Irse al descenso en Argentina: Drama, lenguaje y violencia

A 17 años del partido Platense-Racing de Córdoba del 2002 que marcó la pérdida de categoría de ambos equipos aprovechamos para meternos en la conformación de los torneos que promueven desenlaces dramáticos y en la construcción cultural que lleva a tomar el descenso como la peor de las condenas.

El 20 de abril de 2002 Platense recibía a Racing de Córdoba por la última fecha del torneo de la Primera B Nacional, el partido terminó igualado en 2 y tuvo la particularidad que ese día los dos equipos que disputaron el encuentro descendieron de categoría. Lo curioso fue lo que pasó esa tarde en Vicente López pero lo extraño era la forma de disputa de la temporada 2001/2002 de la B Nacional.

El torneo, que contaba con 25 equipos, se dividió en dos. El primer semestre jugaron todos contra todos y el campeón Olimpo ascendió directamente a la Primera División, aunque quedó seis meses sin jugar. El segundo semestre el torneo se dividió en tres zonas de ocho y los siete peores promedios descendieron. Antes de jugarse la última fecha ya estaban definidos cinco de los siete descensos, sólo quedaban dos cupos que se iban a repartir entre Platense, Racing de Córdoba, Brown de Arrecifes, Godoy Cruz y El Porvenir. En la última jornada a Platense y a Racing de Córdoba sólo les servía ganar, por eso el empate condenó a los dos a la pérdida de categoría.

La AFA había tomado la decisión de hacer un torneo de 20 equipos y de eliminar las zonas metropolitana e interior por eso esa temporada hubo siete descensos, que le dieron un cierre a la estadística de 20 descensos en tres años para una misma categoría.

Cada cambio de torneo en el fútbol argentino se piensa para solucionar cosas a corto plazo o para contentar a algunos en detrimento de otros, esto trae consecuencias gravísimas a largo plazo. Poder reacomodarse después de un torneo mal organizado dura años. En el medio hay perjudicados que por el sistema de promedios pueden descender con puntajes para ingresar a un reducido como los ejemplos de Platense y Racing de Córdoba del 2002 o para jugar una copa internacional, en el caso de la Primera División, como el reciente caso del Tigre de Pipo Gorosito.

Los ascensos en cadena, como los que están sucediendo de la B Metro a la B Nacional en esta temporada a larga decantan en partidos como el Platense-Racing de Córdoba donde la gloria o el abismo dependen de que una pelota cruce la línea o no.

La estructura de conformación de los torneos está hecha y pensada para que las últimas fechas estén atravesadas por el dramatismo del descenso. Pero dicho drama no nace cuando el riesgo de descender está a minutos de concretarse sino que ya vive impregnado en el cuerpo y el lenguaje de todos los integrantes que conforman el negocio del fútbol argentino: hinchas, futbolistas, técnicos, dirigentes, periodistas y medios.

Pedro Bocca, defensor emblema del Platense de principios del 2000, recuerda en el libro “A pesar de los años”* el partido previo al de Racing de Córdoba contra el descendido Atlético Tucumán, donde si perdían ya no llegaban con chances a la última fecha: “La noche anterior no había podido dormir de los nervios por miedo a descender. Ese partido lo jugué con un stress bárbaro, porque debíamos vencer a un equipo descendido. Era como jugar solteros contra casados, no sabíamos con lo que nos podíamos encontrar. Por suerte lo jugamos bien y lo ganamos por 3 a 1. Ese mismo día, Carlos Trullet (el técnico) nos juntó en el vestuario y nos dijo que ahora teníamos un partido que era a muerte. Estábamos un poco más aliviados, ya que no habíamos descendido, pero esa noche tampoco pude dormir bien”.

El stress no se te va del cuerpo pasada la situación estresante. Porque vivir así te lleva a que una situación estresante le siga otra aún más angustiante. El partido con los cordobeses se vivió en clima bélico, el conjunto visitante fue recibido en Vicente López como si fuera un enemigo más que un rival. “Tuvimos que entrar media hora tarde a la cancha porque quisieron agredirnos en el micro. No había ningún dirigente de Platense esperándonos. Acá no caben las disculpas, que se las metan en el culo”, fueron las declaraciones del técnico del Racing cordobés, Pedro Marchetta, con el partido ya concluido y con la bronca todavía en el cuerpo.

Si hoy en día se repasan las jugadas principales de ese partido es imposible analizarlas sin tener en cuenta el contexto. El nerviosismo y la ansiedad pasaron de ser un estado mental a apoderarse de la pierna izquierda y derecha de cada futbolista. Hubo arqueros que pasaban de salvadas milagrosas a errores groseros, defensores que pifiaron despejes, delanteros que erraron situaciones de goles increíbles y el arbitraje convalidando un gol con falta al aquero clara y cobrando un penal con simulación también clara.

