Camerún levantó ante Serbia un partido que parecía imposible. Parte de la remontada se debió a una forma irreverente de jugar, algo que recordó a la selección camerunesa de Italia 90. Ayer Roger Milla o Aboubakar. Escribe Esteban Bedriñan.

Vengo viendo fútbol a conciencia desde el mundial de Italia 90, torneo en el que me emocioné con la épica argentina, admiré el orden alemán pero donde, fundamentalmente, me sorprendí gratamente con el desparpajo del juego desplegado por Camerún. Treinta dos años después, en una mañana de lunes que me cuesta arrancar, volví a experimentar esas sensaciones viendo a los africanos empatar el juego ante Serbia, en el que fue el partido más rocambolesco de Qatar 2022.

Si bien los cameruneses tuvieron su debut mundialista en España 82, en el que se retiraron invictos en primera ronda luego de empatar sin goles con Perú y Polonia y a uno con Italia, no fue sino hasta la cita del 90 donde llamaron la atención del mundo. Primero por el triunfo en la apertura ante la Argentina, pero luego le sumaron el desparpajo de su fútbol despreocupado e inocente, en el que sobresalió el ya veterano Roger Milla.

Casi retirado, Milla aceptó la convocatoria para representar a su país e ingresaba desde el banco, revolucionando con sus goles en cada partido. Con su entrada al minuto 54, Vincent Aboubakar me devolvió al mundial de Italia. Goleador de su país en la última Copa Africana con 8 goles, su irrupción en el juego sirvió para transformar un 1-3 en 3-3: enganchó en el área ante el último defensa serbio y se la cuchareó al arquero para el descuento. Después, volvió a picar habilitado y asistió a Choupo-Moting para el empate final.

El partido pudo ser para cualquiera de los dos. Algo muy similar a lo que pasó ante Inglaterra en 1990, donde el resultado fue cambiando hasta el 3-2 final para los europeos, que cortaron allí lo que fue hasta entonces la mejor actuación de un africano en Copas del mundo. Con un punto en dos partidos, Camerún jugará ante Brasil en el cierre del grupo para buscar el milagro de la clasificación.

Dirigidos por Rigobert Song, dueño del mejor look del mundial, Camerún demuestra que más allá de la profesionalización de sus futbolistas, las raíces de su fútbol se mantienen intactas. El desparpajo para jugar en una copa del mundo como si se tratase de un simple juego sigue allí. Antes, con Roger Milla, hoy, por la irreverencia de Aboubakar.

Esteban Bedriñan
Twitter: @ebedrinan

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