Confesiones de invierno

A un día del aniversario del Argentina-Holanda de Francia 98 Lucas Jiménez nos trae historias de los primeros dos mundiales de los que tiene recuerdos. Maradona, Ortega, Batistuta y algo de sabiduría por llorar derrotas.

La mañana del domingo 14 de junio de 1998 hacía un frío atroz. Yo fingía que dormía pero ya hacía unos minutos que solo pensaba en una cosa: faltaba una hora para el debut de la selección argentina en el mundial. Por la escalera sentí los pasos de mi mamá que subía lentamente. En sus manos traía una bolsa grande. Apenas llegó a mi habitación y me vio los ojos abiertos gritó “Feliz cumpleaños”. Ya con voz más baja completó: “Te dejo tu regalo, no te vuelvas a dormir mirá que en un rato empieza el partido”.  Esquivé la marca pegajosa del acolchado y salí de la cama a padecer cumplir años en junio. En la bolsa había un conjunto de la selección argentina: camiseta, shorcito y medias. Me vestí completo y me sentí Batistuta. Yo ya tenía la camiseta de la Fiorentina con su nombre pero la celeste y blanca y en época de mundial tenía un valor doble.

Mi vieja me subió el desayuno y me incliné en la cama vestido de Gabriel Omar a esperar el Argentina-Japón que estaba por comenzar. Es el primer recuerdo que tengo de ese estruendo casi divino llamado mundial cruzándome las venas. Francia 98 es el mundial al que más cariño le tengo, del que más partidos vi y más cosas recuerdo. Haber estado cerca de completar el álbum de figuritas me ayudó a memorizar caras y nombres. A Ciobotariu de Rumania lo tenía cinco veces. A Bati nunca lo pude conseguir. Ni en figurita ni en los muñequitos de Coca Cola que podías canjear en los comercios habilitados si te tocaba una tapita que diga “gol” y le agregabas 75 centavos. De los 16 jugadores que había en muñequitos cabezones Hernán Díaz y Berizzo se habían quedado afuera de la lista. Son justamente dos de los ocho que tengo. La lista la completan: Sensini, Gallardo, Delgado, Crespo, Ayala y Simeone.

El grupo de Argentina en el mundial de Francia estaba integrado por tres debutantes: Japón, Jamaica y Croacia. El debut con el conjunto nipón fue parejo más por los nervios que por el rival. El gol llegó por un rebote. Ortega tocó con Simeone que quiso devolverle la pared pero una pierna rival rozó la pelota que le cayó al Bati que definió por encima del arquero. Yo salté de la cama vestido de Batistuta olvidándome del frío. Ganó Argentina 1 a 0. Faltaba una semana para el segundo partido. Tiempo suficiente para pensar si tenía algún recuerdo del mundial anterior: Estados Unidos 1994.

Dios es empleado en un mostrador

Mediodía Primer año de la escuela primaria. Una maestra trata de captar la atención de muches chiques. Cuando lo logra, otra maestra abre fuerte la puerta, entra corriendo y le grita “gol de Maradona, gol de Maradona”. Las maestras saltan en el lugar. Nosotres miramos la escena sin entender bien porqué tanta emoción. A más de 8 mil kilómetros del sur del conurbano bonaerense, en Massachussets, Víctor Hugo Morales saca sus dotes de relator del pueblo. “Una sucesión de toques, no se sabía dónde estaba la pelota parecía en un flipper pero toda la maquinita parecía azul. Finalmente Diego Armando Maradona sin que nadie lo esperara sacó un remate soberbio al ángulo superior derecho. Aquí los argentinos se miran con asombro y se dicen: ´ ¿Pero viste lo que fue eso? ¿Vos te das cuenta? Está vivo, Gardel está vivo´.” Maradona acordándose de un griego que solía hablar con humildad esta vez dijo: de fútbol lo sé todo”.

