“El Cazador”, un melancólico ex delantero del Ferrocarril San Martín, recibe la noticia del asesinato de un joven fanático del club. Shockeado, lo primero que se le viene a la mente es que a ese hincha le debía su apodo. Novela por entregas, cada martes un capítulo nuevo. Escribe Lucas Bauzá. 

“Artículo 8: Se perderá el carácter de asociado por fallecimiento, renuncia o expulsión.”

Estatuto del Club Social y Deportivo Ferrocarril San Martín

  Cinco minutos después de la hora señalada, entré por la puerta trasera del restorán tal como nos habían indicado. Parecía el Arca de Noé del Ferrocarril.  

-Veinticinco. Estamos todos –contó el Viejo Bustos–. A sentarse, vamos.   

  Me acerqué cabizbajo a los pibes, mientras los demás también corrían a acomodarse. Sentados en una ronda semi romboide, ocupando el sombrío y frío patio trasero del lugar, en el centro se puso Lozano, con Cuco y el Viejo Bustos a su derecha y una silla reservada para el Bebi Solís a su izquierda. Junto al Viejo, Docabo, Rata, Toti Gauna y Jere; más acá, el Gordo Leandro, Equi, Fabricio, Juan, Mosca, el Santo y yo; a mi lado Chiche, con quien formábamos el otro extremo del rombo, y Locomotora Paredes; y los de Las Tunas cerrando la ronda de hinchas: Mocoso, el Zurdo Daniel, Chila, Dengue, Bebeto y el Teja grande; en los confines del círculo, Bordón, Don Lucio Gianetti y Thiago Solís, pegado a la silla vacía de su abuelo.

-Otra que los de Alcohólicos Anónimos –murmuró el Santo.

-Shh.

  Miré a uno por uno. El Viejo Bustos me tiró un beso. Con el Jere nos clavamos los ojos un largo rato. Los pibes, mientras murmuraban con el Santo, aprovecharon para verme el pómulo inflado sin regalarme ni un gesto. El Dengue me venía fichando desde hacía rato. Don Gianetti me saludó amistosamente con una palma abierta. Y Lozano, mientras tomaba agua de una botellita, ya de pie, también me dedicó una fugaz mirada y un cabeceo.

-Bueno, muchachos –arrancó con energía, aplaudiendo dos veces como un director de escuela para ordenar a los revoltosos–. Creo que ya estamos todos, les agradezco por la puntualidad y por haberse acercado.

-Buenas noches –saludó el Bebi, atravesando la galería abierta que daba al salón del restorán–. Ahí en las mesitas tienen agua, se levantan y se sirven.

-¿Se puede fumar? –preguntó el Zurdo Daniel con timidez.

-Se puede, sí. Estamos hablando de tabaco, Zurdo, no se vengan a ser los Bob Marley que llega al salón y queda feo.

-Arranquemos entonces –siguió Lozano, frotándose las manos, mientras la mayoría prendíamos cigarros, convidábamos fuego y buscábamos algo parecido a un cenicero–. Se habrán dado cuenta que la reunión de hoy era impostergable porque esta situación ya… Pasó a ser delicada. O más que delicada. Estamos hablando de un intento de homicidio, de homi – cidio, estamos hablando de alguien que se empachó con la mandanga y entró al club calzado, directo a matar a la persona que hoy se está haciendo cargo del fútbol, estamos hablando de una acusación que andá a saber de dónde salió. O sea que estamos complicados, muchachos. No vamos a ser tajantes, no vamos a hacer locuras, acá en el Furgón las cosas toda la vida se hablaron de frente, voló alguna que otra mano, alguno se habrá llevado un bollo que no se merecía, que no se merecía, pero la cuestión es que hay un quilombo y estamos acá para resolverlo. ¿O no? Y hoy hay que resolverlo, no ayer, no pasado mañana. Hoy, acá, se va a hablar de lo que haya que hablar, sin vueltas, sin acusaciones pelotudas, sin delirios, sin pasarse de rosca.

-No te entiendo –comentó Locomotora Paredes a duras penas, pero Lozano le hizo un gesto para que esperara.

-Esperame, Locomotora, esperame un cachito y dejame seguir. Todos los que estamos acá nos conocemos de las asambleas, de las reuniones, de los cafés, de la cancha y de la concha de la madre. Amigos, enemigos, acá ya todo el mundo sabe quién es quién. Por eso les propongo lo siguiente: que exponga uno por lado, acá arriba de la mesa, y que diga todo lo que quiera decir. Cinco minutos.

-¿Cómo, Chelo? –preguntó el Mosca.

-¿Pueden esperar? La puta madre.

-Atendé, Hernancito, ya pasó la hora de la siesta –lo estimuló el Viejo Bustos.

-Los muchachos de la Agrupación, ahí –retomó Lozano–: Juan, Gordo, vos, Mosquita querido, o Cuchuflito. Habla uno en representación de los demás. Uno solo habla. Tiene cinco minutos para decir lo que quiera. Me pasa esto, no entiendo aquello, nosotros acá los pibes estuvimos viendo tal y tal cosa, me hace ruido lo otro, etcétera, etcétera. ¿Se entiende? Ahí hablará el Zurdo, supongo. Acá, Aníbal, o el Toti o el Roedor –señaló a su derecha–. De la troupe de los Solís calculo que el que va a hablar es el Bebi, no creo que lo haga dar la cara a Don Lucio.

