Hoy se cumplen 32 años del debut de la Selección Argentina en el Mundial de Italia 90. La siguiente nota publicada en nuestro libro “Crónicas Maradonianas” repasa todo lo que hizo Maradona entre el título en México 86 y el partido contra Camerún. Scudettos, Copas Américas, bailes y jueguitos. Escribe Santiago Núñez.

Las vidas se reducen a momentos. Es casi imposible pensarlas de otra manera. Si uno quisiera hacer un racconto entre el nacimiento y la vejez de una persona, se vería obligado a resaltar las situaciones más relevantes y buscaría trazar un hilo conductor invisible que vaya atando los puntos que dan forma a la línea final.

Si uno piensa en Maradona piensa, entre otras cosas, en una vida. Exitosa. Endiosada. Tan atrapante como contradictoria. Tan inmutable como imperfecta. Y entonces, como no podría ser de otra manera, el recorrido de su andar se resume en instantes, fotos, películas, situaciones puntuales. Las andadas de Fiorito, los galopes en Paternal, el Metropolitano 1981 y la Bombonera, algún recuerdo pintoresco del Barcelona, las comparaciones con San Genaro en la arena napolitana.

Posiblemente los dos puntos más relevantes sean, al menos con una celeste y blanca en el pecho, el Mundial 86, gloria eterna, y la travesía de Italia 90, epopeya de intensa labor y divina injusticia.  Ahora, ¿qué pasó con Diego en el medio? ¿Cómo pasó de una Copa del Mundo que lo subió al Olimpo a volver al ring de la historia con un tobillo del tamaño de una pelota de tenis? Muchas cosas pasaron. Muchas.

Este texto forma parte de Crónicas Maradonianas, conseguilo acá.

1986-87. La historia quiso una fecha

El grupo de bengalas de fondo colocado casi milimétricamente detrás de su cabeza no hace más que resaltar su pícara sonrisa. El pecho celeste lo tiene apuntando al cielo, casi como ninguneando el “Buitoni” que tiene la tela. El estadio San Paolo recibe, como en el muelle de San Blas, a su Odiseo que fue a levantar bandera en el Estadio Azteca. El rival del amistoso es Botafogo. A nadie le importa. Sólo importa Diego.

El encuentro de preparación antes de empezar la liga fue el 20 de agosto de 1986, y fue la primera vez que Diego jugó para el Napoli luego del Mundial de México. Antes pasó como “Héroe” por la Casa Rosada, jugó un partido con la camiseta de Belgrano, tuvo vacaciones. Volvió al sur de Italia y otra vez, como si todo fuera sencillo, tuvo una temporada de ensueño, en el que terminaría dando la vuelta dos veces. El 24 de enero jugó un amistoso en Japón organizado por UNICEF, en el que estuvo en el equipo “Sudamérica” contra un combinado nipón.

Levantó la Copa Italia el 13 de junio, luego de ganarle la ida y la vuelta al Atalanta en la final. En aquel torneo, Diego jugó 10 de los 13 partidos (solamente faltó contra el Taranto y el Vicenza, en la fase de grupos, y en la vuelta de los octavos de final con Brescia) y realizó 7 goles. El paso del Napoli por la competición fue récord: ganó todos los partidos del certamen. No tuvo la misma suerte en la Copa UEFA, en la que quedó eliminado en primera ronda con el Toulouse por penales.

Pero el plato fuerte de la temporada fue, sin lugar a dudas, el “Scudetto”, ganado el 10 de mayo de 1987. Maradona hizo 10 goles en 29 partidos (fueron 30 fechas pero el astro no estuvo contra el Avellino en la fecha 18). Fue el goleador de la escuadra napolitana. Solamente no completó los 90 minutos en 3 ocasiones (Roma, Brescia y Udinese). Maradona fue la gran figura de un equipo que tuvo un desempeño deportivo impecable. Perdió solamente 3 encuentros (con 15 victorias y 12 empates).

