El mismo día que Racing ganó un título luego de 35 años con Mostaza Merlo en el banco, otro equipo argentino hizo historia. De la grande. Escribe Santiago Núñez.

Hay una marea de espíritus bahienses que está por entrar desaforada al campo de juego. El hombre de negro con rayas grises agarra la pelota blanca con la leyenda “Diadora” y la coloca por encima de la altura de su cabeza y adelante de su cuerpo, como ofreciéndola a la eternidad  y a las miles de almas que encontrarán en ese instante su “para siempre”. Hay almas enteras que tienen su primera vez, con un mundo que se detiene y tiene la certeza de una felicidad inmodificable, en la que los sonidos son goles y amores.  Es 27 de diciembre del 2001. Un pueblo cambia para siempre.

Ni Academia ni ciclón

Las historias que recorren el fútbol argentino en la época de los cacerolazos, las movilizaciones y los piquetes del pueblo argentino y el helicóptero en el que huyó Fernando De la Rúa en diciembre del 2001 en general ponen el foco en dos hitos. En primer lugar, el Racing campeón de “Mostaza” Merlo, que le permitió al conjunto de Avellaneda consagrarse en un certamen local luego de 35 años. El otro (sobre el que se ha escrito mucho menos) es el San Lorenzo de Manuel Pellegrini que se alzó con la Copa Mercosur 2001, cuya final tuvo que disputarse el 24 de enero del año siguiente por la situación antes citada. Pero en esos días (de hecho, en la misma jornada que Racing empató 1 a 1 con Vélez) hubo otra escuadra que logró algo histórico. Olimpo, por primera vez en tiempos de torneos cortos, llegó a Primera.

El equipo de Bahía Blanca, dirigido en aquel entonces por Gustavo Alfaro, salió campeón del Apertura 2001 de la B Nacional con 46 puntos, uno por encima de Quilmes, dos arriba de San Martín de Mendoza y a tres de Huracán de Tres Arroyos. Ganó trece partidos, empató siete y perdió cuatro, con 36 goles a favor y 20 en contra. El 27 de diciembre del 2001, el “aurinegro” derrotó 4 a 0 a Instituto (Ceferino Díaz x 2, Zelaya y Laspada) por la última fecha del certamen y levantó el trofeo.

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Ceferino

El control limpio y soberbio contrasta con el origen del trayecto, que pasó en décimas de segundo de ser un tiro libre peligroso a un remate desalentador y poco eficiente para transformarse, finalmente, en pase gol. El volante central la frena y gambetea, como si le corriera hielo en las arterias cerca de su corazón caliente. Define con la sutileza de los distintos y manda la pelota a abrazarse con la red, con el cartel de “Plavicon” como testigo inmediato.

Ceferino. Ceferino Díaz. Cinta de capitán. Bahía Blanca. Gol. 1 a 0.

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“La cancha estaba a reventar”, le cuenta a Lástima a Nadie, Maestro Nicolas Fernández, periodista deportivo que habitualmente sigue la campaña de los equipos de Bahía Blanca y que en ese momento con 13 años estuvo presente en la mayoría de los partidos de Olimpo. “Se jugaban tres partidos al mismo tiempo, porque había tres equipos que matemáticamente tenían chances de ascender. Estábamos escuchando la radio y me acuerdo que rápidamente Quilmes se puso en ventaja. De esa manera pasaba a Olimpo, pero lo bueno para el conjunto de Bahía fue que con velocidad marcó el primer gol. Ceferino (Díaz) hizo los dos primeros y (José) “Cachi” Zelaya antes de ir al entretiempo marcó el tercero. El segundo tiempo fue todo festejo. Se liquidó la historia con un tiro libre de Mauro Laspada. El mejor partido del campeonato fue el último. El (estadio) Carminatti estaba como en las grandes épocas de las finales de los regionales o cuando jugó a mediados de los ochenta una serie de liguilla Pre-Libertadores contra Boca. Me acuerdo de cruzarme con gente futbolera de Bahía que no era de Olimpo pero que ante la posibilidad de subir a la “A” por primera vez también fueron a la cancha y estaba como nunca el estadio”

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Ceferino (2)

La gambeta, además de recurso eficaz, se impone como única salida precisa. La jugada preparada salió mal, dos veces, pero aquel destrato se transformó en belleza artística completada con un toque suave y solemne que pidió permiso para entrar por el segundo palo.

