En 1981 la vida de Diego se aceleró. Pasó a Boca. Ganó su primer y único campeonato en Argentina. En el segundo semestre visitó 12 países en 4 continentes diferentes en amistosos que el club organizaba para poder pagar su contrato. Otro adelanto de Crónicas Maradonianas. Escribe Juan Stanisci.

La camiseta del equipo visitante es blanca con tonos rojos. Están subiendo la escalera que los interne en la jungla de reflectores, cámaras, periodistas, insultos, silbidos y monedazos. Cuando el capitán del equipo pise el último escalón y emerja del túnel, será ovacionado. La Bombonera entera saludará a su nuevo hijo adoptivo. Argentinos Juniors, en cambio, se estará despidiendo del hombre que cambió su historia. 

Ser de la ribera

Boca Juniors y Diego Armando Maradona comparten un río. No cualquiera. Ambos nacieron y se criaron en los al rededores del Riachuelo. La Cuenca Matanza-Riachuelo une y divide a la vez. Por un lado es el límite entre la Ciudad de Buenos Aires y el primer cordón del Conurbano sur. Por el otro unifica sentires. Formas de estar en el mundo. Quiénes se criaron a la vera del Riachuelo comparten mucho. En ciudades donde todo se construye y destruye rápidamente el Riachuelo es la continuidad. Siempre está ahí. Siendo el único accidente geográfico que sigue inalterable en la metrópoli que todo lo devora. También es el patio trasero de la gran ciudad. Durante décadas fue el basural del progreso. El Riachuelo es el reverso de la modernidad. Sus aguas aceitosas, casi carentes de toda forma de vida, son el testimonio del costo que tienen las grandes ciudades.

Nacer, crecer y criarse a la vera del Riachuelo significa hablar un mismo idioma. Desde La Boca y la Isla Maciel hasta Villa Celina e Ingeniero Budge. Es saber por el olor cuándo se acerca una sudestada. Y que esa tormenta no es solo agua que cae. También puede brotar de abajo hacia arriba.

Diego estuvo entre dos ríos hasta último momento. Cuándo fue imposible retenerlo a Argentinos Juniors y tampoco podía ser vendido al exterior, su futuro se bifurcó en una encrucijada: River o Boca. La historia parecía encaminarse para que Diego siguiera vistiendo los colores rojo y blanco. Hasta que una tarde fue al estadio Monumental a ver un partido de los juveniles y escuchó que lo chiflaban. Fue una declaración de guerra.

Con la misma naturalidad que desparramaba rivales en la cancha, entendió el marketing y las fake news antes de que existieran. Diego le dio una entrevista al diario Crónica donde decía tener conversaciones para seguir su carrera en Boca. Una bomba de humo. En realidad no había nada. Los dirigentes xeneizes apretados por el invento de Diego y la ilusión de sus hinchas se pusieron en contacto con Jorge Cyterszpiler. El club no tenía las condiciones económicas para pagar el pase. Tuvieron que idear un entramado rocambolesco para llegar a un acuerdo con Argentinos Juniors y esquivar las trabas legales que ponía la AFIP.

Un empresario ofreció poner los diez millones de dólares que pedía el club de La Paternal. La Administración Federal de Ingresos Públicos quiso saber de dónde salía ese dinero. El plan se cayó. Entre el 13 y el 20 de febrero Cyterszpiler y Boca pensaron las formas de llegar a un acuerdo. Apareció un tercer actor. Guillermo Coppola trabajaba como gerente en el banco donde muchos jugadores de Boca cobraban sus sueldos. Con el tiempo se transformó en el representante de muchos de esos futbolistas. Coppola logró convencer a algunos de ellos para que pasaran a Argentinos Juniors como parte de pago del pase de Diego. Además Boca pagaría cuatro millones de dólares por el préstamo de Maradona hasta el mundial de España en 1982. Y asumiría las deudas que Argentinos Juniors tenía con la AFA para pagar el sueldo de Diego. A esto se le sumarían cuatro millones de dólares más después del mundial.

De esta manera Diego llegó a Boca. Canal 13 compró los derechos de exclusividad para transmitir la firma del contrato. Esa misma noche Boca y Argentinos Juniors jugaron un amistoso. Diego jugó un tiempo para cada equipo con una contractura. Dos días después fue el debut oficial. Enfrente estaba el mismo equipo que en su primer partido en primera división: Talleres de Córdoba. En una de las cabinas de transmisión otra persona también hacía su debut en el fútbol argentino: Víctor Hugo Morales.

Francis Cornejo y algunos socios de Argentinos Juniors acompañaron al equipo a jugar el amistoso contra Boca. Vieron el primer tiempo. Cuando Diego se estaba sacando la camiseta del bicho para ponerse por primera vez la de Boca se acercaron para despedirse. La última casaca del Bicho fue un regalo para Francis Cornejo, su primer técnico. Le agradeció y la comitiva de La Paternal dijo que se iba. “¿Cómo no se van a quedar?”, preguntó Diego. “¿Verte a vos con eso? No”, le respondieron.

