El otro Ayotzinapa: la historia de los Avispones de Chilpancingo

La misma noche que asesinaron y desaparecieron a los y las estudiantes de Ayotzinapa hubo un ataque por parte de la policía a un micro que trasportaba a un equipo de fútbol. Ignorados por los grandes medios, aun conviven con el dolor de haber sufrido la violencia institucional y que la historia los olvide. Justicia por los 43 normalistas desaparecidos y los Avispones de Chilpancingo.

6 personas fallecidas y 43 desaparecidas fue el saldo de los sucesos que comenzaron el 26 de septiembre de 2014 en la ciudad de Iguala en México. El escenario mostró: policías persiguiendo, atacando y asesinando. Esos mismos policías que después le pasarían la pelota a la guerra narco, todo ante la connivencia de un Estado que al día de hoy no hizo justicia.

El presidente de México de ese momento, Enrique Peña Nieto, se refirió al hecho 11 días después, la cadena de responsabilidades también lo incluye. A 5 años de este hecho aberrante algunas irregularidades provocaron la liberación de 77 de los 142 detenidos y los imputados que aún se encuentran en prisión la gran mayoría están a un paso de obtener su libertad. El presidente actual de México, Andrés Manuel López Obrador y la Fiscalía General de la República (FGR) anunciaron la semana pasada que se reconstruirá la investigación “desde cero”. También “perseguirán penalmente a los encargados que les precedieron, a quienes culpan por el naufragio de las indagatorias”, afirma el diario El País.

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Entre los detenidos hay policías, el ex presidente municipal de Iguala José Luis Abarca y su esposa, acusados de ser autores intelectuales, e integrantes del cártel y grupo criminal Guerreros Unidos, identificados como autores materiales de las desapariciones.

Según la versión oficial de lo ocurrido el 26 de septiembre de 2014, los y las 43 estudiantes de Ayotzinapa fueron detenidxs por policías del municipio de Iguala, Guerrero, y entregadxs a miembros del cártel Guerreros Unidos, quienes lxs asesinaron y quemaron sus restos en un basurero. Versión que fue puesta en duda por organismos internacionales como los expertos nombrados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que además denunciaron fallas serias en las investigaciones.

En total fueron dos los ataques de la policía contra los colectivos que llevaban a los y las estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, a 257 km al sureste de Iguala. Pero casi al mismo tiempo, a la salida de la ciudad de Iguala, un grupo policial disparó 300 balas contra un micro que transportaba a los integrantes del equipo de fútbol Avispones de Chilpancingo de la tercera división de México que volvía de disputar un partido como visitante

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La policía realizó el ataque por confundirlos con un micro de estudiantes. Aunque su confusión vino después a la catarata de tiros que dejó 3 muertos: el futbolista David García de 15 años, el chofer del micro, Víctor Lugo Ortiz, y Blanca Sánchez que era pasajera de un taxi que circulaba por ahí. De los 26 integrantes de Los Avispones, 12 resultaron heridos.

La crónica de esos días del medio mexicano Jornada detalló lo sucedido: “Los atacantes intentaron subir al autobús, pero no pudieron abrir la puerta; al desbarrancarse había quedado atorada. Como no lograron destrabar la puerta, dispararon otra vez. Alguien grito desde dentro que no dispararan, que eran un equipo de futbol. Luego todo quedó en silencio. Los tripulantes esperaron unos minutos para cerciorarse de que ya no estaban los hombres armados. Entonces rompieron los vidrios de las ventanillas y saltaron hacia fuera. Algunos huyeron aterrados para perderse entre los sembradíos de maíz que crecían junto a la carretera. Los heridos de gravedad sólo se recostaron en la hierba a esperar ayuda, pero presas del miedo de que volvieran para rematarlos.”

