La salida de Milito fue más que la despedida de un ídolo. Racing pasó de tener un proyecto a largo plazo a la improvisación. De apostar a las inferiores a llenar el plantel de refuerzos a préstamo. Escribe Julián Quintero.

Hace un año Diego Milito presentaba su renuncia como secretario técnico de Racing Club y meses después hacía lo mismo el director técnico, Sebastián Beccacece. Uno cree que los proyectos futbolísticos tienen que ir por encima de los nombres y las espaldas, pero en Avellaneda ocurrió todo lo contrario.

Todos sabemos que destruir es más fácil que construir. Crear una torre de naipes requiere de una precisión puntillosa y detallada porque el constructor no solo deberá saber donde poner cada carta, sino que tiene que conocer qué carta poner en cada lugar de la torre. Sin embargo, ocurre algo diferente con quien desea tirarla: un golpe, una pizca de viento o desacomodar la carta reina, alcanzan para destruir la torre.

Claro, la analogía se asocia a los proyectos futbolísticos en el fútbol argentino, pero particularmente en el de Racing, que hace un año implementaba métodos europeos para la formación de sus juveniles desde las infantiles y en los entrenamientos de la Primera División, para pasar a una actualidad sin precedentes en el último tiempo.

Tras la salida de Milito y Beccacece, Rubén Capria y Juan Antonio Pizzi fueron los encargados de continuar el proyecto, ¿Continuar el proyecto? Sí, porque el club y el desarrollo del mismo en materia futbolístico están por encima de si los maneja Diego, Sebastián, Rubén o Juan Antonio. La tarea no era fácil por la vara alta que habían dejado sus predecesores, pero no era imposible debido a la gran estructura que se había dejado en el club.

En menos de seis meses, Racing pasó a ser ese club que venían a ver desde Europa, Estados Unidos y Arabia a un equipo con mayoría de jugadores a préstamo (Joaquín Novillo, Aníbal Moreno, Maximiliano Lovera, Tomás Chancalay, Enzo Copetti, entre otros), a un equipo casi sin juveniles (Juan José Cáceres el más tomado en cuenta), a una división reserva completamente desarmada en dos semanas que llevaron a complicaciones en el arranque del torneo y así podríamos estar enumerando consecuencias del desarmado del proyecto.

Lo que quedan son preguntas, ¿Por qué a la dirigencia de Racing y el fútbol argentino le cuesta tanto mantener un proyecto futbolístico en el que no estén involucrados? ¿Será que estructuras como las de Milito o Burdisso golpean el ego de la dirigencia tradicional? ¿Cuánta presión hay de los representantes por armar los equipos que ellos quieren? ¿Acaso la primavera de proyectos futbolísticos en Argentina volvió a ser derrocada por el método Bragarnik?

Consideramos que las preguntas son la mejor forma de instar a la reflexión de quienes están leyendo este pequeño análisis de la situación del fútbol argentino ejemplificado en Racing, que sigue siendo una institución modelo por su forma de manejar la economía y mantener al club ordenado, pero que todavía mantiene en el debe ese salto de jerarquía que lo haga reconocido a nivel mundial.

Julián Quintero

Twitter: @soyjuliquintero

Texto publicado originalmente en La pelota siempre al 10.

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