Este texto forma parte de Crónicas Maradonianas, lo podés comprar acá.

Dos camisetas y un equipo en retirada

Mauro Viale se queda en silencio y mira a Macaya Márquez. Lo mismo hace la gente en la tribuna pero con la persona que tienen al lado. Nadie entiende nada. El árbitro acaba de expulsar al segundo jugador de Colón y los jugadores en vez de protestar están enfilando directamente para el vestuario. Un joven Diego Maradona se acerca a algunos de ellos para decirles que no se vayan. No hay caso. Van 33 minutos del segundo tiempo.

El 26 de julio de 1981, a cuatro fechas del final del Metropolitano se enfrentaban dos realidades antagónicas: Colón, el último de la tabla recibía a Boca, puntero durante gran parte del torneo.

La segundo rueda parecía consolidar la marcha del Boca de Diego hacía el campeonato. Pero cuatro empates seguidos pusieron en jaque la campaña xeneize. Hacía tres años que Boca no era campeón. El Ferro de Griguol acechaba. La noche previa al partido con Estudiantes en la Bombonera el plantel boquense estaba concentrado en la Candela en San Justo. Cuenta Maradona en su libro Yo soy el Diego, que él estaba esperando para hablar por teléfono con Claudia cuando la barra comandada por El Abuelo entró en la concentración. Era la presentación de la nueva Barra Brava. Días antes El Abuelo había ganado el liderazgo de La Doce.

 Reunieron a todos los jugadores en el comedor. El Abuelo apuntaba con un arma a los referentes, mientras les decía: “muchachos, no lo tomen a mal, pero la hinchada está cabreada y nosotros venimos a avisarles. Si no ganan el campeonato, la bronca no se para con nada”. Durante el apriete también “recomendaron” que Diego sea el capitán y abanderado del equipo. Increíblemente según Maradona este hecho ayudó a terminar de forjar el espíritu del equipo.

Al día siguiente Boca recibió a Estudiantes con la vuelta del Loco Gatti al arco luego de una larga lesión. Iban 38 minutos de la primera parte cuando Hugo Orlando salió a cortar un avance de Estudiantes. Amagó y gambeteó a un jugador Pincharrata llegando hasta la mitad de la cancha. El resto es historia conocida: el Loco jugó con Perotti que, entre la línea de cal y dos defensores, salió con un hermoso caño. Controló la pelota que saltaba como loca por el mal estado de la cancha, entró al área y clavó el único gol del partido. La siguiente parada era el Cementerio de los Elefantes.

El clima era espeso dentro y fuera de la cancha. Colón, último de la tabla, se jugaba la permanencia. Según Diego los mataron a patadas. En el primer gol Maradona desborda por derecha y uno de los defensores sale a cruzarlo con una patada criminal. Diego trastabilla, se repone y tira el centro. Por el segundo palo entra Escudero y pone el 1 a 0.

Arrancó el segundo tiempo y los equipos no parecían los mismos. La tradicional camiseta rojinegra de Colón quedó en el vestuario. Los jugadores vestían una casaca celeste y blanca a bastones. A los cuatro minutos Lousteau echó a Werner del sabalero. Minutos más tarde Cariaga agrede a Morete pero el árbitro echó al de Boca. Diez contra diez. Perotti puso el dos a cero y liquidó el partido.

El clima en las tribunas del viejo Cementerio de los Elefantes se caldeó. A los 33 minutos el árbitro expulsó a Rebottaro también del cuadro santafecino. Los jugadores ni protestaron. Directamente enfilaron para el lado de los vestuarios. Maradona se acercó y les dijo que sigan jugando, que si no va a ser peor para ellos. No hubo caso, los jugadores abandonaron el campo de juego y el partido terminó.

Los jugadores sabaleros ni se ducharon. Fueron a la comisaria a denunciar a Lousteau. Decían que los había amenazado. “Nos decía que no pongamos la pierna fuerte que ya estamos en la B”, dijo uno de los jugadores. El árbitro fue demorado. Julio Grondona, por entonces presidente de la AFA, no tuvo la mejor idea para solucionar el conflicto: llamar al lugar al presidente de Unión para que hiciera de intermediario para que Lousteau volviera a Buenos Aires.

Del otro lado Boca le ganó a Ferro en la fecha siguiente 1 a 0. Luego perdió por el mismo resultado frente a Rosario Central en Arroyito. Diego erró un penal. Finalmente serían campeones en la última fecha empatando 1 a 1 con Racing en La Boca. Luego de cinco temporadas siendo el mejor jugador del fútbol argentino, Diego lograba una de sus cuentas pendientes: ser campeón del fútbol argentino. Sería su único título en el país.

La vuelta al mundo en 153 días

Caen las vallas de contención en el aeropuerto de Abidján, en Costa de Marfil. El cordón policial no aguanta tanto amor. Decenas de marfileños intentan acercarse a Maradona. “Die-gó, Die-gó”, gritan. El colonialismo dejó sus marcas y con acento francés corean el nombre del Pelusa. Veintisiete horas después de abandonar el aeropuerto de Ezeiza, el plantel de Boca desembarca en Costa de Marfil.