-No te pasés de vivo, Chelito, no arranquemos –saltó el Bebi.

-Persona que agrede al pedo –lo ignoró Lozano–, que boquea gratis o que se quiere agarrar a las piñas, persona que mañana no pertenece más a la institución. ¿Estamos? Porque terminamos la reunión, convocamos inmediatamente al Tribunal de Disciplina y lo echamos esta misma noche. ¿Quiénes son del Comité? –preguntó, mirando al Viejo Bustos por encima del hombro.

  El Mocoso, el Rata y mi hermano levantaron la mano.

-Los tres que ves y yo, Marchelito –indicó el Viejo Bustos con aburrimiento.

-¿Están de acuerdo, muchachos? –les preguntó Lozano a los demás–. Es la mejor forma de darle un marco de seriedad al asunto, que nadie venga acá a pasarse de cocorito ni a plantear pelotudeces. Somos gente seria, el club tiene su renombre y esta situación merece toda nuestra buena fe.

-Está bien, Marcelo –aprobó el Mocoso, circunspecto y cruzando los brazos, tomándose muy a pecho el verso de Lozano.

-Igual habría que definir qué es un planteo pelotudo y qué no, ¿no le parece, Marcelo? –preguntó Equi–. ¿Eso quién lo define?

-A eso lo defino yo.

-Ah, bárbaro.

  El Viejo Bustos se puso de pie.

-¿Querés empezar vos? Estás con ganas de hablar, se ve. 

-Sí, yo no tengo drama –le respondió Equi, sin ninguna inquietud, y miró a los cabecillas de nuestro grupo–. ¿Les parece que hable yo? ¿O vas vos, Juan? 

-Dale vos, cabeza –dio el visto bueno el Gordo Leandro.

-Te escuchamos, pibe –le largó el Bebi desde la otra punta, con un tono de mofa.

-Bueno… A ver. Tenemos dos o tres cosas para plantear. La primera surge a la vista, es algo que se debe estar preguntando más de uno acá, y no precisamente de nuestro grupo. ¿Dónde está Sánchez Morando? Ahí en la calle nos acaba de decir, Marcelo, que Román lo acusó de haber mandado a matar al hermano. Y de casualidad que no lo mataron hoy, en el medio del partido del campeonato. Sin embargo, a los organizadores de este encuentro, les pareció que no hacía falta que él estuviera acá, dando explicaciones. ¿Raro, no? Y de ahí nos nacen cuatro o cinco preguntas más, también, también… Evidentes, lógicas, que se caen de maduras. Uno: ¿Quién es Matías Sánchez Morando? Dos: ¿Qué hace en el club, de la mano de quién entró y por qué, y qué medidas se están tomando para solucionar los problemas de solvencia económica que está demostrando tener? Tres: ¿Qué relación tenía con los Paz, que hace tiempo no pertenecen a nuestra Agrupación? Como dijo recién, Marcelo: acá nos conocemos todos. ¿Pero a él quién lo conoce? –se preguntó, mirando sin disimulo a los Solís. 

-Mirá, pibe –quiso arrancar el Bebi, entre un quilombo infernal que surgía de tres sectores: el nuestro, el de los hinchas históricos y el de Las Tunas.

-Pará, Bebi, pará –intercedió Lozano–. Cóceres, vos

-Déjeme terminar, Marcelo –lo interrumpió Equi, dejándonos boquiabiertos a todos–. ¿No dijo cinco minutos? Me faltan dos. Yo tiro 

-Terminá –le respondió Lozano, echando fuego por los ojos.

-Yo tiro todo sobre la mesa y después cada uno responderá si tiene algo para decir, y si no, no.

-Vos tirá tranquilo, pibe –se metió el Viejo Bustos a bajarle los humos con sutileza.      

-Sigo. Yo no vi en el caos propiamente dicho, llegué cuando ya estaba la policía en el medio y no vi muy bien qué pasó, pero me contaron todo con lujo de detalles. Y uno de esos detalles es que, ya se sabe, Román entró armado. Pero otro detalle es que, aceptando esta propuesta de hablar todo de frente y acá, había dos personas más que estaban con armas de fuego. Dos más. Es decir que somos gente seria, que el club es de renombre, pero nos estamos moviendo con la lógica de Almirante Brown, de Chicago, de clubes peligrosísimos, y parece que vale entrar armados a nuestra cancha.

-Ya estás hablando boludeces –volvió a saltar el Bebi.

-Dejalo que termine, Bebi –ordenó Lozano.

-Usted sabe que no, Solís –se plantó Equi, a quien los pibes ya miraban como si fuera Churchill–. Y si no, infórmese.

-Si estaba ahí, gil, ¿qué me venís a cancherear a mí?

-Yo sigo, Marcelo. Después el Tribunal de Disciplina verá.

-Sí, Tribunal de Disciplina… –murmuró el Bebi mientras el nieto lo calmaba.

-Último planteo: nos contó un pajarito que Román, justo antes de encarar al señor Sánchez Morando, dijo, textualmente: “Estos hijos de puta quieren hacer edificios acá”.

  Miré de refilón al Santo, que apenas si levantó las cejas.

-Y acá –siguió Equi–, es la cancha. Porque lo dijo en la cancha. Así que más allá de que Román Paz va a ir preso varios añitos, más allá de quién es o deja de ser Sánchez Morando, y más allá de la gente que anda armada como Pancho por su casa, lo que principalmente nos interesa a nosotros es esto último… Así que Solís, ojalá que acá sí esté hablando boludeces. Ojalá que

-Al club lo fundó mi finado padre, infeliz de mierda.

