Kid Pambelé fue el primer deportista colombiano en alcanzar el éxito mundial. Gran boxeador hasta que las drogas y la noche empezaron a desestabilizarlo. De la admiración colombiana pasó a la burla y del ring al manicomio. Escribe Carla Lorena Lorenzo.

Pensar es olvidar diferencias

Funes el memorioso, Jorge Luis Borges

Turbaco, Cartagena de Indias.

La familia se disponía a levantar del suelo televisores, acomodar las mesas y las sillas que habían sido revoleadas por toda la casa. Tiraban a la basura platos, vasos y vidrios rotos, mientras entre  llantos y gritos una vez más se preguntaban ¿hasta cuándo?

Era la hora del almuerzo y él había regresado. Pasaron varias semanas de estar lejos de casa. Llegó con pocas fuerzas, producto de la mala alimentación, el mal sueño y grandes cantidades de ron en sus venas. Pero esta imagen siempre fue engañosa, una vez más regresó para romperlo todo, todo lo que se cruce frente a él, muebles, electrodomésticos, hijos, su esposa.

Cuando la familia creía que ya no le quedan más fuerzas, que el huracán había calmado, él se dirigía al patio y  comenzaba  a golpear las sábanas que su mujer había colgado y lavado el día anterior. Practicaba con ellas su demoledor jab izquierdo, golpe que lo llevó a ser dos veces campeón del mundo.  Juegaba, se escondía, saltaba, tiraba trompadas, hacía sombras, practicaba ganchos. Puteaba, transpiraba. Hasta que se quedaba quieto, levantaba los brazos y casi sin aliento gritaba: “¡Y en esta esquinaaaaaaa, el campeón mundial KIIIIIDDDD PAMMMBELE!!”.  

Y es ese mismo momento que él elegía para sentarse y bajar la guardia. Ahí todo volvía a la normalidad.

***

Kid Pambelé nació como Antonio Cervantes en 1945. Tuvo la obligación y la gloria de llevar en sus puños la alegría del pueblo colombiano.

A los quince años empezó a trabajar como lustra botas, oficio que la mayoría de los boxeadores llevaban adelante cuando no estaban en el ring. Ahí comenzó todo: peleas perdidas como aficionado, malos representantes y el exilio culpa de una pelea tramposa en Caracas.

Dos días antes de enfrentarse a “Chico” Gonzales, Pambelé recibió una llamada y le ofrecieron un monto desconocido si se tiraba antes del cuarto round. Por supuesto que Kid Pambelé aceptó. Su contrincante había apostado lo mismo. Pambelé fue el primero en golpear y “Chico” exagerando el golpe cayó a la lona y dejó pasar los segundos. “¡Párate hijoeputa que no te he pegado!” le gritaba desesperado. El grito que dejó al descubierto la trampa. A los dos los suspendieron por un año.  Pambelé decidió irse a Caracas para poder seguir peleando.

***

Antonio Cervantes fue ciudadano de plazas, terminales de ómnibus y de la calle por mucho tiempo. Su vida se trataba de ir y venir de ciudad en ciudad sin otra compañía que sus recuerdos de los días como campeón. Nadie lo veía pero sin embargo estaba en todas partes.

Pambelé es la figura que con su trabajo como boxeador llevó a un país a ser reconocido en el mundo. Es el primer deportista que le regaló a los colombianos días de alegría. Sin embargo, una vez que decidió dejar de subir al ring para pelear, le tocó cruzar otras cuerdas para pararse en una lona que solo le prometía burlas y ninguneos.  “¿en que se parece Pambelé a los dinosaurios? En que los dos fueron grandes en el pasado y hoy no existen”, escuchaba en cada lugar en el que se encontraba.  

¿Puede un cuerpo, un corazón seguir soportando golpes una vez que dijo “ya, no más”?

En esos tiempos Pambelé recorría las noches de Bogotá tomando licor y consumiendo drogas. Pasaba semanas sin pisar la casa. Sus hijos y su esposa sabían que cuando la plata se acabara y con ella la generosidad de quien le regalaba una cerveza, él iba a regresar. El miedo era como.