Platense, Racing de Córdoba y el árbitro de ese día, Rafael Furchi, acertaron y erraron, fueron un fiel reflejo del sistema de competencia y también del accionar del hincha que pasaba del aliento conmovedor a la violencia. Luego del partido  y concretado el descenso volaron piedras entre ambas hinchadas. Vale recordar que había hinchas visitantes por aquellos años y hubo mil cordobeses en cancha, además de 10 mil hinchas de Platense que colmaron su estadio. Además los locales se enfrentaron a la policía que respondió con balas de goma y gases lacrimógenos. El resultado fue varios patrulleros completamente destruidos, policías e hinchas de Platense heridos.

El hincha alienado por la violencia busca salvar el honor tras el hecho de descender que es tomado como perderlo por completo. tigreEn junio de 2006, cuando la hinchada de Chicago mató al hincha de Tigre Marcelo Cejas en venganza por su derrota en la promoción y su descenso hubo un testimonio de un vecino de Mataderos que afirmaba: “¿Viste cómo corrían los putos de Tigre?”, narrado en la crónica del periodista Fernando D´Adario en Página 12.  En su libro “Héroes, machos y patriotas” (Aguilar, 2014) el sociólogo Pablo Alabarces analiza esta legitimidad del aguante. “Ante la deshonra del descenso, la exhibición de aguante por parte de la hinchada era un mérito social, una forma de lavar la afrenta”, afirma.

Pero el libro también habla del traspaso del fútbol como un deporte de caballeros en sus inicios, en referencia al fair play, al paso a uno de hombres o machos en la actualidad, y de los cantitos de cancha o comentarios homofóbicos como el citado en el párrafo anterior. “En el ritual futbolero se dirime identidad de género. Porque en un partido de fútbol no se juega únicamente la gloria deportiva del club y los futbolistas, sino que simultáneamente está en juego la condición sexual de los hinchas”, afirma Alabarces. La hinchada de Boca confirma esta teoría con su bandera tras del descenso de River que dice: “Te fuiste a la B por puto y cagón”.

Hablando de trapos, la semana previa al partido con Belgrano por la promoción, que determinó el descenso del Millonario, en la concentración del equipo, hinchas de River colgaron uno que decía “Ganar o morir”. Mismo mensaje fue replicado por quienes estuvieron a cargo de la transmisión del partido que terminó con graves incidentes adentro y afuera de la cancha. Dentro de “los inadaptados de siempre” también hay gente de traje y con micrófono.

Frases naturalizadas en el lenguaje futbolero que traslucen  la violencia o el clima de guerra hay montones. El comunicador social Hernán López Winne recolecta varias en una nota de la Revista Un Caño en 2011: “gesta”, “épica”, “héroes”, “vida o muerte”,  “ejecutar un penal”, “fusilar al arquero” y “disparos al arco”.

“Todos los términos que rodean las notas y los comentarios sobre fútbol llevan una carga de agresividad que, si se reflexiona sobre ella, de alguna manera preanuncia la violencia. Y lo que ocurre es que, como las palabras están naturalizadas e incorporadas al lenguaje habitual, la reflexión sobre ellas nunca se produce. El lenguaje establecido no se cuestiona”, analiza el académico.

La nota también recoge textuales del periodista y filólogo alemán Viktor Klemperer que en un campo de concentración nazi escribió: “El lenguaje saca a la luz aquello que una persona quiere ocultar de forma deliberada, y aquello que lleva dentro inconscientemente. El lenguaje del Tercer Reich parece tener que sobrevivir en algunas expresiones características; estas se han introducido hasta tal punto que parecen haberse convertido en propiedad permanente de la lengua alemana”. El escritor tenía en claro que en tanto no desapareciera el lenguaje del nazismo, nunca desaparecería el nazismo.

Volviendo a la tarde de locura del 2002 en Vicente López Pedro Bocca recuerda en el libro nombrado de Platense cómo fueron los primeros minutos de aquel partido: “A los 10 minutos me crucé con Benítez y le abrí la cabeza. El fervor y el nerviosismo era tan grande que no medí la fuerza con la que salí a marcarlo. Nos estábamos jugando el descenso y en ese momento no pensábamos en otra cosa que no sea eso”. Y también habla sobre el penal inexistente que cobró el árbitro: “Cuando Furchi cobró el penal fui directamente a increparlo. Le dije que lo iba a matar y que no iba a salir del estadio. Yo estaba muy caliente, nos estaba mandando al descenso. Sé que mi reacción me podía haber costado la expulsión, pero creo que no me echó porque sino la gente afuera lo iba a matar.”

Presenciar el descenso de tu club en cancha es vivido y contado como una tragedia. Y las tragedias no se olvidan, siguen vivas por siempre en la memoria de los presentes. A fines de 2014 Platense fue a buscar a Pedro Bocca para que sea su técnico y sus primeras palabras al medio partidario Platense a Lo Ancho fueron “es un orgullo, porque yo vivo en el barrio, soy hincha y además tengo una espina clavada: el partido ante Racing de Córdoba del 2002”.

  • Libro escrito por Hernán Buzzella – Gustavo Javier Lamy – Nicolás Landoni – Andrés Ignacio Stahler

Lucas Jiménez

 

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