Argentina le ganó 4 a 0 a Grecia en el debut jugando muy bien al fútbol con Fernando Redondo de 5 y arriba Maradona-Caniggia-Batistuta. La espuma del arranque demoledor no nos hizo darnos cuenta que los otros equipos del grupo también iban a vencer al débil seleccionado griego que perdió 4 a 0 con Bulgaria y 2 a 0 con Nigeria. El segundo partido contra los africanos cayó de sábado así que ya no estaba en la escuela. Vi en mi casa el “Diego, Diego” de Cani para que el 10 saque rápido el tiro libre y el hijo del viento verifique la costura del ángulo de la red con una definición exquisita. 2 a 1 y los sueños de campeonar ya estaban arriba de la nube voladora. Con dos triunfos la selección argentina ya estaba clasificada a octavos pero según el resultado en la última fecha contra Bulgaria podía salir primera, segunda o tercera (ese fue el último mundial con 24 equipos que clasificaban los 4 mejores terceros).

El jueves 30 de junio de 1994 la transmisión de Canal 13 del tercer partido de Argentina no mostró la salida de los equipos. Al aire estaba saliendo la entrevista grabada de Adrián Paenza con un Maradona llorando que lanzaba el histórico “me cortaron las piernas” después de haber sido excluido del mundial por los restos de efedrina que aparecieron en su orina en el control de dopaje. Como si estuvieran viendo la tele en vez de estar cantando el himno previo al partido sus compañeros sintieron el golpe. Bulgaria se aprovechó de esto y con el triunfo 2 a 0 y un gol agónico de Nigeria a Grecia mandó a Argentina al tercer lugar del grupo. “Cuando terminó el partido con Bulgaria se me acercó Stoichkov, que hablaba castellano por jugar en Barcelona, y me dijo: ‘Contame de Diego. Estoy destruido por lo que pasó con él. Es tan buena gente… qué injusto que le pase esto’. Nos despedimos, dio dos pasos y volvió: ‘Tomá, esto es para vos’, y me entregó su camiseta”, contó Roberto Peidró que era médico del cuerpo técnico de Basile en una nota en Infobae.

El hecho de haber clasificados como terceros nos mandó a jugar con Rumania que había ganado su grupo. Los primeros 20 minutos del partido Argentina ya perdía 2 a 0 por dos goles de Dumitrescu. El equipo ya no tenía a su líder-emblema en la cancha que ahora estaba en el palco de prensa comentado el partido para Canal 13 con el que tenía contrato de exclusividad. La transmisión, en la que también estaba Carlos Bilardo, es entre bizarra y emotiva. Diego en el segundo gol describe errores de sus propios compañeros. “A Hagi no lo podes dejas enganchar para adentro porque mete pelotas de gol como la que metió. Lo lamentable es que algunos entraban, otros salían y lo dejaron al más peligroso solo”, comentó con las gafas oscuras puestas en modo Mala Fama. Argentina ya había mostrado con Bulgaria tener la línea defensiva muy adelantada lo que dificultaba el retroceso tras pérdida.

Así y todo el equipo compitió hasta el final. Vale aclarar que tampoco contó con Caniggia que se había lesionado Bulgaria y en su lugar jugó un Ariel Ortega de 20 años. En el gol de Balbo para el 2-3 definitivo se escucha el “VAMOS” de Diego de fondo al relato de Araujo. Cada tanto de la selección se ve como Claudia abraza a Diego que se hamaca en el asiento de los nervios. Esa eliminación marcó el final de una era. Maradona y Bilardo, las dos banderas de la selección, que había sido campeona y subcampeona del mundo, ahora eran comentaristas. Sin ellos en el césped había que refundar al seleccionado.

Tuve que enfrentarme a mi condición

Ya sin el 10 capitán que levantó la copa en México 86, la AFA fue en busca del capitán del equipo del 78 e integrante del plantel en tierras aztecas: Daniel Alberto Passarella. El Kaiser ya había ganado tres títulos con River en su primera experiencia como entrenador. A un año del mundial se jugó la Copa América en Uruguay. La selección argentina apeló a la renovación. Apenas 7 de 22 futbolistas habían estado en Estados Unidos; Cáceres, Chamot, Perico Pérez, Simeone, Balbo, Batistuta y Ortega. Argentina quedó afuera en cuartos de final tras perder por penales contra Brasil.

Pero lo importante para la refundación del equipo había sucedido unos meses antes en Mar del Plata: los Juegos Panamericanos. Allí la selección dirigida por Passarella le ganó la final por el oro a México por penales con Chiquito Bossio como el héroe de la jornada. Ese panamericano sirvió para foguear a los Zanetti, Ayala, Pablo Paz, Bassedas, Gallardo y Ortega. Todos estos jugadores más Pablo Cavallero, Pineda, Almeyda, Crespo, Delgado y el Piojo López formaron el plantel que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Así Daniel Alberto cocinó a fuego lento la renovación de cara al mundial de Francia 98.

