Los hijos de José o como volver al pasado para reinventar el futuro

La llegada de Pablo Aimar y Diego Placente a las juveniles de la selección argentina buscó recuperar las enseñanzas de José Pekerman, el hombre que reinventó la selección argentina post Maradona. Pekerman no significa una manera de jugar al fútbol, sino una forma de sentir la vida y a partir de ahí el deporte.

“Las crisis dan siempre que pensar. Son en el fondo fecundas porque
siempre vislumbran un nuevo modo de concebir lo que nos pasa. Irrumpe una
nueva, o mejor, una muy antigua verdad.”

Rodolfo Kusch

Hace 2 años, poquito después del arribo de Sampaoli al seleccionado mayor llegaron a la sub 15 y sub 17 Placente y Aimar. Vinieron a refundar lo que destrozó la generación del 86 como técnicos, Bilardo como coordinador de selecciones y cia. Vinieron a darle de nuevo valor a los valores y el fair play. En la gestión Humbertito Grondona Argentina ganó un Sudamericano sub 17 y uno sub 20 con la misma camada. En el primero se agarró a puteadas con un dt rival, en el segundo un jugador argentino expulsado y suspendido filmó un video sacandole la lengua a los rivales tras la consagración.

Aimar, que habla poco pero enseña mucho, recalcó que venía a extenderle a los pibes el conocimiento que había mamado de grandes técnicos en sus inicios. Nombró a Pekerman que en edad de 15, 16 años paraba los entrenamientos y le decía donde estaba la solución a cada jugada.

Aimar y Placente, ya con un grupo de chicos conformado, un día hicieron un asado en el predio e invitaron a Riquelme. No fue para que los pibes se saquen fotos, que de hecho casi ni hubo, fue para hablar del juego. Para que Román les explique cómo hacía algunos movimientos, cubrir la pelota, perfilarse y tener visión panorámica de todo.

Rápidamente llegaron los resultados. Campeones del Sudamericano sub 15. Para la final Aimar y Placente hicieron viajar a 3 chicos que quedaron afuera por lesión. Tras el triunfo y recibir la medalla de campeones como cuerpo técnico Aimar, Placente y Desio bajaron, se la sacaron y se la regalaron a los pibes que formaron parte del plantel previo pero no jugaron el torneo. Una medalla de sudamericano sub 15 no es nada en las vitrinas de las exitosas carreras de Aimar y Placente. En cambio ese medallón naranja es una reliquia familiar en la casa de un pibe de 14/15 años Pichón de crack pero lesionado y con el dolor de ver a sus compañeros campeones y ellos con la incertudumbre del futuro.

Tras el primer partido del Sudamericano sub 17 2019 que Argentina mostró buenas intenciones pero perdió 3 a 0 con Uruguay, Aimar recalcó que sus pibes aún en la bronca por el resultado fueron a saludar a sus colegas uruguayos.

“No tengo claro que eso tenga incidencia dentro del campo, pero sí afuera. Y al final ellos son futbolistas 2 horas por día y el resto son personas. Cultivar valores en los chicos es muy importante en esta etapa. No sé si influye en el juego pero sí en la vida”, recalcó Pablo César en algo que debería ser póster en el predio de Ezeiza.

Argentina llegó al último partido de la primera fase al borde de la eliminación. Debía ganarle por 3 goles a Brasil para pasar. Lo logró en el tiempo de descuento. Nunca dejó de intentar abriendo la cancha con idea y concepto. No hubo algarabía ni festejos locos. A cada pibe brasileño tendido en el suelo por quedar eliminado se le acercó un pibe argentino a levantarlo y darle ánimo.
Brasil organizará el mundial sub 17 así que igual ya estaba clasificado pero vale el gesto de los nuestros. La ronda final Argentina desfiló y clasificó al mundial al tercer partido. Aimar siguió haciendo de las suyas, se emocionó con la bandera en la que los pibes le mandaron fuerza a un compañero lesionado que ayer estuvo agitando las muletas en los festejos a la madrugada.

Los festejos no fueron completos porque Argentina perdió 4-1 con Ecuador y con ese resultado el local Perú quedó afuera del mundial. Aimar tras el partido juntó a los pibes en el medio y entre retos les enseñó a dar la cara. Nada de festejar frente a la tristeza de los peruanos.

En conferencia de prensa Pablo remarcó que todo esto les servirá de aprendizaje a los chicos. Su cara parecía más de eliminado que de campeón. Recién se soltó en el vestuario cuando sus dirigidos cantaban “que de la mano de Pablo y Diego todos la vuelta vamos a dar”.

Son Pablo y Diego. Hijos futbolísticos de José. No había que inventar nada nuevo e importado. Aún en una AFA criticable, la solución era volver a las fuentes para soñar con que el éxito será eterno, será eterna la flor, el ser humano y la verdad. Ese imposible que alguna vez fue posible.

Lucas Jiménez

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