La sonrisa de Sir Bobby

Hace casi 20 años el Barcelona atravesaba un período similar al de hoy. La salida de Johan Cruyff del banco de suplentes tras un 4 a 0 con el Milan sumado a las internas políticas en el club culé, hacía que no fuera fácil suceder al holandés. Bobby Robson fue el elegido para el cargo. Acá su historia. Escribe Juan Stanisci.

 No saben que les depara el futuro. Están sentados en el medio de un entrenamiento cuando la foto los inmortaliza. Guardiola de brazos cruzados  y José Mourinho recostado. Los dos tienen el uniforme del Barcelona. Quién los une es Bobby Robson.

“Lo recuerdo todos los días. Cuento anécdotas sobre él. Nos reímos con las historias. Lo recordamos bien. Una persona solo muere, cuando muere la última persona que lo quiere.” Las palabras pertenecen a José Mourinho, el serio portugués. Las dice en el comienzo de Bobby Robson, more than a manager, el documental que cuenta la historia del técnico inglés. “Gracias a él entendí lo importante que son las relaciones, la comunicación y el ida y vuelta con los jugadores. Eso lo aprendí con Sir Bobby.” Guardiola era el símbolo del Barcelona en el equipo de Robson y Mourinho su ayudante de campo.

Sir Bobby comenzó su carrera como entrenador del Ipswich Town. El club hoy se encuentra en la League One, la tercera categoría del fútbol inglés. Cuando llegó al banco de los blues casi no tenía experiencia. Estuvo doce años. Ganó la FA Cup, la copa más antigua del fútbol, por primera vez en la historia del club y una Recopa Europea, hoy Europa League. Fue tras este ganar esta copa, en 1981, que el Ipswich fue elegido como el mejor club europeo. Al año, tras el Mundial de España, lo nombraron técnico de la selección inglesa.

En México 86 dijo que no hacía falta hacerle marca personal a Maradona porque solo tenía una pierna. Pero también predijo que había que tener cuidado porque podía cambiar el partido en cinco minutos, como cuenta Andrés Burgo en El partido, el libro sobre Argentina – Inglaterra. En cinco minutos Diego inventó la Mano de Dios y el Gol del Siglo. Robson, al igual que Shilton el arquero de la selección inglesa en el mundial 86, nunca perdonó a Maradona. A Diego no le importó demasiado. Quién si perdonó a Maradona fue Gary Lineker. El delantero inglés también dice que gracias a la confianza que le dio Robson durante ese mundial, su carrera cambió. “Sir Bobby hizo mi carrera”, dice Lineker.

Gazza y Sir Bobby

Para el Mundial de Italia 90 sabía que necesitaría algo más en su equipo. No alcanzaba con los goles de Gary Lineker, el goleador cuatro años antes. El distinto tenía nombre y apellido: Paul Gascoigne. Si jugás bien te llevó al mundial, le dijo Robson. Gascoigne hizo tres goles y dio una habilitación. En el vestuario Sir Bobby gritó enfrente de todos sus compañeros “Vamos a necesitar dos pelotas: una para Gazza y otra para el resto.”

La relación entre Gazza y Sir Bobby iba más allá del fútbol. Robson lo quería y lo cuidaba como a un hijo. “Hay que quererlo y adorarlo. Y tratarlo diferente, no ser muy estricto con él, o lo perdés.” Gascoigne fue uno de los mejores jugadores ingleses de las últimas décadas. “Vaya figura paternal. Era fenomenal conmigo. Con Sir Bobby sabía que estaba protegido.”

Después de ganarle a Camerún por los cuartos de final de Italia 90, Gascoigne corrió a abrazar a Bobby Robson. “Gracias por convocarme. Gracias por darme la oportunidad de convertirme en uno de los mejores jugadores del mundo.” Antes de la semifinal contra Alemania les dijo a los jugadores que el plantel que le ganó a los alemanes en 1966 era inmortal. “Así que salgan y sean inmortales.” Con el partido 1 a 1 Gascoigne fue amonestado. Se perdería la final si Inglaterra pasaba. Cuando terminó el tiempo reglamentario para ir al alargue Robson lo abrazó. “Ahora escuchame. Sabemos que no podrás jugar la final. Pero lo que si podés hacer es hacer que los demás sí. Llevalos a la final.” El tiempo suplementario terminó empatado. Fueron a penales y ganó Alemania. Robson dejó la dirección técnica de la selección orgulloso de sus dirigidos. Gascoigne nunca volvería a sentirse protegido y su carrera se hundiría en un mar de alcohol y escándalos.

