Bienvenidos y bienvenidas al Salón de Lectura Deportiva, nueva sección para recomendar libros sobre deporte. Hoy reseña de Enfermo de Fútbol, una novela de Daniel Frescó. Recomendación de lectura veraniega.

Diego Maximiliano Huertas

Autor: Daniel Frescó

Título: Enfermos de fútbol

Editorial: Emece

Lugar de edición: Argentina

Año de edición: 2015

Número de páginas: 349

Categoría de lectura: De reposera, de bondi, de tren, de plaza, de espera.

Precio en librerías: Está saldado, lo cual implica que se puede conseguir de $ 200 a $ 400. Hay que recorrer, preguntar, enroscarse.

Este es un libro que se saborea capitulo a capitulo. Si tenés ganas de leer, reírte y además estar entretenido, esta novela es una buena opción para poder lograr todo eso que escribí.

Es el primer libro que leí del autor, debo decir que no tenía ningún tipo de información acerca de Daniel Frescó ni de su obra. Lo compré a un precio razonable, por lo menos para mí, ya que está saldado y un libro a $ 300 es un regalo y regalarse un libro siempre es una buena opción. Ahora que lo pienso sí tenía un dato acerca de este libro: el autor denunció por plagio al señor Adrián Suar porque había argumentado que la película del ex Golden Roquet “El fútbol o yo” había tomado cosas del libro que estoy mencionando, de hecho hace poco salió el veredicto de que la justicia sobreseía “a Adrián Suar en la causa en la que se lo acusaba de plagiar una novela” según reza la información del diario La Nación en su versión on- line del día 6 de noviembre de este año pandémico. 

No me digas que vas a ver la película de Adrián Suar para ver si tiene comparación con el libro….

No lo hagas, yo lo hice, caí en la tentación de perder el tiempo mirando una película de Suar, el libro es cien veces magistral en comparación con la obra fílmica del señor chueco. Nada tienen que ver, el libro está escrito de una forma muy buena y la película es más de los mismo en el mundo Suaresco: soy un campeón, hago películas para poder serlo. Y las hago porque tengo plata y llamo a quien quiero para que trabaje conmigo.

Y claro está, si sos dueño de la calesita vos elegís los muñecos.

Pero dejemos a Suar, no importa en esta historia, no tiene nada que ver. “Fuera Suar” decía un pasacalle en Almagro, pero los vecinos no sabían si hablaban de Adrián Suar o Eduardo “muleta” Suar, quinielero estafador que el barrio anda buscando para que deje de estafar gente honesta.

Enfermos de fútbol, es una historia ágil, una historia que no querés dejar de leer y que en cada capítulo la acción se desplaza sobre la pluma del autor, una pluma piola, entendible, nada de cosas raras, esto es literatura como entretenimiento y bien realizado está.  Como dijo la gran escritora Pocha Almíbar de Carcaza en su mansión de San Antonio de Padua: “Si la birome corre, la oración tiene que estar bien escrita”. Y en la novela las oraciones están muy bien escritas.

La historia relata la vida de Jesús José Miranda, hincha de Independiente, un tipo que trabaja en una oficina, es contador, en pleno microcentro de la ciudad de Buenos Aires, está casado con  Emilse que trabaja como revendedora de Avón con la que tiene dos hijos: Maria y Ricki, éste último será un personaje fundamental en la novela y en el desarrollo de la historia.

Todo comienza cuando Jesús sale del trabajo en el horario del almuerzo y piensa que es una buena idea comprar un sillón nuevo para ver los partidos de fútbol que a él tanto le gusta, podemos decir que el hombre se quiere dar un gusto, aunque en el living de su casa ya está todo armado, pero un sillón nuevo, para ver Tranca Style los partidos de fútbol es siempre un regalo que todos los días se degusta.  Se lo compra, luego de pensar la situación decide que es hora de comprar un sillón nuevo, lo cual ya trae el primer conflicto con su media naranja. Pero más allá de las idas y vueltas consigue el flete y el sillón yace en el living de su hogar como la linda postal de los días a seguir.

Como dijo un reconocido taxista de Monserrat a canal 9 en el verano de 1987, el cual se había comprado un colchón de una suma bastante grande: “Mirá hermano, vivo en una pieza de dos por dos, lo que quiero es llegar y poder dormir bien. Eso le pido a la vida… poder dormir bien”.

Jesús contento con el sillón o podemos decir ¿Jesús, contento con el sillón?

