Cruzando el rubicón

Un día como hoy Argentina venció a Bélgica por los cuartos de final del mundial Brasil 2014 y cortó una racha de 24 años sin pasar esa ronda eliminatoria. Atrás de las alegrías generadas en cancha hay historias. Ambas cosas forman parte de los cuentos de los años felices.

– ¿Vamos a Brasil?

– Vamos

Solo una palabra necesité para cumplir un sueño. Solo una. Del resto se encargó todo Luisito. Ambos arrancábamos temprano a laburar, cuando los colectivos no van llenos y las ventanas de los bondis son almohadas para completar el sueño. Entonces a la hora que recién comienzan los noticieros televisivos me llegó el mensaje: “ya está, ya saqué, 5 de julio cuartos de final en Brasilia”.

Lo único que sabíamos de Brasil 2014 era que Argentina había clasificado al mundial, todavía ni los grupos se habían sorteado. Ósea teníamos una entrada que era un centro a la olla en el minuto 94 con el arquero yendo a buscar la heroica en modo Chiquito Bossio.

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En noviembre de 2013 el año siguiente de mi vida era una incertidumbre, lo único concreto era esa entrada. Todavía no sabía que me iba a ir de mi casa para convivir con mi novia, no sabía que meses después el cuerpo se me llenaría de ganas de renunciar al trabajo cansado de tomar el 28 de Puente La Noria hasta Estación Rivadavia para hacer Lomas de Zamora-Vicente López. Solo sabía que ya estaba pagando una entrada, ni pasaje a Brasil tenía todavía.

El 3 de diciembre de 2013 se sorteó el mundial. Fue el día de las supuestas bolillas calientes gestión Grondona. Argentina cayó en el grupo F con Bosnia, Irán y Nigeria. Y lo otro que cayó fue otro mensaje de texto de Luisito.

-¿Viste el sorteo?

-Lo vi, si estamos bien pasamos primero.

-La llave mirá.

Entonces vi un milagro en mi vida. La llave decía que si Argentina pasaba primera de su grupo y salteaba los octavos jugaba los cuartos de final el 5 de julio en Brasilia. Teníamos entrada para un partido de Argentina en un mundial si eso pasaba. Se me paralizó el cuerpo. Casualidad, causalidad, bolilla caliente, lo que sea que haya sido, no podía creer lo que estaba pasando. Ni hablar me imaginaría lo que pasaría después.

Ya en 2014 empezamos a organizar el viaje a Brasil. Sacamos los pasajes sin saber que Enzo Pérez se metería en la lista a último momento por Ever Banega. En lo personal el conflicto laboral siguió creciendo. No me permitieron tomarme los días para irme una semana a Brasil. Apenas conseguí 2 días, que luego me descontaron. Sacamos pasajes relámpago, ir, ver el partido y volver.

Empezó el mundial. Bosnia. Línea de 5. Rojo cambiando puteadas por elogios. El pivoteo de Higuaín a Messi para que haga chocar 2 bosnios y la mande adentro. Irán. Empate cerrado. Lo vi en lo de Luis. Gol de Messi en el último minuto. En el festejo de gol volaron manos. Hubo heridos. La grieta de Messi-anti Messi estaba en modo Everest. Nigeria. Messi comandante. La defensa sigue dejando huecos. El medio no para a nadie. Gago está bajo.

Octavos de final. Suiza. Veo solo el partido. Mi futuro económico y emocional dependía de ese resultado. Ya tenía pasaje y entrada para Brasilia en cuartos. Argentina no puede meter un gol. Vamos al alargue. El corazón lo tengo en la lengua. El mejor momento de Messi en el partido ya había pasado. Palacio recupera una pelota en mitad de cancha y encuentra al 10 en su hábitat. De frente al arco y con opciones de pase hacia adelante. Esquiva una patada criminal. Abre para Di María que de zurda la pone abajo contra un palo. Todo lo que vino después no lo vi.

Me largué a llorar. No vi el corazoncito de Di María. No vi que casi nos empatan. Lloré, lloré y lloré. No puedo criticar a Di María. No puedo. Lo veo jugar mal y me acuerdo de ese día. Si algún día lo cruzo las lesiones no me importan, le diré ese gol que nos llevó a Brasilia. Entonces esta vez no llegó un mensaje sino una llamada entrante de Luis.

