Hoy en Salón de Lectura Deportiva, nos ponemos el traje de neoprene, agarramos la tabla, la pita y nos vamos al mar. Señoras y señores, hoy les traemos surf en la pluma de William Finnegan. Escribe Diego Maximiliano Huertas.

Autor: William Finnegan

Título: Años salvajes

Editorial: Libros del Asteroide

Lugar de edición: España

Año de edición: 2016

Número de páginas: 600

Categoría de lectura: Crónica sencilla, biografía apasionante. Accesible en su lectura y atrapante en cada uno de los párrafos que conforman el libro.

Precio en librerías: En Internet el precio varía desde los $ 2.695 hasta los $ 10.922. Sí, no me equivoqué, puse $ 10.922. El libro es de edición española y lo factible es que se piense en Euros y no en Pesos a la hora de la venta. Te lo dejamos en PDF para que lo veas, para que le des una ojeada y sin en una de esas lo encontrás cómpralo, porque es un libro que realmente vale la pena leer.

El surf es un jardín secreto en el que no resulta fácil entrar.

William Finnegan

En estos tiempos pandémicos en donde el barbijo es nuestro pasaporte para salir a la calle, salí a caminar el asfalto con las ganas de encontrarme un libro de deportes diferente al resto, salí con ganas de que un libro me enamorara no sólo por su tema, sino por su escritura. Alcohol en gel en mano me sumerjo en la aventura. Las librerías de siempre me recibieron con la amabilidad que los caracteriza y ahí nomás me puse a buscar. No hay mucho o quizá sí, hay pero siempre del mismo deporte o el mismo deporte aparece en los libros, que es otra cosa distinta. Cuesta conseguir libros de golf, de pelota paleta, de ciclismo, hockey… Me encantaría poder encontrarlos pero lo cierto es que por ahora no puedo hacerlo. Me gusta leer sobre deportes, no soy un lector de un deporte en especial y si hay algo que me agrada realmente es encontrar un libro, reseñarlo y poder compartirlo. Es un placer que no se me va y dudo de que se me vaya.

Regresé a mi casa antes de que la noche diera paso a la oscuridad, antes de ese tiempo en donde el día ya es un recuerdo y la noche se empieza a elevar, penetrante y fría. Camino con cierta pena, la tristeza de alguna forma me tocó el alma: no pude encontrar ese libro. Me senté en la computadora, donde paso largas horas de mis días, con la idea fija de encontrar algo diferente, algo que sea nuevo para mí y para aquellos o aquellas que leen estas reseñas. La web siempre ayuda, si bien soy de la vieja escuela en cuanto a la lectura, me gusta el libro, me encanta el libro, no puedo negar que en la Web voy a encontrar cosas que en la librería no están, porque eso pasa también. Estoy navegando y encuentro en la web un libro que me pareció digno de ser leído y reseñado. Me dije “este libro hay que compartirlo” y ahora me dispongo a hacerlo. Libro y deporte distinto también. El mundo es redondo como una pelota pero no nos olvidemos que tiene mar. Y en el mar están las olas y si hay olas, de buena calidad, constantes, hay surfers. Llegó a mis manos un libro de surf, más que contento. Sí, quiero surfear me dije y lo hice en las olas que escribieron cada uno de los párrafos que tiene el libro.

Encontré Años Salvajes y está escrito por un surfista: William Finnegan. Un libro de surf llegó a mis manos, una vida que está relatada mayormente en el agua, entre las olas de un Hawái y un Los Ángeles que se describe en cada uno de los capítulos que hacen al libro. Sí, en Lastima a nadie, Maestro nos metemos en el agua, tratamos de agarrar la ola y entubarla. Por primera vez entra un libro de surf al Salón de Lectura Deportiva, es una bienvenida de la mano de una biografía con tonos de crónica que se lee con pasión, con ganas y entusiasmo y hasta quizá, te den las ganas de salir a surfear, porque hay que decir que el surf ya tiene sus años en este país y también a sus campeones. 

¿Quién es William Finnegan?

Es un periodista que actualmente trabaja en una revista semanal llamada The New Yorker, en Estados Unidos en donde entre otras cosas  habla de racismo, hace algunos ensayos, la revista cuenta con historietas y otras tantas cosas más. Eso es lo que está haciendo ahora. Finnegan se dedica a escribir sobre la pobreza de Estados Unidos, ha escrito sobre la desigualdad en México y Sud África, también ha visitado Latinoamérica y en más de una oportunidad, con su trabajo, pudo visitar la Argentina.