Más allá de los números, Diego conseguía algo increíble: no solamente el primer título de liga para el conjunto napolitano, sino también una reivindicación sociocultural y quizás hasta política. El sur plebeyo vencía a los equipos del norte (Juventus, Milan, Inter, Roma), rodeados de lujos mayores. Por eso en las paredes del cementerio de la Ciudad aparecieron pintadas con la leyenda “no saben lo que se perdieron”. Por eso al día de hoy hay una bandera que cuelga de la Curva B del estadio Diego Armando Maradona (ex San Paolo), que dice: “La Storia ha voluto una data, 10 maggio 1987” (la historia quiso una fecha, 10 de mayo de 1987).

Atajó Higuita

“La gran decepción: Argentina. El campeón del mundo no estuvo ni cerca de su nivel”, dice la edición de El Gráfico titulada “1987. Lo que dejó la Copa América”, arriba de la foto del equipo albiceleste antes de salir a la cancha, con Maradona arriba en la punta derecha. En efecto, la ilusión generada por un equipo campeón del mundo en México que no pudo hacer pesar su jerarquía en el torneo continental jugado en su país era muy grande. Pero no se pudo.

Argentina y Maradona arrancaron la Copa América 87 empatando 1 a 1 con Perú (gol del Diego). En el segundo partido, el conjunto albiceleste le ganó contundentemente a Ecuador por 3 a 0 con dos tantos del astro. Pasó primera en su grupo y jugó contra Uruguay (clasificado automáticamente a las semifinales por haber sido campeón de la edición 1983).

No pudo vencer al conjunto charrúa y terminó jugando por el tercer puesto contra Colombia. En ese partido Maradona tuvo una chance, muy clara, solo, a la altura del punto del penal, mano a mano con el arquero colombiano. Pero atajó Higuita y Colombia terminó venciendo 2 a 1.

1987-1988: Haciendo jueguitos entre las estrellas

Uno. Dos. Tres. Cuatro. La baja. Tira el centro. Desde la tribuna lo mira Pele. Unos minutos antes dio un pase gol magnífico, entre líneas, para un gol de Lothar Matthaus. La camiseta blanca con espacios verdes, de tinte impersonal y relajado, se transpira como siempre. Maradona no disminuye ni eclipsa a Platini, el homenajeado de la noche del 23 de enero de 1988, en su propia despedida. Lo hace cada vez más grande.

Era la recta final de una temporada con algunas complicaciones. Uno de los primeros amistosos del calendario, emblemático por el rival, presagiaba un pasar disímil al del año anterior. El 19 de agosto de 1987 el Napoli perdía 1 a 0 contra Rosario Central, campeón del fútbol argentino, con un gol de Jorge Balbis, y con el detalle de un penal que el arquero Lanari le contuvo a Diego. Unos días antes, el 7 de agosto, Maradona fue una de las estrellas que participaron del festejo por el centenario de la Liga Inglesa, que se conmemoró con un encuentro entre los jugadores del torneo local (con Brian Robson como capitán) contra el “Resto del Mundo”. Maradona cobró 100.000 libras esterlinas y la foto de su saludo con Pelé en la tribuna quedó para la historia.

En Septiembre (16/9 y 30/9) fue el debut de Diego en Champions League (en aquel momento “Copa de Campeones de Europa”). Pero su despedida fue veloz: quedó afuera en la primera ronda contra el Real Madrid, tras perder 2 a 0 de visitante (Tendillo y Míchel) y empatar 1 a 1 en Nápoles (Francini y Butragueño). No le fue tan mal pero tampoco tanto mejor en la Copa Italia, certamen en el que quedó afuera en cuartos de final contra el Torino. Diego hizo 6 goles en 8 partidos jugados (faltó solamente en la vuelta de octavos de final, contra Fiorentina), incluyendo los 2 tantos que no sirvieron para ganarle a la escuadra de Turín (perdió 3 a 2). Con la selección, Diego participó en tres amistosos. Una victoria 1 a 0 ante Alemania (diciembre 1987) y el “Torneo de las Cuatro Naciones” (en Berlín) entre fines de marzo y principios de abril 1988, con derrotas frente a los germanos y la URSS (1 a 0 y 4 a 2).

