Concentración y guerras de poder detrás del flamante certamen continental. Escriben Santiago Núñez y Pedro Derecho.

El mundo deportivo y futbolero le dio una noticia de shock a la noche europea del domingo. Doce de los clubes más poderosos de Europa anunciaron mediante un comunicado lo que ya era más que un secreto a voces: la conformación de la nueva “Superliga Europea”. El nuevo torneo implica casi el armado de una nueva Federación, gobernada por sus “clubes fundadores”: Milan, Arsenal, Atlético Madrid, Chelsea, Barcelona, Inter de Milán, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United, Real Madrid y Tottenham Hotspur. Un verdadero “bombazo”.

La iniciativa fue comandada desde hace meses (y años) por Florentino Pérez, empresario millonario y presidente del Real Madrid, quien desde hace tiempo encabeza una lucha interna en el fútbol europeo para sacar una mejor tajada del negocio de la televisación y la competencia. Dicha cruzada siempre tuvo y tiene en contra nada más ni nada menos que a Gianni Infantino, presidente de la FIFA (ente que dirige el fútbol mundial), y a Aleksander Ceferin, primer mandatario de la UEFA (Confederación europea). La disputa dio un salto enorme con Florentino agrupando a los poderosos en pos de concentrar el grueso de las ganancias en los clubes más grandes de Europa. Se espera que inviten a la “Superliga” también a los gigantes del fútbol alemán (Bayern Munich y Borussia Dortmund) y al plantel plagado de estrellas del París Saint Germain. La iniciativa alejará más (tanto en poder como en ingresos) a los clubes grandes de los chicos, continuando una tendencia que opera desde hace 40 años en el balompié europeo y mundial.

Futbolistas del Leeds contra la Superliga

Los euros van de titulares

“Vamos a ayudar al fútbol a todos los niveles a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo. El fútbol es el único deporte global en el mundo con más de 4.000 millones de seguidores y nuestra responsabilidad como grandes clubes es responder a los deseos de los aficionados”. La frase de Florentino Pérez, que será el presidente de la flamante “Superliga”, deja en claro cuáles son los intereses del nuevo torneo. Habrá una concentración de la mayoría de los partidos de competencias continentales entre los grandes de Europa.

Esto permitirá no solamente subir los ingresos (estiman 7000 millones de Euros) pero también concentrarlos. Más de 3500 quedarían para los clubes más importantes, distribuidos de la siguiente manera: “350 millones de euros para seis clubes, 225 para cuatro, 112,5 para dos y 100 para tres clubes, repartido de acuerdo a un sistema interno no sujeto a la clasificación de cada año” (El País, 19/4). A esto se le sumarían 4000 millones en ganancias por la televisación cuyo destino aún no está claro. El capital financiero global juega un papel importante: el día de hoy se confirmó al JP Morgan de la banca estadounidense como uno de los financistas del flamante certamen.

Esos intereses  también son un límite para el ingreso de otros equipos. Por ejemplo, la existencia de capitales qataríes en Bayern Múnich y el PSG francés sería una de las razones por las cuáles estos dos clubes todavía no firmaron su adhesión a la novedosa competición.

Las deudas de los clubes fundadores de la Superliga también explican su existencia. En enero del 2021 se dieron a conocer pasivos que llegan a 1113 millones en el caso del Barcelona y de 901 para el Real Madrid. El Milan y la Juventus de Italia, por su parte, acumulan deuda por 151, 8 y 458, 3 millones de euros respectivamente. El Tottenham y el Manchester United se encuentran, también, entre los clubes más endeudados del planeta (933 y 581 millones solamente en la temporada 19/20, período más golpeado por la pandemia) Ni el adinerado fútbol europeo, lleno de cracks y jugadores estelares, escapa a la crisis económica que caracteriza al planeta entero.

Pitazo inicial y crisis política

Las tensiones por el manejo del fútbol europeo se agudizaron hace unos días. La UEFA anunció la remodelación del torneo continental (Champions League) para sumarle 100 partidos más en la temporada y buscar allí mayores ingresos y mayor margen de reparto de las ganancias. No obstante, la Asociación de Clubes Europeos (ECA) no garantizó llegar a un acuerdo hasta no cambiar “el modelo de gobernanza de la competición en cuanto a la gestión y el reparto de los ingresos comerciales por la explotación de los derechos de televisión y de patrocinio” (El País, 16/4) . La falta de respuestas pavimentó el terreno de un proyecto que estaba en boga hace 2 años y dio el último empujón para el comunicado del domingo.

