Antes de rendirnos fuimos eternos

A 16 años del oro panamericano en fútbol en Santo Domingo 2003 recordamos el grupo de futbolistas que se colgó la medalla. Un instante eterno antes de que la vida llene de lomos de burro sus carreras.

¿Dónde nació el cariño de gran parte del público futbolero argentino por las selecciones juveniles? En la historia y en el fútbol, marcar inicios siempre es digno de ser rebatible y debatible porque puede aparecer un antes que fue invisibilizado. Pero a 30 años del primer mundial sub 20 que consiguió la Argentina con César Luis Menotti como mentor y entrenador podemos marcar ese 1979 como bisagra.

De repente mucha gente empezó a levantarse a las 4 o 7 de la mañana para ver un partido de fútbol que se disputaba en Japón. Para disfrutar al primer Maradona celeste y blanco y al Ramón Díaz goleador. Todo aquel despertar de un gran amor aparece contado en el reciente libro “El fútbol del sol naciente” del periodista Guillermo Blanco.

Muchos años después apareció un tal José Néstor Pekerman con su equipo de trabajo: Hugo Tocalli, Gerardo Salorio, Miguel Tojo, entre otros. Apareció José para desterrar el mito que valores y resultados son 2 números 9 que no pueden jugar juntos.

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De su paso quedaron montones de jugadores moldeados de chicos que luego se establecieron en la selección mayor. También nos dejó campeonatos del mundo (95, 97, 2001, 2005 y 2007) y Sudamericanos (97, 99 y 2003). Pero hubo un título que solo ganó una vez: los Juegos Panamericanos en Santo Domingo 2003.

La competencia cayó entre medio del Sudamericano y el posterior mundial sub 20. Era la camada de Tevez y Masherano. Solo 6 futbolistas fueron a Santo Domingo y habían formado parte del plantel que ganó el Sudamericano disputado en Uruguay. Maxi López de River, Gustavo Eberto y Joel Barbosa de Boca y Walter García y Hugo Colace de Argentinos Juniors. Menos Maxi, el resto también disputó al final de ese 2003 el mundial sub 20 en Emiratos Árabes Unidos. A los que se sumaron los campeones panamericanos Jonathan Bottinelli de San Lorenzo, Franco Cángele de Boca y Osmar Ferreyra de River.

“Nosotros teníamos nuestras armas, defendiendo bien, con (Franco) Cángele y “Maxi” López que estaban en gran momento, la pelota la manejaba el “Malevo” Ferreyra y en el medio estaba el equilibrio de Hugo Colace y yo, en la banda con Alonso y en defensa con Walter García y Bottinelli, junto a Galarza y dos buenos arqueros: Navarro y el que no está Eberto de gran torneo. La final con Brasil fue única”, analizó Alexis Cabrera hace poco en Pasta de Campeón. Cabrera por ese entonces era un volante central de San Lorenzo con mucha proyección. Él y Alejandro Alonso de Huracán fueron los únicos mayores de 20 años del plantel. Aunque los Panamericanos son competencias sub 23 Argentina llevó futbolistas casi en su mayoría sub 20.

Alexis fue partícipe de los títulos Mercosur 2001 y Sudamericana 2002 con San Lorenzo. Luego de ganar el oro en Santo Domingo estaba en el mejor momento de su carrera. “Después de la final Hugo Tocalli y Tojo hablaron conmigo y me dijeron que Marcelo (Bielsa) me había visto y me dijeron que buscara continuidad para ser tenido en cuenta de cara a los Juegos Olímpicos. Después no tuve esa suerte y me alejé de ese lugar en el que estuvieron Mascherano y NIco Medina. Pero ya ser observado por un técnico de ese calibre es un honor que no olvidaré”, recordó en PDC.

Muchas veces los caminos no son tan lineales y por eso los momentos pasan a ser vitales para disfrutarlos y vivirlos.

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Algo que hizo Alexis aquel agosto de 2003. ““Antes de la final me temblaba todo, no sabía dónde estaba y pensaba en mi familia, mis viejos, mis hermanos, en todo lo que había costado para llegar. Pero también en las canchas de tierra donde había jugado, en los vestuarios de chapa en los que me había cambiado y también en que a veces no tenía botines para ponerme.”

Después de San Lorenzo Cabrera pasó por Villa Mitre, Olimpo de Bahía Blanca y Talleres de Córdoba. Allí vino el principio de la caída. “Cuando mi hija tenía meses, un día llego a mi casa, y mi mujer se la había llevado, no estaban más. Me dijo que si quería volver a verla, tenía que dejar todo. No pensé en nada, me volví atrás de mi hija, renuncié a todo; tenía un contrato vigente con Talleres. Arreglé con Huracán de Comodoro por seis meses para jugar el Federal B.”, contó en una entrevista al sitio Infobae.