Era todo un grito, era todo un llanto. De fondo gritaba y lloraba su mamá Vivi.

-Estamos en cuartos amigo, ya estamos allá.

-Gracias, muchas gracias. Vamos a cumplir un sueño.

Y allá fuimos nomás. Viajamos. Nacer y vivir en el Conurbano te deja en el cuerpo una sensación visual ante cada famoso que cruzas. No estás acostumbrado a ver en persona a los que ves por tele entonces no te da lo mismo que Pablo Granados esté esperando el bolso al lado tuyo, que Martín Arévalo te pregunte si tenemos alojamiento porque está todo agotado en Brasilia.

Al llegar a Rio para la primera escala algunos bolsos desaparecieron, incluido el de Luis. Cuando fuimos a hacer el reclamo había argentinos con el bolso en mano abierto diciendo que se lo habían cortado y le habían robado todas las camisetas de la selección argentina. Ese fue el primer cachetazo de “bienvenidos al mundial”.

Brasilia es la ciudad de los ministerios desde 1960. Donde hay hoteles no vive el pueblo. Es una especie de Puerto Madero. A la noche no hay boliches, ni bares, solo hay prostitución juvenil en las calles oscuras y whiskerías con chicas bailando con poca ropa para gente de traje y galera haciendo negocios políticos y/o económicos.

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El lugar de encuentro para los argentinos que habían ido a ver el partido era una estación de servicio que vendía comida y alcohol hasta tarde. Ahí paramos todas las noches que estuvimos en Brasilia. La primera compramos un par de latas y compartimos una mesita con 4 pibes. Uno tenía un shorcito de la selección con el número 23.

-¿De donde son muchachos?

-De Lomas de Zamora, ¿ustedes?

-De Tres Sargentos.

-¿De ahí no es Pavone?

-Así es. Pavone y Basanta. Él es el primo de Basanta y nosotros somos amigos. Estamos siguiendo todos los partidos en auto.

El dorsal 23 era del ex defensor de Estudiantes que encima contra Bélgica por cuartos de final iba a jugar de titular por la doble amarilla a Marcos Rojo.

Por la estación de servicio pasaban todos. Ahí vimos que Vignolo, más allá de las diferencias periodísticas, es igual de simpático que en televisión, por ahí pasó Latorre no muy cómodo rodeado de hinchas fervorosos y ahí vimos al Tata Brown.

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“Tata pagate una birra para los pibes de Morón”, le gritaban de una mesa. Tata se sacó fotos con todos. El clima futbolero es una chispa que falta que la encienda uno para que se prenda el resto. Entre fotos y abrazos alguien arrancó el “volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones como en el 86”. El mundial es una fiesta del fútbol cada minuto. Afuera y adentro de la cancha.

La noche anterior al partido nos dormimos temprano. A 1 del mediodía era el partido pero 2 horas antes íbamos a ir al estadio. Desayunamos fuerte a las 8 de la mañana porque la idea era clara. Si a las 11 nos íbamos para la cancha a las 10 se le sacaba el corcho al Dada cabernet que había llevado en el bolso. Al tinto le siguieron unas latas. Partimos a las 11 rumbó al estadio Mané Garrincha sobre patines. Cantitos, fiesta, fotos con gente de Bélgica.

Adentro siguió la misma tónica a lo que se le sumó las cargadas con los brasileros que habían en el estadio. Brasil ya no tenía a Neymar lesionado pero le había ganado a Colombia 2 a 1 y jugaría las semifinales contra Alemania del otro lado de la llave por la que íbamos nosotros.

Salen los equipos. Himno, tarareo, decime que se siente, para ser campeón hoy hay que ganar. Arranca el partido, a los 8 minutos un rebote le queda a Higuaín que mete su primer gol en el mundial con una volea preciosa. Aún hoy cierro los ojos y veo ese gol de Higuaín. Los meme, las cargadas y todo lo que vino después no me movió un centímetro el cariño y agradecimiento para Pipa por ese gol. Se lesiona el jugador clave Di María. Entra muy bien Enzo Pérez.

