Con el despido de Óscar Washington Tabárez de la selección uruguaya, se termina una época. Y se abren una serie de interrogantes de cara al futuro. El primero tiene que ver con el mundial, pero los otros son más profundos. Escribe Esteban Bedriñan.

El poeta español Antonio Machado dijo que “todo necio confunde valor y precio.” La frase, que hace mención a que las cosas importantes de la vida no lo tienen, al menos en el plano económico y valorable, bien podría aplicarse en estos días al Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol que tomó la drástica decisión de despedir a su entrenador, Óscar Washington Tabárez, luego de un proceso de quince años que transformó y revolucionó al deporte en Uruguay y que lo trascendió, llegando a marcar a gran parte de la sociedad.

A pesar de encontrarse a solo un punto de los puestos de clasificación directa y repechaje y con doce por jugarse, los directivos de la AUF, encabezados por su presidente Ignacio Alonso, decidieron cesar al histórico técnico. Las razones, cuesta entenderlas, se basaron en vagos argumentos como “el momento actual y los partidos que quedan por jugarse” según declaró Jorge Casales (integrante del Comité Ejecutivo) a un programa radial de su país.

El cese al cuerpo técnico, que ya había estado al borde de la cornisa en octubre luego de las derrotas inapelables ante Argentina (3-0) y Brasil (4-1), se da en el marco de un clima extraño en el que no se conoce posible sucesor, proyecto ni norte alguno sobre cómo continuar la lucha por el boleto a Qatar. Como si lo único que sirviera fuera el descabezamiento del grupo de trabajo de Tabárez, los dirigentes desconocen el rumbo a tomar de aquí en más y lo han expresado en declaraciones a la prensa. El propio Casales aseguró que aun deben definir el perfil de lo que pretenden para el futuro entrenador. “Lo que nosotros tenemos que definir es ese perfil, que todavía no lo tenemos. Sin dudas que eso para mí es lo primordial. Desde el rango etario (sic), desde el currículum, desde el estilo de juego, desde la urgencia por ganar” fue el análisis que hizo sin ruborizarse en una charla con el programa radial “Tirando paredes” de la AM 1010.

El periodista Rómulo Martínez Chenlo, una de las plumas más destacadas del Uruguay, escribe en el suplemento Garra de La Diaria y es un reconocido admirador del proceso que Tabárez comenzó en el año 2006. Desde el día uno de la asunción del entrenador, tuvo la suerte de charlar por varias horas con él en el Complejo Celeste, donde agradeció por “poder entenderle qué era lo que me estaba planteando a tan largo plazo, algo inédito. Y la verdad que por eso mismo yo fui quedando maravillado cuando pasaban los años de que eso estaba sucediendo y que además tenía un derrame que excedía al fútbol y llegaba a la sociedad” cuenta en diálogo con “Lástima a nadie, maestro.”

Martínez Chenlo también se muestra escéptico y un poco asustado con que el cambio abrupto impuesto por la AUF termine con el proyecto que viene sosteniendo Uruguay en el tiempo desde sus categorías formativas hasta la selección mayor.  “El impacto es generalizado, pero también creo que tengo miedo de que esta refundación de la ejecución de las políticas de selección, si es que las hubo antes concretas así como éstas, quede en el camino.” El periodista hace mención a que, desde la asunción de Tabárez con su programa “Institucionalización de los procesos de las selecciones nacionales y de la formación de sus futbolistas”, los distintos combinados juveniles han logrado clasificarse a diversos mundiales en varias categorías, así como también obtener torneos Sudamericanos y clasificar a un Juego Olímpico (luego de más de 80 años) amén de promover un total de 99 futbolistas a la mayor.

Los fantasmas del pasado acechan

Allá por inicios de la década de los ’90, el fútbol uruguayo vivió tiempos grises donde clasificar a un mundial resultaba una quimera. A pesar de las glorias de sus clubes unos años antes (y con el oasis que fue la Copa América de 1995 ganada en suelo propio), Uruguay vivió años donde observaba las Copas del Mundo del otro lado de la pantalla. Amén de contar con cracks de talla mundial en las mejores ligas del planeta, cuando jugaban por su selección no podían plasmar un buen juego, producto de los diversos manejos turbios de la dirigencia de entonces y del mal ambiente que se respiraba en esos planteles.