-Bebi.

-Decía que ojalá que sean boludeces. Necesitamos que sean boludeces y que jamás se les haya ocurrido vender o hacer una transa con un metro cuadrado de la cancha, de la sede o de lo que sea que tenga el club.

  Lozano, que terminó de escuchar el discurso de Equi sentado y de brazos cruzados, levantó la mano. El Santo bajó los labios y levantó las cejas,  dándome a entender que la intervención lo había impresionado.

-Sí, son boludeces, Cóceres –explicó Lozano, con extrema calma, y se volvió a parar–. Dejame que te conteste yo, porque desde que me enteré lo que pasó hoy dije “Acá pasa algo raro, viejo”. Y esto de los cinco minutos es una pelotudez, vamos a terminar a las tres de la mañana y no es la idea, porque mañana laburamos todos.

-Salvo ahí, los muchachos –metió un bocadillo el Viejo Bustos, pasándole facturas internas a la gente del Zurdo Daniel.

-Bueno, por eso propuse el horario de las siete, así me daba tiempo a hacer lo mío. Estoy postulado a intendente y al parecer en diciembre voy a hacerme cargo de Almafuerte, si no puedo saber qué mierda está pasando en mi club en un par de horas no estoy ni para manejar un centro de jubilados. ¿O no?

-Y a vos qué te parece, Marchelito –lo pinchó el Viejo Bustos, guiñando un ojo en el vacío y sacándonos una carcajada a propios y extraños.

-¿Qué hice? Me pasé la tarde levantando el teléfono, oteando algunas caruchas y hablando con los que tenía que hablar. Vamos a lo que ya se solucionó, a lo que ya no hay que volver porque está resuelto. Tema ingreso de fierros: acá Cuco es testigo porque estuvo presente: “Lebrón: ¿qué mierda pasó en la entrada?”. “No, que lo dejé pasar al Zurdo y a los pibes y este se me mandó, me distraje porque estábamos en confianza. La concha de su madre, ¿cómo me va a ser algo así este pelotudo?”. “Negro, primero soltame la camisa”. Ustedes lo conocen, vieron que cuando quiere hablarte de cerca te agarra de la ropa, es de esos pegajosos. “Negro: no te hago figurar como encubridor porque sos demasiado pelotudo para participar en una jugada así. Tomá, firmame la renuncia y a casa, hasta el 2030 no te quiero ver por el Andén porque te saco a shots en el orto”. “No, que Marcelo, ¿que cómo vas a pensar una cosa así de mí?”. “Chau, Negro. Andá a vender falopa a otro lado”. Segunda inquietud: los fierros acá de los muchachos…

-Perá, Marchelito. ¿A quién vieron calzados, amigo? –interrumpió el Viejo Bustos, para poner entre la espada y la pared a Equi. Una cosa era decir que había gente armada y otra, muy distinta, era dar nombres y apellidos.

-Gauna y Docabo –dijo Fabricio.

-Gauna y Docabo –repitió Lozano–. Perfecto. ¿A alguien le mostraron un fierro alguna vez? En el club, digo. Aníbal, Zurdo, Chiche, ahí los muchachos de la Agrupación, esto va para todos… Chiche: ¿alguien te apuró con un caño alguna vez?

-No, Chelo.

-Preguntale al Cazador –susurró el Santo, haciendo explotar nuestro rincón.   

-Muchachos… No somos carmelas descalzas, tampoco nos vamos a andar haciendo los Juan Carr por la vida. Hay máquinas en el fondo por las dudas, dos tres máquinas que están ahí por si las moscas, por si nos pasa lo de aquella vez con los del CADU o nos entra la indiada del Atlético por los paredones y ahí te quiero ver. Nunca se sabe. Ahí dámelo a Aníbal, dámelo al Toti, dámelos que jueguen en mi equipo, tampoco vamos a andar de otarios y que vengan cuatrocientos quinientos diaguitas a robarnos las banderas como si fuéramos un clubcito de baby. Ahí espalda con espalda, muchachos, y los trapos sucios después los lavaremos en casa. ¿O no? Gordo, Juancito, o los que estuvieron en aquellos bondis con los opas del CADU… ¿Dónde vieron a un presi a los roscazos como yo, aguantando los trapos ahí con ustedes? ¿Dónde? O vos, Valentín… Estás callado hoy… Valentín es Lassie, boludo, un pan de Dios que no le pega ni una notita a los pibes en el cuaderno de comunicados. Deciles a estos: entramos a cada vestuario nosotros, vos y yo, contales a los que no me conocen si puse el pecho o no… Que el Chiqui Tapia, que el morocho aquel de Argentino de Quilmes, que la comisión directiva de San Telmo… Yo te digo porque te conozco, si entraste tranquilo a jugar a esas canchas y a romperles el orto como eras vos, algo, alguito tuve que ver yo que estaba ahí, eh, a mis jugadores no los va a correr cualquier gil por más negro sidoso y sin dientes que sea, eh.   

-Es así, Chelo –reconocí.

-Lo del CADU nos dolió a todos –habló el Zurdo.  

-Preguntale al Dengue cómo terminó ese día –dijo Cuco.   

-Por eso digo –recogió las respuestas Lozano, asintiendo como si fuera un profesor entusiasmado. 

-Las pipas están para eso nomás –explicó Docabo.

