Jamás te voy a perdonar. Me estás dejando solo. Quizás no lo sepas, pero crecimos juntos. Ahora estoy más grande y mi papá, que me hizo hincha de Newell’s en Buenos Aires, también. Cuando en la escuela se burlaban de mi club, vos me protegías sin saberlo: “Te estás burlando de Messi”, decía yo.

Esquivaba problemas familiares viendo tus goles mientras le aplaudía a la tele. Esa fue mi vida durante veinte años: esperar el fin de semana para verte. Pronto cumpliré 30 y las cosas se pusieron complejas. Mi mundo lo sostenía un leproso que pateaba una pelota, como antes se creía que al planeta lo sostenían tortugas y elefantes gigantes. Igual que a la pelota, eras vos quien lo hacía girar.

Y entonces, en la época de la IA, escribiste una carta a mano con una lapicera que tenía el giratiempos de Hermione. Magia pura. La misma semana en que hiciste un póker de goles. Quiero agarrar ese giratiempos y volver atrás. Cuando a los 13 años te subías al avión a Barcelona, irrumpiría en la pista y gritaría: “yo me opongo”. Cuando en 2004 entrabas por Deco a tu primer partido en Primera, insultaría al árbitro disfrazado de Puyol para que lo echen y así obligar a Rijkaard a hacer un cambio defensivo. Cuando debutaste con la Selección contra Hungría, en 2005, tiraría bengalas rojas y negras al campo para que esos 47 segundos antes de la expulsión pasaran sin sobresaltos.

No haría nada en Alemania 2006, cuando te quedaste en el banco mientras Cambiasso entraba por Riquelme. Te diría: es para cuidarte. Te van a decir que no cantás el himno, que sos un vendepatria, que en España jugás mejor. Después me sentaría a mirar cómo rompías todos los récords. En el Barcelona y en la Selección. Ya sería tarde para entender que la Pulga se había vuelto demasiado grande como para ser simplemente mi amigo.

Te estás yendo lentamente y es hora de aceptarlo: no soy el único que se había inventado una amistad con vos. En algún lugar del mundo habría otros pibes aplaudiéndole a una tele. Ya todo el mundo creía que Messi era suyo. Jamás te voy a perdonar. No me permitiste vivir esa mentira. Sos tan espectacular que no podés ser mío nada más.

Miguel Freidenberg
Twitter: @miguefrei

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite acá: 

Deja un comentario