El martes Racing tuvo su Maracanazo. Sufrió hasta el último minuto, pero dejó afuera al último campeón y uno de los mejores equipos de la Copa Libertadores. Un Racing que desde 2014 sabe que sufrir también puede terminar con una sonrisa. Escribe Federico Cavalli.

En Racing hay una frase que siempre da vueltas: “Si no se sufre, no vale”. Cada tanto alguien la pone arriba de la mesa y se avala. Aunque su potencia ha disminuido en los últimos años. Ahora que somos felices, como dice Ale Wall, no sufrimos gratis.

El martes Racing apeló al sufrimiento para no jugar. Un equipo que defendió bien pero no tuvo intenciones de atacar. Pasaban los minutos y se conformaba con estar cerca de su arquero. ¿Por amarretes? No, porque Beccacece sabe las limitaciones del plantel. Y con eso tiene que armar.

Sabe que Rojas puede ser fundamental en la pelota parada, pero también sabe que se puede ir del partido mientras se esté jugando. Sabe a Miranda como lanzador pero lo sabe también errático, pasando por un momento flojo. Intuye que proteger el arco puede ser arriesgado y extraño  (Racing, quedando eliminado, no atacó) pero también sabe que se puede sufrir más si no lo cubre.

Enfrente estaba el último campeón, un desborde de calidades individuales y buenas combinaciones. Solo desarticulando las principales armas de Flamengo había una oportunidad. Lo logró con Fabricio Domínguez y Sigali complicando la vida de Bruno Henrique y De Arrascaeta, cortando el paso por izquierda. Mena se encargó de presionar adelante de Soto para desgastar a los jugadores brasileños, que hicieron lo posible para meter buenos envíos al área (lo consiguieron con el paso de los minutos y el cansancio académico).

Por abajo fue imposible para los dos equipos. Flamengo marcaba encima y sin dejar recibir; Racing, en cambio, daba más libertad pero amontonaba gente cerca del área para cortar. Las pocas combinaciones del conjunto brasilero terminaron en tibios remates, salvo la que encuentra Arias luego de un rebote, en el segundo tiempo.

El gol de Sigali es de esos milagros que pasan una vez cada tanto y los penales son una lotería, aunque no tan milagrosa: buenas elecciones de los pateadores y un arquero intuitivo que previamente atajó casi todo lo que le tiraron. Así se gestó la epopeya, llegamos a los festejos locos del miércoles en la madrugada y todo Racing sueña con pasar los cuartos para estar más cerca de la final.

Desde mediados del 2014, Racing nos tiene acostumbrados a noches como la del martes. Donde la mala suerte se evapora y aparecen las emociones fuertes, el corazón desborda de alegría. Siempre con el toque de sufrimiento, para darle épica, para que se agigante un hecho que de por sí es enorme. Más allá del fútbol, lo de anteanoche es para sacar pecho, acariciar a los jugadores que se habían comido mil inventos de los mismos de siempre, una alegría entre tanto desconcierto.

Hay que festejar hasta olvidar como ganamos esta serie. Hay que recordarles a todos y todas quién sacó al campeón de la copa en octavos. Hay que recordar que primero hay que saber sufrir. Hay que sacar pecho y mirar para adelante: ahí están las verdaderas alegrías, en ese futuro que llegó hace rato. 

Federico Cavalli

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