Un dibujo en la piel. Caída y ascenso de Jonathan Maidana

Un tipo que es ídolo por lo que ganó pero más por haberse bancado perder. El espejo de los hinchas. El sinónimo de su club. Escribe Santiago Nuñez.

Una modificación permanente del color de la piel en una parte del cuerpo. El tatuaje, entendido como dibujo o algo similar, apunta a dejar grabado un mensaje que ni la piel ni la vida podrá borrar. Apunta a llevar consigo una figura, una frase, una fecha, un nombre o lo que sea que a uno o a una lo va a marcar para siempre. Son de esas cosas que uno realiza, sí o sí, para toda la vida.

Jonathan Ramón Maidana nació el 29 de Julio de 1985, en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Luego de pasar por Los Andes, Boca, Metalist (Ucrania) y Banfield, llegó a River a mediados del 2010. Mirado en primera instancia de reojo por haber jugado en la vereda de enfrente, “Jony” rápidamente empezó a meterse en el corazón de los hinchas de River cuando, en noviembre del 2010, hizo el gol que definió un clásico contra Boca en el Monumental.

Pero, también sin repetir y sin soplar, a Maidana le tocó bailar con la más fea de la Historia. Se fue al descenso con River y se quedó a jugar en la B Nacional para volver 363 días después. Luego de cierta “meseta futbolística” entre 2012 y 2013, se terminó de afianzar como un líder indiscutido de uno de los mejores River de todos los tiempos, ganando 11 títulos en 4 años. Una de sus últimas imágenes en una cancha es levantando, junto con Leonardo Ponzio y Marcelo Gallardo, la cuarta Copa Libertadores en River.

Maidana es el único jugador que estuvo en el peor y el mejor partido de la Historia de River (contra Belgrano por la Promoción 2011 y contra Boca en el Santiago Bernabeú por la final de la Copa Libertadores en 2018). Es, a su vez, junto con Camilo Mayada, Rodrigo Mora, Leonardo Ponzio, Gonzalo Martínez y Enzo Francescoli uno de los pocos jugadores de River en ganar dos veces el máximo trofeo continental. También es uno de los dos jugadores (con Nicolás Bertolo) que ganó la Copa con River y Boca.

Maidana es luchador y silencioso. Líder y nunca conflictivo. Es ídolo por sus títulos, pero más por su humildad, por haberse quedado a aguantar las malas. Por estar siempre que River se jugaba su vida, para bien o para mal. Escribir sobre Maidana, como intenta reflejar esta nota, es hablar directamente de la Historia reciente y más que convulsionada de River. Casi como relatar la sana y generosa costumbre de jamás abandonar.

Un Clásico. Un clásico. Empatan uno a uno y el partido está difícil. Empatan cero a cero y el partido está difícil. Va a venir el centro desde la derecha, de zurda, con rosca hacia adentro. Va a venir el centro desde la derecha, de zurda, con rosca hacia adentro. Uno de los centrales viene en carrera, salta por encima que el resto y les gana a todos. Uno de los centrales viene en carrera, salta por encima que el resto y les gana a todos. Impacta el balón de pique al suelo y se mete bien pegada al segundo palo. Impacta el balón de pique al suelo y se mete bien pegada al segundo palo. Los Andes le ganará 2 a 1 a Temperley. River le ganará 1 a 0 a Boca. 14 de noviembre del 2004. 16 de noviembre del 2010. El gol lo hizo Jonathan Maidana. El gol lo hizo Jonathan Maidana.

Lo vio de frente. Y observar así el dolor no es para cualquiera. Tener frente a los ojos un momento único, no solamente por ver como esa tarde la volea se empalmaba en un empeine hasta ese día  desconocido pero que iba a quedar en su memoria para siempre, sino por lo que significaba, no es para cualquiera. Y ya no importaban los hinchas que habían llenado la cancha, o los fanáticos que veían esa “final” por TV o por internet en la Argentina o en cualquier lugar del mundo. No importaban ya esos desorientados que fueron, siempre con la banda roja en su piel, a llorar al Muro de los Lamentos o los que pidieron por favor que no pase lo que finalmente iba a pasar.

Maidana vio de frente y quizás no se haya olvidado nunca (como ningún hincha de River) como un mediocampista de Belgrano lo mandaba al descenso. Maidana va a pensar, en los días posteriores, en irse de River para siempre, en pedir su pase a cambio de la deuda de más de un año que el club tenía con él. A Maidana, dicen, un amigo le dijo, “déjate de joder y andate negro. Pensá en vos”. Pero se quedó. Dirá años después “en el descenso había que entrenar y poner la cara”. Pero él estaba, ese 26 de junio de 2011, en el peor día de la Historia de River, poniendo la cara. Llorando, pero siempre de pie.

cruzeiro

363 noches. Días de trabar con la cabeza, de salir en la tapa de todos los diarios como si fueran el fracaso más grande del fútbol, de panelistas de televisión que les pedían lo que nunca les pidieron a los dirigentes que quebraron a su club, de ir a canchas insólitas y jugar con equipos de nombres raros que igualmente de repente se convertían y le hacían partido a River y al Real Madrid, de estar en el ojo de aquellos que lloraban por salir y de los que se reían para que no salgan los que lloraban, de ver uno de los episodios más increíbles del fútbol argentino, de sufrir, de llorar, de vivir al filo como si uno fuera un condenado. Pero un 23 de junio del 2012, todo empezó a volver a la normalidad, una fecha que Maidana tiene grabada para toda la vida.