-Vamos al tema cancha, Lozano –imploró Juan, ansioso por llegar a lo importante.

-Pero pará, ¿por qué en esto tengo razón o no? Pedí que estuviera Valentín porque es un tipo pensante, muchachos, medio zorro me estoy dando cuenta, ya vamos a llegar ahí, ya vamos a llegar ahí, pero… Pero lo tienen que atender a él, a Juan, a Cóceres también, ¿por qué no? Es un poco atrevido, veo, pero tiene su materia gris. Vos, Fabricio: con el arrebato no llegamos a ningún lado, ya lo sabés eso, termina mal.

-Ya te dijimos que estamos de acuerdo –le respondió mi hermano–. ¿Podemos pasar a los otros temas?

-Si estás ansioso te llamo un remís, pibe –lo toreó el Viejo Bustos, lo que provocó que Lozano se acercara un par de pasos con una mano abierta para cada lado, como un referí de boxeo.

-Vamos a calmarnos, venimos bien, la verdad que me saco el sombrero. Parecemos una asamblea de accionistas del Manchester City, muchachos. Vamos a seguir. Tema cancha, que van a ver la boludez que es, y tema Tute Morandito. Tute, Tuti, Titi –enumeró, sacando una carcajada en la facción de Las Tunas–. ¿Ah, no vieron que todos los chetos son Nani, Tuti, Pipi, Mechi, Chochi? Bueno. Al padre lo conozco, yo al padre lo conozco y… No sabés, te coge una liebre a la carrera.

-¿Sí?

-No, no sabés, Teja. Va a misa todos los días y te hace la señal de la cruz, en el nombre del padre, del abuelo y en el mientras tanto te metió una chaucha así. Flor de alhaja, el viejo turro ese. Y el hijo… De tal palo tal astilla, ¿dicen? Yo no lo conocía –juró, besándose una cruz formada con dos dedos–. Hasta el día de hoy, lo juro por mi vieja que en paz descanse. Sí, sabía que se mueve con Thiago, que andaba con los vagos alguna que otra vez, pero de ahí a tenerlo tan metido en el club… No… No, no… Yo estoy noventa y nueve por ciento metido en mi candidatura, noventa y nueve coma nueve, y si Dios quiere y agarro, olvídense, ahí despegaremos y dejaremos de andar contando la moneda… Tiki taka, eh, tribuna nueva gane quien gane, jugadores como la gente, resembrado… De eso, olvídense. ¿A qué iba con esto?

-Los muchachos están preguntando por Sánchez Morando –refrescó el Viejo Bustos.

-Sí, Morandito, sí. Igual que el padre… Yo en el club sí, no hay ningún drama: “Marcelo, te consulto por esto”, “Marcelo, ¿podrás ver esto otro así ves qué te parece?”. Pero no tengo el tiempo de antes. No lo tengo, lamentablemente. Y hoy que salta este quilombo me digo… `La puta madre, ¿de dónde salió este pendejo de mierda, este cheto del orto que viene a armar semejante quilombo?´. Hablo con Cuco. Hablo con el Bebi. Hablo con Thiago. “No, que tiene buen chamuyo”, “No, que armó lindo equipo”, “No, lo que pasa es que nos trajo en servido en bandeja el ascenso a la C”. Pum, de golpe lo mismo que el viejo garca del padre: tenía la pija del boludo este metida hasta la garganta, con los huevitos pegándome en la pera, plac, plac, plac. ¿Ah, sí? ¿Y qué vino a buscar a cambio? ¿Porque vos te pensás que un cheto de estos la viene a hacer de onda…? De acá. Nos venía a acostar. Por eso Thiago está medio ido, medio ausentón. Porque al primero que le puso la puntita fue a él.

-¿Dónde está Morando? –preguntó Chiche.

-Hará cuestión de media hora, una hora, le estaban tomando declaración. No, si se pegó el cagazo de su vida el boludo este. 

-Se había meado –describió Docabo.

-Meado, para mí que cagado también… Se salvó porque los chetos tienen más culo que cabeza, por algo son chetos. ¿A qué venía el boludo este al Furgón? Porque lo encaré. Lo encaré, sí. Fui con Quique mismo y le pedí que me lo dejara solo un ratito, dos preguntas nomás. Estaba el padre, pero igual no se enteró. “¿Qué hacés, pibe? ¿Sabés quién soy, no?”. “Sí, obvio”. “¿Y sabés a qué vengo, Obvio?”. “Me imagino”. “Ah, te imaginás. Bueno, largá todo acá porque si no te lo mando a Aníbal a hacerte el cuestionario”. “No, mirá que acá hay una confusión”. “Nt, nt, nt, nt, nt. Primero que a mí no me tuteás. Y segundo, que el que está confundido sos vos. Está Aníbal fumando en la esquina, conmigo de frente manteca porque se te va a complicar de veras. Contame qué tenías que ver con los Paz y por qué carajo pasó lo que pasó. Mirá que yo a ellos los conozco desde que tenían quince años, eh, para mí son como mis hijos”. Y ahí, otra que si yo fuera el cura. Confesó todo, creo que dos minutos más y me decía cómo le gusta que se la pongan a la rubia putona esa que anda con él.

-Seguro que en cuatro –arriesgó el Viejo Bustos.  

