“El Cazador”, un melancólico ex delantero del Ferrocarril San Martín, recibe la noticia del asesinato de un joven fanático del club. Shockeado, lo primero que se le viene a la mente es que a ese hincha le debía su apodo. Novela por entregas, cada martes un capítulo nuevo. Escribe Lucas Bauzá.

“No te gusta cabecear, no sos rápido, no bajás a participar del juego… Si encima andás falto de confianza se me complica ponerte, flaquito.”

Santiago “Bocha” Battilana, DT de Cuarta División (2004)

  Aníbal Docabo se paró, recibió una indicación de su jefe y se alejó por la vereda de la que había surgido yo. Un poco más gordo y menos musculoso, con la mirada cansada y algunas canas entre su puntiaguda cresta de color mostaza. Así lo encontré, luego de tres años sin vernos, y sospecho que él habría encontrado algo parecido en mí.

-Tanto tiempo, pichón. Sentate tranquilo –me invitó Lozano, extendiendo un brazo.

-Sí, Marcelo.   

  Estábamos en el corazón del distrito, enfrente de la plaza Almafuerte, con la Escuela 1 del otro lado de la calle, la Catedral a unos pocos pasos, el Banco Provincia a la vuelta y la Municipalidad en diagonal. Como una reconstrucción de la Plaza de Mayo y sus alrededores, pero a pequeña escala, con calesitas y puestos de libros viejos pero sin turistas ni huellas históricas de peso, en ese radio se cortaban los desechos de bacalao que llegaban desde el centro del país.  

-¿Me acompañás con un cafecito o vas con otra cosa? –preguntó amorosamente, con el mozo a nuestro lado.

-Algo de pomelo.

-Traele una Schweppes y dos medialunas –ordenó, y comenzó a escribir en su teléfono–. Disculpame, se me viene un año…

-No pasa nada, no hay apuro.

  Levantó la mirada.

-Estás canoso, guacho… -volvió la mirada a su teléfono durante casi un minuto. El mozo, tan veloz como los dedos de Lozano, apareció con el pedido y yo me apuré a mojarme la garganta, reseca a causa de los nervios– Bueno, estamos… Pará que lo apago porque si no no vamos a poder hablar tranquilos. Ahí está.

-¿Está movido el asunto?

-No, pasa que estos boludos me consultan todo… “Chelo, tal cosa. Chelo, tal otra. Chelo, Chelo, Chelo… Pero la puta que los parió, muchachos. Empiecen a volar solos de una vez.

-Me imagino.

-Tengo que aprender a delegar, la culpa es mía, pero tengo a cada uno… ¿Qué mierda voy a delegar si se levantan a la una del mediodía? ¿O no?

-Y sí.

-¿Vos cómo andás?

-Bien, tranqui.

-¿Pibes, mujer?

-Nada.

-¿Nada todavía? ¿Qué, te quedaste detenido en el tiempo, Rodríguez? Con lo lindo que es tener hijos… La mía cumple los quince este año, se lo voy a festejar ahí en la sede.

-Ah, qué bueno.

-Mirá que estás invitado, eh. Yo al que me cruzo y le tengo aprecio… Lo tengo que invitar. Después la gorda me caga a pedos, pero ella porque tiene alma de pijotera. Yo no, si es mi única hija mujer y quiero que estén todos mis amigos presentes.

-Bueno, gracias.

-Dale, venite, pavo. A ver si por ahí encima te enganchás alguna y te dejás de cascar que ya estás grande… No, no, va a haber lindas hembras, eso cortate las bolas… Tengo cada putona laburando conmigo que sabés qué… Otra que el Negro Ramírez, estas veteranas te parten al diome sin grupo, eh, dos conchazos bien metidos y te sacaron de la cancha.

  Me mordí los labios, preguntándome si el Chelo acaso se había olvidado que yo ya conocía de memoria sus diversos métodos de negociación. Ahora estaba aplicando el amigo/enemigo, aflojándome de arranque con un clima de confianza, con un tema que desconcentre, para luego largarme la pregunta y agarrarme en frío.

-¿Y para qué me querías ver, che? ¿Pasó algo?

-No, bueno… Sí, me enteré de un rumor, tiene que ver con el club y lo quería hablar con vos.

-¿Conmigo? No me digas que Miguelo te quiere de nueve. ¿Cuántos tenés ya?

-Treinta y cuatro recién cumplidos. Pero no, no me llamó Miguelo.