Ahora el punto cúlmine de la temporada fue, como casi siempre, la Liga. Diego y Napoli hicieron un gran torneo. Con 18 partidos ganados, 6 empatados e igual cantidad de derrotas, el conjunto del Sur fue subcampeón del Milan de Arrigo Sacchi,  portador de figuras como Baresi, Maldini, Ancelotti, Donadoni, Gullit y Van Basten. Diego hizo 15 goles en 27 partidos (no jugó contra el Pisa y en las últimas dos fechas ante la Fiorentina y la Sampdoria, arrastrando una lesión).

Aquel certamen de la Serie A estuvo plagado de suspicacias. Ocurrió que Napoli iba puntero hasta tres fechas antes del final del torneo, pero una derrota contra el propio Milan subió al Rossonero a una punta de la que jamás se bajaría. Pietro Pugliese, quien fuera chofer y del círculo íntimo de Diego, acusó al astro en 1994 de haber cometido fraude y de haber entregado aquel torneo para beneficiar en una serie de apuestas cruzadas a la Camorra (nombre con el que es habitualmente conocido un sector de la mafia italiana).

Ciro Ferrara, capitán en el momento de la declaración y ex compañero de Diego, calificó como “una estupidez” la acusación. Uno de los argumentos más firmes para descreer es que el propio Diego hizo uno de los 2 goles del Napoli en ese encuentro contra el Milan. Otra de las teorías conspirativas que circuló fue que otros jugadores del plantel, en secreto, vendieron el partido, aunque Diego no lo supiera. Más allá de algún entredicho con el entrenador, Ottavio Bianchi, la cosa no pasó a mayores. Las teorías conspirativas quedaron en el marco de la hipótesis.

Más allá de no haberse llevado ningún título, aquel 23 de mayo Diego hizo jueguitos entre las estrellas, para brillar ante el mundo en la despedida de Platini. La lesión sólo lo dejó estar 45 minutos en cancha y llevarse muchos de los flashes. Por primera y única vez en el lustro pudo irse de vacaciones sin tener competencias en el verano.

1988-1989: Vivir es vida

La pelota se sostiene en su cabeza mientras mira hacia arriba. Aplaude. Mueve el brazo derecho. Con la campera celeste que dice “Mars” estira sus pies para elongar en forma de arco. Y se mueve. Siempre se mueve. De abajo hacia arriba. Sólo con la cintura. Se mueve. Recibe la pelota, hace jueguitos. Estira los brazos y va bien arriba, de derecha a izquierda. Camina. Agarra el cuero blanco de ribetes negros, que, como él, se mueve. La secuencia sigue. Maradona no lo sabe pero las imágenes de su precalentamiento sonarán al compás de una música inolvidable.

Eran los partidos decisivos de un año no calendario. Primero que nada, igualmente, Diego y su familia se tomaron unas vacaciones en Cuba, conocidas de forma ilustrativa por su foto “a lo Flanders” con zunga y sonrisa en la playa. Maradona también se dio el lujo, en el invierno argentino, de ir a jugar “un picadito” a la quinta Los Abrojos, de Mauricio Macri, en donde el “Newman boy” le quiso competir con gente que ya era cercana, como Gustavo Arribas o Alfonso Prat Gay. Diego fue con sus hermanos (Lalo y Hugo) y jugó con figuras reconocidas, del deporte y no tanto, como Giusti, Signorini y hasta Ricardo Darín. Las crónicas de pasillo cuentan que fue un baile bárbaro. Macri, como dijo hace poco el periodista Francisco Olivera, en un informe sobre el encuentro informal del programa Odisea Argentina, estaba “desesperado”. Pero no pudo vencer.

