Patón y conductor

¿Hay algo más lindo que ser campeón? Algunos o algunas dirán que depende de cómo se haya dado el camino hasta el campeonato. En ese caso ¿Hay algo más lindo que ser campeón habiendo eliminado a tu clásico rival en el medio? Y además habiendo estado todo el semestre escuchando “si se quedan afuera el técnico se va”. Sí, hay algo que lo puede hacer más lindo: que el tipo que hace un año te echó te tenga que dar la copa y cuando le des la mano, él agache la cabeza y no te pueda mirar de frente.

Siempre estuvo dispuesto a plantarse contra el poder. Cuando digo poder me refiero a: periodistas, dirigentes o ídolos. En 1994 lo llamaron para coordinar las inferiores del club del que es hincha: Rosario Central. El Patón aceptó, pero puso una condición, cambiar todo lo que se venía haciendo. Los dirigentes dieron el sí y el Patón corrió a todos los que consideraba que no aportaban al crecimiento del Canalla. Se llevó puestos dirigentes e ídolos por igual. Y no se lo perdonaron.

Tras cuatro años coordinando las inferiores de la Academia rosarina los frutos caían de a montones: El Cata Díaz, El Equi González, Walter Gaitán, Pirulo Rivarola, El Pequi De Bruno, todos jugadores made in Patón. El laburo hecho lo llevo a quedar al mando de la primera. En su primer semestre es subcampeón de la Copa Conmebol 1998. bauza equiTras perder el partido de ida en San Pablo por 1 a 0 y empatar 0 a 0 en Arroyito el Santos termina coronándose campeón. El Patón empezaba a mostrar sus dotes en copas. Al año siguiente, con cuarenta y tres puntos en el Apertura 99 es segundo del River de Ramón Díaz. A pesar de las buenas campañas las decisiones de Bauza en inferiores no pasaron de largo. Su idea de purgarlas tuvo un costo alto, durante toda la etapa como entrenador de primera lidió con insultos de parte de la barra; estos insultos nada tenían que ver con el desarrollo del equipo en la cancha, eran un pase de factura de los que habían sido movidos de las inferiores en los años anteriores.

Bauza siguió adelante y clasificó a Central a la Copa Libertadores del 2001. Tras quedar primero en la fase de grupos, se enfrentó a Cobreloa eliminándolo por cuatro a tres en el resultado global. En la fase siguiente se encontró con América de Cali. Central ganó uno a cero en Rosario. Le tocaba ir a defender el resultado a Colombia. A los diez minutos del primer tiempo perdía dos a cero. En el entretiempo El Patón se plantó ante sus jugadores: “si alguien no está seguro de que vamos a dar vuelta resultado que me lo diga ahora y lo saco”. El equipo salió sin cambios a jugar el segundo tiempo pero América de Cali clavó el tercero. El destino de Central en la Libertadores parecía terminar en cuartos de final. Pero dos goles de Juan Antonio Pizzi, uno a los 43 del segundo tiempo y otro a los 48 llevaron la serie a los penales. Ahí apareció la figura de Laureano Tombolini para llevar a Central a jugar la primera semifinal de la Copa de su historia. Al mismo tiempo empezaba la relación entre Bauza y las definiciones desde el punto del penal. El rival sería el Cruz Azul de México. Del Distrito Federal el Canalla se trajo un dos a cero abajo. Quedaba definir en Arroyito. Otra vez en el entretiempo Central se estaba quedando afuera, tenía que hacer tres goles para clasificar. Pero a los quince del segundo la chance parecía real: con dos goles de Maceratesi Central quedaba a uno de la final. Un cabezazo de Loeschbor pasó al lado del palo. Los minutos pasaban. Faltando un minuto Palencia puso el empate para la Máquina Cementera liquidando los sueños de Central. Tras un mal Clausura 2001, debido a que estaban enfocados en la Copa y la eliminación en semifinales Bauza se va de su amado Central.

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Pero en su primera etapa al frente del club de sus amores no todo pasó por el banco de suplentes. En el año 2000 fue convocado junto con otras figuras hinchas de Central como Baglietto y Fontanarrosa, para grabar un disco con canciones de Central. La idea fue de un músico rosarino llamado Adrián Abonizio. Acá pueden escuchar a Bauza cantando “Patón y Conductor”. Un fragmento dice así: “La fe y el trabajo / son mi inspiración preferida / a veces con cartas bajas / se ganan grandes partidas”.

