Cuando todo parecía derrota, el pueblo salió con la celeste y blanco en todo el país. El equipo respondió. Escribe Santiago Nuñez.

Hace calor y el sol es testigo de cómo, en un sábado que parece cualquiera pero no lo es, la gente empieza su camino al trabajo o simplemente a la vida con un “vamos Argentina”. 

Los negocios que abren temprano sueñan con las gambetas de Messi.

Los pibes y las pibas que no duermen, ya sea por la joda o por el insomnio mundialista, quieren tener las manos del Dibu Martínez. 

Quienes laburan y viven de un sueldo un 26 de este noviembre y de cada mes resisten como Otamendi y Lizandro. 

Los cocineros y las cocineras de los bares y restaurantes de la Buenos Aires de fin de semana trabajan para tener la precisión de la pegada de Enzo Fernández o de la gambeta de Di María.

Los diarieros y las diarieras piensan cada día distribuir la necesidad de información como Guido Rodríguez da pases, o como Exequiel Palacios vive el mundo. 

El corazón de aquellos y aquellas que toman un colectivo mientras viven una ciudad teñida de celeste y blanco se aceleran como Montiel, Molina, o como el “Huevo” Acuña en cada zancada que piensa en el arco de enfrente. 

Argentina, por ese deporte que es alegría pero también nostalgia y desazón, tenía ante sus ojos el posible frío desamor del fracaso, lo que significa que en cada pase, pelotazo, movimiento o lo que sea podría significar quedar en la historia para mal. 

Nuestro país es el “fútbol-taquicardia”, el que no sabe de tranquilidad, el que no entiende de pasajes pacíficos o desafíos sencillos. El potrero, las canchas de papi, los interclubes viven en cada latido de un equipo que sabe, afortunada y lamentablemente, que representa a 45 millones de ilusiones. 

Esas que salieron, más allá de cualquier derrota, con el celeste y blanco a todos lados. El poder de tus colores. 

16 son los años que el mundo espera remates como el de Messi. 16avos de final es lo que nos jugamos el miércoles. 

Cuando el fin de semana pase. 

Como merece Argentina. 

Con una sonrisa. 

Santiago Nuñez
Twitter: @santinunez

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