Diego y Napoli, finalmente, volvieron al ruedo.  El 12 de agosto le ganaron un amistoso 2 a 0 al Xerox Súper Soccer en Japón, en lo que fue la cuarta visita futbolística de Maradona en tierras niponas en esa década. Diego fue, una vez más, “Oliver Atom”, como expresó Yoichi Takahashi en la Revista Líbero.

El Napoli de Maradona fue subcampeón de la Liga, a 11 puntos del Inter. Ganó 18 partidos, empató 11 y perdió 5. Diego jugó 26 de los 34 encuentros. Faltó contra el Lecce, la Sampdoria, la Juventus, el Milan, el Bolonia, el Ascoli y el Como. Convirtió 9 goles. También obtuvo el segundo lugar en la Copa Italia, en la que perdió la final con la Sampdoria. Diego hizo 7 goles en 12 partidos y solamente faltó en 2 encuentros: Ascoli, por la vuelta de los cuartos de final, y Pisa, en el segundo partido de la semifinal. Maradona, en esa temporada, jugó solamente uno de los cinco amistosos que disputó la selección. Fue el 10 de diciembre, contra España (participó 75 minutos).

Aquella temporada fue la última de Ottavio Bianchi al frente del Napoli. Alguna vez el entrenador le reprochó a Diego en tono de chiste que hacer jueguitos con un limón era para el circo. Maradona, de genuina arrogancia competidora, le dijo que lo haga él. No solamente accedió al desafío sino que se lo ganó. “No eres el mejor”, lo chicaneó y nunca, por más insistente que se haya puesto Diego, le dio la revancha.

Diego, por aquel entonces, tenía un programa de televisión. Un día de diciembre de 1988 le tocó una de las jornadas más emotivas: presentar, en la pantalla, al gran Alfredo Di Stéfano. Esa noche, la revista El Gráfico los juntó en una mesa: la conversación tuvo pasajes sublimes, como su arranque.

El Gráfico: Confiesa una cosa, Diego. Cuando esta noche presentaste a Alfredo ante las cámaras de televisión, estabas emocionado, emocionado de verdad. Lo disimulaste muy bien, pero la conmoción estaba…

Maradona: Es cierto, estaba conmovido. En la Argentina, antes de ir a jugar a España, yo había oído hablar mucho de Alfredo, pero no tenía la dimensión exacta de lo que fue en el fútbol mundial. Lo descubrí en España. Ahí me di cuenta qué embajador del fútbol argentino había sido. Para mí, el más grande de toda la historia…

Di Stéfano: —Largue, pibe, usted dice esto porque es un gomía, como decía el gordo Troilo…

Más allá del maravilloso pasaje, lo sublime de Diego y de su Napoli iba a estar, en este período, en el plano continental, en la Copa UEFA. Maradona disputó los 12 partidos (3 goles) del que hasta el día de hoy es el único torneo internacional oficial ganado por el equipo del sur, que eliminó a equipos como la Juventus, el Stuttgart (en la final) o el Bayern Múnich.

Precisamente ahí contra el equipo alemán está a punto de jugar Diego. Es 19 de abril de 1989. Se mueve. Baila. De fondo alguien se imagina un tema de la banda Opus. De fondo suena un tema de la banda Opus. La danza de culto del precalentamiento maradoniano se estruja en la mente de cualquiera que lo piensa. “Na-na-na-na-na”. 

Live is life. Vivir es vida.

Brasil

Con la camiseta azul que hizo historia, gambetea a uno. A dos. Lo golpean. Se levanta. La recibe en el círculo central y mete un bombazo de 40 metros que pega, limpio, en el travesaño, ante un arquero que solamente mira. Hace dos, tres jueguitos y la pasa en el aire. Tira un taco. La para antes de la línea de cal. Distribuye. Ya con la celeste y blanca, mete otro taco con la melena mirando al viento. Se enoja porque el árbitro le dice que se suba las medias. La pisa y se saca de encima a dos jugadores en un córner. Siempre la pelota va atada. Siempre al lado del pie. Siempre Maradona.

