es como representa al ser argentino. Escribe Ariel Feller.

Con Pérez nos tratamos de usted y nos llamamos por nuestros apellidos. No sé bien por qué se dio de esta manera. Quizás sea porque, aunque parezca que somos amigos de toda la vida, nos conocimos de grandes; entonces no da para andar diciéndonos viste boludo tal cosa o viste boludo tal cosa como si fuéramos pibitos de los 80. O tal vez sea porque al no tutearnos generamos en nuestras mentes la idea que podemos decirnos cualquier cosa sin perder el respeto que nos tenemos.

Eso de no conocernos desde siempre hace que no sepamos todo del otro. Para colmo que nuestras charlas siempre estén regadas con cerveza disminuye la chance de incorporar data personal. El alcohol puede fijar grasas pero lejos está, evidentemente, de hacer lo mismo con la información. De todas maneras y gracias a que me pidió hace un tiempo que le escriba un texto para la solapa de uno de sus maravillosos libros de dibujos, tuvo que contarme cosas de su vida. Así me enteré que si bien nació en Laferrere se trasladó con su familia, a muy temprana edad, a los Estados Unidos.

La reciente muerte de Diego trajo un nuevo capítulo a nuestra novelita “Descubriendo a mi amigo” porque las redes sociales de Pérez se inundaron de publicaciones sobre nuestro máximo ídolo de la pelota. ¿Qué pasa acá? me pregunté, si siempre fui yo el que de los dos más jode con Diego todo el tiempo. Entonces mi mensaje no tardó en llegar a su celular: “¿Qué le pasa Peréz? ¡Le pegó mal lo de Diego eh!”

Su respuesta que me acomodó un poco los tantos (como acomodaban los tantos las frases de Diego) la trascribo tal cual me llegó:

“Le voy a contar algo, trate de no interrumpir. Estando en yankilandia conocíamos poco de Argentina. Mi viejo tenía una idea bastante boluda de querer yankizarnos. Nos hablaba muy poco de Argentina. En el 86 me llamó mucho la atención un petisito que hacía maravillas en un deporte que apenas conocía (acá no cumplí con su pedido y le pregunté si ese petisito era yo) .Los noticieros mexicanos no lo querían mucho y hablaban medio mal de un tal Maradona. Puteaban por un gol hecho con la mano y ninguneaban el que iba a ser el mejor gol de la historia… ¡El Diego fue el primero que me hizo sentir argentino! ¿Entiende o tengo que hacerle un mapa?”

Mientras un par de lágrimas caían sobre la pantalla de mi celular, con un hilo de vos dije: “¿Cómo no voy a entender Pérez? Si a miles de kilómetros a mí me pasó lo mismo”.

Ariel Feller

¡Suscripción recibida!

Por favor, revisa tu correo electrónico para confirmar la suscripción a tu boletín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s