En un choque donde la esfera geopolítica también jugaba su partido, Marruecos tuvo su pequeña “revancha” contra España. Un conflicto que involucra la independencia Saharaui, la Guerra entre Rusia y Ucrania, a Estados Unidos, Gibraltar, Argelia y a los dos países que se enfrentaron ayer. Escribe Federico Raggio.

A casi medio siglo del inicio del conflicto del Sahara Occidental, que fue una antigua colonia española hasta 1976, algunos países fueron posicionándose a favor de los intereses del pueblo saharaui (caso Argelia) mientras que otros lo hicieron a favor de la parte marroquí (EEUU). El Sahara Occidental está considerado como un territorio pendiente de descolonización por parte de la ONU, uno de los tantos que no pudo independizarse en las décadas del ‘50 y ‘60 mientras se desarrollaban los procesos descolonizadores, que se iniciaron al término de la 2° Guerra Mundial.

Y a pesar de que más de 80 estados reconocen a la República Arabe Saharaui Democrática (RASD),  EEUU hace su juego y reconoce los más de 260 mil km2 que conforman el Sahara Occidental como parte del Reino de Marruecos. Además, el apoyo norteamericano a la postura marroquí está motivado por el acercamiento diplomático de Rabat con Israel. A la vez, esto significa una amenaza a la seguridad nacional de Argelia.

Y precisamente el Reino de España, siguiendo la política exterior norteamericana y contradiciendo tal vez sus intereses históricos, reconoció en marzo de este año el plan de autonomía marroquí para los territorios en disputa, a pesar de los diversos conflictos de soberanía entre el país europeo y el nordafricano en lo que se podría considerar un viraje sin precedentes. Por otro lado, el gobierno de Pedro Sánchez fue criticado por parte del arco político español por dejar de lado los derechos de autodeterminación del pueblo saharaui, asentado en el noroeste de Mauritania y el sur de Marruecos.

Al mismo tiempo, otra cuestión espinosa en las relaciones entre el país nordafricano y el europeo, separados por el Estrecho de Gibraltar, es la cuestión de dos enclaves españoles en territorio marroquí: Ceuta y Melilla. En ambas ciudades, España intenta frenar el flujo migratorio que busca llegar a Europa. Hace pocos meses una estampida en Melilla dejó 23 muertos.

El deterioro de las relaciones entre ambos países se dio en mayo de 2021 a partir de un incidente fronterizo que provocó un cruce masivo de personas en dirección a Ceuta y Melilla. El incidente migratorio tuvo su origen en la hospitalización del mayor exponente del movimiento independentista saharaui -el llamado “Frente Polisario”- en España. Las fuerzas de seguridad del país nordafricano permitieron el paso de unos 8 mil personas a ambos enclaves españoles.

También, no hay que dejar de lado la cuestión del Peñón de Gibraltar (tema que llevaría otros párrafos desarrollarlo), ocupado por Gran Bretaña desde 1713 y que es parte de este rompecabezas geopolítico donde aparecen otros actores como la OTAN. Desde Gibraltar, el Reino Unido proyecta su poder naval sobre el Mar Mediterráneo. Existe la tesis en los círculos militares hispánicos que un mayor aporte español en la alianza atlántica favorecería los reclamos españoles. Pero las relaciones estrechas que mantienen el Reino Unido con los EEUU, más allá de que todos formen parte de la OTAN, hace que sea muy difícil que los británicos cumplan las resoluciones de la ONU sobre la descolonización del peñón: un “portaviones” gigante a la entrada del Mediterráneo para Londres.

Nueva guerra fría

En este ajedrez geopolítico que toca los intereses de varias potencias, Marruecos, más cercano a Estados Unidos, recibió de parte de este último, sistemas de armas para contrarrestar a Argelia y la “amenaza soviética” durante la Guerra Fría. Ambos países nordafricanos tuvieron sus reyertas bélicas en el pasado y hoy en día Rabat está rearmándose militarmente de la mano de Occidente.

Actualmente, con el conflicto ucraniano en pleno desarrollo desde Washington llegaron directivas para que toda la Unión Europea se alineara detrás de los intereses “atlantistas”. Traducción: los intereses estratégicos estadounidenses. En consecuencia, Argelia -aliado de Moscú en el norte de Africa y que no ve con malos ojos las inversiones chinas- está siendo amenazada por parte del Departamento de Estado norteamericano con la implementación de sanciones ya que mantiene sus negocios energéticos con Rusia, además de continuar adquiriendo armamento avanzado para disuadir a Marruecos de cualquier agresión.

Y España, que intentaba mostrarse “neutral” ante las tensas relaciones que existen entre Rabat y Argel -ambas capitales rompieron relaciones diplomáticas el año pasado-, debió apoyar la postura marroquí en el Sahara Occidental. Tal vez, el reconocimiento español de la postura marroquí podría atenuar el reclamo de Rabat sobre Ceuta y Melilla. Sin embargo, es muy probable que las reivindicaciones del país nordafricano continuarán.

Precio de amigo

Por otro lado, la crisis diplomática entre ambos vecinos magrebíes provocó el cierre del gasoducto Magreb-Europa (GME), que se extiende desde los yacimientos de gas natural del Sahara argelino hasta España, pasando a través del territorio marroquí y del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, en los últimos meses creció el suministro de gas argelino a España, para preocupación de EEUU, por medio del otro gasoducto, ubicado más al este: el “Medgaz”. Pero se entiende: el gas licuado norteamericano que “reemplaza” al gas ruso y al argelino, no sólo es de menor calidad, sino que es mucho más caro, a pesar del supuesto “precio de amigo” que propone Washington.

Y aunque el gas licuado estadounidense se presente en Europa como una alternativa válida a los suministros rusos (que proveían casi el 40% del gas natural en el viejo continente antes del involucramiento directo de Rusia en la guerra civil ucraniana), hay diversos condicionantes. En primer lugar, hace falta la infraestructura necesaria para exportar el gas a los puertos europeos. Este tipo de obras llevan un par de años y no hay tiempo que perder. Un punto a favor de España es que a diferencia de otros países europeos cuenta con plantas de regasificación de gas licuado, capacidad que no la vuelve tan dependiente de Argelia.

Sin embargo, el posicionamiento español a favor de Marruecos en el Sahara Occidental resultó en la suspensión por parte de Argel del Tratado de Amistad con España. Mientras que Italia, con los mismos problemas energéticos, aprovechó para estrechar la cooperación con el país árabe.

En esa disyuntiva -gas barato versus apoyo incondicional a la postura de Washington/Londres sobre Ucrania-, se encuentra España. Y es probable que la derrota futbolística sea apenas un mal recuerdo para los hinchas. La desindustrialización que puede llegar por la escalada de costes energéticos, y que ya había comenzado por políticas de austeridad, se presenta como un sinsabor mucho más duradero.

Federico Raggio

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