El informe, a través de un video de la red social You Tube (en el canal de MatigolVidz), muestra la magia indescriptible de Diego en la Copa América 1989, en Brasil. El talento, lamentablemente, no le sirvió para traer un trofeo. Si bien salió primera de su grupo en la fase preliminar, en el cuadrangular final perdió dos partidos (Uruguay y Brasil) y empató uno (Paraguay). Terminó en tercer lugar. Diego jugó todos los partidos menos el último pero no realizó ningún gol.

El campeón, como casi siempre que la Copa América se juega en su casa, fue Brasil. Esa regla solamente se rompió hace poco, en julio del 2021. Maradona, lamentablemente, no lo pudo ver.

¿No lo pudo ver?

1989-1990: Los mira a los ojos

Cuando quedaron cerca, o se acercaron, en los festejos por la Copa UEFA, Maradona le preguntó a Corrado Ferlaino si iba a cumplir con lo prometido. El presidente del Napoli le respondió con contundencia: “Yo no te vendo, solo lo dije para motivarte”. Diego, que ya pensaba más en irse que en otra cosa, pensó en golpearlo. Lógicamente no lo hizo.

Esa disconformidad fue el comienzo de un fuego cruzado entre Diego y la dirigencia. Maradona se tomó más vacaciones de las debidas luego de la Copa América, algunas fotos que mostraban la relación entre Diego y la “Camorra” fueron filtradas, el presidente se enojó con Guillermo Coppola en una conversación telefónica y florecieron los rumores vinculados al consumo de sustancias por parte de Diego. Nada fue igual.

Muy cerca estuvo el “Diez”, en ese verano del 89, de irse a jugar a Francia. El periódico L’Équipe llegó a poner en tapa: “Maradona a Marsella”. El agente de Diego (Michel-Georges Basilevich) ofreció al crack y la escuadra gala estaba más que dispuesta a adquirir sus servicios. El contrato que preparaban era por el doble de lo que ya cobraba. Diego preguntó si le iban a ir a buscar sus “Ferraris” y lógicamente los franceses se disponían a todo. Pero el Napoli y Ferlaino no lo aprobaron. Diego siguió en Italia.

Y menos mal que así fue, porque la temporada, a pesar de los cortocircuitos, fue más que positiva. Metió semifinales de Copa Italia (Diego jugó 3 de 6 partidos, con 2 goles), instancia en la que perdió contra el Milan, y octavos de Copa UEFA, en donde cayó a manos del Werder Bremen. En el certamen continental, Maradona disputó 5 encuentros de 6, sin convertir goles. En abril de 1990, Diego formó parte del “Resto del Mundo” en la despedida de Zico.

Como 3 años antes, Napoli volvió a ganar la liga con Diego como protagonista. Sacó 51 puntos en 34 fechas. Maradona se hizo presente en 28 de esos encuentros y convirtió 16 goles, 3 por detrás del “Pichichi” Marco Van Basten. Como dijo algún diario de la época, “el azul del cielo colorea Nápoles”

Luego de otra hazaña, a Diego le tocó vestir su manto sagrado, celeste y blanco, en la tertulia que mejor le sentó: la intensa y maravillosa arena mundialista. El equipo de Bilardo llegaba a Italia 90 con más dudas que certezas: Había ganado 1 solo partido de los últimos 6, incluyendo derrotas ante México y Escocia. Pero igual, como siempre, iba a hacerle frente a todo.

Ahí está la selección, formada. Están por sonar los himnos. El San Siro ve debutar al campeón del mundo. Durante unos segundos, Maradona se pone de espaldas a la platea, de frente a sus 10 compañeros que van a salir a la cancha contra Camerún.

Y los mira a los ojos.

Santiago Núñez
Twitter: @SantiNunez

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