Brasil guardó contra Camerún a su nueva estrella Vinícius Junior. Con Neymar volviendo de una lesión lo necesita más que nunca. La historia del delantero del Real Madrid. Gambetas de futsal, goles errados, festejos alegres, lucha contra el racismo y lograr en su Selección lo que ya consiguió en España: reconocimiento. Escribe Lucas Jiménez.

Vinicius Junior aprendió a gambetear con la pelota antes que a patear al arco. Ese aprendizaje inicial lo marcó en sus primeros años como profesional donde repartía más lujos que goles. Es un típico wing brasileño. Como Ronaldinho y Neymar, arrancó jugando futsal y ahí pulió sus movimientos de piernas indescifrables en espacios reducidos. Como si estuviera bailando samba mientras juega el fútbol. Su primer sueño era ser el mejor jugador de futsal del mundo. Pero las urgencias económicas familiares llevaron a que le insistan para que se pase al fútbol 11 que genera más dinero.

Así llegó a una prueba en Flamengo, donde convenció pero no tanto como para ficharlo. Le dijeron que vuelva en un año. Estuvo entrenando en cancha grande focalizado en quedar en la próxima y lo logró. Primero lo pusieron de lateral izquierdo, pero rápidamente lo mandaron al área de enfrente a gambetear al marcador de punta rival.

A los 16 años, después de ser la gran figura de Brasil en el Sudamericano Sub 17 Chile 2017, ya lo comparaban con Neymar. Un año después batió el récord de bajar una pelota lanzada por un drone desde 29 metros de altura. Lo mismo logró la estrella de futsal de Brasil Falcao.

De Flamengo Vinícius pasó al Real Madrid. El entrenador Julen Lopetegui no lo tenía muy en cuenta y lo mandó al equipo filial Real Madrid Castilla, que era dirigido por el argentino Santiago Solari. Cuando echaron a Lopetegui por malos resultados, “El Indiecito” agarró el primer equipo como interino y comenzó a darle minutos a Vini. Rápidamente llamó la atención porque pedía todas las pelotas y no paraba de encarar. Pasada la sorpresa inicial vino lo peor. El periodismo, hinchas y hasta algunos compañeros lo criticaban por su individualismo y falta de resolución en los metros finales. Hacían videos con sus goles errados. Un partido contra el Osasuna en septiembre del 2019 metió un golazo al ángulo y no lo pudo festejar. Cayó arrodillado sin poder parar de llorar.

A fin de ese año Tite lo convocó por primera vez a la mayor. Vini estaba reunido con su familia mirando la televisión cuando vio la conferencia donde el DT anunciaba eso. Antes del Mundial de Qatar 2022 volvió a subir el video de aquel festejo, junto al trabajo duro que realizó para la temporada 2021/2022. Recurrió a la dieta estricta de Cristiano Ronaldo. Ganó fuerza y velocidad. Metió 22 goles y dio 20 asistencias. La rompió toda y convirtió goles claves, incluido el que significó el título de Champions en la final contra el Liverpool. Salió 8° en la entrega del último Balón de Oro que ganó Benzema y Neymar escribió en Twitter que era una injusticia porque debió estar como “mínimo entre los tres primeros”.

Ya consolidado en el Madrid le faltaba lograr lo mismo en su Selección. En 18 partidos solo convirtió contra Chile por Eliminatorias. Fue un partido especial porque justo había comprado más de 120 entradas para sus amigos y su familia. Metió un golazo de caño entre las piernas del arquero Claudio Bravo. Contra Suiza le anularon uno así que aquel sigue siendo el único.

En la prensa brasileña se dudaba en la previa del Mundial sobre si iba a ser titular, más por la participación que le dio el técnico en todo el ciclo que por la opinión pública de su país. En noviembre fue elegido ‘deportista del año’ por la revista GQ, en su edición brasileña. Con la lesión de Neymar agarró la posta del ataque. Tuvo participaciones claves en los 3 goles de Brasil.

No jugó contra Camerún pensando en cuidarlo para los octavos de final. Pero su nombre fue noticia los últimos días porque la Fiscalía de Madrid archivó la denuncia por los cantos racistas que le dedicaron en el último clásico de la ciudad. Reconocieron que existieron y que fueron “desagradables e irrespetuosos”, pero que solo “dudaron unos segundos” y fueron en un contexto de “máxima rivalidad”. Vini tuiteó que no va a parar en la lucha contra el racismo. En una entrevista reciente con la agencia Reuters marcó que necesita reforzar más su compromiso social y solidario. “Veo cómo deportistas como Lewis Hamilton y LeBron James hacen buenas obras y yo quiero hacerlo, ayudar a la gente de diferentes formas”, declaró el delantero de 22 años.

El presidente de la Asociación española de agentes de jugadores (AEAF), Pedro Bravo, declaró que Vinícius tiene que dejar de hacerse el mono, por sus festejos de baile después de cada gol. Todos sus compañeros de la Selección salieron a bancarlo. Rapinha del Barcelona le puso “yo quiero ver danza, yo quiero ver alegría”. Pero el apoyo más importante fue el de su ídolo y referente Neymar. Subió la foto del festejo del único gol que metió contra Chile con la frase «Baila, Vini, Baila”. Le pidió que siguiera disfrutando y que en el próximo partido con Brasil bailarían juntos.

Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88

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