-Seguro. Cuestión que el boludo este le llenó el balero al suegro, a Milman, con los terrenos que nos presta en el Tanque. Ustedes saben que ahí hay un pacto de caballeros, ya discutimos mucho del tema, muchachos, no vamos a entrar otra vez pero acá el Bebi habló con el ruso y la concesión sigue en pie. Las canchas están bárbaras, los pibitos están contentos y a la concha de su madre, el ruso es ruso, es un hijo de puta bárbaro, pero jamás se va a atrever a pedirnos un puto peso de ahí.

-Es un amigo, Carlitos.

-Un amigo tuyo, Bebi. Vamos a este, a este pibe Morandito… ¿Qué quería? Romper el contrato el 31 de diciembre que pasó y armar torres. Es un predio de la san puta, y Morandito habrá pensado: `Armo un complejo así y asá, me embolso un palo verde y andá a cantarle a Gardel´. Ah… “¿Así que querías eso?”. Levanto el teléfono, todavía estaba en la taquería. “Bebi, acá el muchacho Morando tiene tal proyecto para las canchas de inferiores. ¿Vos sabías algo?”. “No, Chelito”. “Bueno. Avisale al ruso Milman que paso a verlo en quince minutos”.

-“Estás en pedo, no te va a atender”, te dije –recordó el Bebi.

-Sí, no me va a atender… A los quince minutos estaba en el countrie. “Ruso querido. Tal y tal cosa, pasó esto y vengo de ahí. Casi se te queda viuda la nena por esta picardía”. “Sí, pero no, Chelo”. Así me dijo, por mi vieja que en paz descanse: “Sí, pero no, Chelo”. A ver… El ruso va a los mangos, como todos, pero lo que firmó, lo firmó y lo va a cumplir. El predio del Tanque es nuestro hasta el 2025, el 1 de enero del 2025 se le entregarán las llaves y a los pibes les buscaremos otro lado. Pero no se le va a pagar un peso, eso es lo que me dijo el ruso hoy a la tarde. Que el proyecto con el yerno sigue en pie pero para más adelante –reformuló Lozano, poniendo en práctica sus dotes de expositor. 

-¿Entonces este chabón quería quedarse con los terrenos hoy? –preguntó Chila.

-Hoy no, ayer, Chilavert. Ayer. Este Morandito quería rescindir el contrato ya, construir ya, vender ya y tener la moneda ya. Todo ya. Por suerte el ruso le paró el carro.

-Yo no sabía nada de todo esto –se defendió Thiago.

-Ch, ch. Eso habrá que verlo –retrucó Lozano–. Vos lo metiste a gerenciar, y cuando lo dejaron hacer ya estaba viendo negocios por todos lados. Así que los vas a tener que convencer a ellos, a los Aníbal, a los Gordo Leandro, a los Zurdo Daniel.

-Manu –susurré–. Está chamuyando. Lo dijo por la cancha. Decilo.

-Decilo vos.

  Me froté el pómulo con el hombro para disimular que seguía hablando.  

-Dale, la concha tuya. Ya, decilo.

-Marcelo. Sí, yo, Santopietro.

-Decime, nene.

-Lo que se escuchó de Román es que dijo acá por el Andén, no por el predio del Tanque.

-¿Román dijiste? Aprovechemos y vamos al tema hermanos Paz. Pobrecitos… O dos reverendos hijos de puta. Yo no soy el que tiene dar explicaciones por el comportamiento de esos dos muchachos. Matías, que en paz descanse si puede.

-Y a Román ya se lo deben haber culeado.

-No, sí, ese ya está. Román a esta altura ¿qué hora es? ¿Las ocho? No, ya es Romina. Y se le vienen años adentro, que va a cumplir hasta el último segundo, eh. El viejo Morando no es ningún nene de pecho, a ver si se creen que va a poner la otra mejilla. Primero

-¿Pero los muchachos cuándo van a explicar lo de Román? –preguntó el Bebi Solís, mirándonos.

-No sea cínico, Bebi –saltó Juan.

-¿Cínico de qué, pibe? Si era del grupete suyo.  

-Román se dio vuelta, Bebi –explicó Equi–. Se pasó a su bando, consiguió trabajo con usted, Don Lucio. No se vengan a hacer los giles.

-A mí no me metás en ningún quilombo –se ofuscó Don Lucio Gianetti.

-¿Cómo lo demuestran?   

-Nunca más nos atendió el teléfono.

-¡Ja!

-¿Podemos mantener el orden? Estoy hablando yo, viejo –se metió Lozano.

-La concesión está, pero mañana se muere Milman ¿y qué hacemos? Si la hija viene y nos dice que el club no le pagó un peso ¡¿qué hacemos?! –volvió Fabricio al arreglo que hicieron Milman y el Bebi en el 2015, donde aquel le prestaba por diez años el predio del barrio El Tanque al club a cambio de cien mil pesos mensuales que Milman se pagaba a sí mismo para blanquearlos.

-Están los recibos firmados, querido. No sean necios.

-No somos necios, ¿pero si en el 2025 nos dicen que hay que pagarle todo junto? ¡¿De dónde sacamos esa plata?!

-Eso no va a pasar –explicó Lozano–. El ruso nos va a enterrar a todos, acuérdense.

-Delfina no va a pedir una moneda –saltó Thiago.

-¡¿Y vos qué sabés?! –le devolvió Fabricio.

