Esta semana el cantante español Enrique Bunbury anunció su retiro de los escenarios. Aprovechamos para contar su relación con el boxeo y, más que nada, con el ex púgil Perico Fernández. Escribe Juan Stanisci.

“No volverá jamás a pisar un escenario
Lo verás si es que lo ves, siempre desde la platea
Como un sueño inalcanzable”

No fue bueno pero fue lo mejor – Enrique Bunbury

El retiro no suele ser una elección. Son pocos los privilegiados que deciden cómo, cuándo y dónde dejar su actividad. Poder saborear esos últimos segundos. Saber que esa será la última vez. Que luego no habrá más nada. O sí, que habrá un mundo de posibilidades, pero que esa justamente no será una. Los futbolistas no lo suelen elegir. Los boxeadores no lo suelen elegir. Los cantantes no lo suelen elegir. En esas profesiones se aprende todo: menos a dejar.

El lunes pasado Enrique Bunbury anunció que, al finalizar la gira que está realizando, no volverá a subirse a un escenario. La experiencia fue un peine que pudo utilizar aún teniendo pelo, parafraseando a Ringo Bonavena. Hizo el anuncio sin mandar todo a la mierda. Solo sentándose a reflexionar que tenía que dejarlo. Hace ya diecisiete años había hecho algo similar. Solo que en aquella ocasión abandonó el recital en la sexta canción, separó a su banda y no volvió a saberse de él por un tiempo.

Como los boxeadores, los cantantes suelen estirar su salud al máximo para seguir subiendo a su ring: los escenarios. No siempre por plata. Suele ser por las ganas de entrar a un gimnasio, de volver a sentir los olores, la adrenalina. Sentirse vivos, al fin. “En un mundo en el que muchos se mueven por el dinero o la ambición, está claro que los que estamos dentro del circo, del boxeo o del rock no lo hacemos para volvernos millonarios”, reflexionó Bunbury.

La comparación no es inocente. En el año 2001, luego de acomodar su carrera solista trasla separación de Héroes del Silencio, publicó el disco Flamingos. Venía de un experimento que mezclaba música electrónica con rock e influencias árabes; y de un disco más acústico, de ritmos clásicos de México a los Balcanes, pasando por el rock. Entonces decidió tirar una mano ganadora.

Flamingos comienza con el sonido de una campana. No de iglesia. De cuadrilátero. “Esto va a comenzar. Vaya miradas están cruzando los púgiles. Suena la campana y comienza el combate”, dice una voz en off, mientras suenan los primeros acordes de El Club de los Imposibles, la canción que abre el disco.

La tapa es una foto de Bunbury en el rincón de un cuadrilátero con las manos en las cuerdas. Puede estar tomando impulso para levantarse o agarrándose de las sogas para no caer. La cara dice que se acaba de comer una mano complicada. “Madura el knock out, mis amigos”, diría el gran Osvaldo Príncipi. Algo de eso había. Siguiendo con las metáforas pugilísticas, Bunbury contó sobre el período de composición y grabación: “Ha sido un año en el que he tenido que esquivar muchos golpes. Me gusta el juego de piernas”.

Pero el verdadero sentido de la tapa, del comienzo y del disco en sí, se presenta recién al final de la tercera canción. Cuando los últimos acordes de “Contar contigo” se van perdiendo en el silencio, empieza a brotar un relato deportivo. Uno real, no impostado como el del arranque del álbum. De los viejos, de radio. “Atención señoras y señores es un momento altamente emotivo para el boxeo español porque podemos tener un campeón del mundo en la… ¡Campeón Perico Fernández! ¡Campeón del mundo! ¡Campeón del mundo!”.

El disco es un homenaje a Perico Fernández. No por el hecho de contar su historia sino por recuperar su figura y traerlo a ese presente. Inmortalizarlo en un álbum. “Es un auténtico personaje, siempre me ha parecido muy interesante. Hay que tener en cuenta que ha sido un campeón del mundo de boxeo, algo importantísimo, y me apetecía recuperarlo”.

Pedro Fernández Castillejo, más conocido como Perico, fue un boxeador superligero nacido en Zaragoza, la tierra donde también nació Bunbury. En 1974, a los 22 años, se convirtió en el primer boxeador aragonés campeón del mundo. Fue en Italia contra el japonés Lion Furuyama, quién venía de perder otro título contra Antonio Cervantes, más conocido como Kid Pambelé.