La presión contraria a la competición no deja de ser fuerte. La FIFA anunció sanciones no solamente para los clubes sino para los jugadores de los mismos que compiten con sus selecciones si forman parte de la “liga separatista europea cerrada”. No obstante llamó al diálogo y a “construir un camino armonizado”. El ente máximo del fútbol mundial muestra las cartas para buscar establecer una ida y vuelta con los 12 clubes potencia e intentar a partir de allí debilitar a Pérez. Por su parte, la ECA (que representa 246 clubes entre los que se encuentran los “fundadores”) se distanció de la jugada y se pronunció en contra del nuevo torneo. Su presidente Andre Agnelli, también titular de la Juventus, renunció a horas de haberse proclamado la superliga. El mandamás es reconocido impulsor del nuevo torneo y es apuntado por buena parte del fútbol italiano de traición. En su lugar, quién ocupó su cargo es Karl-Heinz Rummenigge, actual director general de Bayern Múnich, quién rápidamente declaró que: “No creo que la Superliga vaya a solucionar los problemas económicos de los clubes europeos derivados por el coronavirus. Más bien, todos los clubes de Europa deberían trabajar de forma solidaria para garantizar que la estructura de costes, especialmente los salarios de los jugadores y los honorarios de los asesores, se ajusten a los ingresos para que todo el fútbol europeo sea más racional”.

La geopolítica global también se metió en la contienda. Boris Johnson, primer mandatario británico, declaró que “los planes de una Superliga europea serían muy dañinos para el fútbol”. Margaritis Schinás, vicepresidente de la Comisión Europea, también manifestó su descontento. Las relaciones de poder y los grupos de presión marcan que la crisis política es grande cuando el partido recién está empezando.

Negocio, fútbol y pueblo

El nuevo formato, con doce o quince clubes fundadores con privilegios de entrada, es un salto en calidad en un proceso de elitización del fútbol europeo y mundial. Desde los inicios de la vieja “Copa de Europa” hasta el formato actual son cada vez más las trabas para que los clubes chicos y las ligas menores puedan abrirse paso en un fútbol que muestra cada vez más tajantemente la concentración del capital privado.

En sus inicios y hasta 1992 (cuando se produjo la remodelación del sistema de competencia), por ejemplo, la competición continental incluía a un equipo por país más el ganador del certamen del año anterior.. Esto permitía que equipos hoy en segundo nivel o incluso desconocidos puedan jugar una final o hasta ser campeones de europa. Pasó como el Malmo de Suecia, el Partizán y el Estrella Roja de Yugoslavia, el Nottingham Forest, Leeds United y el Aston Villa de Inglaterra, el Hamburgo Alemán, el Stade de Remis francés y tantos otros. Incluso equipos no tan chicos pero sí de segundo nivel europeo tuvieron enormes participaciones, como el Steaua Bucarest rumano, el Porto y el Benfica de Portugal, o el Villareal de España. Hoy todo eso se alejó. Las Federaciones que están en contra no lo hacen en pos del espíritu de desarrollo deportivo sino para buscar una tajada mayor de su negocio.

En otras palabras, estamos viviendo un proceso en el que a los hinchas del fútbol les están quitando el único divertimento que quizás tienen en el fin de semana tras la extensa jornada laboral que ocupa la mayoría de los días. El ejemplo de ello estuvo en la mañana del día de hoy en Anfield, estadio de Liverpool, donde aparecieron colgadas banderas que decían “RIP LFC”. Y esto no nace en los últimos días, sino que a lo largo de los últimos años se fue creando un caldo de cultivo que posiblemente cambie el panorama del fútbol europeo mundial.

La ley Bosman, la permisión de que grandes millonarios como Roman Abramovich y Jeques árabes se hagan cargo de los clubes, las grandes diferencias en el reparto de los contratos televisivos, entre otras cuestiones, fueron dejando por fuera a la opinión de los socios y decretaron los primeros pasos para lo que está sucediendo hoy en día.

Sin embargo, los aficionados a lo largo y a lo ancho de Europa ya se están organizando para frenar esto. En Alemania se pusieron a la vanguardia de la lucha contra las reformas de la Champions League y una creación de la Superliga. En Inglaterra, hinchas del ya mencionado Liverpool se han movilizado a la sede de su club e hinchas del Manchester City ya están juntando firmas para que el club desista de la participación de esta Superliga. En Italia, los distintos grupos de hinchas más duros vienen iniciando campañas desde el año pasado. Y en España y Francia están corriendo con la misma corriente dentro de todos las tribunas. El mediocampista Ander Herrera, brillante jugador del PSG, lo dijo con más claridad que nadie: “No creo en que los ricos roben lo que el pueblo creó”.

Santiago Núñez y Pedro Derecho

Twitter: @SantiNunez

Publicado originalmente en Prensa Obrera.

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