Hace exactamente un mes nos dejaba el viejo Carlos Timoteo Griguol. Fue futbolista, director técnico pero por sobre todas las cosas fue un Maestro. Allá arriba anda repartiendo anécdotas e historias futboleras. Escribe Gabriel Kavlin

Don Timoteo siguió el túnel y cuando una luz blanca le encandilo los ojos, recibió una fuerte palmada en el pecho… era el momento de salir a la cancha.

Cuando abrió los ojos se dio cuenta que la palmada se la había dado Dios en persona, y  le dijo:

―Bienvenido Don Timoteo.

―Gracias―contestó el hombre, consciente de dónde se encontraba.

―Me tomé la molestia de invitar a un colega de trabajo a compartir una charla de café. No recibimos gente como usted muy seguido por acá. No le molesta, ¿verdad?

Timoteo asintió con la cabeza en señal de aprobación.

Cuando Don Timoteo se acercó a la mesa, vio que el invitado era el mismísimo Diablo. Por lo que, la exuberante mesa de Café, quedaba conformada por Satanás, Dios y Don Timoteo.

La velada se extendió por muchas horas y el café dio paso a algunas bebidas más fuertes, ya que los asistentes, que estaban tan solo de oyentes, quedaron maravillados por las historias, la experiencia y la sabiduría del viejo Timoteo.

Griguol de manera distendida les conto de su vida a través del fútbol. Comenzando por su época de jugador, desde Atlanta a la Selección Argentina, en una época donde solo se escuchaba futbol por la vieja radio, una época lejana a los flashes.

Ya en su etapa como DT, contó anécdotas de sus increíbles conquistas. El Rosario Central Campeón del Nacional 73, equipo denominado “Los Picapiedras”. El asombroso Ferro, campeón invicto con galera y bastón del 82 y el último título también con los de Caballito en el 84. Su experiencia dirigiendo a un gigante como River Plate con un título en el bolsillo y por último el recordado Gimnasia y Esgrima de La Plata de mediados de los 90.

Cuando la noche moría, Timoteo confesó cuanto le hubiese gustado levantar un trofeo con el lobo de La Plata y ese equipo sí que se lo merecía, con 3 subcampeonatos en su haber.

-Hubiese vendido mi alma al diablo, dijo Timoteo entre risas

-Yo hubiese aceptado “maestro” dijo el diablo… y recién ahora nos venimos a encontrar

Cuando los tres se pusieron de pie para despedirse, Timoteo tímido pregunto:

― ¿Con quién me voy? Mirando a ambos con cierta aprensión.

―Don Timoteo, usted es de los buenos,  se queda con el amigo. Yo solo vine porque quería tener una noche de historias de cuando el fútbol era solo fútbol,  no se preocupe. Respondió Satanás guiñándole un ojo.

Gabriel Kavlin

Nota publicada originalmente en Futbox Media

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