Un hombre del mundo

Luego de dirigir por ocho años a la selección inglesa decidió seguir su carrera fuera de su país. Fue al PSV Eindhoven de Holanda. En dos años ganó dos Eredivisie, la liga holandesa. Cuando dirigía al PSV solía frenar las prácticas para que los jugadores miraran a su alrededor. El predio estaba rodeado de árboles. “Son las 10 de la mañana. Ustedes podrían estar en una fábrica de siete a cinco. Y no experimentarían esto”, les decía antes de seguir entrenando.

En Portugal conoció a José Mourinho. Comenzó como su ayudante de campo en el Sporting Lisboa. Lo acompañó hasta el Barcelona. Cuando llegó le dijeron que lo mejor era que su ayudante fuera alguien que conociera al club. Robson insistió en que quería que su ayudante fuera el mismo de sus años en Portugal. “Si el problema es el dinero, parte de la que me tienen que dar a mí, dénsela a él.”

Cuando trabajaba en Portugal volvió a Durham, su pueblo. Su mujer, Elsie le había sacado un turno con el médico. El cirujano que lo atendió le dijo “tiene un melanoma maligno en su nariz. Tendríamos que haberlo operado ayer.” Le cortaron desde la parte inferior del ojo, por el contorno de la nariz y a través del labio. Entonces levantaron su piel casi a la altura de la oreja. Le sacaron los dientes. Y penetraron su paladar. Le dijeron que sobreviviría, con suerte, dos o tres años. Era el año 1995. Y que lo mejor era retirarse de la dirección técnica. Nueve meses después dejaba el Porto, pero no para abandonar las charlas técnicas y los vestuarios, sino para dirigir al Barcelona. Sería el reemplazante de Johan Cruyff.

Más que un técnico, más que un club

Para jugar bien al fútbol es necesario tener buenos jugadores, fue lo primero que le dijo al presidente del Barcelona, Núñez. “Necesitamos un goleador” le contestó el dirigente. “Hay uno bueno en el PSV, pero es un riesgo”. El riesgo se llamaba Ronaldo Nazario, tenía 19 años. La cifra que pagó el Barcelona por el delantero brasileño hoy parece ridícula: 15 millones de euros.

El primer partido de Bobby Robson y Ronaldo en el Barcelona fue la final de la Supercopa de España contra el Atlético de Madrid. “Disfrutá. Divertite y trae la copa” fueron sus palabras para el delantero. Barcelona ganó 5 a 2, Ronaldo hizo dos goles y fue la figura del partido. Ronaldo cuenta en el documental que sin Robson no hubiera podido aguantar la presión de jugar en el Barcelona. Que con él aprendió muchas cosas, humanas y técnicas, que fueron esenciales en su vida. Y que lamenta haber compartido solo un año con él.

12 de marzo de 1997.  “Una de las mejores noches de nuestra vida” rememora Guardiola haciendo del yo un nosotros catalán. “Locura. Una noche loca” coincide Mourninho, en uno de los pocos puntos en común que pueda encontrarse entre ellos. Por la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, Barcelona y Atlético de Madrid jugaban en el Camp Nou. El empate sin goles clasificaba a los locales. Cuando terminó el primer tiempo los colchoneros ganaban 3 a 0. En todas las tribunas se veían pañuelos blancos como protesta. Un cartel decía “Nuñez y Robson fora”. Louis Van Gaal, el técnico que sonaba para reemplazar a Robson, veía todo desde la platea. “Al verlo aprendí qué sólo se siente el director técnico en los malos momentos. Y él siempre con su típica sonrisa. En mi caso, en esa situación, me hubiera sido imposible reaccionar como él”, recuerda Guardiola. Al llegar al vestuario intentó convencer a sus jugadores de que podían dar vuelta el resultado.  “No hablé del primer tiempo. Estaba en el pasado. Estábamos juntos en eso.”

La segunda parte fue otra historia. A los pocos minutos se pusieron 3 a 2. Pero una mala salida del arquero del Barcelona le regaló el cuarto gol al Atlético. Tenían que hacer tres goles más. Figo descontó. Ronaldo hizo su tercer gol en el partido. Faltaba uno para quedar en la historia. “Hablas con ellos todo el día. Los entrenas todo el día. Los motivas todo el día. Para que en los momentos como este en que estás en problemas, ellos hagan algo por vos.” A falta de ocho minutos Juan Antonio Pizzi hizo el quinto gol que le dio la clasificación al Barcelona. “Toda la historia del Barca, estuvo ahí en ese momento”, se emociona Ronaldo en el documental. Mourinho todavía tiene el VHS con ese partido. “Llevo 45 años en el fútbol y no recuerdo otros 45 minutos como estos”, responde Robson en la conferencia de prensa. Para Guardiola fue fundamental pensando en su futuro, “aprendí mucho porque en ese momento empecé a pensar que quería ser director técnico y fue increíble como manejó esa situación.”