Santiago Díaz es el autor de la mejor nota sobre el estilo de juego que Uruguay ha tenido desde siempre. La misma se puede leer aquí y en ella deja plasmado que es una falacia que el estilo desplegado por Tabárez en sus más de 15 años al frente de la Celeste haya sido mezquino en comparación a los anteriores. Consultado por “Lástima a nadie, maestro” Díaz vuelve a levantar sus banderas y cuenta que “Toda la vida se dijo eso y era verdad porque no había un ámbito sano en la selección como para que ellos pudieran explotar sus condiciones. Y eso es lo que generó Tabárez: un ámbito sano de trabajo con mucho compromiso, con mucha conducta, con buenos liderazgos que hacía que los jugadores vinieran a la selección, se sintieran muy cómodos y rindieran.”

También apunta que los malos tiempos pueden volver “en la medida en que caiga esta estructura. Uruguay es un país que tiene algunas cosas muy buenas en fútbol porque tiene una cultura futbolera increíble, inigualable diría yo. Como Argentina, pero tiene algunas carencias que el vecino no. O Brasil tampoco. Y es el problema demográfico. Somos muy pocos, hay mucha gente que juega al fútbol pero aún así somos muy pocos. Entonces la organización tiene que ser muy buena para poder ser competitivos. Eso fue lo que pasó con Uruguay en estos años. Fue competitivo porque estaba muy bien organizado. Y yo creo que si esta estructura cae, como por ejemplo lo de las selecciones juveniles permanentes que siempre pregonó Tabárez, que no paren nunca, se va a empezar a complicar muchísimo”, analiza Díaz desde el otro lado del río.

También amigo de la casa, Álvaro Levín, fundador de la revista digital Zona Mixta  se muestra preocupado con el retorno de los viejos malos tiempos. “Yo creo que esto hace peligrar todo el proyecto de selecciones. Y sobre todo cómo es la formación de futbolistas en Uruguay que ha planteado Tabárez. Que es generar las condiciones competitivas, deportivas y formativas para nutrir a la selección mayor de jugadores con mucho roce en competencias mundialistas, sudamericanas y olímpicas. Creo que esa mirada a largo plazo es difícil de sostener sin un proceso de transición mucho más ordenado y mucho más específico en lo que se pretende realizar de acá a diez años.”

“Creo que poder mantener eso y sobre todo con el respaldo que tenía Tabárez en cuanto a la legitimidad ganada con los años creo que esa formación de los futbolistas es el punto más alto y más fuerte del proceso. Más allá del cuarto puesto en Sudáfrica o la Copa América. Creo que eso fue un cambio cultural muy importante y que peligra. Llevó mucho tiempo asentarse y mantenerse y creo que es muy difícil que venga, de la forma en que ya está viniendo que es borrar a Tabárez de un plumazo y poner a alguien por cuatro partidos o por el mundial, es imposible que se pueda sostener. Sobre todo desde el punto de vista legítimo, eso requiere de mucho tiempo. Entonces creo que es una vuelta atrás, un retroceso” opina Levín con preocupación.

La vuelta al ruedo, lo que cuenta la historia y el sueño mundial

Cuando el 27 de enero de 2022 se reinicien las eliminatorias, Uruguay visitará a un alicaído Paraguay en Asunción y cinco días después recibirá a Venezuela (ya eliminado) para cerrar luego la última doble fecha del 24 y 29 de marzo recibiendo a Perú en un partido crucial y visitando a Chile, que para entonces deberá salir indemne de juegos previos contra la Argentina, Bolivia en La Paz y Brasil. Si se repasan las eliminatorias anteriores, hay que recordar que en la de 2010 a falta de tres fechas, los de Tabárez estaban séptimos con 16 puntos. Para la de 2014, a cinco del final, también se encontraba en la séptima colocación con 18 unidades. Y para la de Rusia 2018, tal vez la de recorrido “más tranquilo”, la Celeste recién logró clasificarse en la última fecha.

