El 21 de abril de 2005 Don Ángel Tulio Zof fue declarado Ciudadano Ilustre de Rosario. Historias para acercarnos a la humanidad y grandeza del técnico más ganador de la historia de Rosario Central. Escribe Juan Stanisci.

Ángel Tulio Zof es, el técnico que más ganó y que más partidos dirigió (608) en Rosario Central, el segundo técnico con más partidos en la primera argentina y el único en dirigir en 5 décadas diferentes (60, 70, 80 ,90 y 2000). Pero el amor y la belleza no se pueden explicar con números. Sí podemos acercarnos a la figura de Don Ángel, a través de algunas historias.

Una mesa de billar y unos papelitos

Afuera el frío de Toronto no da tregua. Adentro un grupo de personas está reunido alrededor de una mesa de billar. Sobre el paño verde, iluminado por un foquito blanco, unas bolas y unos papelitos se emparejan formando un equipo de fútbol. El técnico gesticula más de lo que habla. Las pocas palabras que pronuncia son traducidas por uno de los jugadores. El técnico cumple dos funciones: dirige y juega.

Hace pocos días el Toronto Italia, uno de los equipos de la vieja Canadian National Soccer League se quedó sin su entrenador. Le dijeron a uno de los más veteranos, un argentino que venía de jugar en México, si quería dirigir y seguir jugando. El tipo aceptó. Con sus compañeros, italianos, húngaros y canadienses, casi no se entiende. Entonces arma el equipo sobre la mesa de billar. Es la primera experiencia de Ángel Tulio Zof al frente de un equipo.

Sin compartir el idioma salieron subcampeones. A Don Ángel le ofrecieron que se quede. Pero le salió una oferta en Estados Unidos para jugar en Filadelfia y trabajar en la General Motors. El equipo se llamaba Ukrania Nationals. Ahí jugó el primer partido de fútbol televisado de la historia de Estados Unidos. “Por ahí hacían una seña y se paraba el partido. Paraban. Pasaban publicidad. Teníamos que esperar parados ahí, que terminaran de hacer toda la propaganda. Luego hacían la seña y ahí seguíamos jugando.”

 Jugaba en Filadelfia porque le habían conseguido el trabajo en la General Motors. Esa plata le permitiría juntar los mangos que hacían falta para cumplir su objetivo: volver a Rosario y ponerse un taxi.

El joven Don Ángel en las inferiores de Rosario Central

Historia de un taxi

Volvió a Rosario después de cinco años. Pasó por México, Estados Unidos y Canadá. Había viajado a Norteamérica gracias a un empresario que ubicaba jugadores en México. En Canadá tuvo su primera experiencia como técnico. El todavía joven Zof no sabía que no sería la única. Para él, el fútbol era un asunto del pasado. Compró un taxi, “un merceditas viejo que estaba en malas condiciones”, y se dedicó a laburarlo. Al mismo tiempo trabajaba en el ferrocarril. En la década del 60 pocos futbolistas tenían el futuro resuelto por el solo hecho de haber pateado una pelota.

Al poco tiempo, el futuro pensado por Don Ángel comenzó a alterarse. Unos muchachos de su barrio necesitaban alguien que los llevara y los trajera de Bigand, un pueblo a 70 kilómetros de Rosario. La plata le servía, pero lo que más entusiasmaba a Zof era que podía matar la espera mirando fútbol: Los muchachos jugaban un campeonato con Independiente de Bigand.

Cuando el equipo se quedó sin técnico, los muchachos que llevaba cada fin de semana lo propusieron a él para el cargo. El presidente de Independiente de Bigand estuvo de acuerdo. Ángel Tulio Zof puso una sola condición. No sabía que esa condición, esa pequeña barrera, era lo único que lo separaría de un futuro totalmente distinto al que había proyectado: lejos del taxi y el ferrocarril, cerca de las canchas otra vez. En Bigand estaba a punto de comenzar la carrera de uno de los técnicos más importantes de la historia del fútbol argentino.

Zof dirigiendo a Atlético Ledesma de Jujuy

“Quiero que me dejen trabajar tranquilo”, fue la condición que le puso al presidente de Independiente de Bigand. Pidió, además, un mes de prueba. Si la cosa andaba, se quedaba. Sino seguía con el taxi y el ferrocarril.

Los días que había entrenamiento, volvía a la casa a las 4 de la mañana. A las 6 tenía que entrar en el ferrocarril. “Un pequeño sacrificio”, decía. Cuando agarró Independiente de Bigand, el equipo venía de perder con el último de la tabla. Con Ángel Tulio Zof, que estaba cada vez más cerca de ser Don Ángel, ganó todos los partidos y salió campeón.