Si, el hombre se pone contento con la compra del sillón pero piensa que es tiempo de modernizarse, tiempo de cambiar el tablero viejo de ajedrez y jugar con uno nuevo y entonces va y se compra un televisor, uno a media rabia, tampoco tan loco ni sacado de orbita, un televisor:

“Entonces vio justo frente a él un LCD de 42 pulgadas, que le pareció increíble por el tamaño. Solo imaginarlo colocado frente al nuevo sillón le produjo un  leve estremecimiento. No era de las mejores marcas pero el precio (…) lo terminó de convencer”.  

Y ahí comienza a tomar envión la historia, cabe destacar que estamos en el segundo capítulo de la novela y nos quedan 26 más el epílogo. Y ahí si se arma con la compañera, con su familia, es un gasto que era innecesario para ellos pero no para Jesús que lo único que quiere el hombre es ver fútbol, el sagrado fútbol que tanto lo hace feliz.

Pero eso no es todo, da un paso más, un paso fundamental que nos va a meter de lleno en la historia y nos va a mantener en vilo hasta la última oración de la novela. El hombre decide algo, algo que va a cambiar no solo su vida sino la de todo su entorno: dejar el trabajo para dedicarse a lo que le quede de existencia a mirar futbol.

– Vos querés la verdad ¿no? La verdad es sencilla: quiero mirar el Barcelona – Real Madrid. Ahora. En este sillón y en esta tele. Es lo único que quiero y todo lo demás no me importa. Perdón, pero quiero ser más sincero todavía. No solo este partido quiero ver. Voy a mirar todos los que pueda. Este, el de más tarde, el de mañana, el de pasado… Los de Independiente, Boca, River y todos los equipos de la A. Los de la Nacional B y los de la B metropolitana también. Los de España, Inglaterra, Italia, Alemania, Francia y Brasil…Y si es necesario Holanda también. Todos. Lo único que quiero es ver fútbol, Emilse. Ya no me voy a perder ningún partido. Los voy a ver tranquilo y sin molestar a nadie. Acá. En mi casa. En mi sillón. En este hermoso televisor. Eso me pasa, Emilse. ¿Entendes, ahora?

– ¿Pero quién te crees que sos? ¿El personaje de Norman Briski en La Fiaca? ¿Te agarro un ataque de fiaca y no querés ir más al trabajo? ¡Por favor, José! – Reaccionó Emilse recor4dando la clásica película argentina de fines de los 60.

– Para nada soy como el de La Fiaca. Acordate, Emilse, que ese a los pocos días volvió arrepentido  a su oficina con la cola entre las patas. Yo, en cambio, no vuelvo nunca más. 

Y hasta ahí cuento porque si no suena el alerta de spoiler. Lo que viene se disfruta en cada uno de los capitulos que constituyen la novela.  El personaje central, Jesús tiene que sostener lo que ha dicho en el fragmento que he citado anteriormente. Y lo hace. La pregunta que podemos hacernos es cómo lo hace, bueno, no quiera todas las respuestas acá, léalo, lee, que siempre leer hace bien.

La pregunta central o por lo menos la que me hago yo es: ¿El futbol, el observarlo es una enfermedad? ¿Hasta qué punto uno es capaz de dejarlo todo por una pasión, por la pasión futbolera? Y cuando digo todo es ponerlo en juego todo y perderlo por aquello que uno sigue, por esa utopía que nos hace vivir a sabiendas que quizá sea inalcanzable. Jesús se va a tener que enfrentar con la familia, con su trabajo, con periodistas, con vecinos, con un sinfín de personas que le harán casi siempre la misma pregunta: ¿Es cierto que está enfermo de futbol? ¿Se puede estar enfermo de fútbol?

Divertido, libro compañero que propone momentos que quedaran guardados en la memoria con situaciones que valen la pena leer. Lo recomiendo, lo recontra recomiendo y lo vuelvo a recomendar. Acaso si lo comprás y no te gusta podés maldecirme por la página de Lastima a nadie, maestro o en cada una de sus redes sociales. No hay problema, aquí estaré. Si te gusta también comentá que siempre son bienvenidos los comentarios. Igual, un libro siempre deja algo, tampoco nos hagamos los pavotes.

Como dijo Pepe Yusita en aquel atardecer de Papero Viejo, cuando el sol del 26 de Octubre de un año remoto y perdido acariciaba su espalda: “Hay que leer sino se oxida la caretilla verbal”

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1 Comment

  1. excelente reseña del señor Huertas, que, teniendo el gusto de conocerlo, puedo decir que tiene buen paladar, al igual que el corazón. Se me hizo muy amena la verdad y uno escribe como piensa dicen y acá esta el sello de Maximiliano, arrimándonos la literatura sin abandonar el barrio , el barro.
    Gracias por tu magia y tu recomendación!. Me pone muy contento verte compartir lo que sabes desde este blog tan amable.

    Me gusta

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