Alphonso Davies: el arte de jugar por jugar

Tras el aplastante 8 a 2 contra el Barcelona y de que el Bayern Munich se consagre campeón de la Champions League siendo un equipo imparable, una radiografía del jugador Alphonso Davies, el que nos recuerda lo lindo que sigue siendo jugar como en el potrero. Escribe Iván Barrera.

Alphonso es un jugador de potrero. De medias bajas, pelota pegada al pie y encarar. Y encarar es encarar, no es encarar en un entrenamiento o encarar cuando vas ganando por goleada. Es encarar en las buenas y en las malas, mirar para el frente y jugar con la pelota para que la pelota juegue con los pies. Alphonso es un zurdo habilidoso encarador, admirador de otro zurdo habilidoso encarador. Cuenta que en la escuelita de fútbol antes de cada entrenamiento veían los partidos de la Champions League y mientras que cada compañero hinchaba por un equipo distinto, él solo podía ver al que llevaba la 10 del Barcelona.

El pasado viernes los encontró por primera vez dentro de una cancha. Alphonso sería el encargado de marcar a Lio, de asegurar que la gambeta que tanto había visto en la escuelita no lograra avanzar por la banda izquierda, que no pueda hacer su juego. Y ni más ni menos que en la Champions con un ticket a la semifinal como premio. “Poder jugar la Champions League, contra uno de mis jugadores favoritos del mundo es increíble. Sinceramente no tengo palabras, es un sueño hecho realidad”, contaba Alphonso, “de chiquito solía mirarlo todo el tiempo y ahora me enfrento a él. En una cancha va a ser totalmente diferente, pero para mí, es sólo jugar mi fútbol, no cambia nada”

“Mi mamá me llamó el día anterior y luego mi papá se puso al teléfono y me dijo: ‘Así que estás jugando contra tu jugador favorito’. Y yo dije: ‘Sí’. Y los dos nos echamos a reír por teléfono. Sinceramente, no podíamos creerlo, porque él sabe que admiraba a Messi cuando era más joven, y ahora jugar contra él es increíble”. Ya sabemos lo que pasó, pero antes de volver a ese día, vayamos un poco a la historia de Alphonso.

“Sólo estaba tratando de jugar por diversión”

Liberia es un pequeño país ubicado en la costa oeste de África, vecino de Costa de Marfil, Guinea y Sierra Leona. Al igual que todo el continente, su historia está manchada de plomo y sangre. La repartición europea del continente africano designó que el territorio y la población de la hoy Liberia fueran colonizados por Portugal, Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Fue este último país el responsable de la fundación de la República de Liberia. 

Resulta que tras la independencia de Estados Unidos y la gradual abolición de la esclavitud, los estadounidesneses de bien, blancos y puros, tenían un gran problema: había muchos hombres negros que de repente no eran más esclavos, sino que ahora eran personas y eran personas libres con quienes convivir. A su vez, en los estados donde aún prevalecía la esclavitud comenzaba a haber revueltas de esclavos que buscaban su libertad y su identidad como personas. Para tal problema, políticos, senadores y líderes religiosos de diversas orientaciones e ideologías se unieron en pos del bien común y tuvieron una idea brillante, crear la American Colonization Society. Esta pequeña sociedad se encargaría de resolver el problema: mandar a esclavos y ex esclavos de nuevo a África. Así fue que se fundó la República de Liberia, un territorio arrasado y refundado con colonos afroamericanos y esclavos liberados.

Este joven paisito tiene una vida turbulenta. A la colonización, la recolonización y los golpes de Estado hay que sumarle los estallidos de dos guerras civiles en los últimos 30 años. Fue en pleno estallido de la segunda guerra civil que Victoria y Debeah Davies decidieron huir del país y establecerse temporalmente en un campo de refugiados Ghanes, en la ciudad de Buduburam. “Sobrevivir a la guerra civil de Liberia significaba tener que portar armas y no tenía ningún interés en hacer eso”, declaró Debeah años después. Allí, en el centro de refugiados de Buduburam nació su hijo: Alphonso, donde pasó sus primeros años.

Cuando Alphonso cumplió 5 años su familia fue aceptada en un programa de relocalización y Canadá le abrió las puertas. Se asentaron en la ciudad de Edmonton y comenzaron a reorganizar su vida. Alphonso pudo acceder a la ciudadanía Canadiense, comenzó sus estudios y con ellos, su amor por la redonda y la gambeta. 