Ceferino. Ceferino Díaz. Sinónimo de Historia. Bahía Blanca. Gol. 2 a 0.

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El campeonato tuvo 25 jornadas (24 partidos para cada equipo, con una “fecha libre”) que tuvieron lugar entre el 16 de agosto y el 3 de febrero. Fernández recuerda que la grandeza de ese equipo pasaba por otras virtudes más allá de la belleza. “El equipo del 2001 no jugaba lindo. Ha tenido muy buenos equipos Olimpo, inclusive el del 2001, pero más vistosos. De los cuatro ascensos a Primera Divisiòn, los otros tres equipos (2007, con Madelon; 2010, con la dirección técnica de Omar De Felippe; y también el último del 2013, con Walter Perazzo como DT) jugaban más lindo que el de Gustavo Alfaro. Se armó un equipo con muchos jugadores de experiencia para mantener la categoría porque Olimpo arrancó muy complicado ese torneo en cuanto a los promedios (empezó el campeonato con promedio de 1,260, antepenúltimo sin contar a los recién ascendidos). No era un equipo vistoso pero sí con muchos jugadores que conocían la categoría y que habían peleado varios ascensos.

Sigue Fernández: “No le hacían muchos goles. Estaba solventado en su defensa, también tenía muchos “guerreros” (por así decirlo) en el mediocampo, que recuperaban rápido la pelota y se la daban a Darío Fernández, que era el número 10 talentoso, la figura, el que hacía jugar al equipo y el puente entre el mediocampo y los de arriba. Tenía dos delanteros Olimpo que eran muy goleadores. El (José) “Cachi” Zelaya, aquel jugador de Talleres, y Roberto Fito González, que hizo muchos goles en esa campaña. A ellos hay que sumarle a (Alejandro) Delorte y (Eduardo) Iachetti que entraban siempre en los segundos tiempos. Delorte hizo un par de goles importantes en ese campeonato. Marcó el del empate a Quilmes en el Carminatti y también le hizo uno muy importante a Huracán de Tres Arroyos en la antepenúltima fecha, en lo que sería la última victoria de Olimpo antes de la de Instituto. Era un equipo sustentado en la solidez de su defensa, tenía muy buenos jugadores de marca, corredores. Era muy combativo. (Mauro) Laspada y (Leandro) Desábato eran una tremenda dupla de marcadores centrales que fue muy sólida. Julio Gaona, el arquero que luego fue a Central, también fue muy importante. Un equipo muy ‘parejito’.”

La segunda división se organizó, en la temporada 2001- 2002, de una manera inédita y particular. Un torneo de 25 equipos en la última parte del 2001, con un campeón que ascendió directamente a Primera. Luego de eso, los 24 equipos restantes se dividieron en 3 zonas. Los ganadores de las mismas con los cinco equipos que más puntos obtuvieron en la tabla general, jugaron un octogonal que definió el segundo ascenso, que consagró a Arsenal. Esta estructura de torneo hizo que Olimpo, campeón del Apertura, estuviera en los inicios del 2002 siete meses sin jugar, hasta que debutó en Primera contra Arsenal, en julio de ese año. “Fue raro estar tanto tiempo sin jugar hasta el debut en Primera. Se tardó mucho en armar el equipo y eso me parece que le costó al equipo. A Olimpo le va muy bien en el Clausura 2003 pero le costó el Apertura 2002 (20 puntos en 19 partidos). Solamente se quedaron algunos jugadores, muy poquitos del equipo que ascendió. Los que se quedaron estuvieron jugando en ese semestre en la Liga del Sur y luego del Mundial empezaron a llegar el resto”, recuerda el relator.