-Te estoy cargando, boludo. Además ya casi no estoy en el club.

-No, ya sé. Pero por ahí te hablás con ellos, calculo que cada tanto te juntarás con Cuco o con el Bebi.

  Cabeceó. Prendió un Marlboro. Miró la hora en su teléfono.

-¿Y cuál es el rumor? A mí no me llegó nada.

-Que voy de presidente en diciembre.

  Inclinó la cabeza hacia delante con una sonrisa. En esos años sin vernos se había hecho un tratamiento capilar y la dentadura nueva.

-¿Vos de presidente?

-Ajá. Pero nada que ver, Marcelo.  

  Lanzó una carcajada más falsa que el cocodrilo de su camisa.

-¿Y quién hizo correr ese rumor?

-No sé. Pero me llegó eso y quería venir a aclararlo con vos.

-No había necesidad, pichón, pero no hay problema. Aclarado.

  Prendí un cigarro y tomé un trago de gaseosa.

-Cuando vea alguno de la comisión le digo… De todos modos, como te dije, yo casi no piso el club. Sigo con contactos porque lo apalanco al Cuco, ahora voy de intendente en las PASO y obviamente que tengo que hablar con todos, pero ya me manejo desde otro lado… Hablo con un barrendero, con un consejero escolar, de un comerciante equis a un presidente de club con funciones sociales como pueden ser el Bebi o el Cuco… Yo hablo desde ahí. Pero no, no te preocupes, no te preocupes que aviso.

-Gracias. ¿Así que vas de intendente?

-Sep. Vamos a las primarias y ahí se verá quién, si el Beto, Osvaldito Rendo o yo, pero nosotros estamos fuertes, bajando mensajes claros a los barrios… Y estos conchetos están pidiendo la escupidera ya, el Mateíto Casares parece el capitán del Titanic a esta altura, le falta la orquesta tocando al lado nada más.

-Me alegro por vos.

-Y yo por vos. Aunque me preocupa, sabés… Dejame que te lo diga, porque es la segunda cosa que te veo igual, ya parecés en sepia, boludo, parecés Enrique el Antiguo… El tiempo pasa para todos, Rodríguez, y me da un poco de lástima verte así. No, lástima a nadie, disculpá porque eso no. Pero preocupación sí, me preocupa porque estás como esos muchachos que no sé, que una vez se cogieron a una modelo y diez años después se siguen acordando… Ya pasó, pichón, a la modelo se la culearon cien después que vos y no se acuerda ni cómo mierda te llamás… ¿Me entendés lo que te quiero decir?

-Más o menos. ¿Vos serías la modelo en este caso?

  Sonrió.

-Ves que me seguís peleando y yo solo te quiero ayudar: la modelo sería la gente del club.

-Ah.

-Quedaste resentido al pedo, boludo… ¿No escuchaste la canción esa “Yo ya me olvidé de ti…”? Bueno, ya está, en el Furgón no movés la aguja y si estás así de dejado, sin bañarte, con las zapatillas todas rotas, es porque en su momento no me escuchaste y te pasó el tren. Además se nota que estás al pedo, que no tenés un porongo que hacer, porque venir a hablar conmigo para esta pelotudez… Es nueve de enero, Rodríguez, ¿qué carajo hacés con tu vida?  

-Me pareció importante.

-Pero… Dejate de hinchar las bolas. La gente mira para adelante, vive el presente y no se acuerda mucho de lo que pasó… Encima me venís a hablar como el Enzo en River y sos Juan Pablo Ángel, boludo. Metiste unos pares de goles pero te borraste y terminamos en la D en dos años, no te creas que la gente va a salir corriendo si te ve aparecer, más bien todo lo contrario.

-¡Grande, Caza! –saludó un muchacho que pasaba por la vereda, como enviado por el guionista de una mala película. Sonreí y levanté el dedo pulgar, pero también lo podría haber saludado con la chota.

-Al boludo ese lo mandaste vos… No te agrandés que estamos parados en el 2019, en el campeonato que estamos haciendo, si de local metemos mil, mil doscientas personas… Miguelo es ídolo. ¿Ves? Si me decís “Che, Marce, Miguelo está en la contra”, y bueno, un poco me preocuparía… Pero si estás vos, duermo sin frazada. Todo sin ofender, eh, lo digo como un analista que ve el panorama. Nos podemos quedar sentados acá hasta el 2035 y vas a ver que no te saluda nadie más.

-Seguramente. Yo pienso lo mismo que vos.