En 6to grado, su maestra y entrenadora deportiva vio que Alphonso y pelota era una combinación extraordinaria, una simbiosis inigualable que no se podía dejar pasar así como así. Fue ella quien recomendó a la familia sumarse al Free Footie, un programa social para aquellas familias de barrios marginados que no pueden afrontar el costo de una escuelita de fútbol. Y ahí fueron Alphonso y su pelota. Pegadita al pie, como le enseñaron, recorriendo los potreros de su ciudad hasta que recibió su primera oferta: sumarse al Vancouver Whitecapes. 

“Para ser honesto, solo estaba tratando de jugar por diversión, para mantenerme activo y no meterme en problemas”, recuerda Alphonso hoy .”No pensé que fuera realmente bueno, solo jugaba porque disfrutaba jugando con mis amigos. Luego, una vez que comencé a jugar fútbol organizado, los padres, entrenadores y otros compañeros de equipo me decían que siguiera adelante y que podía convertirme en algo, así que comencé a creerlo. Eso fue lo que me impulsó a querer convertirme en profesional. Fue entonces cuando comencé a entrenar duro para convertirme en un profesional “.

La directiva del Vancouver no dudó un segundo y convirtió a Alphonso en el fichaje más joven de su historia. A sus adolescentes 14 años firmaba su primer contrato y a los 15 años y 8 meses se convirtió en el jugador más joven en debutar en la MLS. Y ahí fueron Alphonso y su pelota, recorriendo esos mega estadios que tiene la MLS producto de la desesperada inversión en un deporte que nunca le fue redituable a los Estados Unidos. Ahí estaba Alphonso, llenando de goles la tierra que supo esclavizar y luego exiliar a sus antepasados. 

Entre sus 15 y sus 18 años disputó 81 partidos con la camiseta del Vancouver y convirtió 12 goles. También se calzó la camiseta de la selección canadiense y le quedó pintada. En 2016 y 2017 lo nombraron mejor jugador de la sub 17, en ese mismo año debutó en la selección absoluta y se consagró como goleador de la Copa de Oro. “Fue un gran momento para mi familia”, comentaba Alphonso a la prensa. Y agregaba: “Me alegro de haberlo conseguido. Significa mucho representar al país en el que he vivido la mayor parte de mi vida.Tener el escudo canadiense en mi pecho significa mucho para mí.”

En 2018, la MLS volvió a inscribir a Alphonso en su libro de récords. A sus 17 años se convirtió en el pase más caro de la historia de la MLS. El Bayern desembolsó un total de 22 millones de dólares para llevarse a la joven promesa. En noviembre de ese año tuvo su primer entrenamiento y en enero ya estaba debutando en la Bundesliga. Pero antes de partir, Alphonso fue vocero ante la FIFA para pedir que el mundial 2026 se jugara en territorio canadiense. En esa exposición dejó con la boca abierta a más de uno recordando el pasado tumultuoso de su familia y de su infancia y contando cómo el país del norte le había abierto las puertas a su familia.

Lo que se dice un lateral con proyección

Y ahora sí volvemos al partido que sorprendió al mundillo futbolístico. La historia ya es conocida. No hubo medio que quedara exento, no hubo noticia local e internacional que pudiera con una tapa que dijera que al Barcelona multicampeón de todo lo conocido le habían clavado 8 goles. Un Bayern imparable, solo comparable a la selección alemana que castigó con un 7 a 1 a Brasil en su casa. Pero entre tanto culpable de la histórica goleada, sobresale el responsable de la banda izquierda. Cinco de los ocho goles llegaron por esa banda y ninguno de los dos del Barcelona, donde un Lío descolorido solo pudo atinar a tirar centros. La proyección del lateral izquierdo fue notable. Y a la velocidad y posibilidad de ir y volver como si se tratara de una cancha corta, hay que sumarle la destreza con la redonda. 

Como en aquel inolvidable minuto 62, cuando Alphonso recibe la bocha en la mitad de cancha. Los firuletes que desplegó con la pelota pegada al pie quedarán en nuestros recuerdos. De espaldas a Messi, logra pasarlo y en dos movimientos deja a Lío y a Vidal desparramados por el suelo para seguir encarando por su banda. Allí se encuentra con Semedo, el portugués lo espera y Alphonso hace lo propio. Él sabe que la pelotita es suya y que él está jugando su partido, así que saca todo su potrero de adentro, lo deja pagando y avanza hasta el área chica donde se aburre de amagar y le dice a Kimmich tomá, hacelo así podemos sacar el medio y volver a jugar. 

La sonrisa de Alphonso en el gol lo dice todo. Esa sonrisa pícara, del que se divierte, del que se acaba de mandar una. Del que juega con sus amigos con quien juegue, que juega a jugar sin importar quién esté adelante.

Iván Barrera

Publicada originalmente en Marcha.

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