Pero mientras con los más jóvenes le iba bien tenía problemas con los futbolistas de experiencia. El Kaiser declaraba que “el aro y el pelo largo son peligrosos porque los jugadores se distraen durante el partido tocándoselos muchas veces”. Una excusa que usó para imponerle condiciones a Batistuta, Caniggia y Redondo. El primero se cortó el pelo y, con idas y vueltas con el entrenador, formó parte del ciclo. El segundo hizo las paces con Passarella meses después de la trágica muerte del hijo de Daniel a fines de 1995 y fue convocado varias veces. Con Redondo la pelea pasó de privada a mediática.

“La primera reunión que tuvimos en la que me explicó su proyecto me pidió que me cortara el pelo. Me dijo que después de lo de 1994, con lo de Maradona, quería cambiar un poco la imagen de la selección… Yo no podía creer que me estuviera pidiendo algo así. Luego, los periodistas argentinos me llamaron y yo les conté que no nos habíamos puesto de acuerdo por esto. A la semana las críticas a Passarella fueron terribles, se llegó a meter con los homosexuales.”, encendió la mecha Redondo.

A las habituales conferencias de prensa que daba el entrenador se filtró el activista LGTB Carlos Jáuregui, le preguntó si convocaría a un jugador homosexual y Passarella le respondió que “no”, seguido de un “no tengo tiempo para responder estupideces”. Al tiempo siguió explayando su postura homofóbica. “Este es un país democrático y yo no estoy en contra de los gays, simplemente que en mi trabajo no lo permitiría”.

Por esos tiempos Maradona estaba por volver a Boca, apareció con un mechó rubio y declaró que “la historia del fútbol argentino se escribió con el pelo largo”. Pero también lo criticó por su postura contra los gays. “Tiene una mentalidad de la edad de piedra, es un retrógrado. Además si alguien que es gay hace tres goles por partido, vamos a ver qué director técnico no lo cita. No puede ser tan tajante, hay que tratar de dejar bien paradas a las personas y no meterse en sus vidas privadas”, manifestó Diego Armando que al año siguiente festejaría goles en Boca dándose picos con Caniggia. Pero el que lo atendió de manera más graciosa fue el paraguayo Roberto Cabañas que dijo “me gusta Passarella porque es hincha de Boca. Tiene actitudes que no comparto, como la del pelo largo o la de los homosexuales. En eso es medio fascista. Pero es hincha de Boca”.

De todas estas declaraciones el entrenador del seleccionado solo le contestó a Redondo. Dijo que con el pelo no tenía problemas “si lo tiene como Batistuta” (que se lo había cortado un poco) y que las razones de la discusión que tuvieron habían sido futbolísticas. “Le pedí que jugara por la izquierda y no aceptó. Le explicamos que nuestra intención es jugar con tres defensores, cuatro volantes y tres delanteros. Y entre los volantes le pedimos que compartiera el sector central con Astrada -con más oficio para hacer los relevos- y él para habilitar con pelotazos, tal vez más tirado sobre la izquierda, pero Redondo nos dijo que sólo quería jugar de cinco, porque en caso contrario sería como taparle un ojo”, fue el derecho a réplica del Kaiser.

En 1997 el técnico intentó hacer las paces y volvió a convocarlo. Redondo dijo que las diferencias eran irreconciliables y renunció a la Selección. Así la Argentina se perdió a Fernando en el mundial del 98 que se jugó un mes después que el 5 del Real Madrid ganara la final de la Champions League. Pero detrás de la excusa del pelo realmente había razones tácticas que Passarella confirmó con el armado del equipo en el mundial.

¿Quién me dará un crédito, mi Señor?

El segundo partido del seleccionado en Francia 98 también cayó de domingo pero a diferencia del anterior fue a las 12:30. Comí temprano y subí de nuevo a mi pieza a ver el encuentro en la tele chiquita. En el living había una un poco más grande pero quería respetar la cábala. Es impresionante la cantidad de partidos que vi en esa tele que tenía una pantalla más chica que la de una notebook. Pero me sirvió para ver la goleada 5 a 0 contra Jamaica con un Burrito Ortega bailando al ritmo de Grupo Ternura. “Toda la gente festeja, el país está de fiesta al ver como la engancha por izquierda y por derecha”. Dos goles, un pase gol, le hicieron un penal. Bati metió 3 goles y yo obviamente seguía vestido con mi regalo de cumpleaños. Argentina estaba clasificada a octavos de final.