-¡¡Eu!! –gritó Lozano-. Che. ¡¿Podemos volver a lo que veníamos diciendo?! ¿Me pueden escuchar un segundo, viejo? Esto del predio está más hablado que un partido de truco. Ya sabemos cómo es, hasta acá pasaron cuatro, cinco años, y no surgió un solo problema. En esta vamos a darle la derecha al Bebi, tenía razón. Yo mismo puse peros, y al final salió todo redondito.

-Les prendo fuego la casa si salen con esa jugada –sorprendió el Mocoso–. Yo ya les avisé, Bebi.

-Y sí, pibe.

-¿No ven? –señaló Lozano, contento por la intervención–. Está el Mocoso, están los muchachos en el medio… Yo un par de veces mandé al Zurdo, mandé a los muchachos a visitar gente. ¿Sabés qué, que te visiten estos? El ruso se va a portar bien, si ese barullo que se mandó con los papeles nos conviene a todos. Él blanquea la suya y nosotros tenemos unas canchas para inferiores de la puta madre que lo parió. ¿A quién le molesta?

-Está clarísimo –sentenció el Zurdo–. Pero Bebi, a usted le dije bien clarito que no dejaba a nadie vivo si querían cagar al Furgón.

-Sí, está bien. Tampoco te me vengás a hacer el taura que nadie va a cagar a nadie. Somos todos hinchas del Furgón, Zurdito, pero si no les hubiera pagado el escabio a ustedes y pagaran la cuota como cualquiera, ¡puf!, otra que el Chelsea… Lo tengo sentado a Mourinho en el banco si me ahorraba toda la que me mangaron.

-A ver, gente. Volvamos a los Paz –pidió  Lozano, mientras todos nos deleitábamos con la imagen de The Special One dirigiendo al Furgón.

-Sí, volvamos.

-Una incógnita –se apuró Lozano, aprovechando el silencio general–. Eso. Nadie sabe mucho. Lo que está claro es que este Morandito les prometió el oro y el moro a los hermanos, y los hermanos… Abrieron los ojos así. Las torres, las famosas torres textuales. ¿”Textuales” dijeron, no? Textual, sí. Esas torres, si se construyen, se hacen o se harán en el predio del Tanque. La cancha no se toca. Y no hace falta que lo aclare. Yo les digo que estoy pensando en el resembrado, en las tribunas, en las luces, ya hasta lo tengo apalabrado al arquitecto. ¿Qué más quiero yo que le vaya bien al club? ¿O cómo llegó Massa a donde llegó, por la ancha avenida del medio? No creo, eh. No creo que haya sido así, ¿o no, Valentín?, vos que junás. ¿Qué me decís de Caruso, del Chino Luna, de Galmarini, de Blengio? Así llegó.

-Como Macri –apuntó Cuco.

-O como Macri, claro. Miren si yo voy a dejar que alguien toque la cancha.

-¿Se va a hacer algo con lo de los Paz y Sánchez Morando? –preguntó mi hermano, de pie–. Vamos a hablar en serio, Chelo, dale. Román lo acusó clarito a Sánchez Morando, dijo que el actual gerenciador del club lo mandó a matar al hermano, y creo que todos los responsables de haberlo dejado entrar tienen que dar un paso al costado. ¿Eso es lo correcto, o no?

-Hacelo callar a ese pelotudo, Chelito.

-Pará, Bebi, pará. A hablar en serio… Ah, hay que hablar en serio, cierto. Fabricio, mirá: ¿nadie está grabando, no? No creo… Hablemos de política en serio, de cómo funciona la sociedad, voy a dar una clase gratis, después le podés preguntar al compañero Cóceres si es cierto lo que te cuento o no. Cóceres: ¿es sucia la política o no?

-Depende del político.

-Ja. Bueno, al pibe le faltan rendir un par de materias pero va bien encaminado, tiene pasta, es máquina, Cóceres… Fabricio: estoy con vos. Los Sánchez Morando son tan, tan, tan pijudos, que no te das una idea. Nadie se da una idea. El viejo no es, ¿viste?, un rasca como yo que se hizo de abajo, que todavía guardo los zapatos agujereados de cuando arranqué a militar… No… Nació arriba y va a morir arriba. Y arriba es otro nivel, te estoy hablando de campos, de familiares bogas, de caballos de polo, de… De tener una rubia con un orto de Playboy al lado. Yo sueño con un gato así al lado de acá a quince, veinte años, y este bobo ya la tiene como si nada. ¿A qué voy con esto? Uno: intocable. Intocable es into – cable. Buen, hoy sí pareció que se lo podía tocar, ¿no?, porque le rozaron la cachucha con una 22 y se meó encima. Pero es un muchacho protegido, jamás iría en cana ni aunque matara a alguien delante del juez. Escuchá: tenía morfi de Mc Donald´s. ¡De Mc Donald´s, una hamburguesa con papas fritas estaba comiendo el fiolo! Ni a Quique le llevan comida de Mc Donald´s, y este comiendo como un bacán. Entonces: uno, es intocable. Y dos: estuvo en Brasil para esa época, cuando lo matan a Paz. Le pregunté: veintipico de días en Praia de no sé qué poronga. Miralo vos… Fumándose un porrito al sol, chupándole esas gomas hermosas a la rubia, tomándose una caipirinha… Olvidate, no tiene que demostrar nada pero estuvo a miles de kilómetros, así que los que lo dejaron entrar al club no tienen por qué irse o dar explicaciones. Y tres, que te diría que es casi lo único para dejarlo afuera de todo esto: la mentalidad, el modus operandi. Eso, Fabricio, vos y todos, aprendan… La mentalidad. Aprendan cómo vive, piensa un cajetilla, y cómo nosotros. Román, Matías, mentalidad de ratón. Y este, otra cabeza, otra manera de actuar, otra manera de ser, no se va a embarrar y eso porque piensa como un ganador, eh.