Cuando Ariel Rojas tomaba carrera para patear, Jonathan Maidana no sabía que su vida cambiaría para siempre. Quizás ni siquiera es consiente al día de hoy de aquello. Pero ese 27 de mayo del 2015, cuando el mundo entero se desayunaba el avance de unos de los casos de corrupción más grandes de la historia de la FIFA, algo cambió. “Nunca vi a River así jugar de visitante”, dijo un relator. En efecto, River daría vuelta una serie que parecía imposible, ganándole 3 a 0 a Cruzeiro en pleno Mineirao, el mismo estadio en el que 11 meses antes Alemania había vapuleado 7 a 1 a Brasil.

Maidana marcó el segundo gol de cabeza sin saber que desde ese minuto River empezaba a ser campeón de la Copa Libertadores. Maidana no sabía, cuando Rojas estaba a punto de patear el córner, que su vida cambiaría para siempre o, lo que es lo mismo, no sabía que la vida de River cambiaría para siempre. Porque son casi sinónimos. Porque Maidana es River. Porque River es Maidana.

André Pierre Christian Gignac, también conocido como “Dedé” o “El Bómboro”, es un jugador francés que juega en Tigres de México. Participó junto a su selección del mundial de Sudáfrica 2010 y de la Eurocopa 2016, en la que fue subcampeón. Jugó 575 partidos entre clubes y selección convirtió 238 goles y dio 64 asistencias en toda su carrera.maidana gignac

Los números, que no siempre hablan por sí solos, lo daban como un delantero terrible, de nivel europeo. Por eso fue noticia cuando vino a jugar la Copa Libertadores: a mediados del 2015, Tigres lo trajo para jugar la semifinal y la potencial final, para que un equipo mexicano sea campeón por primera vez en la historia. El plan comenzó bien: gol en la segunda semifinal y victoria contra el Inter de Brasil. Pero en la final algo falló: Gignac no tuvo casi situaciones de gol, y su equipo de estrellas salió subcampeón. En la final de la Copa, a Gignac le hizo marca personal un tal Maidana.

D Álessandro la pisó sobre el costado. Metió la pelota en el área. El cartel luminoso del Monumental mostraba el inicio del segundo minuto de juego. La ovación empezó caer desde arriba, casi como desde el cielo. Había una vida por reconocer, un esfuerzo por valorar. Mientras los hinchas aplaudían a Maidana en el homenaje por sus 200 partidos en el encuentro contra San Martín de San Juan, en algún punto se aplaudían a sí mismos o a River. Maidana, el hombre que pasó como referente por los peores y mejores años de River merecía que ese momento sea eterno. Al único que no le parecía eso sea quizás, al propio Maidana, que se tocó el corazón pero rápidamente recibió la pelota para seguir jugando. Luego, sin el balón, completó la secuencia con un pulgar al aire, pero mucho no podía dedicarle. Estaba muy concentrado. El partido se estaba jugando y, lógicamente, todavía iba cero a cero.

“¿Le decimos a Marcelo que la levante con nosotros?”. Nadie sabe exactamente quién le dijo a quién, ni tampoco qué palabras precisas usaron. Pero lo que nadie tiene duda es que Leonardo Ponzio y Jonathan Maidana, dos de los ídolos más grandes de la historia de River, tuvieron un segundo en el momento más importante de su vida deportiva, en pleno Santiago Bernabeú luego de ganarle a Boca la final de la Copa Libertadores, para acordarse de su técnico. Ellos dos, que tenían que levantar la Copa y quedar en una de las fotos más lindas de la historia de la Historia, pensaban que Gallardo, que no tenía fotos ni ese día ni en la final del 2015, quede en la imagen. Lo demás es historia conocida: los tres levantarían el trofeo más perfecto de todos. Sólo los grandes.maidana gallardo

5 de agosto de 2015. En realidad ya casi es 6, porque está cerca de la medianoche. Jonathan Maidana se arrodilla en el césped de la cancha más linda que vio en su vida y mira al cielo. Levanta los brazos en forma de V, pero no de la “B” mala, sino de la de Victoria. En uno de sus brazos, en pocos minutos, se sostendrá por un rato la Copa Libertadores de América. En el otro está el tatuaje de una estrella, enredada por un dibujo que dice “23 – 06 – 2012”, la fecha en la que River volvió del ascenso a jugar en Primera.

Santiago Núñez

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