El tercer partido del grupo contra Croacia caía en horario escolar. Traté de convencer a mi mamá de faltar pero no hubo caso. El equipo igual ya estaba clasificado y Passarella le daría la posibilidad de jugar a algunos suplentes. Cuando llegué al colegio al mediodía me mandaron para el microcine, un salón con un televisor donde nos llevaban a ver videos muy cada tanto. Divisé a algunos compañeros atrás de todo recién llegados como yo. Del fondo no se veía casi nada. Solo alcanzamos a adivinar por el relato televisivo que Pineda había hecho un gol y que Gallardo la estaba rompiendo. Nos fuimos al aula ya pensando en la próxima ronda.

En octavos de final el rival fue Inglaterra. Martes 4 de la tarde. Mi mamá trabajaba así que mi abuelo me pasó a buscar y fuimos en el 543 volando a ver el partido a su casa. Más que partido. Partidazo. Ida y vuelta. Palo a palo. Muchas faltas. Era el primer Argentina-Inglaterra oficial después del 86 y solo habían jugado un amistoso en Wembley en 1991. Fue un 2 a 2 con goles del Turco García y Darío Franco después de estar 0-2 abajo. Los jugadores terminaron agitando las remeras como si hubieran ganado un título mientras bajaban las puteadas de las tribunas.

También fue 2-2 el jugado en Saint Etienne. Todos los goles fueron el primer tiempo. Inglaterra tuvo a un Michael Owen de 18 años que fue un demonio imparable. Recibió con el taco un pase de Beckham, corrió esquivando las patadas de Chamot, en velocidad pasó a Ayala y cruzó un remate imposible para Lechuga Roa. El empate argentino también fue un golazo. Todo el equipo inglés esperaba el remate al arco de Verón en un tiro libre al borde del área. Pero la soltó rápido para Zanetti que segundo antes estaba infiltrado en la barrera y metió un zurdazo hermoso. Verón y Simeone fueron a festejar el gol señalando y abrazando a Passarella por la jugada preparada.

A los dos minutos del segundo tiempo el Cholo le cometió una falta a David Beckham. Los dos cayeron al piso y el argentino le tiró del pelo. El inglés respondió con un tacazo que generó una caída exagerada del 8 argentino que el árbitro compró. Expulsión para una de las figuras de Inglaterra. Con un jugador más el entrenador argentino no arriesgó mucho con los cambios. Fueron puesto por puesto. Crespo por Batistuta y Gallardo por el Piojo López. Recién finalizando los 90 minutos puso a la Bruja Berti por Simeone. Los 2 penales que atajó Carlos Roa nos mantuvieron en el mundial. Apenas terminé de festejar pispee el fixture que nos habían dado en la carnicería, completé los casilleros y los cuartos de final eran contra Holanda el sábado 4 de julio a las 13.30. Otro partido más de fin de semana. Para la escuela que la mira en el microcine.

Hace frío y me falta un abrigo

Mi recuerdo del equipo en Francia 98 era erróneo. Yo me guiaba por los números de las camisetas. Entonces creía que ese equipo jugaba con Simeone de 8 (volante derecho), Almeyda de 5 (volante central) y Verón de 11 (volante izquierdo). De enganche el 10 Ortega y arriba el 9 y el 7: Batistuta y el Piojo. Repasando el partido contra Holanda me di cuenta que algo no cerraba en el medio. No era como yo creía. Entonces recurrí al periodista Walter Vargas que comentó Argentina-Holanda para radio Continental. “Era un 4-3-3 sui generis. Almeyda del medio a la derecha. El Cholo del medio hacia la izquierda. Verón suelto. Las permanentes subidas de Zanetti compensaban. La posición del Cholo fue muy cuestionada por buena parte del periodismo. Nos preguntábamos por qué razón era una especie de 3 bis”, me aporta a la causa.