Es un periodista pero fue un surfista, lo es aún. Escribió uno de los libros más vendidos en el ambiente surfero, como una especie de libro que no podés dejar de leer si tenés una tabla y te gustan las olas. Pero el libro no se queda ahí nomás, no es un libro liviano, una de esas historias en donde suenan los Beach Boys y somos todos felices o cuanta las anécdotas de parrandas en fiestas playeras. Años Salvajes es mucho más que un libro de surf, es una biografía de alguien que encuentra su lugar en el mundo en el surf y encuentra ese mundo con cada uno de los personajes que tiene. Es también un libro de memorias y recuerdos, porque hay de todo.

Si se piensa en Hawai, en el imaginario colectivo se proyecta un paraíso perdido en donde todas las noches hay fiestas y bailes exóticos y Finnegan nos cuenta que no es así. Estuvo ahí porque a su padre lo enviaron a trabajar, era productor de cine, y encontró en esa tierra un mundo diferente con personas de las más variadas y con personalidades inolvidables. “Trabajo nuevo, vida nueva” dijo el padre y William Finnegan se tuvo que mudar a esa tierra donde hay muy buenas olas y en donde era un desconocido entre la gente local. Tuvo que empezar a estudiar, debía cursar la escuela secundaria y ahí una nueva época en su vida se abrió:

“Todos los colegios tenían su toro, es decir, el tipo más fuerte, el matón. Los chicos que iban a escuelas distintas se preguntaban unos a otros: «¿Quién es el toro de tu colegio?». El toro de la escuela secundaria de Kaimuki era un tipo llamado —lo crean o no— el Oso. Parecía un chiste malo de Wall Street —«el Toro era un Oso»—, solo que allí nadie había oído hablar de Wall Street. Como es natural, el Oso era un gigante. Aparentaba unos treinta y cinco años. Parecía bonachón, incluso un tanto obnubilado. Creo que era samoano. Siempre iba rodeado por un séquito de fieles, como un jefe de la mafia. Sus seguidores llevaban ropa muy cutre. (…) Eran demasiado mayores para una escuela secundaria. Daban miedo, pero solían mantenerse a una segura media distancia, así que parecían no tener edad.”

Uno de los momentos más interesantes que tiene el libro es cuando el autor comenta esos días de estudiante secundario en Hawái. No fue fácil estar ahí, por lo que relata en sus hojas, el bulling acechaba día a día y la violencia se hacía presente en cada uno de los recreos. No estuvo en una escuela ni estuvo todo el tiempo en Hawái. De Hawái a Los Ángeles, de Los Ángeles a Hawái porque papá trabaja y donde esté papá nosotros tenemos que estar con él. Así de simple, te guste o no te guste. Y el pequeño William se iba acomodando en un lugar en donde el racismo estaba presente a cada instante. No fue fácil ser un típico norteamericano en Hawái, no lo fue y el autor cuenta con detalles cada una de las peripecias que pasó en la isla. Si bien no es una historia triste la que se cuenta en el libro, contiene pasajes en donde cuando uno lee cierra los ojos ante la barbarie que proyectan las letras. Pero también hay momentos felices, momentos en donde uno se sonríe al estar leyendo el libro. Si bien está escrito en forma de crónica no deja de ser una biografía y como siempre digo, toda vida vale y si está escrita, por respeto a quien la vivió hay que leerla. O por lo menos se merece una oportunidad de lectura.

“En esta tierra ajada

yo quisiera montar una ola

y perderme en el atardecer.

En esta tierra de remolinos de vientos

yo sueño con pararme en una tabla de surf

para que me lleve el mar. Y no volver. No volver.

Acaso llegue ese día

en que mi cuerpo se llene de sal

y el canto de las sirenas me guie

hasta ese lugar del cual no voy a regresar”.

Pepe Yusita, Poesía y mar. ediciones del sindicato de guardavidas de papero viejo

Sigamos que aún hay mucha tela para cortar en este libro que entre ola y ola se vuelve apasionante.

Uno de los grandes logros que tiene Años Salvajes es que es un recorrido por toda una época en donde los cambios venían surgiendo a paso agigantados  y estamos hablando de los años ’60 en donde el pueblo de Estados Unidos estaba en guerra con Vietnam. No sólo eso, el rock, The Doors, el Flower Power, Woodstock y otras cosas más.  También el cambio de tabla para surfear las olas. Del tablón antiguo se pasa a una tabla más liviana, más ágil y ese fue un momento que cambió el surf. Ahora se empezaba a deslizar por el mar con una tabla nueva, más dinámica, más moderna:

