Esta semana se cumplieron 57 años de un torneo imposible ganado por la Argentina en tierras brasileñas. Escribe Santiago Núñez

“Salieron hijos de la improvisación y volvieron padres del triunfo”. Con esa frase Carlos Fontanarrosa, editor de la revista El Gráfico, sintetizó uno de los trofeos más importantes pero sobre todo más impensados de la historia del fútbol argentino, más precisamente de  su selección. Porque hubo un tiempo perdido en épocas sin las grandes luces de las coberturas televisivas en el que un grupo de muchachos con tres entrenamientos como mucho fueron a enfrentar a los mejores equipos del mundo. En el que un conjunto albiceleste configuró su andar sin la resignación de lo corriente y con la imperiosa búsqueda de lo imposible. Y al destino le ganó.

Entre Amadeo y Eusebio

Fueron dos los motivos que llevaron a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) a armar un torneo con las mejores selecciones del mundo en junio de 1964. Por un lado, festejar medio siglo de vida, ya que el ente fue creado en agosto de 1914. La otra razón era celebrar ante su gente los últimos dos campeonatos del mundo (Suecia 1958 y Chile 1962).

En su plan original, la CBF pensaba competir con tres selecciones europeas: Portugal, Inglaterra e Italia. Pero la Azzurra se bajó del certamen a último momento, lo que abrió la convocatoria para Argentina. Así quedó configurada la Copa de las Naciones, también denominada Copa Euroamericana, con un cuadrangular “todos contra todos”.

Los lusos que tendrían el tercer lugar dos años después en el Mundial del 66 tenían a Eusebio como gran figura pero también a Torres, Coluna y Simoes, base del Benfica dos veces campeón y dos subcampeón de la Copa de Campeones de Europa, en el primer lustro de la década del 60. La escuadra británica, por su parte, tenía en sus filas a los “Bobbys” (Charlton y Moore) y a uno de los mejores arqueros de su historia (Gordon Banks) y ya se preparaba para campeonar en Wembley. El equipo de Brasil era directamente de ensueño: Pelé, Carlos Alberto, Rinaldo, Gerson, Jairzinho, Gilmar. Un chiste recurrente en la concentración argentina decía algo así como “cuartos salimos seguros”.

El plantel nacional conducido por José María Minella combinaba “históricos” como Amadeo Carrizo, Varacka, Ramos Delgado y Alfredo Rojas (que habían jugado, por ejemplo, el Mundial de Suecia) con jugadores que ya sea por su juventud o por su escasa participación en la selección hacían sus primeras armas con la celeste y blanca como Roberto “la Oveja” Telch, Luis Artime, o Ermindo Onega.

El primer encuentro fue contra Portugal, el 31 de Mayo en el Maracaná. La Argentina no jugó bien (las críticas periodísticas no hablan de un encuentro exitoso del conjunto de Minella) pero encontró en Carrizo un puntal clave para no caer ante la temible delantera portuguesa. Esto le permitió, goles de Rendo y Rojas mediante, imponerse en el marcador y ganar 2 a 0.

En una nota en junio del 2019 con el sitio oficial de AFA, el ex arquero de la selección y de River recordó el torneo: «Fuimos con la idea de triunfar, pero hacía un tiempo que Argentina no hacía buenos papeles internacionales y estábamos un poco alejados. Existía esa incertidumbre de enfrentar grandes seleccionados y que nos resultara difícil, pero terminamos demostrando que estábamos a la altura. Siempre confiamos en la calidad de nuestro plantel».

No lo vi esta noche a Pelé

José Manuel Ramos Delgado encabezó la salida lenta y a paso firme del equipo argentino ante un Pacaembú con 70.000 almas que silbaban en parte por rechazo pero también por desprecio y ninguneo. Brasil, que debutó en el torneo con un 5 a 1 frente a Inglaterra, quería llevar lo que parecía su exhibición eterna ante los ojos de San Pablo contra su archirrival, sin esperar sorpresa alguna.  Del lado argentino, la victoria en el debut llevó la tranquilidad necesaria para afrontar lo que quedaba. “Si perdemos  con los campeones del mundo no importa”, se decía en los pasillos del Hotel Comodoro. 