Ganar el torneo les permitió clasificar a la Copa de Oro Santa Fe, que enfrentaba a todos los campeones regionales de la provincia. Zof llegó a Independiente de Bigand hasta la final. Del otro lado llegaba Unión de Santa Fé, uno de los cuatro equipos más importantes de la provincia. La chapa no importó. Independiente de Bigand volvió a gritar campeón.

“Dos partidos y te rajan”

Como una burla del destino, el técnico más ganador de la historia de Rosario Central y el que más veces se sentó en su banco de suplentes, arrancó dirigiendo a Newell’s. Después de ganar la Copa de Oro Santa Fe, el escribano Lucente, presidente de la lepra, le propuso ser el nuevo técnico del club. Tuvieron una reunión donde el presidente le dijo que los candidatos eran dos: él y Miralles, un ex jugador de Newell’s.

“Estaba seguro de que no me iban a elegir”, le dijo a El Gráfico cuarenta años después. En la reunión, Zof le aclaró a Lucente que él no solo había jugado en Central, sino que además era hincha, pero que si le tocaba ser técnico iba a dejar el alma por el equipo. Igual, creía que no lo iban a elegir.

La mañana siguiente a la reunión se levantó como siempre antes de que salga el sol. Mientras iba a tomar el tranvía para dirigirse al taller del ferrocarril, compró el diario. La poca luz no le permitió leer durante el viaje. Al llegar a los talleres, buscó un foquito y fue pasando las páginas deportivas. “Angel Tulio Zof nuevo técnico de Newell’s Old Boys”, decía uno de los titulares. La noticia tampoco lo movió de lo que creía que era su futuro: “guardé el diario, me puse el mameluco lleno de grasa, agarré las herramientas y me puse a trabajar.”

Sus compañeros se miraban y se preguntaban quién sería ese tal Zof. No le creían que fuera él. El único que le creyó, le dijo a modo de aliento: “dos partidos y te rajan” y siguió trabajando.

El resto de la década del 60 lo pasó entre El Parque de la Independencia y Lomas de Zamora. Primero estuvo tres años al frente de Newell’s. En 1968 pasó a Los Andes. En 1969 volvió durante seis meses a la lepra y en el segundo semestre retornó a Los Andes. En la década del 70 empezaría su historia en Rosario Central.

Las diagonales son para adentro

El futbolista que todavía no era una leyenda escuchaba atento al técnico que dirigía por primera vez al club. “¿Sabe qué pasa?”, preguntó el técnico. El jugador no sabía. En realidad no sabía a qué se refería ese qué pasa. El técnico miró a las esquinas de la cancha y las señaló. “¿Sabe por qué no hace goles?”, afiló la pregunta. El delantero pudo intentar una respuesta, pero prefirió el silencio. Dejar que con el viento que movía las hojas que se amontonaban en el pasto llegara la verdad.  

“Usted no hace goles, porque permanentemente se va a los banderines del córner”, disparó el técnico entre el silencio de la siesta rosarina. “Se va a los banderines”, reafirmó. El jugador mantuvo su silencio. Le habían dicho muchas cosas, nunca esa. “Usted pica en diagonal hacia afuera. Siempre”. El técnico se encendió y como un actor fue subiendo el tono. “Entonces se aísla de la zona donde usted puede hacer el gol.” Hizo una pausa. El jugador que todavía no era una leyenda lo miraba atento. “Entonces usted no hace goles y no hace goles y claro…” dejó el interrogante abierto.

El futbolista que todavía no era leyenda ni tenía relación con los pájaros, aunque no faltaba mucho para que sí fuera leyenda y empezara a tener relación con un ave, lo seguía mirando atento. No tenía mucho para perder. Poco tiempo antes no lo tenían en cuenta. Los técnicos no se acercaban a señalarle errores o tratar de mejorar su juego.

“Vamos a hacer lo siguiente”, dijo el técnico. “Usted se desmarca en el cuadro grande 80 minutos”, pero aclaró, “picando en diagonal hacia el arco.” El delantero asintió. “Veinte minutos para afuera nomás.” El delantero volvió a decir que sí. “Vamos a hacer este trabajito”, sentenció el técnico y le tiró una pelota.

Aldo Pedro Poy le hizo caso a Don Ángel Tulio Zof. Ninguno de los dos sabía que un par de años después, una diagonal de afuera hacia el centro encontraría a Poy en palomita de frente a la gloria.    

Durante su primera experiencia como técnico de Rosario Central, llegaron a la final del Nacional 70. Perdieron 2 a 1 con Boca, en un partido que se jugó durante todo el segundo tiempo con la hinchada Xeneize adentro de la cancha. Dirigió seis meses más, dejando las bases para el que sería el primer título Nacional en la era profesional en la historia de Rosario Central. El de la Palomita de Aldo Pedro Poy en la semifinal contra Newell’s, ese delantero al que Zof le insistió para que deje de hacer las diagonales para afuera.

