Peter Storey fue un mediocampista del Arsenal apodado El Hachero. Ya retirado estuvo preso por falsificación de monedas de oro, robo de autos manejar un prostíbulo y contrabando de pornografía. También fue chofer de un mafioso inglés y del emir catarí que compró al PSG. Escribe Juan Stanisci.

El fútbol inglés de los sesenta y setenta poco tiene que ver con la Premier League, los magnates árabes o rusos o las canchas enormes con nombre de aerolínea. Lo normal era que los jugadores se emborracharan, por lo menos, de domingo a viernes y que algunos de ellos fueran dueños de los pubs que frecuentaban en Southgate Road.  Peter Storey no fue la excepción y en 1975, cuando su carrera futbolística atardecía, compró el Jolly Farmer. Para ese entonces iba por su segundo matrimonio. Todavía le faltarían dos más.

El Hachero

Storey nació en Londres dos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1961 entró a las inferiores del Arsenal. Ahí jugó desde su debut en 1965 hasta 1977, su último año como profesional cuando fue a retirarse al Fulham donde compartió plantel con Bobby Moore y George Best. Empezó jugando de lateral por derecha pero a los pocos años lo corrieron a volante central. Le decían the hatchet man: el hachero.

Fue campeón en tres ocasiones con los gunner’s, entre ellas un doblete entre FA Cup y Liga, tendrían que pasar treinta y cuatro años para que el Arsenal volviera a ganar los dos torneos en la misma temporada. Cuando Storey y sus compañeros ganaron la Liga Inglesa, hacía 18 años que no la ganaban y esperarían otros 18 para volver a hacerlo.

En 1972 el Arsenal llegó a cuartos de final de la Copa de Europa. El equipo de Highbury la iba a tener difícil, el rival era el equipo sensación del momento: el Ajax. Pero el que más complicada la iba a tener era Peter Storey: le tocaba anular a Johan Cruyff. Por si fuera poco en el equipo holandés, que luego saldría campeón y vendría a Argentina a jugar la Copa Intercontinental con Independiente, también estaban jugadores como Rep, Neeskens, Krol o Muhren. El Arsenal quedaría afuera perdiendo los dos partidos, aunque siempre por la mínima diferencia. Storey solamente vería un número 14 pasando y pasando durante toda la serie.

Boring, Boring Arsenal”. Aburrido, aburrido Arsenal. Eso le cantaban las hinchadas rivales a los gunner’s en la década del 70. Si el fútbol del equipo era aburrido, en gran parte se debía al trabajo de Storey en la mitad de la cancha. Su función era simple: romper el juego rival. A veces de manera literal, esa función caía sobre las piernas de los habilidosos rivales.

Se juega como se vive

Su retiro de las canchas en 1978 coincidió con sus primeras apariciones en crónicas policiales. Como futbolista vivía al borde de la ilegalidad, cuando su carrera terminó, quiso llevar su modo de jugar al fútbol a la vida. “Nunca fui una mente maestra para el crimen” dijo en su autobiografía True Storey: My life and crimes as a football hatchet man, que lamentablemente no ha sido traducida al castellano. No fue una mente maestra pero con el correr de los años se supo acomodar.

En 1978 fue arrestado por estar vinculado a la falsificación de  monedas junto a una banda de gangsters londinenses llamados Barry Brothers. Storey financiaba y ofrecía lugar para almacenar tanto máquinas como insumos en el Jolly Farmer, su pub. Consiguió la libertad bajo fianza hasta el momento del juicio. Pero Storey no quería esperar. Así que fundó un prostíbulo disfrazado de casa de masajes al que llamó: Calypso Massage Parlour. Su objetivo era juntar plata y fugarse a España. Pero el plan falló y Storey volvió a ser detenido. Por el caso de falsificación fue condenado a tres años de cárcel, más seis meses por manejar un prostíbulo y  una multa de 700 Libras (más que un sueldo).

Anduvo a la sombra en las cárceles de Wandsworth y Spring Hill. Cuando le quedaban pocos meses tras las rejas, la justicia inglesa volvió a fallar en su contra: un año de prisión por robar dos autos que tenía en licitación en la empresa de taxis que había fundado y fundido en 1975. En 1990 volvió a ser arrestado por intentar ingresar pornografía a Inglaterra en las ruedas de un auto. Estuvo detenido por 28 días. Sería su última visita al sistema penitenciario inglés.

Una lección de vida

Storey logró no volver a pisar una cárcel desde aquella vez de 1990. En algún momento habrá entendido que la cuestión no es si los actos son legales o ilegales. Lo importante es quienes los cometen. Entonces abandonó las pequeñas estafas para codearse con gente que, además de armas, drogas o divisas, trafican algo más importante: poder.

Tras su última detención empezó a trabajar como chofer de Tommy Addams, el líder de la Clerkenwell Crime Sindicate, una organización vinculada al tráfico de drogas y lavado de dinero. Se estima que en 1998 Tommy Addams tenía una fortuna de 200 millones de libras esterlinas. Addams sí caería tras las rejas, pero para ese momento Storey ya había cambiado de empleador.

En 1995 decidió cambiar de patrón pero no de trabajo. Se mudó a Estambul, Turquía, para trabajar para Hammad bin Khalifa Al Thani, miembro de la familia real catarí. Ese año Hammad destronó a su padre en el gobierno, cuando este se encontraba en Suiza. Se convirtió en el Emir de Qatar, es decir, en la máxima autoridad del país. Pero esto no fue una traición de padre a hijo. la sucesión es algo normal en la familia: los Al Thani gobiernan en Qatar desde 1850.  

Los vínculos de la familia Al Thani con el fútbol no solo pasan por que uno de sus choferes haya sido mediocampista del Arsenal. En 2011 intentaron comprar el Mancherster United. Como no lo lograron, pusieron el ojo en el PSG. A través de Qatar Sports Investments, firma fundada por Hammad, compraron el club parisino. Además se encuentran vinculados a los casos de sobornos para la designación de Qatar como sede del Mundial de 2022.

Peter Storey fue el chofer del hombre más poderoso de Qatar y uno de los más ricos del mundo. En 2004 decidió retirarse del mundo del crimen para mudarse a Toulouse con su esposa. Vendió sus medallas y recuerdos de cuando era futbolista en 20.000 libras esterlinas. En 2010 publicó sus memorias e intentó llevar su vida al cine, pero lamentablemente la idea no prosperó.

La vida después del fútbol no suele ser fácil. Muchos intentan replicar en las calles actitudes por las que recibían aplausos en las canchas. Lo que a veces es perdonado en equipos grandes, a los chicos no se lo dejan pasar. Entender esto le costó a Peter Storey años de cárcel. Para los juzgados, al igual que los árbitros, no es lo mismo jugar con los peces chicos que con los grandes.

Juan Stanisci

Twitter: @juanstanisci

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