Esa temporada el Barcelona ganó la Supercopa de España, la Recopa de Europa y la Copa del Rey en el Bernabeu. Por primera vez en la historia el himno del Barcelona sonó en la casa del Real Madrid. A pesar de que los dirigentes le habían dicho que si el primer año era bueno, seguiría uno mñas, dos días antes de la final de la Copa del Rey contra el Betis le comunicaron que no continuaría en el cargo. El técnico para la siguiente temporada sería Louis Van Gaal. “¿Conoce algún otro caso en el mundo de un director que tenga que irse después de ganar tres de cuatro torneos?” le preguntaron en la conferencia de prensa previa. “No, probablemente sea la primera vez en la historia. Así que hice historia”, respondió Sir Bobby apelando a su sentido del humor.

Vivir del fútbol

Dos años más tarde, tras un breve paso por el PSV, cumplió su sueño de dirigir al club de su ciudad, el Newcastle United. Le comentaron que había dicho que el Barcelona sería su último club. “Sí, pero vengo diciendo eso en los últimos 20 años así que nada ha cambiado. No puedo dejar esta droga.” Cuatro años después de su operación Sir Bobby seguía trabajando, estar cerca de una cancha y un vestuario le daba fuerzas. “Él era adicto. El stress ha sido vinculado al cáncer. Pero para él era esencial. No funcionaba sin su dosis de fútbol.” Quien lo dice es su médico, Huw Davies.

No era solo seguir cerca de la pelota. Era la oportunidad de dirigir a su club. Cuando era niño, su padre lo llevaba todos los sábados a ver al Newcastle. Iban a la cancha y eran los primeros esperando a que se abran las puertas, tres horas antes de que arranque el partido. En la presentación en el Newcastle le preguntaron si sus 66 años no podían ser un problema. “¿Querés que corramos 100 metros?” le respondió al periodista.

Estuvo cinco años en el Newcastle. “14 entrenadores pasaron por el Newcastle mientras estuve en el Manchester United. Fue el único que le dio estabilidad”, recuerda Sir Alex Ferguson. En el 2004 fue el equipo inglés con mejor rendimiento en copas europeas llegando hasta la semifinal de la Copa UEFA. Pero el vestuario empezó a escaparse de sus manos. “Fue un período difícil. Había jugadores jóvenes con problemas. Los jugadores ganaban mucho dinero. Y no lo respetaban a él ni al club y a él le costaba mucho entenderlo”, recuerda Shearer.

Lo echaron. Los dirigentes decían que la culpa era de los jugadores que no lo respetaban. Alan Shearer no está de acuerdo, “Fue una decisión apresurada.” Elsie, su compañera de toda la vida, cuenta que le costó mucho sobreponerse.

El Newcastle fue su último club. Ya retirado de la dirección técnica no se olvidó de su jugador más mimado. Paul Gascoigne tuvo graves problemas con el alcohol durante su carrera que se fueron agravando cuando colgó los botines. Bobby Robson lo llamaba dos veces por semana para preguntarle cómo estaba y sí podía ayudarlo en algo. “Un tipo que podía hacer cualquier cosa con su tiempo se preocupaba por mí. Era increíble”, recuerda Gazza. Se le acercaba gente de Newcastle y Gascoigne le preguntaba si los mandaba Sir Bobby. La respuesta siempre era afirmativa. “Decile que estoy bien hoy. Mañana no sé”, respondía Gascoigne.

En sus últimos años creó una fundación para la investigación del cáncer. Sir Bobby Robson Foundation. Se organizaron partidos para recaudar fondos. Este nuevo proyecto le dio un poco más de vida. Pero le descubrieron un tumor maligno en el cerebro. Al poco tiempo había hecho metástasis avanzando por los pulmones.

Cinco días antes de su muerte, el 24 de julio de 2009, se disputó el Sir Bobby Robson Trophy. Un amistoso entre jugadores de los planteles de Inglaterra y Alemania de Italia 90. Bobby Robson estaba en silla de ruedas. Fue su última aparición en público. “¿Dónde está Gazza?”, preguntaba Sir Bobby mientras lo llevaban a saludar a los jugadores y el estadio lo ovacionaba. “Sir Bobby, soy yo, Gazza”, respondió Gascoigne. Robson le dijo solo dos palabras: “Jugá bien.”

Juan Stanisci

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