-¿Ah, sí? ¿Y entonces?

-Yo te lo venía a aclarar y nada más.

-Aclarado entonces, y me alegro que pienses como yo porque es una quimera hacerle frente al Cuco con el fútbol como está… Pero celebro, yo celebro las elecciones, ojo, ya te habrán dicho tus viudas que fui parte importante de la normalización, puse lo mío también para que vuelvan las elecciones.

-Me contaron.

-Me vinieron a consultar de los dos lados, eh, y yo ya opiné que era lo que correspondía. Hablé con el Bebi, con tu hermano, con tu primo, con porongo… Me sentía Perón en Puerta de Hierro, boludo.

-Mirá.

-Por eso. Yo estoy acá para que me consulten, y acá van a encontrar el pulgar para arriba en todo lo que signifique mayor apertura, mayor democracia. Y ojo, porque espero mojar en agosto y ni hablar en octubre, y ahí agarrate, porque si cazo la manija del municipio, en el parate de verano pongo la iluminación en el Andén por si el día de mañana metemos un televisado, pondré también unos pesitos en el predio del Tanque… No, no, ahí vos sabés, vos sabés que el Chelo… Todo lo que esté a mi alcance para ayudar al club se lo voy a dar.

-Mejor, como todos.

  Llamó al mozo y le pidió dos porrones de Heineken.  

-¿Te convencí para que me votes en las primarias o no? –carcajeó– No, ya te conozco, turro… Nunca te caí bien.

-No vivo acá, me mudé.

-Ah, cierto. Cierto que te piraste. Mejor, bien que rajaste porque con los políticos que tenemos acá no hay futuro para la gente…

  Levanté las cejas.

-¿O no viste lo del diarierito, del Dardo? Pobre pibe, boludo…

-Sí.

  El mozo trajo las cervezas.

-Iba a proponer un brindis pero justo salió el tema… Bueno, salud igual.

-Salud.

-Hoy, nene, te cruzás con un paquero de estos de mierda y te matan como a un perro, los hijos de puta. Ni chorros como la gente tenemos ya, ni eso. No… Mejor que rajaste… Lo de Casares es lamentable… Mucha cámara, mucho anillo de seguridad, pero al final no sirven para un carajo. Y mirá que el Ferroviario es un barrio relativamente tranquilo, seguro, casi centro… Estamos a quince veinte cuadras ¿y me vas a decir que nadie vio nada? Puro marketing lo de estos soretes del PRO, todo piripipí para la gilada… Que las táiser, que “Upites en Alerta”, que mano dura, y resulta que al final de cuentas son uno más inútil que el otro.

-Fue muy raro lo de Dardo, Marcelo. Muy raro.

-Más que raro… Pero pasa que hay mucha ineptitud, Rodríguez. Cuando pasás de este lado del mostrador te das cuenta.

-¿Sí?

-Y decí que la monada es pacífica, que la iglesia sigue chamuyando abajo y poniendo mal que mal el pecho, porque es un milagro que acá en el Conurbano no tengamos quinientos asesinatos por día. Con la cantidad de pobres que hay, con esta malaria… Y con la seguridad, entre comillas, que nos protege… No… Estamos todos vivos de pedo.

-Y, sí.

-Yo necesito que venga un sociólogo y me explique por qué carajo esto no vuela por los aires.

-Hasta ahora el que se murió es uno solo.

-Toca madera, boludo. Encima que vos sos medio cascote… Pero yo igual no me voy a entregar, o a ver si te creés que la voy a dejar pasar. No, no señor. Le dije al Fabricio: “Rodríguez, mirá que acá espalda con espalda, eh. Porque si a Casares no le tocás a un putito de Lamarque él no te va a mover una uña para zamarrear a los tiras. Así que cuenten conmigo, muchachos”. Yo… Humildemente, Rodríguez, voy a poner lo poco o mucho que tengo para darles una mano. No sé si te dijeron, pero yo todavía no me fui de vacaciones por este tema, yo religiosamente el 5 me voy con la familia a Mar del Plata diez días. Y lo pateé una semana, me estoy yendo recién en dos días, ahora, este viernes mismo…

-No sabía.

-Sí, fue así. Porque… Es lo que hablé con ellos, bah.