En 2006 llega a Liga deportiva Universitaria de Quito.

El policía a cargo del operativo entra al vestuario con cara de preocupación. El ambiente picante de las tribunas se está trasladando a las afueras del estadio, se corre el rumor de que no van a dejar salir al micro. Piden la cabeza del entrenador. “Vamos a tener que sacarlo en el patrullero” dice el policía. El Patón no entiende, su equipo acaba de caer 3 a 1 de local contra Olmedo, pero el siente, o más que siente, sabe que las cosas van bien. Nunca el estamos mal pero vamos bien fue tan certero. “No va a quedar otra, Jefe, la gente está enojada” insiste el policía. El Patón mira a sus jugadores mientras se preparan para subir al micro y les grita “Tranquilos muchachos, dentro de poco no nos van a dejar salir, pero porque vamos a ser campeones”.

Cuando uno se va de casa es difícil volver a sentirse cómodo. Más todavía si se estuvo siete años en el mismo club. Bauza peregrinó durante seis años sin pena ni gloria hasta llegar a su nuevo hogar: La Liga Deportiva Universitaria de Quito. Al día siguiente de salir del estadio en el patrullero Bauza se reunió con el presidente del club y le dijo que confiara, que el equipo aparecería en cualquier momento.

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Cinco meses más tarde el Estadio Casa Blanca era otra vez un hervidero. Una vez más la policía estaba preocupada por la reacción de los hinchas, pero ahora los motivos eran otros. Si esa tarde Liga ganaba se coronaría Campeón Nacional. Enfrente estaba el equipo de los militares de Ecuador, El Nacional. A veces los goles son premociones, como los sueños o los poemas. Avisos de lo que va a pasar en el futuro. Algo así se dio esa tarde de diciembre en Quito. Cuando moría la primera mitad del partido, Bolaño marcó un golazo para el uno a cero. A los cinco de la segunda parte, El Pato Urrutia de penal clavaba el segundo para darle el título a Liga. Otra vez el estadio explotaba. Otra vez no sabían cómo sacar al equipo de esa multitud enloquecida y exaltada. Del amor al odio hay menos que un paso. Pero lo mejor estaba por venir.

No todos los años son iguales. Los hay donde no pasa nada o donde pasa lo peor o donde pasa todo junto. También hay años que son un antes y un después. Y esto es, en la carrera de cualquier director técnico, ganar una Copa Libertadores de América. Ni hablar si esa copa es ganada con un club de un país que nunca la ganó. Si del odio al amor hay menos que un paso, de éste a la canonización hay sólo una copa de por medio. Porque El Patón en el Estadio Casa Blanca, no solo tiene cara de Tótem, es un Tótem al cual adoran los hinchas de Liga. No tuvo una copa fácil. Luego de pasar la fase de grupos, le tocó Estudiantes, equipo que sería campeón al año siguiente. Con Guerrón y Bolaño intratables ganó en Ecuador dos a cero y perdió dos a uno en La Plata. En cuartos dejó en el camino, vueltas del destino, a San Lorenzo que de la mano de Ramón Díaz buscaba su primera Copa Libertadores. No sabía la gente del ciclón que seis años más tarde, el mismo Patón conduciría el equipo a la gloria. En semifinales pasó al siempre difícil América de México. En la final esperaba Fluminense, equipo con el que se había enfrentado en la fase de grupos.

La entrada al vestuario lo preocupó. En el aire se respiraba la comodidad de los campeones. El problema es que faltaba todo el segundo tiempo y la vuelta en Río de Janeiro. El Patón sabía que si no se relajaban, tenían la copa adentro, pero esto era un arma de doble filo. El primer tiempo había terminado 4 a 1 para Liga. El resultado parecía sellar la serie. “Si no nos desconcentramos y hacemos uno más, ya estamos muchachos. Pero todavía no logramos nada”. Liga salió dormido a jugar el segundo tiempo y Thiago Neves clavó el 4 a 2. La intuición, una vez más, no había fallado.