Del Federal B para estar cerca de su hija a dejar el fútbol profesional, para trabajar de 8 a 19hs en una boca de pozo petrolera en Comodoro Rivadavia, hubo un solo paso. “Cuando pasaba muchas horas trabajando en el campo y estaba solo, lloraba, me desahogaba. Por ahí me estaba poniendo el mameluco y en mi cabeza me estaba cambiando en el vestuario de San Lorenzo, o con la Selección. O me ponía los botines con punta de acero para trabajar y me parecía que estaba eligiendo los botines para entrenar, o para el domingo”, recuerda aún hoy.

El presente lo encuentra volviendo a las bases que lo vieron nacer. Es entrenador del seleccionado sub 13 en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI), lugar donde debutó en la Primera a los 14 años. Pero lo que más lo enorgullece es que hace un año logró la tenencia de Geraldine y Santiago, sus hijxs.

La familia es la base más importante de la vida de un futbolista, aunque sea la menos visible. El Malevo Osmar Ferreyra fue de los que jugadores que más carrera hicieron en Primera de aquel plantel de los Panamericanos. Fue campeón de la copa UEFA con el CSKA de Moscú. Pero hubo un momento que su vida hizo un click.

En 2012 siendo jugador de Independiente a su hijita Morena de 3 años le detectaron un tumor en el ojito izquierdo. De ella aprendió más que de nadie en ese momento. “Lo asimiló mucho más rápido que nosotros el hecho de que le sacaran el ojito. Estaba ciega de ese ojo hacía rato y para ella era natural vivir de ese modo. Me llena de orgullo escucharla cómo les cuenta a sus amiguitos, con mucha naturalidad, que le sacaron su ojito porque lo tenía mal. De More aprendemos. Me enseñó a ser fuerte. Tiene que pasar algo así para entender. Los nenes te empujan para adelante.” contó por aquellos años en Olé. A Morena la operaron un martes y el sábado ya estaba sentada en la platea alentando a su papá. Independiente jugaba el clásico contra Racing. Ganó el Rojo 4 a 1 y el Malevo jugó los 90 minutos.

Osmar se retiró el año pasado, tras un paso por Boca Unidos, para sumarse al cuerpo técnico de Ramón Díaz. Hizo su partido despedida en noviembre de 2018 en su Basavlibaso natal en Entre Ríos. El momento más emotivo de la tarde fue cuando Ferreyra puso el primer botín en el césped, levantó la mirada, vio el estadio del pueblo lleno y apretó fuerte sus manos. De una estaba agarrada su hija Taysa de 12 años y de la otra iba sonriente Morena que ya tiene 10.

Otro jugador que vive aferrado al amor de sus hijas es Franco Cángele. En 2011 a su esposa le detectaron un cáncer de mama que le terminaría quitando la vida. “Hacía terapia para que me puedan guiar con mis hijas, que en ese momento eran chiquitas y no tenían a la madre. Necesitaba mucho apoyo psicológico para ver cómo llevarlas. Las crié con ayuda de mis viejos”, relató hace algunos años en TyC Sports.

Cángele fue la gran figura del equipo campeón en Santo Domingo. Metió goles en 4 de los 5 partidos. El 2003 ya lo encontraba campeón de Copa Libertadores con el Boca de Bianchi y en un camino ascendente. Aún hoy hinchas xeneixes memoriosos lo recuerdan gambeteando laterales rivales por las bandas, tirando un centro venenoso o pidiendo la pelota. Lo que hizo ante un Monumental colmado de hinchas de River en la semifinal de la Libertadores 2004 antes del gol de Tevez y el festejo de la gallinita que le costó la expulsión.

La pluma resultadista con la que se escribe muchas veces la historia invisibilizó la final que jugó Franco esa copa contra Once Caldas en Manizales. Si Boca hubiera salido campeón todavía se hablaría que esa noche desequilibró por derecha y por izquierda. Todavía se recordaría que tiró el centro para el gol del empate de Burdisso. Y que al minuto 90 generó una falta por izquierda, se hizo cargo de la pelota parada que rozó en un defensor colombiano y el mismo Burdisso por milímetros no llegó a empujarla. La cosa se resolvió en los penales y Cángele falló el definitivo. Henao se quedó con su penal y Once Caldas con la Libertadores 2004.

Lo que vino después fue un paso a Colón, junto a Pablo Jerez, como parte de pago de la compra del Cata Díaz, un paso por el fútbol turco y una jugada fatídica. Final de la Copa de Turquía 2008: el arquero rival se disfraza de moto sin freno y lo atropella. Franco se rompió el ligamento cruzado izquierdo. Dos años después lo que le hizo crack fue el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, misma pierna que se volvió a romper en 2011. Tres lesiones graves en 3 años lo llevaron al retiro del fútbol profesional. Hoy realiza cursos de Coaching y PNL (Programación Neurolingüística) y sueña con ser entrenador.

“En los Panamericanos éramos Cángele y 10 más. Hizo la diferencia, le salieron todas”, recuerda el Peca Marcos Galarza hace algunas semanas en el programa de radio “Todo Banfield” (Estación Quince Cincuenta). El ex defensor de Banfield también tuvo que dejar el fútbol obligado a los 31 años por una lesión de rodilla llamada osteocondritis.