-¿Qué ganador, ese bobo? –refutó el Teja.

-Guarda, porque los chetos son de todo menos boludos. Guardá, Teja, ¿a ver si te creés que te lo vas a trincar porque él se crió en un barrio cerrado y vos bajando nísperos de los árboles con un palo? De acá. ¿Qué fue lo que pasó ahí? Este, Morandito, pillo… Un guacho pillo, los chamuyó. Eso. Los vio secos, los estudió, los chamuyó, a los Paz los chamuyó. “Ayúdenme con esta movida, díganme si se habla algo, y llegado el caso, cuento con su voto en la Comisión para que el club no le pida un resarcimiento a mi suegro si rompemos el contrato del predio”. Eso es lo que les pidió, a cambio de laburar como encargados de edificio. Yo algo los entiendo… Teja: te viene un boludo y te promete que vas a vivir en una torre y vas a laburar de encargado, manguereando dos plantitas de mierda y después tenés todo el día para rascarte la rata. ¿Agarrás? Vamos a la verdad, estos dos entraron como caballos. Por eso Román se abre de la Agrupación, porque si se planteaba un resarcimiento ya tenía vendido el voto, y encima lo habían colocado provisoriamente en la zapatería de Don Lucio.

-Yo no sabía nada.

-Nadie va a dudar de usted. ¿O alguien duda de la honestidad de Don Lucio?

-Nadie –respondió Juan por todos los presentes.  

-Matías quiso quedar bien con Dios y con el Diablo, o la quiso ir de espía, o pensó que no estaba cagando a nadie, y así le fue. Román no, se ve que no le dio para andar careteando, o no, simplemente ya estaba cansado de estar hablando del 7 del Furgón como un gil toda la noche. Por ahí se cansó del fútbol, vio que el club no le daba nada a cambio y aprovechó para abrirse.

-¿Y por qué  

-Pará, Chiche, estoy yendo a eso. ¿Entonces qué pasó? En octubre, noviembre del año pasado, Morandito y la biarru encaran al ruso Milman. Esto no es una idea mía, esto me lo contaron los dos, hoy mismo. Morandito y la biarru lo encaran con el proyecto de los edificios, el ruso les dice que no. Morandito la sigue. El ruso le vuelve a decir que no. Vuelven a encararlo, y el ruso les dice que no pero sí. En el 2025, cuando se termine el pacto de caballeros con el club, con su amigo el Bebi, sí, ahí se sientan y construyen lo que la piba Milman quiera. Faltan, para eso, cinco años, casi seis. Seis años… Ahí Morando habrá pensado `Es mucho tiempo pero pasa rápido, me tendré que portar bien con la rubia, me haré el otario cuando se coja a otro, me la cogeré yo cuando me lo pida, la tengo que llevar a pasear y que me desflore el ojete con la tarjeta, me tendré que casar, pero en un par de años meto una flor de transa y cuando me quiera acordar me hago de un palito verde´. Así pensó Morandito, me corto las bolas que su razonamiento fue ese. Entonces va y les dice a los dos ratones, a los Paz, que ya están embalados sacando cuentas, buscando alfombras con la bruja, brindando que en el 2019 les cambia la vida, haciéndose la croqueta o no con la traición a los amigos de siempre… “Muchachos: el negocio se pospuso hasta el 2025”. Imaginate, “¿Pero cómo?”, imagínense el lamento de dos pobres giles, como se lamentaría cualquiera de nosotros… Diciembre, enero, febrero, van y se la ponen a Matías. Ahora vuelvo a ese punto, pero van uno, dos o tres hijos de puta, no sé, y se la ponen a Matías en Bouchard.

-En Lourdes.

-En Lourdes, bueno. Y hoy a la mañana Román se levanta, toma dos mates, está en el chaperío, llueve, llueve, se empieza a maquinar con Morandito, tiene al hermano muerto y se siente un paria, un vendido, traidor con los amigos y traidor con el club del barrio, llueve, se quedó sin el pan y sin la torta, sin un porongo, sin el laburo, sin la mudanza, sin el Furgón, sin un carajo. Y Morandito meta culear con la rubia, tiene su Chery cero kilómetro, pala de primera calidad, ni disculpas le pidió. ¿Qué hace Román? Lo que haría un ratón de mierda, tiene un franco el domingo, llueve desde hace una semana, tiene un franco el domingo que le coincide con un partido acá, y va y hace lo que hace. Un pelotudo, estaba más para suicidarse que para otra cosa, pero se quiso hacer el anarquista, el no sé qué, y le salió como le salió. Uno muerto y el otro preso. ¿Morandito lo mandó a matar a Matías Paz? No, muchachos, por supuesto que no. Si tenía que bajar a uno era a Román, no al otro. Pero no le hacía falta, si con negar todo ya le alcanzaba.

-Y hubiera mandado a gente seria –observó alguien de Las Tunas que no alcancé a reconocer.

