Hace 45 años moría el artista inglés Lowry conocido por retratar la vida cotidiana de su ciudad Pendlebury, al noroeste de Inglaterra. Pintó el cuadro llamado Yendo al partido (Going to the Match) porque lo conmovía el nexo entre el pueblo trabajador y el fútbol. Escribe Joaquin Doldan.

Laurence Stephen  Lowry miró por su ventana y lo tuvo claro. Su próxima pintura iba a ser sobre aquellas personas que caminaban hacia el estadio de Pendlebury, en el noroeste de Inglaterra. En esa imagen llena de entusiasmo, encontró la melancolía. “No soy un artista. Soy un hombre que pinta”, “no uso el cerebro, uso los sentimientos”, eran sus frases favoritas.

La gente común, los obreros, sus vecinos yendo a ver un partido de fútbol. Encontró la inspiración en la necesidad de retratar la vida corriente de una ciudad industrial.

No le importaba que lo acusaran de ingenuo. “Soy un tipo sencillo y uso materiales sencillos”. Por eso, con colores ocres, negros grises pintó “Going to the Match”, “The Football Match”, “Football Ground”. La vida cotidiana de su ciudad. El fútbol. Un retrato rutinario de la vida de grupos de personas corrientes que van- juntos- a vivir la emoción de un deporte único, que debe ser accesible a las familias más humildes. Ese nexo entre la gente de una ciudad trabajadora y un deporte, era lo que lograba conmoverlo. Por eso, mientras pintaba aquel cuadro supo que debía rechazar el título de caballero. (Durante su vida, además de aquel reconocimiento en 1968, Lowry rechazó otros cuatro títulos, por lo que tiene el record en rechazos de honores británicos).

Paró de pintar y miró de nuevo por la ventana. El partido había comenzado. Se escuchaban los gritos de las gradas. Sus vecinos felices por una buena jugada. El suspiro de un balón que pega en el poste. El rugido por una falta que queda impune. La explosión de júbilo por un gol en la hora.

Antes de que terminara el partido fue a tomar una cerveza  a su pub favorito. Esperó que llegaran los aficionados, algunos amigos le preguntaron porque no fue al partido, emocionante como pocos.

Laurence Stephen  retrataba a su gente. Fanático del Manchester City, era un pintor de domingo. Y aunque años después sus obras valdrían fortunas y estuvieran en el MOMA de Nueva York, inspiraran a cineastas como Terry Gilliam en la película “Brazil”, a músicos como “Status Quo”, Manic Street Preachers en “30 Years of War”, o al grupo “Oasis” en su video “The Masterplan”, y a tantos otros, su única pasión era su vida cotidiana, lo que veía por su ventana. Ese puerto gris.

Durante su vida hizo cerca de 1.000 pinturas y más de 8.000 dibujos. Una gran colección de la obra de Lowry está en la exhibición pública permanente en “The Lowry”, una galería de arte especialmente diseñada en el Puerto de Salford. Recién en el 2013 la Tate Galery en Londres organizó una retrospectiva de su obra. “Este arte es un asunto terrible”, decía Lowry. No necesitaba los premios, le bastaba con retratar a su ciudad. Pero creo que le hubiera alegrado saber que en febrero del 2011,  en su pub favorito, Sam Chop House, pusieron una estatua de bronce en su honor.

Joaquín Doldan (@joadoldan)            

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