Además del logro, de Santo Domingo 2003, lo que más le queda es la experiencia “única e inolvidable” de compartir la villa olímpica con otros y otras deportistas de la delegación argentina. “Ahí veías las distintas realidades de cada deportista. Te caen la ficha de un montón de cosas. Te das cuenta que hay muchas diferencias a nivel deporte y el fútbol es un privilegiado en ese sentido porque uno puede vivir del fútbol. Solamente tenés que vestirte y salir a entrenar o jugar. Otras disciplinas no, hacen lo imposible por llegar a una competencia de esas”, rememora quién hoy es ayudante de campo del Pacha Cardozo con quien estuvieron trabajando en Almirante Brown hasta hace poco.

Los Panamericanos disputados en la capital de República Dominicana tuvieron la particularidad del calor agobiante. El preparador físico de aquel equipo, Gerardo Salorio, no se olvida que tomaban el desayuno en los departamentos para combatir el calor.

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El Profe era un histórico de la gestión Pekerman y tampoco se puede quitar de la cabeza que “nadie daba dos pesos por nosotros”, en referencia a aquel equipo. El torneo cayó incómodo en el calendario. La lista la dio Hugo Tocalli, quién empezó dirigiendo al equipo pero a mitad del certamen se fue porque el 18 de agosto arrancaba la participación argentina en el mundial sub 17 en Finlandia. La recordada final con Brasil por el oro se disputó el 15 de agosto y al frente del equipo estuvo Miguel Tojo.

Si la figura del torneo fue Cángele, la de la final fue el arquero Gustavo Eberto. Nacido en uno de los accesos fronterizos del Mercosur: Paso de los Libres, en Corrientes. Debutó en la primera división de Boca en 2003, con Oscar Regenhardt como DT, y rápidamente fue señalado como una de las máximas promesas del semillero xeneize. Su llegada a los entrenamientos de Casa Amarilla no pasaba desapercibida. Aparecía un auto sin estridencias, sonaba chamamé de los parlantes y bajaba Eberto mate y termo en mano. A metros del complejo donde entrena Boca Eberto terminó sus estudios secundarios en el colegio Joaquín V. González de Barracas.

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Sin lugar en Boca se fue a Talleres de Córdoba. Debutó con una buena actuación contra Huracán. Luego del partido debió ser internado, en la clínica Suizo Argentina, de la Ciudad de Buenos Aires, por unos problemas físicos. Se le detectó un cáncer testicular. Tras una lucha de 19 meses Gustavo Eberto murió el lunes 3 de septiembre de 2007 a los 24 años. En septiembre del año pasado en Paso de los Libres descubrieron una placa en su homenaje que dice “aunque pase el tiempo nunca te olvidaremos. Orgullo Libreño.” El Departamento de Fútbol Infantil del Municipio desde ahora lleva el nombre de Eberto.

La crónica del diario Clarín del 16 de agosto de 2003 le puso 8 puntos a Eberto y al defensor Walter García que, tras un último paso por All Boys, hoy juega al futsal en Alvear. La defensa fue destacada porque el dominio fue todo brasileño. Un revival de Italia 90. El primer tiempo Argentina no se había aproximado al arco que defendía el arquero Fernando. Hasta que a los 45 minutos el capitán del equipo Hugo Colace (hoy en el Mons Calpe de Gibraltar) agarró una pelota perdida en mitad de cancha y decidió que era momento de hacer historia. La puso en cortada para la corrida de Maxi López que no había convertido en todo el torneo.

El rubio delantero pateó de derecha pero rebotó en el defensor. Entonces por respeto al 10 probó en segunda instancia de zurda y la pelota entró por el primer palo por abajo de las manos del arquero brasileño. Maxi fue reemplazado en el entretiempo por Emanuel Perrone de Talleres de Córdoba.

El segundo tiempo tuvo otro aliciente. Se largó a llover en el estadio olímpico Juan Pablo Duarte. Las 16 mil personas cantaban mientras las gotas apagaban el calor infernal. Brasil buscaba el empate. Argentina resisitía. Al minuto 88 un cabezazo de Dudú fue despejado en la línea por el defensor de Argentinos Juniors Pablo Barzola. Los brasileños pedían que la pelota había entrado. El árbitro dijo “siga siga”. Al no haber registros fiímicos de esa jugada queda la duda de si entró o no. Cosa que me desmiente vía Facebook Alexis Cabrera: “fue tremenda esa salvada. No sé cómo hizo Barzola. Parecía el hombre de goma pero no entró la pelota”.

Del partido en You Tube solo se puede encontrar el gol de Maxi y algunas imágenes sueltas. Faltaban segundos para que termine el partido. Alexis Cabrera está por caer al piso acalambrado. Del banco Maxi López empieza a agitar una bandera argentina. Sin saber que el futuro lo tendría como tema de debate de programas de espectáculos. Disfruta y vive el presente como un niño con un juguete nuevo. El árbitro marca el final. Sigue lloviendo. Eberto con agua en la cara mira el cielo. Pone las palmas para arriba y repite “gracias, gracias”.

Lucas Jimenez

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