-Pero más vale. Y no al delirante improvisado que apareció. Porque el que mató a Matías es un delirante, pero un delirante que yo quiero tener al lado mío. ¿Saben por qué? Porque a los enemigos los quiero tener cerquita, y este delirante vio toda, absolutamente toda la puta jugada. Vio lo de los terrenos, vio lo de los Paz, vio lo de Morandito. Le sacó la información a Matías, se dio cuenta que era uno u otro y no le quedó otra que bajarlo de cuatro cuetazos. O sea que estamos ante uno que es muy pillo, porque la leyó antes que ninguno, no lo agarraron, y encima va al frente. Encima eso. Porque uno la puede ver pero quedarse en el molde. Y este no, este actúa: llamó a uno o dos más, les explicó la jugada, salieron a buscarlo, y lo hicieron mierda sin que nadie los vea.

-Estamos ante un iluminado, Marchelito.

-Más o menos, Oscar. Porque yo soy más iluminado que él.

-No me digas.

-¿Quién es ese hijo de puta? –se preguntó Lozano–. Me encantaría saberlo… De verdad, le quiero pedir un autógrafo.

-Pero Marcelo –intentó acotar mi hermano, pero Lozano no lo dejó.

-¿Está acá ese hijo de puta? Sí, está acá. Hoy a la tarde… Yendo al Andén, apenas me avisa Quique lo que había pasado, yo estaba durmiéndome una siesta de la hostia. Yendo al Andén, pensé, así de la nada: `¿Sabés quién es, Marcelo? El Cazador es. Sí, el hijo de puta del Cazador´.

  Sentí que me bajaba la presión. Menos el Santo y Lozano, todos me estaban mirando.

-Voy al club, hablo con alguno que otro para ver qué había pasado, y antes de irme para la comisaría con Quique levanto el teléfono. Sepan cómo es esto… La Federal tiene una antena en la General Paz que es como una poronga que intercepta hasta el pedo que se van a tirar cuando lleguen a casa. Todo agarra. Bueno, hablo con el que tengo que hablar, acá un amigo de Oscar, y le digo “Che, averiguame este teléfono, tal día, tal hora, tal y tal cosa. Sí, sí, porque acá hay un hijo de puta que la va de callado y le quiero sacar la ficha”. Dos horas me pidió, por eso dejé la reunión para las siete, para llegar con todo cocinado, y por eso le escribí a Juan para que el Cazador estuviera presente, para verle la cara antes de deschavarlo. Antes de venir para acá, me llama este amigo. “Chelo, el número que me pasaste no se movió de esta zona de tal hora a tal hora”. La puta madre, estuvo todo el día sin salir del barrio… Entro, le veo la carita, lo miro, lo miro… Es el pibe más bueno del planeta, un pibe sano, sin rencor, que siguió con su vida como pudo… Un señor. No sé qué le habrá pasado en el ojo, pero un señor –remarcó, mirándome por segunda vez en la noche–. Y hasta me arrepiento de si te hice pasar un mal momento alguna vez, de verdad, aprovecho para pedirte perdón delante de todos. Pasa que ahí lo mismo, mentalidad de ratón, ¿vieron que les dije?, me pasé de rosca con la guita, me abataté, en esa época me salía la mandanga por las orejas, estuve mal, estuve mal. Para concluir: el Caza no, el Caza nada que ver, está jugándola de callado por las elecciones cuando me dijo lo contrario pero es otra cosa, como el ruso Milman, “Sí, pero no”. El Caza no, pero alguno de ahí fue el que lo boleteó a Paz. Alguno salido de ahí –sentenció, mirando a nuestro rincón–, que es más vivo de lo que yo creía.

  Surgió una oleada de murmullos, de suspiros, de quejidos. El aire del salón se tornó palpable, rotundo, irrespirable. Miré de reojo a los pibes y encontré lo que esperaba: asombro, miedo, enojo.

-Y si no me lo dicen ahora, me lo dirán en la semana, tienen mi número para llamarme y juntarnos cara a cara. Porque al amigo este de la Federal también le mangueé para que me perite los teléfonos de todos, y como no hay urgencia me pidió quince días. Así que tienen eso, dos semanas para reflexionar y venir a hablar conmigo. Yo los llevo con Quique y quedo a disposición para que les sea lo más leve posible, porque lo que hicieron, qué sé yo, fue

-Lo hicieron por los colores, por amor al club.

-Sí, Oscar, eso mismo. Pero un culito, medianamente, tiene que sangrar. Así que como no tengo nada más para decir, y calculo que ustedes menos, podemos dar por finalizada la reunión.

-Es ridículo lo que

-Sí, seguro que es ridículo, Fabricio querido. ¿Vos querías que echemos a los que estuvieron metidos en lo de Paz? Quedate tranquilo que los vamos a echar a patadas en el orto, y quedate tranquilo que la madre de Matías va a tener justicia. Así que córtenla de una vez con la de buenos contra malos, porque ustedes son tremendos hijos de puta, también, y los más hijos de puta, te diría. ¿Porque o somos todos buenos o qué? ¿O qué, Aníbal? Otro estigmatizado, el pobre Aníbal…

-O somos todos malos, Chelo, y fue –respondió Docabo, ya de pie, secundado por el Toti, el Jere y el Rata.

-Eso mismo –celebró Lozano, poniéndose de pie para ir al encuentro del Bebi Solís, tan sorprendido como todos por el final del discurso. 

-Chau, muchachos –nos despidió el Viejo Bustos con un tono que no admitía réplicas–. Que les garúe finito.

Lucas Bauzá

Twitter: @rayuelascometas

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

Ilustraciones en el texto por Nach.

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