Es imposible pensar en mundiales sin que no se nos aparezca la imagen de Diego. Su vida futbolística estuvo atravesada por ese torneo, incluso después del retiro. Acá un repaso de cómo nos enseñó a vivirlo de México 86 hasta Rusia 2018. Escribe Lucas Jiménez.

Si la vida es eso que pasa entre mundial y mundial, nunca una espera fue tan dura como la última. En 4 años perdimos y sufrimos un montón, pandemia mediante. De a poco fuimos recuperando todo para volver a una nueva normalidad. Pero hay una ausencia en Qatar que no podremos llenar con nada. Nos falta Diego Armando Maradona.

Pensar al Diego es pensar en mundiales. Su explosión en México 86 coincidió con la década donde el mayor torneo de selecciones a nivel fútbol se popularizaba, siendo transmitido televisivamente a color en todo el mundo. “Nací en el fútbol contigo. Tu Copa del Mundo en 1986 me la sé a la perfección. Cuando perdiste la final de Italia 1990, lloré contigo”, le escribió en una carta despedida el marfileño Didier Drogba.

En el mundial de Estados Unidos 94 un doping positivo le cortó las piernas cuando se disponía a brindar su última función heroica. Ya alejado de las canchas siguió yendo a los mundiales. Fue comentarista del partido Argentina-Holanda en Francia 98. Le dijo al periodista Juan Pablo Varsky después de la expulsión del Burrito Ortega que lo mejor para la albiceleste era que terminara el partido. Segundos después Dennis Bergkamp metió un golazo para el 2-1 que decretó la eliminación.

A Corea-Japón 2002 llegó tarde, no le querían dar la visa por estar en recuperación de las drogas. “A la gente de Japón yo les regalé mi mejor fútbol», dijo Diego, recordando el título Sub 20 ganado en 1979. Finalmente le otorgaron el permiso, pero Argentina ya había sido eliminada. Maradona se sintió culpable por no haber podido estar alentando al equipo en la cancha. Tras ver la final entre Brasil-Alemania, definió al del 2002 como “un mundial mediocre”. Calificó a Ronaldo como el mejor jugador de la final, pero técnicamente valoró más el torneo que hicieron Rivaldo y Roberto Carlos.

En 2006 estuvo en la tribuna agitando a las masas. Fue el mejor momento físico de Diego después del retiro del fútbol. El año anterior había hecho el recordado programa “La noche del 10”. En cancha hizo de la remera un ventilador alentando al equipo. Ese mundial se popularizó el tarareo del himno como una explosión previa a cada partido.

A 2010 fue como técnico. Juntó delanteros en la primera fase en un equipo ofensivo que llegó sin problemas a cuartos de final, donde Alemania le dio una trompada de Muhammed Alí en forma de 4-0. En pandemia apareció un video inédito de Diego tirando paredes con Lionel Messi en el precalentamiento en cancha antes de jugar contra México en octavos. El primer confinamiento por el Covid reafirmó nuestro amor por los mundiales, porque los canales deportivos, al no tener programación, repetían grandes encuentros de cada Selección.

En Brasil 2014 Maradona hizo el programa “De Zurda” junto a Víctor Hugo Morales, donde pasaron desde íconos del fútbol brasileño como Careca y Zico, hasta el por entonces presidente de Ecuador Rafael Correa. El Diego carismático jugó junto al Diego comentarista de fútbol. En este segundo rol marcó que Alemania ganó la final porque Argentina se quedó sin piernas, y que a “Messi le regalaría el cielo”, pero no mereció ganar el premio al mejor del torneo.

En Rusia 2018 fue el último baile. Hizo el programa “De la mano del 10”, de nuevo mezcló invitados del fútbol y de la política. Diego vivió cada partido en cancha como si fuera el último. Agradeció al cielo el gol de Messi a Nigeria y terminó descompensado después de un partido.

Ya sin Argentina en el torneo, se quedó como imagen FIFA. Fue a ver la final Francia-Croacia y se abrazó con emblemas del fútbol. Paolo Maldini y Ronaldinho fueron los primeros. Se reconcilió con Daniel Alberto Passarella con palmaditas en la cara, explotó cuando lo vio a Daniel Bertoni y se le colgó a Mario Alberto Kempes.

Más que imagen FIFA, Maradona es la imagen de los mundiales. Abrazarlo y quererlo es agarrarse de esa locura que pasa cada 4 años. Este año Qatar habrá una silla vacía. Faltará una voz crítica que proteste en un país conservador en muchos aspectos.

Ojalá enganché WiFi allá arriba y haga un programa de tele en pleno mundial para todos y todas las que se nos fueron en este tiempo. Acá disfrutaremos otra vez del torneo soñado, el que ya queríamos y aprendimos a amar gracias a Diego Armando Maradona.

Lucas Jiménez

Twitter: @lucasjimenez88

Nota incluida en Revista Ultras dedicado al Mundial en Qatar 2022 y un pseudo homenaje a D10S

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