Rafael Santos Borré, el goleador de un solo toque, el que más veces gritó en la era Gallardo. Borré y River son una historia de amor. De esas que duran para siempre. Escribe Santiago Núñez.

Mete el labio inferior debajo de los dientes y mira al banco, cuyos integrantes saltan para todos lados con locura. Recién con el mismo envión con el que metió la cabeza en el arco fue rápido a buscar la redonda al fondo de la red. El reloj dice que van 43 minutos y un par de gritos rompen con impacto el silencio del Allianz Parque. Todavía falta y él lo único que no tiene es resignación. Pasarán muchas cosas de ahí al final. Solamente luego de que a Gonzalo Montiel le anulen un golazo casi artístico por un recurso tecnológico que vio una aguja en un campo, después de que le retrotrajeran un penal que ya estaba por patearse con la pelota sobre el punto de cal, posteriormente a que le expulsen un jugador de manera dudosa y de que su equipo haga un partido casi fantástico, ahí y solamente ahí Rafael Santos Borré admitirá que River quedó afuera de la Copa Libertadores 2020 contra Palmeiras. Pero ahora sostiene la pelota con la mano derecha mientras que festeja con el puño de la izquierda. Deja la pelota en el círculo central para que el rival saque rápido y muestra con la mirada que antes de ser un goleador impresionante es un tipo que nunca abandona. Y que el amor que siente por la pelota y por su camiseta no lo siente casi por nada en el mundo.

Una máquina

La estadística indica que el primero de los 55 goles de Borré en River fue el 20 de agosto de 2017, en un 4 a 1 contra Instituto, por la segunda fase de la Copa Argentina. Era el segundo encuentro del “Máquina” (su apodo), que había debutado 5 días antes. Pero posiblemente el primer recuerdo de esplendor a la hora de pensar en el colombiano sea un  tanto que no vale para los récords, realizado en el mismo arco del Minella, en una definición deliciosa contra Boca en el torneo de verano.

(Nicolás Aboaf)

A partir de allí, una carrera espléndida. En 140 partidos tuvo 55 pases a la red y 20 asistencias. Ganó cuatro copas nacionales, una Libertadores y una Recopa. Es hasta hoy el goleador del River de Gallardo, uno de los momentos más gloriosos de la historia del club. Entre todas sus virtudes como jugador y como goleador, el paso de Borré con River tiene dos características mayúsculas. Por un lado, sus goles tuvieron una marca distintiva: 43 de los 55 tantos fueron de primera, a un toque, con una letalidad implacable en el área.

Además, sus apariciones no brillan solamente por cantidad sino por calidad, con protagonismo en instancias rutilantes. Entre ellas, goles en octavos de final de Copa en 2018 y 2019 (en la definición por penales), en cuartos y semifinales en 2018, 2019 y 2020 y en la final del 2019. También marcó en la final de la Supercopa Argentina con Racing, y en las dos instancias del Mundial de Clubes 2018, del que fue segundo goleador (detrás de Gareth Bale y Balón de Bronce). Nadie hizo más goles que él en la Superliga 2019-2020 ni en la Copa de la Liga Profesional 2021. River lo despidió con un video en las redes sociales que mostraba un compilado de todos sus goles. Se tituló “55 abrazos”.

A un toque de ser feliz

Ve que el pase va a quebrar la línea de los defensores en la que se encuentra y que su compañero va a quedar, en la parte del costado del área, solo contra el arquero. Cuando percibe que la situación será poco menos que perfecta, arranca un trote rápido, corto pero eficaz, para quedar en una línea más o menos recta con la redonda, sin que el despliegue sea lo suficientemente veloz como para que el arquero pueda bloquear el anteúltimo pase. El asistidor lo ve perfecto. En el área chica solo le queda un trámite. La red se infla. El defensor de atrás se tira solamente para la foto. Ahora la pelota está en la otra banda. Un pase para atrás lo buscará en el área. Él lo sabe. Se queda en la misma línea que el último defensor. Acierta. La pelota le llega. Arrastra el borde interno que vence la línea del arquero. Sigue, no se conforma. Mira una jugada similar a la primera pero del otro lado. Con el pique de las piernas da un paso que en un mismo movimiento es zancada y toque. Gol. Otra vez gol. El cambio de arco no lo perjudica, porque ahora corre por detrás de los defensores con una estocada a la carrera, y define con finesa sutil por encima del guardameta. En 42 minutos de juego, 4 goles. Todos de primera.