-Pero es

-Mirá, en esta están solitos contra el mundo, y encima justo en estas fechas hay pocos efectivos porque los movieron para el operativo de verano en la Costa. Pero veremos, porque si yo me pongo a golpear puertas y activo unos pares de ortos esto es otra cosa. Al primero que lo activé fue a Quique, que al pibe le tenía un cariño especial, y alguito en la taquería se están moviendo, y ahora ya en la segunda quincena vuelve el Viejo de Córdoba y otro… Le voy a meter el dedo en el asterisco para que también haga su parte.

-¿El Viejo Bustos?

-El Viejo, sí. ¿Sabés que tiburón el Viejo, no? Vos lo ves así medio caduco, con las bolas que le deben estar llegando a las rodillas, pero agarra el teléfono, va a dos cuevas y en un par de revoleos te averigua quién mató a Kennedy. No, el Viejo es más rápido que un pedo líquido. Y esto mirá que se resuelve rápido, eh, en treinta o cuarenta días, o no se resuelve más. Estas cosas se encaran en caliente. Así te lo digo, Rodríguez.

-¿Por qué lo decís?

-Por mil cosas que vos no tenés idea. Yo hasta acá bajé la orden clara, bien clarita, y hablé con todos, yo me tomé mi tiempo para hablar con todos: con Las Tunas, con el Mugica, con los paraguayos del Tanque, con los de La Olla… “Muchachos, al que estuvo atrás de esta zarpada me lo van a tener que dar con moño y todo, porque este era un Chelo Boy”.

-¿Dardo un Chelo Boy?

-Y nada. “Ni idea, Chelo”, “Chelo, de acá no salió”, “¿Usted está seguro, Don Lozano? Porque me parece que no sé qué”. Sí negro la concha bien de tu madre, yo estoy seguro. ¿O qué eran, extraterrestres, boludo?

-No, extraterrestres seguro que no.

  Prendí un cigarro y terminé la Heineken. Lozano frenó su monólogo en seco, se paseó la lengua por los dientes inferiores y me fulminó con la mirada. Me imitó con otro cigarro, jugueteó con su botella, haciéndola girar varias veces sobre su eje y se rascó la cabeza con energía.  

-Qué paja brava que sos al final. ¿Sabés qué? Me hiciste calentar y se suspende todo. A ver si los encontrás vos ahora, pelotudo.

-Yo no vine a encontrar nada.

-Vos te estás olvidando de algo, pero eso es por el problemita que tenés con el paso del tiempo. Y solo vos lo tenés, porque tu hermano es más pillo que vos para eso y mira para adelante como hace la gente común y corriente.

-¿De qué me estoy olvidando?

-De que acá hay un pibe muerto en el medio. Un pibe de carne y hueso, uno de verdad, no como todos tus fantasmas, tus fotos viejas y toda la mierda que te habrás comido por haberte hecho el revolucionario conmigo. Y ahora vas a tener que ir a explicarles a tus amigos, a la familia del pendejo, que al Chelo Lozano le chupa un huevo quién lo bajó. Vas a tener que dar la cara, algo que nunca hiciste, y por pelotudo la vas a tener que dar. Por pelotudo y por atrevido. Porque sos un atrevido, arrancás con las ironías… “¿Ñarño eña un Cheño boy?”. Sí, otario. Lo era, como todos los del club, lo era.    

-La experiencia demuestra lo contrario.

-La experiencia… ¿Sabés cuál es la experiencia? Que vos me hiciste perder un vagón de tarasca y sin embargo acá estamos, te recibí con la mejor onda. Y los pibes lo mismo, me ganaron una elección en buena ley que yo de la misma respeté y les di la llave sin decir un pero. Esa es la experiencia. Pero vos no, vos seguís con ese tono de forrito soberbio que se cree el mejor de todos, y ahora sos un pobre tipo que viene a verduguear al único que se estaba moviendo por todos los rincones para encontrar a esos faloperos.

-Decís con la mejor onda y ya usaste como veinte adjetivos para calificarme. Pavo, boludo…

-No te hagás el estudioso conmigo, Calificarte. Yo soy bruto para hablar pero vos sos peor, ¿o no ves? Vos enfermás a la gente, hermano, desde que tenés veinte años que me hacés engranar haciéndote el distinguido conmigo. Rebajás a la gente, yo seré bicho pero vos tenés problemitas peores porque hay límites. Vos no podés venirme acá de pico, así, a tirarme frases con suspenso como si yo hubiera tenido algo que ver con lo del pendejo. ¿Te pensás que soy Corleone, pelotudo?

-Tenés razón.