Pero lejos de la derrota, el planteo de menor a mayor fue de una dignidad significativa. Primero, en la parte de atrás. “El dispositivo defensivo argentino funciona como un instrumento de precisión”, dice la crónica de El Gráfico, que destaca el aspecto más implacable del resguardo albiceleste: la férrea marca de de José “Chino” Mesiano contra Pelé, que no podía desplegar su talento ni nada similar. Así lo recuerda el sitio oficial de Argentinos Juniors al defensor argentino, en una nota en su homenaje: “Se ganó el reconocimiento del público del fútbol en general con su participación en la Copa de las Naciones organizada en Brasil. En un encuentro ante el equipo local protagonizó un memorable duelo personal con Pelé. El “Chino” le hizo sentir todo el rigor de su ajustada marca personal a quien por entonces era el mejor futbolista del mundo”.

Fuente Luciano Chein

Ante esto, cuando iban 28 minutos el crack no pudo sostener su frustración y le pegó un cabezazo implacable por remordimiento que le partió la nariz a Mesiano. Si bien el visitante perdió un marcador eficaz, el destino le jugaría una buena pasada: Telch entró en su lugar y terminaría siendo determinante. El marcaje de Pelé, que no fue expulsado por el árbitro, pasó a manos de un Rattin energético, que tampoco dejó jugar al maestro. Vale recordar que Antonio Ubaldo ya lo había marcado el año anterior, en los partidos de ida y de vuelta entre Boca y Santos por la final de la Copa Libertadores 1963.

El juego, sin embargo, no se resumía a resguardar el arco propio. Al final del primer tiempo, en una jugada de fútbol y toque pausado, Onega puso el 1 a 0. A los 16 de la parte complementaria, por su parte, Telch volvió a silenciar al Pacaembú. Lo que parecía imposible ya se volvía probable cuando, además de los dos goles de ventaja y luego de que el pasto le hiciera una falta a Pelé que sólo vio el referí, Amadeo Carrizo despejó un penal de Gerson.

La fiesta la completó el propio Telch para una noche mágica. Argentina se proclamó como el primer vencedor de Brasil en Brasil desde el Maracanazo de 1950 y le rompió al local un invicto de 35 partidos en su casa.

El griterío infernal de un vestuario que nadie se imaginó, contrastaba con el silencio sepulcral de una tribuna que terminó viendo baile tanguero en lugar de samba. Más allá de la mala actuación y de la actitud antideportiva, es claro que Pelé seguía siendo una figura incuestionable, lo que hizo que Rojas le pidiera un recuerdo. Cuando Ramos Delgado lo vio, lo encaró y le preguntó: “¿No te da vergüenza llevarte su camiseta?”. Y, entre risas, remató: “Llevate la mía”.

Vinimos para entrar cuartos

La otra mitad de la gloria se consiguió en el Maracaná tres días más tarde, contra Inglaterra. A Argentina le alcanzaba con el empate para consagrarse campeón sin tener que esperar el resultado del partido del día siguiente entre Brasil y Portugal. Salió a quitarle ritmo al partido frente a un conjunto británico que hacía de la velocidad una de sus mayores virtudes.

El conjunto de Minella se refugiaba con nueve de sus jugadores para luego meter siete de ellos en campo rival de contra ataque. Terminó ganando 1 a 0 (Rojas), y se consagró campeón invicto, ganando todos los partidos y sin recibir un gol.

Hasta el Mundial 1978 fue uno de los torneos más importantes ganado por la selección nacional y al día de hoy continúa siendo una presea clave en el palmarés albiceleste. No solamente por el mérito sino también por el brutal encanto de lo inesperado.

Decía un eslogan que quedó marcado para aquella camada: “Vinimos para entrar cuartos y terminamos campeones”.

PD: Dejamos el link de la edición especial de El Gráfico con toda la cobertura del torneo, en este link. No se lo pierdan.

(https://www.elgrafico.com.ar/articulo/1098/33421/1964-la-revista-de-la-copa-de-las-naciones).

Santiago Núñez

Twitter: @santinunez

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