El segundo semestre de Diego en Boca fue una gira mágica y misteriosa. Algo similar había ocurrido con Pelé dos décadas antes. Para poder sostener a su figura, tanto Boca como el Santos, tuvieron que organizar giras mundiales para recaudar plata.

Once días después de ganar el Metropolitano de 1981, Boca salió del país por primera vez con Maradona como bandera. El 27 de agosto jugaron en México contra el Neza. Seis días más tarde estaban en España para un amistoso contra el Real Zaragoza. A las 48 horas pisaban París. En la capital francesa vencieron 3 a 1 al Paris Saint Germain en el Parque de los Príncipes. A los tres días, el 8 de septiembre, enfrentaron y le ganaron 2 a 1 al Milan en el Giuseppe Meazza. 

Volvieron al país para debutar en el Torneo Nacional. Fue 1 a 0 contra Unión en La Bombonera. Dos días después estaban jugando en el Maracaná. Perdieron 2 a 0 contra el Flamengo de Zico. Tras doce días de descanso llegó el superclásico contra el River de Fillol, Kempes, Passarella, Gallego, Ramón Díaz y el Beto Alonso. Diego hizo un golazo desde el costado izquierdo, clavando la pelota en un ángulo. River ganó el partido por 3 a 2.

El 5 de octubre salieron de Ezeiza rumbo a tierras africanas. Costa de Marfil era un destino desconocido en aquel entonces. Según Guillermo Blanco, el periodista de El Gráfico que viajó junto a Boca, esperaban ver “una selva con animales salvajes”. En cambio se encontraron con una multitud aclamando a Diego. “Cuando nos fuimos a almorzar, en el hotel, se me acercaron unos veinte (marfileños) y uno de ellos me saludó y me dijo: Pelusa… ¡Pelusa me dijo”, recordó en su autobiografía.

En Costa de Marfil estuvieron tres días. Hubo tiempo para una guitarreada de Pancho Sá rodeado por sus compañeros y algunos africanos. También para una recepción del embajador. Por miedo a la fiebre amarilla y al paludismo no pudieron recorrer la ciudad. Jugaron dos partidos. El primero fue 5 a 2 con dos goles de Maradona. “Diegó”, lo nombraban los relatores marfileños. El ocho de octubre fue la final del Torneo de Abidján. Empezó ganando el Asec de Costa de Marfil pero Boca lo dio vuelta y fue campeón.

El 9 de octubre ya estaban de regreso en Argentina. El 11 golearon 7 a 1 a San Lorenzo de Mar del Plata. No hubo más amistosos hasta diciembre. El plantel pudo meterse de lleno en el Torneo Nacional. Diego jugaría su último partido oficial el 2 de diciembre de 1981 contra Vélez. Fue expulsado faltando ocho minutos. Pero todavía quedaba la segunda etapa de la gira. Todavía existía la ilusión de que Diego siguiera en Boca después del Mundial.

Antes de que termine el año Boca visitó Perú y Ecuador. Le ganaron 1 a 0 a Universitario en Lima el 18 de diciembre; dos días después perdieron 3 a 2 con Barcelona en Guayaquil; cuarenta y ocho horas más tarde volvieron a Perú y le ganaron 2 a 1 a Alianza Lima. Faltaban dos días para Navidad.

El año del Mundial de España y la Guerra de Malvinas comenzó igual para Boca. Diego y sus compañeros estuvieron en seis países diferentes en un lapso de veintiún días. El 5 de enero salieron rumbo a Los Ángeles. El día de Reyes le ganaron 2 a 0 a la Selección de El Salvador, futuro rival mundialista.

El 10 de enero jugaban en Hong Kong contra el Seiko. Dos días después saltaron a la cancha en Kuala Lumpur, Malasia. 2 a 1 al Selangor. De ahí a Japón a jugar tres partidos contra la selección de ese país en ocho días. El último fue el 24 de enero. Cuarenta y ocho horas más tarde enfrentaron en México al América, al que vencieron 2 a 1 con un gol de Diego. Al día siguiente volvieron a jugar en otro país. Esta vez en Guatemala contra Comunicaciones. Fue 1 a 0 con gol de Maradona.

Boca regresó al país para disputar la Copa de Oro en Mar del Plata. Diego empezaba su función despedida. Fueron tres partidos: 4 a 1 a Racing, 1 a 0 a Independiente y derrota 1 a 0 con River. Ese seis de febrero fue su último partido con la camiseta de Boca.

No había pasado un año de la firma de su contrato. Diego había sido campeón por primera vez. La prensa lo acosaba más que nunca. Se hablaba más de sus propiedades y sus supuestas deudas con la DGI que de sus actuaciones adentro de la cancha. Había jugado amistosos en: México, España, Francia, Italia, Brasil, Costa de Marfil, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Hong Kong, Malasia, Japón y Guatemala. Maradona ya no era patrimonio exclusivo de Argentina. Empezaba a ser una figura mundial. Y a sentir como el peso del mundo lo asfixiaba.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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