Zu ez zara ongi etorria Euskadira (tú no eres bienvenido en el País Vasco)

Diego Armando Maradona es bienvenido en cualquier parte del mundo. Vaya a donde vaya siempre hay una multitud esperándolo para gritar su nombre, sacarse una foto u obtener un autógrafo. Pero hay una región en España donde no es bienvenido: Euskadi.

Si la escena hubiera transcurrido dos mil años atrás no nos resultaría raro. Hasta mil quinientos lo podríamos charlar. Un estadio repleto de gente enardecida que observa a un grupo bastante menor, de unos veinte o treinta tipos, dándose piñas y tirándose patadas voladoras. Uno de los peleadores pega un salto, golpea con el pie en la cara de otro y lo deja inconsciente. Todo esto sucede ante la mirada del Rey. Mil quinientos años antes, la cosa hubiera terminado con el dominus o el princeps subiendo o bajando el pulgar para salvar la vida o condenar a los peleadores. La cuestión es que la pelea no sucedió en el Coliseo del Imperio Romano en los primeros siglos después de Cristo, sino en el Santiago Bernabeu en 1984.

El estadio parecía una olla de aceite hirviendo, solo que en vez del ruido de las burbujas saltando y cayendo, lo que se escuchaban eran silbidos, más que nada cuando el 10 blaugrana agarraba la pelota. El estadio Santiago Bernabeu recibía miles de vascos y catalanes para la final de la Copa del Rey. No era un partido más, por ese entonces los dos equipos representaban dos estilos de juego bien distintos: por un lado el Barcelona de Menotti, Maradona y Schuster; por el otro el Athletic Bilbao de Javier Clemente y Andoni Goikoetxea. El equipo del Flaco se jactaba de jugar con la pelota al piso y siempre pensando en el arco rival, mientras que los vascos de Clemente eran un equipo duro, defensivo y que aprovechaba las contras al máximo.

Era la tercera vez que se enfrentaban en la temporada. La primera el 24 de septiembre de 1983, en el día de la Virgen de la Mercè, patrona de Catalunya. Esa mañana Maradona fue a visitar a un niño que había sido atropellado el día anterior. Que los locos, los niños y los borrachos dicen la verdad, es un mandato popular que a veces se cumple. Cuando Diego se retiraba de la habitación, el pibe le gritó desde la cama: “ten cuidado Diego, ahora van a ir a por ti”. Y fueron por él. A los trece minutos del segundo tiempo Maradona recibe la pelota en la mitad de la cancha y de espaldas al arco. Goikoetxea sale a de la cueva y lo barre. Como un aluvión se lleva todo: pelota, tobillo y pasto. Andoni Goikoetxea aún guarda en su museo los botines que usó aquella noche.

Fue un escándalo en toda España. Los diarios llamaron a Goikoetxea el Carnicero de Bilbao. Hablaron de crimen, de la muerte del artista. Durante el partido el defensor vasco solo había sido amonestado, pero luego la federación española de fútbol decidió darle 18 fechas de suspensión, que al final se irían reduciendo. Goikoetxea era visto como un villano en casi todo el territorio español, en Euskadi (país vasco) la interpretación de los hechos era totalmente al revés. Ahí era un héroe. Cuatro días después jugó un partido por la Copa de Europa dónde marcó el primer gol y salió llevado en andas mientras su nombre era coreado por todo el estadio.

Maradona tuvo una recuperación record. En apenas 102 días estaba recuperado. Fiel al estilo de caerse para siempre levantarse contra todos los pronósticos volvió con dos goles al Sevilla. Tres semanas más tarde el Barcelona visitaba San Mamés, la casa del Athletic Bilbao, donde lo esperaban Goikoetxea y una multitud que se dedicó a silbarlo cada vez que tocaba la pelota durante los noventa minutos. A Diego la adversidad siempre lo encendió, sino que le pregunten a Gatti. Esa noche clavó dos goles para la victoria 2 a 1 de su equipo. Al Barcelona no le alcanzaría y el campeón de la liga sería el Athletic Bilbao. Pero aún quedaría un capítulo más.

El 5 de mayo de 1984 se jugó la final de la Copa del Rey en el Santiago Bernabeu. La semana previa estuvo cargada de declaraciones cruzadas entre los dos equipos que subían la tensión. Para colmo durante el día del partido un grupo de hinchas que viajaba desde Barcelona a Madrid sufrió un accidente y en el minuto de silencio que se decretó para antes de empezar el partido los vascos no paraban de silbar.

Acostumbrados al fútbol moderno, nos sorprende ver a Menotti fumando un cigarrillo tras otro en el banco de suplentes. El arranque del partido no fue distinto a lo que se esperaba: el Barcelona tratando de poner la pelota en el piso y tocando; mientras el Athletic defendía esperando para salir de contra y cortando cada intento de avance con faltas que hoy serían sancionadas con roja. A los 13 minutos hay corner para el equipo vasco. El centro es rechazado por la defensa del Barcelona. La pelota le cae a Argote que tira el centro otra vez. Recibe solo en la puerta del área Endika, la baja de pecho y define pegado al palo izquierdo del arquero Urruti. Gol del Athletic.

