La primera vez en una batalla de freestyle. Rap y compañerismo. Big Frey, la única mujer de la competencia. Escribe Loli Insúa.

Dos personas se abrazan en el escenario. Se abrazan después de tirarse con de todo: que si sos del barrio, que si te gusta la fama, que si te conoce alguien o sos un don nadie, si te equivocaste mientras estabas tirando líneas, si tenés sponsors o venis bien de abajo, que si haces rap o lo tuyo es stand up. Es que se puede hacer reir mientras se rapea y también podes hablar de Van Gogh, de Urquiza y Mitre, de la devaluación, del patriarcado, del complejo de Edipo, de quién maneja el patrullero o tiene fama por colgarse de los huevos de otro. 

Empieza la batalla y presentan a los competidores, cuál entrada de partido de la NBA se presentan uno a uno: que Larrix, que Mecha, que el Naista, la Big Frey, Barto, Efrum, Owen, Shok, Soft, Mono Strong, Law, Lewan, Exe, Keidi, Dac y Nasir Catriel. Los 16 competidores se acomodan unos del lado izquierdo y otros del lado derecho del escenario. El jurado se compone de 3 big rappers de la movida que se sientan en el centro, al lado del DJ que tira las pistas. La escena se completa con la presentadora tipo boxeo que tira uno, dos, tres antes de empezar cada pelea, agrega exclamaciones de uau cuando la rima pega fuerte y levanta la mano del ganador en el último round. 

Larrix

Cuando les toca agarrar el micrófono se transforman. De pronto deja de ser el tímido Lucas Larrazabal que vi debajo del escenario para pasar a ser Larrix, un chabon con voz ronca, que cuando tira rimas se le salen los ojos de la órbita, que se agacha y mira fijo a los espectadores que lo acompañan con las manos levantadas. “Este es el paso de Platón en su propia filosofía, este es el paso de Meryl Streep porque canto mama mía y el de Antonio Machado porque voy manchado de poesía” dice en una de sus pasadas mientras hace la mímica de las poses con el cuerpo y yo flasheo con cómo se le puede haber ocurrido esa sucesión de personajes y palabras.

Porque cuando pensamos en freestyle lo primero que se nos viene a la mente, sobre todo a aquellas personas que no conocemos mucho de la movida, son las rimas, las palabras. Pero en esta disciplina se pone en juego el cuerpo todo, desde las cuerdas vocales que se gastan para poder gritar por encima del ruido, los pulmones a los que se exprime para llegar hasta el final de la frase. A más de uno los vi con la cara roja y las venas del cuello a punto de explotar, pecheando al contrincante para ponerlo nervioso, para moverlo del lugar y jugar con la incomodidad. 

Big Frey

“Salgo de incógnito porque sino me tira con que soy piba” dice contundente Big Frey, la única mujer de la competencia, al comienzo de su primera batalla. Y sigue “saltó la chafi de golosa, sí tenés razón, soy preciosa”. Su contrincante no puede con su masculinidad y le responde: “Que sos preciosa ya no me parece extraño, si querés batallamos, después yo te acompaño al baño”. Esta escena, es la fiel imagen de la masculinidad hegemónica saliendo disparada por el inconsciente profundo, o no tanto, de un pibe que no sabe cómo hacer para batallar contra una piba. Hay cosas que no puedo decir porque me cancelan (y lo bien que hacen). No puedo usar eufemismos que refieran a la potencia de un hombre contra otro, eufemismos generalmente representados con imágenes sobre penetrar que en realidad refiere al sometimiento. Porque parece que penetrar es sinónimo de someter o que solo entiendo el acto como sometimiento de uno sobre otro. Porque qué pasa si me gana una mina. Competir contra una mujer es difícil. No solo por lo que dije más arriba, sino también porque vienen preparadas: “Yo tengo que demostrar el doble” me dijo Ori, aka Big Frey, en la previa y la vi sacando músculos de tanto remar y remar. El tercer motivo: hay pocas, muy pocas, poquísimas. Se dice que el freestyle se practica en las calles, en los barrios, en las plazas, que cuanto más practicas, mejor te sale. Que la forma de aprender es compitiendo, perdiendo, volviendo a competir. Pero se compite poco contra mujeres. Y cuando pasa les tiemblan las piernas. 

Nasir Catriel se sube al escenario. Tiene un jogging con las tres rayas blancas de Adidas y una chomba blanca de la misma marca. Sobre su hombro izquierdo cuelga una remera. En cuartos de final está batallando contra Naista y la remera se desliza por su hombro y cae, antes de terminar su tiempo la levanta y dice “Perdón, que nunca toque el piso el Diego”. Recién ahí nos enteramos que lleva una camiseta de la Iglesia Maradoniana de cábala en su hombro. Cuando le pregunté por qué eligió llevar esa remera me dijo: “Mi amigo Mariano me ofreció segundearme la casaca y todo amuleto que tenga que ver con el Diego viene cargado de mística”. El fútbol y la pelota se entremezclan en cada expresión de la cultura popular: “El rap de cada célula mía brota. Como la pulguita soy estrella federal, desde el federal y el ascenso hasta donde haya una pelota. En el mundo entero, si ellos la tocan, voy a hacer malabares y jueguitos y eso se nota”, rapea Nasir. Porque no hay grafiti, outfit o rima que sea ajeno a nuestro deporte nacional, ese que mueve pasiones y que se juega en los barrios como los cyphers que se arman para tirar una línea de freestyle.  

Mecha

“Yo nunca me quise hacer famoso, no me interesa ser conocido. Dediqué el tiempo para ranchar con pegados haciendo que se peguen mis amigos”, y por si quedan dudas sigue “A mi nunca me importó la fama, nunca me quise pegar, estoy contento con ver a Naista, a Larrix y Keidi pisando en el mismo lugar. Que todos aspiren a una liga y sean escena nacional”. Este es Mecha. El ganador de la regional de Córdoba, uno de los freestylers más importantes de la escena nacional como suelen decir. No pude evitar pensar qué estaba haciendo ahí, en la regional compitiendo contra algunos que es la primera vez que se suben a un escenario. Parece que es la jodita de la disciplina, que no importa cuán conocido seas, tenes que hacer todo el mismo recorrido que cualquier otro para ser el campeón nacional. Tiene bastante sentido. Pero sobre todo habla de cómo se construyen las batallas, que en realidad son solo una parte de la cultura del freestyle: compañerismo, feat y abrazos.

Loli Insúa
Twitter: @Lolinsua

Fotos: Julio Pereyra
Instagram: @julito.ph.95

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