En Brasil las cosas parecieron acomodarse. A los seis minutos Bolaño, sí el del gol en forma de premonición, puso la serie cinco a dos para Liga. Pero otra vez la relajación le jugo en contra a los ecuatorianos. El partido terminó tres a uno con tres goles de Thiago Neves. bauza ligaHay técnicos que si van a los penales, ya saben que ganaron, uno de ellos es Bauza. Como pasó en la serie con San Lorenzo, como le pasó con Central contra el América de Calí, Liga de Quito ganó en Río, más visitante que nunca y fue campeón por primera vez en su historia. A Bauza le queda bien irse de copas.

En 2014, luego de la polémica salida de su ex dirigido Juan Antonio Pizzi, es presentado en San Lorenzo.

Hay una máxima que se sostiene con el diario del lunes y es que los equipos se hacen fuertes en la derrota. Algo incomprobable ya que, sólo lo demuestra el éxito posterior. San Lorenzo había perdido uno a cero contra Unión Española en Santiago de Chile. Tenía cuatro puntos sobre doce jugados. La clasificación parecía una utopía inalcanzable. Cuando entraron al vestuario el ambiente olía a derrota y eliminación. El único que sonreía era Bauza. Los jugadores lo miraron extrañados. El Patón les dijo que se quedaran tranquilos, que no sabía porque, pero sentía que el equipo había aparecido. Dos partidos después y de manera épica, San Lorenzo pasaría de ronda.

Porto Alegre, cuartos de final. Gremio gana uno a cero y el partido va a los penales. El Patón los junta a todos en el medio, se viene la arenga y ver quienes tienen ganas y piernas para patear. “Todos querían patear, levantaban la mano y me decían “Patón, mira que yo estoy, eh.” Ahí les vi las ganas y dije ya está y me fui al vestuario sabiendo que ganábamos.” Sí, leyó bien, el técnico se fue antes de que pateen los penales creyendo que ganaban. Y ganaron. Otra vez los penales y la copa.

bauza libertadores

En cuartos vino Cruzeiro y la confirmación de que el equipo había aparecido. Ganaron uno a cero en el Bajo Flores y empataron en Brasil. Así como en los cuentos de hadas, de manera casi mágica el camino se allanó. Bolívar eliminó a Lanús, una pesadilla para San Lorenzo en los últimos años, y Defensor Sporting a Atlético Nacional; ya no quedaban cucos en La Copa y el ciclón estaba en semifinales. Con holgura pasaron a Bolívar, solamente Nacional de Paraguay lo separaba de la tan ansiada Copa. Pero así como al Patón le va bien en las copas, todo tiene que ser sufrido. En Asunción ganaban uno a cero, pero faltando segundos llegó el empate. La vuelta en el Nuevo Gasómetro no arrancó bien, la presión y los fantasmas de los años sin copas poblaron las tribunas y se metieron de lleno en la cancha. El equipo no daba pie con bola. Los nervios se comían la ilusión. Hasta que en el segundo tiempo, una mano zonza dejó a Ortigoza de cara a la gloria. ¿Qué pasó? Otra vez el Patón se fue de copas.

Después de dirigir tres selecciones en un año y medio, llegó el momento. Su carrera había llegado a un punto muerto o una meseta. Luego de convertirse en ídolo de San Lorenzo, pasó San Pablo donde llegó a la semifinal de la Copa Libertadores y se convirtió en el único técnico en alcanzar esa instancia con cuatro equipos diferentes, la selección argentina, Emiratos Árabes y Arabia Saudita. En ninguna de las selecciones le permitieron mostrar sus verdaderos dotes: las copas. El mundial se le negó tres veces: lo echaron de argentina, no pudo clasificar con Emiratos y lo echaron tras sesenta días en el cargo de Arabia Saudita. Central también venía cruzado: tras la enorme experiencia del Chacho Coudet, el técnico no aparecía. Primero fue Paolo Montero y después Leo Fernández. Ninguno de los dos pudo formar un equipo, ni lograr resultados. Montero agarro lo que dejó Coudet y se fue con un plantel lleno de dudas y bajos rendimientos. Leo Fernández sufrió un gran éxodo y tuvo que maniobrar con los pibes y algunos refuerzos que no rindieron. Cuando se está en momentos complicados y no se termina de encontrar el norte, lo mejor suele ser mirar para atrás y volver a las raíces. Eso hicieron Bauza y Central.