El miedo dentro del cuerpo de los futbolistas sería eterno, también la desazón porque no haya tenido repercusión el hecho trágico que habían vivido. “Yo veía los partidos de futbol en la tele y que le dedicaban un minuto de silencio a David, pero después sólo se habló de los desaparecidos de Ayotzinapa, se olvidó que esa noche también nos atacaron a los Avispones”, remarcó Miguel García, futbolista de por entonces 19 años que estaba en el micro y recibió 5 balazos.

En la misma entrevista a Jornada no se olvidó del chofer del micro. 71116657_390605121854694_293376575901007872_n“Para nosotros es como un héroe, porque si hubiera abierto la puerta quizás habríamos terminado masacrados o también estaríamos desaparecidos.”

Los Avispones no suelen ser nombrados en las manifestaciones, encaran su reclamo de justicia casi que por su cuenta. En el video con la versión oficial de la procuraduría federal solo aparecen durante 30 segundos. A la familia del Zurdito García, así le decían al futbolista asesinado, le prometieron una ayuda económica que todavía no llegó ni del Estado, ni de la Federación Mexicana. Esta no solo no se refirió sobre el hecho sino que sancionó con más de 20 mil pesos de multa al club León porque en su estadio sus hinchas mostraron carteles con el número 43, en alusión a los estudiantes desaparecidos.

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Atemorizados por esta bajada de línea, tampoco el gremio de futbolistas mexicanos sentó su postura. Solo se rescatan algunos gestos individuales como los de Marcelo Alatorre de Leones Negros y Eduardo Herrera de Pumas que formaron con sus manos un 4 y un 3 después de marcar un gol. Fuera de México y sin la posibilidad de censura de Televisa, el que se pronunció fue el delantero de la selección mexicana y por entonces también del Real Madrid de España, Javier “Chicharito” Hernández, que subió una foto a Twitter con la leyenda “Todos Somos Ayotzinapa”.

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A los 15 años Chicharito jugaba en las inferiores de las Chivas de Guadalajara. En septiembre de 2006, a los 18, debutaría en la Primera División luego de un paso por el club filial. 69269988_2390906717629944_4472801434798129152_nTambién en septiembre pero de 2014 una balacera policial se llevó el sueño del Zurdito García de  debutar como futbolista profesional.

El chico de 15 años la noche fatídica había acompañado al equipo por concesión del entrenador de Los Avispones, Pedro Rentería, aunque no estaba convocado para jugar el encuentro inaugural del torneo. El entusiasmo y la habilidad que había mostrado en la pretemporada y en las prácticas previas al partido conmovieron al entrenador para acceder a llevarlo como un premio para que vaya sintiéndose parte del equipo.

“Yo sentía mucha culpa después de lo que nos pasó porque me pidió que lo llevara al partido y yo accedí… para que lo mataran… yo me quedé con eso”, se recriminó Rentería en dialogo con Jornada.

Otro que no puede olvidar lo sucedido es el secretario técnico Facundo Serrado que apenas empezaron los balazos gritó que todos se tiraran al piso. Solo hubo uno que no escuchó del susto, el más pequeño del plantel. Esos segundos que David García permaneció parado fueron suficientes para que las balas lo alcanzaran.

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Después de la masacre Los Avispones estuvieron 2 semanas sin competir, los dirigentes pensaron en retirar al equipo del torneo pero los futbolistas pidieron volver a jugar por la memoria del Zurdito. El primer encuentro que jugaron lloraron, gritaron y descargaron toda su rabia en la red contraria. Le ganaron 8 a 0 a Los Bravos de Chilpancingo.

Taparon el dolor con goles pero a medida que fue pasando el tiempo las consecuencias de la tragedia empezaron a aflorar. “Nos convertimos en un equipo muy frágil, que salía con mucho espíritu a la cancha, pero que apenas recibíamos un gol, se me caía todo el equipo”, reflexionó Rentería.

Convivir con el dolor a una trágica situación evitable es complejo. La lucha es día a  día. Mucho más dificultoso es si lo si los grandes medios y las autoridades lo ignoran. Mucho más complicado es si el pueblo lo olvida.

Lucas Jiménez

 

 

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