A dos semanas de la represión en El Bosque, Boca y Gimnasia vuelven a jugar. Una buena ocasión para reflexionar sobre la violencia policial en los estadios y como nada ha cambiado con el paso de los años. Escribe Juan Stanisci.

Estudiantes canta por Gimnasia. En las tribunas del Estadio Uno cuelgan banderas en las que se leen frases como: “Fue represión” o “Justicia por Lolo”. El minuto de silencio, por lo general tapado por canciones y bombos, aturde. No es solo en la cancha de Estudiantes. Todas las tribunas están de acuerdo. Quizás hiciera falta que esa comunión se diera en un mismo espacio físico. Hinchas de diferentes equipos, todos y todas con sus camisetas, cantando a la vez: “El que no salta es un botón”.

La primera gran tragedia en un estadio de fútbol a manos de la policía ocurrió en 1968. 71 muertos. Más de cien heridos. Miles de personas buscando familiares. Otras miles deambulando por comisarías y hospitales esperando no encontrar la cara buscada. De la Puerta 12 solo hay certezas numéricas. Las teorías, en cambio, son muchas. Se dice que no corrieron los molinetes, que la puerta estaba cerrada, que la gente salió toda junta y al mismo tiempo, que la policía empezó a reprimir en la tribuna cuando cantaban la marcha peronista. Los medios de la época repetían la visión oficial.  No hay imágenes. No hay videos. Solo los recuerdos de los sobrevivientes que en muchos casos son contradictorios.

De lo sucedido en la cancha de Gimnasia el jueves seis de octubre, en cambio, sobran pruebas: la policía reprimió sin sentido. Donde no hay certezas es en el por qué. Y no tiene que haberlas, la represión no suele tener lógica. No funciona en base a la acción y la reacción, ese es el relato que suelen construir luego los medios de comunicación. En este caso, las imágenes fueron tan contundentes que no hubo margen para desviar el foco. Fue represión.

Matías Pellicioni, estaba trabajando para TyC Sports en El Bosque. Escapó de los gases y las balas como la mayoría de los y las hinchas. Llevaron, junto a un compañero, a personas heridas al hospital. El humo, el caos y las puertas cerradas le dispararon un recuerdo: la noche del 30 de diciembre de 2004. Cromañón. Pellicioni, uno de los sobrevivientes de aquel recital en Once, fue uno de los periodistas que se encargó de contar lo que en verdad había sucedido en la cancha de Gimnasia.

Si lo ocurrido en el Estadio Juan Carmelo Zerillo no terminó como Cromañón o la Puerta 12, es gracias a una casualidad edilicia. La entrada a la cancha se da al aire libre y a la altura del suelo. La gente podía ver a quienes tenía a su alrededor y no atropellarse por salir. Eso y el comportamiento de los hinchas, tantas veces criticado en los medios de comunicación, generó que la tragedia no fuera aun peor.

Los videos de los teléfonos celulares y de las cámaras de televisión obligaron a que el relato mediático apunte a los verdaderos responsables: la policía y las autoridades políticas. Con la Puerta 12, en cambio, la verdad solo se cantaba en la tribuna. En el primer superclásico después la tragedia, las hinchadas de Boca y River se unieron en un mismo canto: “No había puerta no había molinete / era la cana que pegaba con machete”.

El tiempo pasa. Los operativos policiales crecen. Y la policía sigue pegando con impunidad.

Juan Stanisci
Twitter: @juanstanisci

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