Entretiempo. Vamos al baño. En el pogo que se armó con los cantitos lo pierdo a Luis. Vuelvo a mi asiento. Luis no está. Llega a los 5 del segundo tiempo con 3 vasos de birra. Nos abrazamos, saltamos y sin querer pateamos 2 de los vasos que se caen al piso. Nos queda una.

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Sigue el partido. Argentina resiste. Messi utilitario recupera pelotas y presiona. Tiene una contra, quiere gambetear a Courtais que le adivina la intención. Vemos tropezar a Sabella en el banco.

Termina el partido. Un brasileño me convida cerveza y me dice “nos vemos en la final”. Nos abrazamos. Qué viva el fútbol hasta el fin de los tiempos. No lo podemos creer. Pasamos los cuartos de final. Mascherano hace de la remera un ventilador. Llora como un bebé recién llegado al mundo. Lo abraza Zabaleta. Messi es uno más en el festejo que es eterno. Los jugadores y la gente son una descarga acumulada de 24 años sin pasar los cuartos de final. Sabella dirá en conferencia de prensa “cruzamos el rubicón, vamos a ver qué pasa”.

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Salimos de la cancha y seguimos a la lata, a latero. Cruzamos unos peruanos que nos dicen que hinchan por Argentina, les digo “el próximo mundial van a estar ustedes”, más por efecto amiguero de la birra que por visión de futuro. Le grito a un brasileño pelilargo con remera de Cruzeiro que es igual a Sorín. Algo falla en la traducción porque me quiere boxear.

Los días felices de la vida los minutos parece como si no pasaran. Llega la noche. Vamos a conocer donde vive la gente normal de Brasilia lejos de los hoteles y ministerios. No hay turismo. Luisito lleva la camiseta de argentina con la 18 de Palermo. Le paso mi campera para no provocar. Comemos una pizza como si estaríamos frente a la estación de Temperley.

Volvemos al hotel. Le pido los datos roaming del celular mientras Luisito mira Los Simpson en portugués y escribo lo siguiente en Facebook.

“Bueno apareció el equipo nomas. ¿En juego? No, en solidaridad y compromiso. Las rachas están para romperlas y las oportunidades para aprovecharlas. Lo primero es para Pipa, lo segundo para Demichelis y Biglia. Hoy quedó demostrado que la mentalidad es todo en un futbolista. Cambiamos ataque por compañerismo, perdimos brillo pero ganamos solidez. Lo único que mantuvimos fue la cuota de sufrimiento habitual. Pipa con un gol en la mochila se animó a todo. Messi, otra vez de lanzador, esta vez quedo expuesto por la poca cantidad de gente con la que atacó Argentina. Hoy Lionel estuvo utilitario, como el equipo, como Biglia, como Basanta y como Pocho hasta que tuvo piernas.

Hablé de equipo solidario, hablé de rachas que se rompen, pero el verbo pasa de pasado a futuro porque hubo un técnico que se dio cuenta que el Mundial es un mes y que el tren solo pasa una vez. Los partidos anteriores dejaron cosas entre líneas y Sabella las vió y las corrigió.

El verbo sigue vivo, el presente nos da alegría, el futuro nos da ilusión por el pasado o mejor dicho por la racha del pasado que hoy se rompió. Con mucho por mejorar pero con mucho más por soñar esto sigue.

El futuro llegó hace rato, el pasado se fue hace unos minutos. Le queda tinta a la birome para seguir escribiendo la historia, igual hoy no fue el partido de la birome, hoy fue el partido del corrector. No hay birome sin Liquid Paper y no hay rachas que duren para siempre. Hoy rompimos una colectiva por uno que rompió una personal o mejor dicho por uno que la rompió toda. ¡Bienvenido a Brasil Higuaín! ¡Te estábamos esperando! 5 de 7. ¡Afónico es mi nombre, eufórico es mi apellido!”

-¿Quedó bueno el comentario?

-Creo que sí.

-Cuando abra el Facebook lo leo. ¿Che ni ahí podes pedir 2 días en el laburo no?

-No creo, está todo podrido. ¿Por?

-Si pasamos a Holanda vuelvo a Brasil con el auto. Ahora lo pongo en el grupo de whatsapp a ver si se suma alguno.

Lucas Jimenez

Un comentario en “Cruzando el rubicón

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