El pibe que no quería viajar

El juvenil sabe que no va a jugar. Prefiere quedarse en Rosario e ir a uno de esos torneos por plata. “Total, si ni al banco voy a ir”, pensaba. Cuando el técnico subió al micro que los llevaba a Buenos Aires, el juvenil se paró y caminó apoyándose en los asientos. Llegó hasta donde el técnico estaba sentado y le pidió permiso para acomodarse a su lado.

– Don Ángel ¿Puedo hablar con usted?

– ¿Qué necesita pibe?

– ¿Sabe qué pasa? Si yo voy a ir de número 17, prefiero no viajar.

El técnico lo miró por primera vez. En el instante en que sus miradas se chocaron, el juvenil comprendió que se acababa de mandar una cagada enorme. Ahora quería no viajar, pero por el solo hecho de no estar ahí sentado. Prefirió estar jugando el torneo por plata para no haber dicho esas tres palabras: “prefiero no viajar”. Omar Arnaldo Palma se arrepientió de cada paso, de cada respiración y de cada segundo en los que pensó en bajarse del micro para volver al barrio.

– Pibe, vaya a sentarse. Hagame el favor.

El técnico ya no lo miraba. No hacía falta. El juvenil Palma ya estaba caminando, casi como si flotara, rumbo a su asiento.

“Cualquier otro me hubiera dicho que si no quería viajar, que me baje”, contó años más tarde Palma, “Don Ángel era diferente.” Algo le debería haber visto, porque ese juvenil que no bajó del micro y que siguió con el plantel, terminaría siendo el mejor jugador que, según las palabras del propio Zof, dirigió en toda su carrera como técnico. El jugador que estuvo en las tres consagraciones de Don Ángel al frente de Central.

El otro 19 de diciembre

Los hinchas Canallas no tenían preparado ningún festejo. Después de perder 4 a 0 la ida contra Atlético Mineiro, la remontada parecía imposible. No había remeras que dijeran “Central campeón Conmebol 1995”. Tampoco fuegos artificiales. Los habían gastado todos recibiendo al equipo en el Gigante, más como un agradecimiento por haber llegado contra viento, marea y deudas, a la final, que como un intento de amedrentar al rival.

Contra todos los pronósticos Rosario Central empató la serie. Fue tres a cero en el primer tiempo y, faltando pocos minutos, Carbonari hizo el cuarto para llevar la serie a los penales. El Polillita Da Silva, el delantero por el que Zof había insistido, metió el último penal de la serie. Central se convertía en el primer equipo de una provincia que no era Buenos Aires en ganar una copa internacional. El viejo Zof lograba su tercer título en el Canalla y su propio 19 de diciembre. El otro, el de la Palomita de Poy lo había encontrado dirigiendo a Atlanta. De esta manera se ubicaba como el técnico más ganador de la historia de Central.

Como si no supieran que hacer con tanta alegría, muchos y muchas hinchas, se metieron en la pileta olímpica del club. Se secaron y decidieron que era hora de pasear la fiesta azul y amarilla por la ciudad. Fueron hasta el monumento a la bandera caminando, en colectivo o en autos.

“Cuando subíamos la escalera del playón de estacionamiento, justo venía bajando un viejito con cara de bueno y con una parsimonia envidiable”, recuerda Santiago Garat, periodista pero antes que nada Canalla de corazón. El que venía bajando las escaleras del Monumento a la Bandera era Don Ángel. Como un hincha más, había ido hasta el punto más alto de los festejos, a reunirse con la canallada. “Le saltamos encima, lo abrazos fuertemente y llorando”, me contó Garat. El viejo trataba de calmarlos, pero no sin dejarse abrazar y besar por la gente. Su gente. Devolvió algunas caricias y emprendió la ida. “Celebren en paz y disfrútenlo”, les dijo a quienes se lo querían llevar como al viejo Casale.

Don Ángel siguió bajando las escaleras y alejándose solo. “¿A dónde va Don Ángel?”, le preguntaron. La ciudad era un descontrol por culpa de él. De él y los jugadores. Zof se dio vuelta, los miró como tratando de verlos a todos juntos a los ojos y respondió como si estuviera contestando la pregunta más fácil del mundo: “me voy a casa, me espera Norma con las milanesas.”

Juan Stanisci

Twitter: @JuanStanisci

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2 Comments

  1. Hola Juan, y Amigos. Buscando en la página de Independente de Bigand, dice que la final provincial se la ganaron a Newell´s y no a Unión como está en la nota.

    Abrazo. ________________________________

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