La gran virtud de Borré en River fue su contundencia en los últimos metros. El 78% de sus tantos en River fueron sin necesidad de trasladar, de acomodarse, de enganchar. Recepción y gol, en el mismo segundo, con el mismo pie. Si bien en más de una oportunidad lo presentaron como un defecto (“solamente hace goles así”), su característica mezcló efectividad con oportunismo, con una altísima capacidad goleadora. Se combina ese mérito con un inmejorable sentido de la instancia: saber en qué lugar hay que estar, en el momento adecuado. 

El partido terminará 6 a 1 en Mendoza. River le ganará a Godoy Cruz por la fecha 6 de la Copa de la Liga Profesional.  El goleador que solamente necesita un toque para hacer feliz a su gente se llevará la pelota a su casa.

Más de uno

Minuto 85. Contragolpe. Borré queda con el último defensor. Amaga a ir para la derecha y engancha. Define, desde afuera del área, con el borde interno. La pelota gira antes de chocar con el metal blanco. La red se mueve. El arquero mira. Borré sale corriendo porque hizo un golazo, pero más porque River está en semifinales.

El gol a Independiente por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2018 fue uno de los más importantes que hizo el delantero colombiano. Definió el partido. Quizás el tercero de octavos, contra Racing, fue menos importante, pero están en un nivel similar. Seguro aquel fue menos trascendental que el que se venía. Tanto clave contra Gremio, para empatar el partido y empezar la remontada en Porto Alegre.

En el primer “mata-mata” de la Libertadores 2019 no hubo goles, pero Borré definió con exquisita sutileza el último duelo de la definición por penales. Sí convirtió contra Cerro Porteño, en cuartos y contra Boca, en semis. Repetiría ante Nacional con un “hattrick” en cuartos de 2020 y ante Palmeiras en semis.

Todos estos casos describen a un jugador que aparece en momentos importantes. Incluso, hay dos momentos que lo habrían convertido en uno de los máximos ídolos de la institución, de no haber sido por un desenlace adverso. En primer lugar, el gol contra Flamengo en Lima, por la final de la Copa 2019. No menos importantes hubieran sido los goles en la semifinal del Mundial de Clubes, si servían para que el equipo de Gallardo llegue a jugar contra el Real Madrid. Como Ignacio Scocco en 2017, un final alternativo hubiera traído consigo un final en el Olimpo. O quizás eso ya está pero todavía nadie se da cuenta.

Madrid

El árbitro lanza los brazos al aire. “Esta, esta, esta” o “uno, dos, tres”, como prefieran. Le marca que la falta que le acaba de hacer a Carlos Tévez requiere que le muestre la cartulina amarilla. A Borré, que se preparaba para defender una pelota parada en contra, se le transforma la cara. Persigue al árbitro pidiéndole explicaciones, pero la cara de piedra del que imparte justicia no se contrae. A lo sumo da alguna explicación banal y poco profunda, pero la decisión ya está tomada. Claro, para el colegiado solamente es una estadística o un casillero que debe llenar. Para el jugador de River es perderse la vuelta de la final de Copa Libertadores más importante de toda su vida y de la vida de la gente que lo rodea.

Borré tiene como asterisco que tuvo que observar la final entre River y Boca en Madrid del otro lado de la línea de cal. Fue, como no podía ser de otra manera, uno de los portadores de festejos entusiastas, como el momento en el que entró al hotel el trofeo más importante de la historia de River.

Ahora ya pasó casi un año. Emmanuel Mas le cometió un penal y él, de frente, tiene su revancha. Piensa. Se abstrae por unos segundos de las miles de almas que lo miran de cerca y de las millones que, del otro lado del televisor, imploran que el destino de su pegada sea la red. Borré trota y con un pase fino vence la resistencia de Esteban Andrada. Atrás del arco que se posa más cerca del río, una bandera es testigo del festejo y la revancha del goleador. Dice “9-Dic-18” al lado de “mi mayor alegría”.

Cambiar la historia

Parece que no queda nada. Que ya está. Que los últimos minutos son un letargo hasta el final y que los esfuerzos genuinos para llegar hasta la final fueron en vano o al menos no lograron el resultado adecuado. Hasta que el tiro libre viene y Borré, no se sabe con qué parte del cuerpo, emerge como un ángel dispuesto a rescatar al moribundo. Salta, choca y hace alguna pirueta rara para que la pelota entre.

Corre, no sin antes chequear que alguien agarre la pelota rápido. Se besa la mano y mira, de lejos, a su gente. Llega a la mitad de la cancha y con los puños apretados a la altura de la cintura, le grita a sus compañeros que se puede. Gremio 1- River 1. Ni Borré, ni sus compañeros, ni la gente de River lo sabe, pero todos sus sueños están por empezar a cumplirse.

Santiago Núñez

Twitter: @santinunez

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