“Es que no sé qué era lo que le daba a mi papá. Mi papá hasta la silla la tumbaba, las sillas de la casa, era sorprendente. Una vez mi papá llegó en la madrugada y quería a las tres de la mañana sacar al niño, sacarlo, estaba lloviendo, lo quería sacar a pasear, una de las loqueras de él. Mi mamá sale detrás de él y yo me voy detrás de mi mamá porque oigo el escándalo. Como a cien metros vi que mi papa le pega a mi mamá y yo me pregunto “cuál es la solución, a mi papá no lo para nadie”, era tanto que yo lo que quería era matar a mi papá, matarlo”, recordó uno de sus hijos.

***

El veintiocho de octubre de 1972 fue el día que el pueblo colombiano aprendió y comenzó a ganar.

‘Peppermint’ Frazer venía preparándose para combatir contra el español Domingo Barrera Corpas pero este cayó en una pelea anterior y no pudo encontrarse con Peppermint en el ring. Desde ahí comenzaron a desfilar nombres para hacerle frente a Frazer pero por diferentes motivos la pelea no se concretaba. Hasta que un día se le abrieron las puertas a “Pambelé”, amigo de quien fue a buscarlo para pelear. “Nosotros teníamos una amistad, no muy grande, de conocernos en Venezuela. Dormíamos en el mismo cuarto, uno al lado del otro. En el ring no éramos campeón y retador; era una pelea que ambos íbamos a hacer porque tocaba” contó tiempo después Frazer.

Fue una pelea tan rápida como larga, llegaron a diez de los quince asaltos pactados. Frazen cayó tres veces y se levantó dos.

“—Izquierda, derecha, ¡campeón mundial! ¡’Kid Pambelé’, campeón Mundial!”. Esta pelea es increíble. Antonio Cervantes lleva en sus puños la fuerza de la desigualdad, el hambre que vivió desde chico que no es más que la injusticia que vive un pueblo, el cual comenzó a refugiarse en el deporte para ser feliz.

“Desde el veintiocho de octubre de 1972 cuando Pambelé ganó el título, el país permanecía en trance de adoración. Los periódicos no le perdían ni pie ni pisada”. “El culto a su figura se debía – explica Juan Gossain-  a que Pambelé fue el hombre que nos enseñó a ganar. Antes de él, éramos un país de perdedores. Nos consolábamos conjugando el verbo casitriunfar. Vivíamos celebrando el empate con la Unión Soviética en el mundial de fútbol del 62. Pambelé nos convenció que sí se podía y nos enseñó para siempre lo que es pasar de las victorias morales a las victorias reales”.

Fragmento del libro “El oro y la oscuridad” de Alberto Salcedo Ramos.

***

Ricardo Piglia en una de sus clases sobre Borges, transmitida por la Televisión Pública (2003) explicaba como Borges trabaja la relación entre memoria y violencia en sus textos. Piglia decía que la memoria tiene como propósito el olvido, porque tiene tal peso sobre el recuerdo personal y sobre la vida que se convierte en algo intimidatorio, molesto. Borges en su literatura expone el no control de esta memoria. Como si los recuerdos pudieran invadirnos y tenemos que contar todo el tiempo, reafirmando, quienes somos, que hacemos .“Los grandes relatos de Borges giran sobre la incertidumbre del recuerdo personal, sobre la vida falsa y la experiencia artificial. La clave de este universo paranoico no es la amnesia y el olvido, sino la manipulación de la memoria y de la identidad.”

La vida de Kid Pambelé es un relato de la literatura borgeana. Pambelé no tuvo ni tiene remordimientos sobre su pasado, convive perfectamente con sus recuerdos.  Sabe todas y cada una de sus peleas a la perfección, sabe en qué round derribo a todos sus oponentes, recuerda con que golpes se impuso en cada combate. No tiene miedo de reproducir sus días en el manicomnio cubano. Como dice Carlina, su compañera: “con tantos años en el mal camino y su memoria está intacta. Para probarlo yo le digo alguna cosa y el me echa el cuento completo, con detalles. Es impresionante”.

“Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico)”, escribía Borges en Funes el Memorioso.  Pambelé es un poco Funes,  no se ve como está hoy, se ve en el pasado y eso es no tener miedo, eso es ser un Campeón real.

Carla Lorena Lorenzo

Twitter: @lacarlalorena

Lástima a nadie, maestro necesita tu ayuda para seguir existiendo, suscribite por $200.

También te podés anotar en Pase al Pie, nuestro newsletter semanal completando este formulario:

¡Suscripción recibida!

Por favor, revisa tu correo electrónico para confirmar la suscripción a tu boletín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s