Con el andar sereno y relajado de un reggae jugó Argentina su primer amistoso después del subcampeonato del mundo. Lo hizo con la seriedad que demanda cualquier composición artística. Cuando juega Argentina se transmiten sueños, se enseñan valores y se construyen historias. La Scaloneta ya no es un equipo, es una banda itinerante de música popular. Cambian los nombres, pero sigue sonando así.
Sin Messi, las funciones se reparten para ensayar nuevos ritmos. En Córdoba hubo Paz y amor en Babylon. Nico será necesario como un finalizador de jerarquía y para aprovechar su pegada. Para los pases sobran volantes. Palacios tuvo su mejor partido de 5 en el seleccionado ante un rival que le dio libertades para la circulación. Hasta que vuelva Paredes de la sanción o se asiente en su club Equi Fernández, tiene la chance de adueñarse de la posición.
Más que la foto con Tapia o los periodistas que quieren el premio de la primicia, la renovación de Scaloni avanza en las emociones y sensaciones positivas. La primera sucedió ante el himno gritado por los más de 8 mil chicos de escuelitas de fútbol y colegios cordobeses. La segunda por la seriedad con la que afrontaron el partido los Romero, Lautaro, Alexis que ya ganaron todo con la Selección.
Llegan nuevos a agrandar el menú. Argentina desde la salida de Di María no tiene un wing gambeteador. Hubo 10 minutos prometedores de Leonel Flores en modo unas ganas de pisarla y encarar.
El reggae de Paz y amor es mucho más que una canción del disco Divididos por la felicidad de Sumo. Cuenta con la participación en los coros de uno de los cantantes del grupo de folclore de Rosario Los Trovadores, que también estaban en los Estudios Panda grabando un álbum. Se llamó Pequeñas historias.
Lucas Jiménez
Twitter: @lucasjimenez88
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