“Estábamos en 1968. En todo Occidente, a remolque del descontento juvenil, muchas cosas se estaban replanteando o poniendo en cuestión —el sexo, la sociedad, la autoridad—, y a su manera, el pequeño mundo del surf también se incorporó a la insurrección general. La revolución de la tabla corta era inseparable del espíritu del momento: la cultura hippie, el acid rock, los alucinógenos, el misticismo oriental, la estética de la psicodelia. Los movimientos pacifistas, que estaban en su máximo apogeo, nunca arraigaron de manera coherente entre los surfistas (otra cosa fueron los ecologistas), pero el mundo del surf, por incoherente que parezca, se posicionó mayoritariamente contra la guerra de Vietnam, sobre todo por influencia de Francis Ford Coppola. Muchos surfistas se hicieron prófugos, y algunos surfistas famosos que no podían dar dos brazadas en el agua sin ser fotografiados estaban ahora en busca y captura y tenían que vivir escondidos.”

Las tablas que vemos hoy, en su momento, llegaron para revolucionar la forma de surfear. Hay historia en este libro, es una gran biografía que contiene toda una investigación en sus letras que vale la pena leer. Hasta hay una “Breve historia del surf”:

“En el viejo Hawái, antes de la llegada de los europeos, el surf tenía una importancia religiosa. Tras las oraciones y las ofrendas, los maestros de ribera fabricaban tablas con madera sagrada de los árboles koa o wiliwili. Los sacerdotes bendecían las marejadas, azotaban el agua con enredaderas para provocar la aparición de mar de fondo y algunas rompientes tenían heiaus (templos) en la playa para que los devotos pudieran rezar a las olas. Esta conciencia espiritual no impedía las competiciones violentas o las apuestas a gran escala. Según los historiadores Peter Westwick y Peter Neushul, «una competición entre campeones de Maui y Oahu propició una apuesta de cuatro mil cerdos y dieciséis canoas de guerra». Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, el vulgo y la realeza: todo el mundo surfeaba. Si las olas eran buenas, «cesa cualquier propósito de trabajo y solo queda el deseo de disfrutar», según escribió en el siglo XIX el erudito local Kepelino Keauoakalani. «Durante todo el día no hay nada más que surf. Y muchos salen a surfear a las cuatro de la mañana». Los antiguos hawaianos sufrían una terrible fiebre por el surf. Y además disponían de lo que hoy en día llamaríamos tiempo libre. Las islas disfrutaban de un vasto excedente de productos alimenticios, y sus habitantes no solo eran muy buenos pescadores, agricultores especializados en los cultivos en bancales y cazadores, sino que también sabían construir y explotar un complejo sistema de piscifactorías. El festival de las cosechas de invierno duraba tres meses, durante los cuales explotaba la fiebre del surf y se declaraba oficialmente prohibido el trabajo”.

Hay mucho en este libro: hay una vida, una pasión por el mar, por el surf, está la pluma de una persona que hace una crónica de su vida, de las diferentes etapas que le tocaron vivir. No es solo un libro de surf, hay mucho más y vale la pena leerlo. Se disfruta en cada una de las escenas que describe, en cada uno de los paisajes que nos narra. Política, historia, anécdotas, playas, música, familia, retratos hechos en letras y dejado en estas páginas. Un libro brillante que ha ganado el premio Pulitzer en 2016. Fue una distinción que le quedó a la altura de los que es el libro.   

Sin más palabras dejamos a William Finnegan con Años salvajes, disponible en PDF para nuestros lectores y lectoras, el primer libro que habla de surf y tantas otras cosas apasionantes en esta biblioteca virtual, en este hermoso Salón de Lectura Deportiva. Antes de irme, por las dudas les dejo los nombres de los capítulos, porque el libro es todo un tour, toda una marea que vale la pena leer. Todo un mar lleno de letras en donde vas a querer surfear.

  • Uno. Frente a Diamond Head (Honolulu, 1966-1967)
  • Dos. Huele el mar. (California, hacia 1956-1965)
  • Tres. El shock de lo nuevo. (California, 1968)
  • Cuatro. Discúlpame mientras beso el cielo. (Maui, 1971)
  • Cinco. La búsqueda. (Pacífico Sur, 1978)
  • Seis. El país de la suerte. (Australia, 1978-1979)
  • Siete. Elegir Etiopía. (Asia, África, 1979-1981)
  • Ocho. Contra el abandono. (San Francisco, 1983-1986)
  • Nueve. Basso profundo. (Madeira, 1994-2003)
  • Diez. Las montañas se hunden en el fondo del mar. (Nueva York, 2002-2015)

Que lo disfruten.

Diego Maximiliano Huertas

Twitter: @AcuaticoSubte

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