Las razones para lo que a priori sería un “sinsentido” radicaban en una reestructuración general de la Divisional. Así lo explica Fernández: “Se venía una reforma muy grande. En aquel momento la B Nacional se dividía entre Zona Interior y Zona Metropolitana y entonces había muchos equipos, se unificó todo en ese campeonato que era muy largo, a una sola rueda”. Hubo siete descensos en la temporada 2001/2002.

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Cachi
Hay pique de pescador en el río de los sueños. Hay pique que el central calcula mal. Hay pique para empalmar el cuero con el empeine. Hay pique que infla la red.

Zelaya. Cachi Zelaya. Nueve de oro. Bahía Blanca. Gol. 3 a 0

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Sobre la relación entre la situación del país y el campeonato de Olimpo, Fernández admite tener poca noción, debido a su corta edad del momento. “Al ser tan chico, obviamente uno miraba las noticias y todo pero no es que estaba muy al tanto de la situación. Tampoco en mi casa la estábamos pasando muy mal como para yo percatarme de lo que estaba atravesando el país. Ahora lo que sí me acuerdo es que toda la ciudad estaba revolucionada con el tema Olimpo, con la posibilidad de subir a Primera División y de repente se suspende la definición del campeonato por la renuncia de De la Rúa y su salida en el helicóptero. De repente Olimpo no podía coronar y no sabíamos bien cuando se iba a definir la historia. Se suspendió todo y ahí tomamos noción de la gravedad del asunto” Finalmente, siete días después del 20 de diciembre, con Adolfo Rodríguez Saá como presidente (renunciaría tres días después), Olimpo logró su ansiado ascenso.

Ya en Primera División, el “aurinegro” empezó a enfrentar a los mejores equipos y a los jugadores más talentosos del país. “Fue una revolución para la Ciudad ver a los mejores equipos y a los mejores jugadores, algunos de ellos de selección. Tevez en Boca. D’Alessandro y Cavenaghi en River. Estaba Romagnoli en San Lorenzo. El Independiente del Tolo Gallego estaba también”, recuerda Fernández, quien a su vez rememora un mito popular del que aún hoy se habla en Bahía.  “Ponían en malas condiciones el piso en Bahía para que los equipos grandes no pudieran jugar bien en el Carminatti. Había un verde de billar cuando ascendió y cuando llegó a Primera la cancha tenía pozos y un piso con mucho marrón. Quedó una leyenda. (Óscar) Ruggeri dice que (Kylian) Mbappé en el Carminatti no la toca”.

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Laspada

El que muchas veces parecía tirarla a cualquier parte, esta vez la puso ahí. El cuadro del campeón, óleo sobre tela, lo tiene al del dorsal número 2 enterrando la parte interna del botín derecho entre el balón y el pasto, para acariciar la pelota por arriba de la barrera y hacer que nada se olvide.

Mauro. Mauro Laspada. Referente interminable. Bahía Blanca. Gol. 4 a 0.

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¿De qué color es Bahía?

Algunos se chocan y corren para todos lados sin saber bien a donde ir. Otros buscan subirse a estructuras humanas de precario sostenimiento. Entienden que para festejar lo suyo tienen que ir arriba, lo más cerca del cielo posible.  Los pedazos de pasto empiezan a taparse por personas confundidas, quizás poco curtidas en la ciencia del festejo pero muy experimentadas en el arte de amar.

La tribuna de tablón hoy es de piel y de relatos de miles que van a contar que estuvieron allí. Hay otros miles que no y  quizás lo inventen por mucho tiempo. En cada pedazo de alambrado hoy hubo un poco de libertad. Y allí, colgada detrás del arco, hay una bandera que deja en claro que “Bahía ya no es blanca, es aurinegra”.

Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

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