-¡Ya sé que tengo razón! Pasaron como diez años de aquellos bondis, ya está, empezá a mirar para adelante y olvidate de mí, porque me creas o no, yo te tengo aprecio, pánfilo, yo sé querer a los buenos jugadores, y creeme que para mí la gente del San Martín es intocable, para mí son como mi familia del primero al último. ¿O quién ponía las pelotas arriba de la mesa cuando teníamos que ir a la Isla Maciel, a Valentín Alsina, a cancha de Midland? Yo era, boludo, Chelo Lozano.

-Sí, Chelo.

-Sí, Chelo. ¿Ves? Yo estoy para proteger al club, yo los veo como a hijos míos… Tengo, sí, algunos hijos medio díscolos, medios culorroto, pero el tiempo me dio la razón como a Don Julio. O como a Néstor, mejor, ¿no viste que ahora los de Clarín lo tratan como si fuera un estadista?

-Lo vi, lo vi.

-Lo último, porque además ya me tengo que ir yendo… Vos sos medio tremebundo, medio fantasioso ¿viste?, de que todo es blanco o negro y vos sos siempre el blanquito, pero yo con los pendejos me dije de todo, mil puteadas tenemos, pero terminábamos las reuniones de las subcomisiones y nos quedábamos fumando un puchito en la vereda, hablando de la familia, sabíamos ir del Coco Muller a tomar unos fernecitos con el Gordo, con tu hermano mismo… Vos porque flasheás, te cortás solo y querés salir haciéndote el Mel Gibson en todas las tapas, pero la gente común, acá los pichis como yo, no la vamos de iluminados, eh, ni de gladiadores ni nada. Nos equivocaremos mucho, porque así somos los giles, pero pedimos perdón. Rajo.

-Dale.

-¿Ves que no me pedís perdón?

-¿Por qué te voy a pedir perdón a vos?

-Mandales saludos a los pibes, Rodríguez, tienen mi número y si me llaman, con ellos me siento las veces que sea. Y vos buscate un psicólogo porque estás mal rumbeado.

-Perfecto –dije, sacando unos billetes del bolsillo de la bermuda.

-Guardá eso, no hace falta –confirmó, de pie y haciéndole un gesto al cajero del lugar.

-¿Seguro?

-Seguro, ahorralo para el psicólogo porque mirá que son caros. Chau, pichón.

  Comenzó a caminar rumbo al edificio de la Municipalidad y yo me alejé en rumbo contrario, a paso lento, para el lado de la avenida Irigoyen.

  Confundido, con una pregunta rebotándome como una pelota de flipper en la cabeza, a los pocos metros decidí cambiar de rumbo y crucé la calle para ir a la plaza. Había bastante movimiento de gente, pese a la fecha y al calor que hacía, pero el ala del parque que daba hacia la fachada de la Catedral estaba en calma, con apenas un puñado de viejos desperdigados en los bancos y un cuidacoches que cruzaba la cuadra al trote una y otra vez. Elegí un cantero para sentarme, prendí un Chester y esperé a ver si se me caía una idea.

  Abombado por la temperatura, sin tener claro el lugar adonde ir en las próximas horas, en los próximos días, en las próximas décadas, me vi patético y estúpido, irrespetuoso con Dardo por andar haciéndome el justiciero, el Philip Marlowe que se sentaba con los poderosos de la comunidad para cantarle con acidez un par de verdades; fue el Chelo Lozano quien me había cantado un par de verdades a mí, y no aquel Chelo rústico y desagradable del 2010, sino una persona que había progresado y se mostraba con mayor temple, con los pies en la tierra, con argumentos sólidos que sostenían por qué se sentía el cacique del Furgón. ¿Y si el flaco Cucho tenía razón y Lozano era un perro que ladraba pero no mordía?

  Me acordé de sus primeros días como presidente de la Subcomisión, allá por el 2006, cuando sesenta lagartos de Central Ballester quisieron mandarse de guapos a la tribuna visitante y el Chelo en persona se les plantó en la puerta de la boletería, les sacó los cinco pesos por cabeza que costaba cada entrada, y luego los repartió con nosotros, que jamás habíamos visto un billete y menos que menos un reconocimiento.

-¿Qué onda con vos, Lozano y la concha de tu madre? ¿Qué onda con vos?    

  Tiré la colilla con furia y me puso de pie, rumbo a la nada.

Lucas Bauzá

Diseño de imagen por Lucas Vega, pueden encontrar más sobre él en Estudio Bosnia.

Ilustraciones en el texto por Nach.

El próximo martes, el capítulo 10.

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