Duras como ninguna otra en el mundo, las eliminatorias sudamericanas son un viaje incómodo que les ha costado a todas las selecciones a lo largo de la historia. Imposible que Uruguay no se vea afectado por las vicisitudes que toca atravesarlas y de las que ha dado sobradas muestras que las puede sortear. El no reconocer los propios logros de la última década al cuerpo técnico y varios integrantes del plantel, es una afrenta difícil de digerir para aquellos que saben ver que más allá de los triunfos y los títulos, el proceso de Tabárez no merecía un final como el que recibió.

El sueño de conseguir el boleto a Qatar aun se mantiene en pie. Martínez Chenlo se mantiene confiado en que el objetivo se logrará: “Estamos a un punto del cuarto (Colombia) y estamos con el mismo puntaje que los que van al repechaje (Perú y Chile) y debemos enfrentarnos con ambos. Es decir, pensar que Uruguay no va o no iba a ir al mundial me parece que está alejadísimo de la realidad, cuando en todas las eliminatorias anteriores Uruguay clasificó recién en el último partido que jugó. Entonces aquí se podría hacer una proyección de resultados y sobre todo teniendo en cuenta que Uruguay tiene que enfrentar a Chile y a Perú que en este momento están iguales, está en la mano. “

Levín también se muestra optimista con la clasificación y apunta que “Sí, está todo muy parejo. Juega contra Paraguay de visitante, que es uno de los rivales que viene más bajo. Si se consiguen los tres puntos después viene Venezuela de local y no es inviable lograrlo. Y consiguiendo en las próximas  fechas dos victorias a nivel motivación y lo que puede generarse en las últimas dos, con Perú de local que es un partido dificilísimo y contra Chile de visitante creo que Uruguay puede por lo menos rasguñar un quinto puesto e ir al repechaje. Ya quedar cuartos podría pasar también pero no lo veo tan factible.”

Un poco más escéptico se muestra Díaz quien analiza que “La verdad que es muy difícil responder si Uruguay puede clasificar o no. Poder, puede. Ya era difícil si el Maestro continuaba. Y eso que había una cantidad de antecedentes de momentos durísimos de las eliminatorias anteriores, no precisamente la de Rusia, pero sí de las otras dos en que el equipo se recompuso y logró la clasificación.”

También acota que “Es muy difícil de saberlo en realidad. Faltan cuatro partidos y todo puede pasar. Va a depender mucho del primer partido me parece, contra Paraguay. Pero yo insisto, creo que se hubiera estado mucho más cerca de la clasificación con Tabárez que con este invento.  Porque sea quien sea el que vaya a venir, vendrá a imponer, más que medidas futbolísticas, otra energía. Porque en realidad no va a poder casi ni entrenar. Así que será muy duro y veremos. Creo que sacando 9 puntos, se mete, algunos dicen que con 8,  yo no estoy tan seguro. Con 9 te metés seguro en el repechaje y con 10 vas seguro al mundial. Veremos qué sucede, son todos partidos accesibles pero al mismo tiempo como pasa en las eliminatorias, partidos muy duros.”

El proceso del Maestro Tabárez fue interrumpido luego de 15 años de transformación cultural que excedió por lejos a lo futbolístico. El entrenador señaló en su regreso del mundial 2010 “Está muy bien festejar partidos ganados, festejar triunfos, pero quizá lo que demuestran ustedes, y yo me quiero hacer eco con el mensaje que habría que dejar, es que no nos quedemos sólo con los resultados para valorar lo que se hace. El éxito no son sólo los resultados, sino las dificultades que se pasan para obtenerlos. El camino es la recompensa”. Aunque parece que la idea no fue reconocida por los dirigentes actuales quienes vieron en un par de partidos muy malos la oportunidad para terminar con el proyecto más transformador que vivió el Uruguay.

Emulando al personaje principal de la novela de John Kennedy Toole, Ignatius J. Rilley, otro Ignacio propició que se impusiera la insensatez y salga triunfadora, para pena de varios, la Conjura de los necios.

Esteban Bedriñan

Twitter: @ebedrinan

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