En Atlanta 96 Passarella usó como volante por la izquierda a Bassedas que quedó afuera en el último corte de la lista del mundial. En las olimpíadas el doble cinco era Almeyda-Simeone porque Verón no había sido convocado. La posterior explosión futbolística de la Brujita hizo que le haga un lugar en el equipo y modifique lo construido en los Juegos. Algo que no había hecho con Redondo que evidentemente no encajaba en su esquema y no hubiera podido hacer de lateral-volante como hizo Simeone.

Contra Holanda quedó clara la desprolijidad del medio. Edgar Davids y Ronald de Boer aprovechaban la zona que Verón custodiaba sin ser un 5 de marca y por allí se construyó la jugada del 1 a 0 de Kluivert. Argentina empató porque Juan Sebastián, que no marcaba pero sí jugaba un montón,  asistió al Piojo López que esperó que el largo de Van der Sar le abra las piernas para definir de caño. El segundo tiempo hubo ajustes tácticos. El técnico holandés metió a Marc Overmars (wing derecho) y Passarella respondió con el ingreso de Pineda por Almeyda para reacomodar el medio con Zanetti y el ex Boca de laterales-volantes y una línea de 3 abajo. El Cholo Simeone seguía haciendo echar rivales. Ahora fue el turno de Arthur Numan. “Fue un partido intenso. De alternancias. Cambiante. Holanda en general jugó mejor. Un fútbol más claro. Argentina tuvo sus momentos, un rato en el primero y otro en el segundo (gran pase de Verón y zurdazo de Bati en el palo). Cuando expulsan a Numan hay sensación de victoria. Pareció penal a Ortega. La expulsión es un mazazo que propicia el despiste” me sigue diciendo Walter Vargas.

Para ese Argentina-Holanda había viajado a Francia Diego Armando Maradona. Iba a comentar el encuentro por América TV junto a Juan Pablo Varsky y Miguel Simón. “Llegó sobre el pucho y trajo todo anotado en un papelito como comentarista. Y yo le dije: ´Pero Diego quedate tranquilo la transmisión es tuya, decí lo que quieras´. Y me respondió: ´No, no, de ninguna manera, yo estoy con ustedes y los voy a seguir´. Un genio total. En esas horas que compartí con él aprendí muchísimo de fútbol. Fue un placer, porque Maradona sabe una barbaridad. Cuando lo expulsaron a Ortega contra Holanda, él me dijo: ´Que termine ya el segundo tiempo´, y a los diez segundos gol de Bergkamp”, recuerda Varsky en el libro Vivir en los medios: Maradona off the record de Leandro Zanoni. “Las imágenes perviven en mí como una pesadilla. El gran pase de De Boer, Chamot mira, Ayala llega tarde, Roa hace la estatua, Bergkamp. Desata la fiesta”, me completa la jugada Walter Vargas.

La razón de la eliminación argentina en Francia 98 tiene nombre y apellido: Dennis Bergkamp. Tocó pocas pelotas pero cuando recibió en el área aportó su imaginación al servicio efectivo de las jugadas. Bajó la pelota para el gol de Kluivert y marcó el segundo gol con “una habilidad técnica y disposición mental clínica y minimalista”, como escribe el periodista inglés Jonathan Wilson en su libro Ángeles con caras sucias. La camada de jóvenes que fue construyendo Passarella desde su estadía en River, la base de Atlanta 96 volvía a sufrir una derrota en el final del partido. El gol de Amunike que le dio el oro olímpico a Nigeria fue en el minuto 90, el de Bergkamp en el 89.

En mi casa de Lomas de Zamora también se derrumbó el castillo de naipes. Pienso en Ortega que años después dirá en televisión “perdimos por mi culpa”. Su mundial no merecía ese final. Me persigue la imagen de la chance de Batistuta que pegó en el palo. Son las 3 y media de la tarde del 4 de julio de 1998. La temperatura es baja y yo recién 20 días después de recibir el regalo empiezo a sentir el frío en los brazos y las piernas. Me pongo un jogging con pitucones y un buzo. Me tapo el disfraz de Batistuta. Me queda el vacío inexplicable de las horas posteriores a quedar afuera de un mundial. Ese sábado a la noche me acuesto con la ilusión de que en 4 años habrá otra fiesta mundial de disfraces como esta inolvidable que acabo de vivir por primera vez.

Lucas Jiménez

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