Papá me llama porque el partido está por empezar

En tiempos de revisar historias pasadas de mundiales, este cuento lo hace desde una óptica distinta: la mirada de un niño. El chico sufre a la par del padre, un partido que es más que eso. Puede ser una alegría en tiempos de tristeza. Escribe Mariano Pussetto.

Papá me llama porque el partido está por empezar. Los jugadores entran a la cancha y cuando la pantalla lo muestra a Modric papá me dice: “mirá, ese juega en el Real Madrid, ¿te acordás? A ese tenemos que marcar porque la rompe.”

Es el segundo partido de Argentina en el mundial y nos toca contra Croacia. Yo estoy muy ilusionado porque papá me dijo que los argentinos necesitamos salir campeones, que eso nos va a poner felices porque las cosas no vienen bien, que hay mucha gente triste en la calle y una alegría como esa lo es todo. Además dice que los jugadores se lo merecen, sobre todo Messi, que es el mejor.

La tele muestra el himno argentino. Yo ya me lo aprendí entero, no hace mucho, pero ya me lo sé. Es que esta semana la maestra nos enseñó muchas de esas cosas en la escuela. Nos habló del himno y de los símbolos patrios porque nos estaba preparando para el juramento a la bandera. Ayer fue el acto, creo que salió muy bien. Para mamá estuvo hermoso, eso me dijo cuando me abrazó con lágrimas en los ojos. A la noche me confesó que se había conmovido, que por eso lloró, que estaba creciendo y eso la ponía sensible. Yo le dije que podía intentar no crecer más, así ella no lloraba, se rió y me volvió a abrazar.

Papá dice que está nervioso; “yo también, papi”, le digo para acompañarlo, entonces froto las manos y grito: “¡¡vamos Messi!!” Papá me rodea con el brazo, y repite conmigo, “¡¡vamos Messi!!” Yo me pongo contento, bueno, en realidad desde esta mañana estoy así. Es que hoy en la escuela la Sofi me pintó una bardera Argentina en los cachetes. A mí me gusta mucho la Sofi, somos amigos, pero creo que algún día le voy a decir que estoy enamorado de ella. Aunque no sé si me animo, además ella me dijo una vez que le gustaba Valentín; a mí también, le dije cuando me lo contó, es que me puse nervioso y no supe qué decir. Valentín es el más lindo del grado, pero quizás, si se pone de novio, a Sofi ya no le guste más.

-Arrancó hijo, ¡¡vamos Messi!! grita papá; “¡¡vamos Messi!!” repito.

-¿Ves? Ves que bueno ese Modric, todo fácil hace. Así deberías jugar vos, miralo bien así le copias.

-Cómo te ves jugando con la camiseta de la selección, ¿eh? Sería lindo jugar un mundial, ¿no? Me pregunta papá. Entonces me imagino entrando a una cancha, me imagino que la camiseta me queda muy grande, como cuando me pongo una remera de él, y me imagino haciendo un gol, un golazo. “Sería lo más, pa”, le digo.

Con papá los últimos días compartimos mucho tiempo, es que hace poco lo despidieron y ahora está buscando trabajo. A mí me gusta que esté en casa, porque cuando llego jugamos a muchas cosas juntos. Además el otro día me fue a ver a la clase de fútbol, él nunca podía ir porque a esa hora trabajaba. Cuando terminó el partido me felicitó, me dijo que era el mejor. A mí me encanta pasar tiempo con papá, aunque mamá dice que ojalá consiga trabajo rápido, porque está triste y cada vez se ríe menos.

Vení hijo, vení que arranca el segundo tiempo. Yo voy corriendo con la pelota en la mano y un poco transpirado. Es que me estaba empezando a aburrir y salí a la calle a patear. No sabés el golazo que hice recién, papi. Papá está nervioso y no me contesta, pero me sienta a su lado; como en el primer tiempo que es cábala, dice.

Croacia nos hizo un gol. Papá insulta, si me escuchara decir esas cosas seguro se enojaría conmigo. Dice que nuestro arquero en muy malo, que a ese nivel no se puede equivocar de esa forma. Le pregunto que qué pasa si perdemos y me dice que se nos complica mucho. Recuerdo que teníamos que salir campeones, porque para papá era la forma de tener un poco de alegría entre tantas malas; entonces le pregunto si lo vamos a poder ganar, y dice: “Vamos Argentina que no pasa nada, ahora lo damos vuelta, ¡¡vamos Messi!!”

“¡¡Vamos Messi!!”, grito yo.

Otro gol de Croacia y papá se enoja mucho.

– Todo el tiempo lo dije, tenemos que marcar a Modric. ¿No te dije eso?

Todo el mundo lo sabía menos nuestro técnico. Te lo dije, hijo ¿te acordás? Es el mejor de ellos y lo dejamos patear solo. No puede ser, desde que empezó el partido lo vengo diciendo, vos estás de testigo, vos estás de testigo, no puede ser, no puede ser, repite una y otra vez.

Papá se enoja y yo no sé qué hacer. En mi cabeza coreo: vamos argentina, vamos argentina. Deseo que hagamos un gol; -un golcito por favor. Por mi papá, para que no se ponga mal, para que venga la alegría esa de salir campeones, para que no insulte, para que vuelva a reír como cuando tenía trabajo.

Papá llora. Croacia acaba de hacer el tercer gol y papá llora. Nunca vi llorar a papá, es la primera vez. Él llora y yo lloro. No pasa nada, hijo, es sólo un partido de fútbol me dice. Pero él no  deja de llorar, llora desconsolado.

-No vamos a salir campeones, papi, ¿no? Le pregunto, quizás inocente.

La pregunta le causa un poco de gracia y se ríe entre las lágrimas; “no hijo, no creo.” Entonces me seco las lágrimas, busco la pelota, salgo a la calle y me pongo a patear contra la pared, mientras sueño con hacer un gol, con jugar un mundial y con volver a verlo a papá reír lo antes posible.    

Mariano Pussetto

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