Perico Fernández retuvo su corona al año siguiente contra el brasileño Joao Henrique, quién ya había peleado por el título mundial contra Nicolino Locche. Los boxeadores comparten con los músicos la fugacidad de la gloria. Todo puede irse al carajo de la noche a la mañana. Un mal disco, una mala pelea. Bunbury lo sabía. Luego de separar Héroes del Silencio le había costado varios años sacar a flote su carrera. Perico Fernández perdió el título en Tailandia contra el local Saensak Muangsurin. De ahí en más empezó el declive. Todas las veces que peleó por el título mundial o europeo perdió.

En 1980 durante un combate en La Plaza de los Toros de Bilbao, el referí José Llanos paró la pelea sin motivo aparente. No había cortes ni golpes bajos. Acusó a Perico Fernández y a su rival, el español Manuel Lira, quien había perdido todas las peleas que había disputado hasta entonces, de “no esforzarse”. Es decir de no querer ganar. Perico se enojó tanto que terminó golpeando al árbitro hasta mandarlo al hospital. Le dieron 3 años de sanción que finalmente se reduciría a seis meses.

A los 31 años, en 1983, logró ganar el título español pero solo sería un espejismo. De ahí hasta su retiro solo lograría vencer en cinco peleas más. De sus últimas once, perdió nueve, empató una y ganó la restante. Un solo triunfo en los tres años finales de su carrera. Encontró el retiro tras perder por puntos con el joven Gonzalo Mencho. Luego descubrió que era pobre.

Ya no tenía ingresos, tampoco ahorros. Se dedicó a la pintura. Artistas de Zaragoza hicieron varios eventos para recaudar fondos para ayudarlo. Bunbury participó en algunos. Entre los cuadros y las ayudas pudo sobrevivir hasta 2016 cuando murió. “¡Qué triste noticia! Se nos fue Perico Fernández. El más grande de nuestros boxeadores ¡Hasta siempre campeón!”, twiteó en aquel momento Bunbury.

Durante la grabación de Flamingos habían tenido la oportunidad de juntarse y sacarse algunas fotos juntos. Bunbury se veía más cerca de ese hombre olvidado y golpeado que de una súper estrella. Recurrió al boxeo no solo por su estética sino como lenguaje. “Los perdedores conscientes, los que deciden arriesgarse por una pasión, están muy presentes en el álbum. El boxeo es, probablemente, el ambiente en el que esto se ve más claramente”.

El boxeo suele ser utilizado como metáfora tanto para la música como para la literatura. La comparación resulta tentadora, mucho más que el fútbol o el tenis. La persona se encuentra sola y dispuesta a comerse tantos golpes como vengan. “Son ambientes en los que la gente se mete por vocación pura y dura”, reflexionó Bunbury.

“En la velada se enfrentaban el brasileño Joao Henrique aspirante al título mundial de los superligeros y el campeón mundial de la categoría Perico Fernández”, vuelve a aparecer un relato viejo en Hermosos y Malditos, sobre el final del disco. Título que recuerda a la novela de Francis Scott Fitzgerald. Y que a su vez resume un poco lo que son los artistas y los boxeadores. Hermosos cuando ganan. Malditos cuando pierden. “¿Cómo puedes creer que se hayan olvidao?”, se pregunta Bunbury en el estribillo de la canción. “Si una rumba no tumba a un ganador / a un peso pesado y campeón / nadie le da knock out”, termina. Esto último parece más una plegaria que una descripción de la realidad.

Todos tenemos nuestro knock out. Solo que algunos pueden elegir las condiciones. Bunbury eligió. Su salud no le permite seguir haciendo giras, es de algún modo un knock out. Solo que él decide cuándo decir basta y que ese golpe no se vuelva definitivo. Al fin y al cabo, puede retirarse y dedicarse a la pintura como Perico Pérez. A la pintura y a la poesía, según expresó en el comunicado dónde anuncia su retiro de los escenarios.

Bajarse del ring pero nunca quedarse quieto. Eso sí sería el knock out para Bunbury. Ya lo cantó en la canción “El boxeador”: “Golpea mejor quien golpea primero / levántate antes de que cuente hasta diez / cánsate o muévete / no te pares ahora”.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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