Los penales y las copas. Bauza, los penales y las copas. Talleres, Almagro, Temperley y Gimnasia de la Plata, todos triunfos por penales. Solo dos partidos terminaron en los noventa minutos. El primero, contra Juventud Antoniana de Salta fue seis a cero para los de Arroyito. Y el otro, es el que la da más valor a la Copa Argentina ganada por Central. También puede ser, uno de los partidos más tristes de los últimos años del fútbol argentino.

central copa argentina

El tren sale de la estación Sarandí rumbo a Villa domínico. Al pasar por al lado del estadio Julio Humberto Grondona se ve un partido de fútbol. Qué raro que no haya hinchada, piensa quien mira desde el ferrocarril. A lo mejor es Arsenal entrenando. Pero en eso le cae la ficha y los colores de las camisetas se le vienen a la mente. Rojo y negro y Azul y amarillo. ¿Qué carajo hacen Rosario Central y Newell’s jugando en Sarandí? Lo mismo nos preguntamos todos. Y encima para colmo, a puertas cerradas. Cualquier semejanza con la muerte del fútbol, es pura coincidencia. Quien mira desde el tren pone la radio para escuchar un poco ese clásico desarraigado. El primer tiempo es acorde con las tribunas vacías y la lejanía con la Chicago argentina, o sea un bodrio. Arranca el segundo tiempo y a los diecisiete, nada que ver con la desgracia, Herrera de taco (¡De taco!) pone el uno a cero. Para delirio de nadie en el estadio y todo el pueblo canalla en Rosario. Seis minutos después Zampedri clava el segundo. Para la anécdota quedan las expulsiones y el descuento sobre la hora del pibe Torres. El o la oyente de radio, se había dormido en el primer tiempo y se despertó con el primer grito de gol del relator, más suerte que el Patón.

Claudio “Chiqui” Tapia, un sindicalista devenido dirigente, asumió de la mano de su yerno Moyano y de Angelici la presidencia de la AFA. Su primera decisión, tras semanas de operaciones mediáticas, fue echar a Bauza de la selección argentina. El motivo fueron los malos resultados. La realidad es que solo llegó a dirigir ocho partidos. Si bien Argentina en ese momento estaba en puesto de repechaje, faltaban muchas fechas para terminar las eliminatorias y Tapia, pero principalmente Angelici, estaba obsesionado con Sampaoli. Querían que él fuera el técnico sin importarle quién estaba en el cargo. Fue entonces cuando, desde los medios de comunicación, empezaron a operar para desgastar a Bauza. Pero las operaciones no funcionaron. Tampoco sirvieron las filtraciones de los audios donde Tapia decía sobre Bauza “es un boludo”. A Tapia no le quedó otra, se reunió con Bauza para comunicarle lo que ya se sabía, que no iba a seguir. Según palabras del propio Patón, en la charla que mantuvieron no hablaron de fútbol porque  “no tienen idea de lo futbolístico. Son sindicalistas”.

bauza tapia

Pasaron veinte meses. Pasó el mundial y se llevó puesto a la obsesión de Tapia y compañía, Sampaoli. El técnico que tiempo atrás era, según palabras del presidente de AFA el mejor DT del mundo, se fue de la peor manera, dejando en claro que el cargo le quedó grande. Pasó mucha agua debajo del puente. Estamos en Mendoza. Hace pocos minutos que Matías Caruzzo eligió patear al palo izquierdo de Arias, éste alcanzó a tocar la pelota pero no pudo evitar que se clavara en el ángulo. Luego vinieron los festejos, las lágrimas y la locura de jugadores e hinchas de Central. Mientras tanto armaban el escenario para la coronación. Faltaba el momento cumbre de la noche. Ese en el cual, antes de que Ortigoza levante la copa (otra vez con Bauza en el banco), el Patón se acerca a recibir la medalla. Ese es el momento cúlmine de la noche y probablemente, de las mejores imágenes en la carrera del Patón. Esa en la que se acerca a recibir la medalla. Enfrente, para colgársela, lo espera Chiqui Tapia. Bauza lo mira a la cara y estira la mano. Pero Tapia no puede, tiene que agachar la cabeza, apretar esa mano que le ofrecen lo más rápido que se pueda, colgarle la medalla y que se vaya. Bauza sonríe, sabe que esa noche ganó dos veces.

Juan Stanisci

 

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