“Pensar como Franco, sentir como Franco y hablar como Franco. Que hablando en el idioma Nacional, ha impuesto su victoria” decía el periodista Luís de Galinsoga. ¿Cuál era el “idioma Nacional”? “¡Hay que decir Español y no castellano! El Español es la lengua de todos. Se ha transformado en la lengua de España.” Esa era el idioma Nacional según Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo franquista y vicepresidente durante el período denominado “transición española”, que se dio después de la muerte del dictador. En los años de Franco vascos y catalanes habían sufrido la prohibición de hablar en sus idiomas: el euskera y el catalán. ‘Durante años, fueron prohibidas todas las manifestaciones escritas y oralmente públicas en idioma regional. Los institutos de cultura cerrados, la enseñanza del idioma proscrita, los rótulos comerciales traducidos y las ciudades y los pueblos llenos de impertinentes recomendaciones: ‘Hablad en español’, ‘hablad en el idioma del imperio’. El cuadro de las autoridades políticas y de los funcionarios, incluidos los maestros, fue sistemáticamente forastero’. Así describió Dionisio Ridruejo, que de responsable de propaganda franquista pasó al desencanto y a simpatizar con la oposición. La proscripción y persecución a las lenguas que no fueran el castellano habían unido a vascos, catalanes y gallegos. Sin embargo, menos de diez años después del final de la dictadura franquista, durante la final de la Copa del Rey no parecía existir ningún tipo de amistad entre vascos y catalanes.

Cada vez que Maradona agarraba la pelota se le venían encima los silbidos de la mitad del estadio y las patadas de los jugadores vascos. En comparación con el juego que solemos ver hoy en día, las patadas que se dieron aquella noche son criminales. El árbitro solo sancionaba con amarilla. El ambiente estaba tan caldeado que en los corners llovían objetos. En el segundo tiempo Schuster, mediocampista alemán que también había sido lesionado por Goikoetxea, se acerca la banda izquierda y es recibido por una lluvia de latas de cerveza arrojadas por los hinchas del Athletic. El alemán responde tirando las latas a la tribuna. Los jugadores vascos rodean al árbitro mientras Schuster sigue tirando latas a la tribuna.  

El Barcelona continuaba fiel a su libreto de tocar y desmarcarse. En el primer tiempo entre Schuster, Rojo y Maradona armaron un jugadón, que no terminó en gol porque Rojo no llegó a definir, bien cubierto por Urquiaga. Pero el Athletic se había cerrado bien. Salvo un cabezazo de Schuster y un remate de afuera de Sánchez no pudo inquietar a Zubizarreta. La tensión crecía. Los hinchas vascos comenzaban a desarmar el alambrado del Santiago Bernabeu pensando en invadir la cancha apenas el árbitro terminara el partido. Mientras tanto Maradona entraba al área, apilaba jugadores y Lizarazu lo barría llevándose pelota y jugador. El árbitro da lateral y Lizarazu va a buscar a Diego diciéndole que se había tirado.

A los pocos minutos termina el partido. Con el pitazo no solo terminó la final, sino que del fútbol se pasó a la lucha romana. Maradona va a buscar a los jugadores que lo habían golpeado durante todo el partido. Migueli, defensor del Barcelona, sale corriendo a defender a su compañero, pega un salto y le da una patada en la espalda a un jugador del Athletic. La pelea no es a trompadas sino a patadas. Diego salta y golpea en la cabeza a un ayudante de Javier Clemente y lo deja dormido en el pasto. Lo rodean varios jugadores del Athletic que ya ni debían recordar que eran campeones. Diego recibe una patada en el estómago mientras Schuster tira otra patada voladora. Los hinchas vascos que invaden la cancha no entienden que pasa y no saben si festejar o defender a sus jugadores. Diego tiene la camiseta rota. Tarzán Migueli (el antecesor de Puyol) sigue tirando patadas y trompadas a todo lo que se le cruza. Si la tribuna lateral antes había arrojado algunas latas a Schuster, ahora lo que cae es una lluvia de objetos (Se están tirando con de todo diría un movilero de crónica). Al punto tal de que un periodista es impactado y cae. Intentan sacar a los golpeados, mientras la policía y algunos jugadores separan. Todo ante la atenta mirada del Rey.

Después del partido Javier Clemente no quiso bajarle el tono al asunto y dijo: “No han sabido perder. Hay que acabar con los que vienen de fuera y no tienen educación” responsabilizando a los extranjeros del Barcelona. Por el otro lado Menotti dijo que “nunca había visto nada igual”. El árbitro no escribió nada referido a los incidentes en el acta después del partido. Pero el Comité de Competición decidió suspender por tres meses a Maradona, Clos, Migueli, Goikoetxea, Sarabia y De Andrés. Maradona no volvió a jugar en el Barcelona, a los pocos meses se fue a Napoli donde comenzaría a convertirse en leyenda. Los otros cinco jugadores tampoco cumplieron ninguna sanción ya que a los pocos meses el comité dictaría una amnistía para todos.

Pero la cosa no termina acá. Ocho años después Diego volvía a fútbol español para jugar en el Sevilla dirigido por Carlos Salvador Bilardo. ¿Contra quién fue el primer partido en su vuelta a España? Se imaginan bien, contra el Athletic Bilbao en San Mamés. Diego intentó bajar un cambio en los días previos, elogiando al San Mamés, pero sus palabras no surtieron efecto y volvió a ser insultado y silbado durante todo el partido. Una cosa quedó clara, a donde quiera que Diego vaya es recibido con ovaciones, abrazos y pedidos de fotos. En cualquier rincón del mundo, excepto en el País Vasco. Ahí Diego no es bienvenido. O como dirían en euskera: Zure ez zara ongi etorria Euskadi.

Juan Stanisci

Fuentes:

https://www.publico.es/actualidad/lenguas-silenciadas-golpe-prohibicion.html

https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20150528/54431841836/copa-del-rey-batalla-bernabeu.html

https://www.mundodeportivo.com/futbol/athletic-bilbao/20180927/452053738683/athletic-sevilla-liga-futbol-maradona-san-mames-cortijo-heynckes-luke-ziganda.html

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