Messi, los húngaros y los alemanes

A quince años del debut de Messi en la selección mayor, recordamos aquella tarde en Budapest a partir de los personajes secundarios de la primera expulsión en la carrera de La Pulga. Escribe Juan Stanisci.

El 17 de agosto de 2005 un joven de 18 años entra al vestuario del estadio en Budapest, empapado en llanto. Acaba de debutar en la selección argentina y de ser expulsado a los 90 segundos de estar en cancha. Está perdido en ese vestuario de esa ciudad gris. Nadie le puede sacar de la cabeza que esa será la primera y la última vez que en la juegue la selección mayor.

Cuarenta y cinco días antes, a 1361 kilómetros de Budapest, el mismo joven de 18 años levanta su primer título con la selección argentina. El mundial de Holanda sub 20 lo recibió como la gran figura. El técnico argentino, Pancho Ferraro no pensaba lo mismo. En el debut contra Estados Unidos lo dejó en el banco, dicen que por un acto de indisciplina durante el sudamericano seis meses antes.

Desde la tribuna Julio Humberto Grondona miraba el partido. Había viajado desde Frankfurt junto a Nelly, su esposa, y Lorenzo, su chofer de la FIFA. Cuando terminó el partido, con victoria de los Estados Unidos, Grondona bajó a hablar con el técnico. “Che Ferraro, a vos te voy a dar una patada en el culo que vas a volar a Buenos Aires ¿Qué mierda haces? ¿Cómo no lo pones a Messi de entrada?”, le dijo al técnico. La charla fue reproducida por Cherquis Bialo en Infobae, Francisco Ferraro le respondió: “Vea Grondona, si usted viene aquí a formarme el equipo desde ya le digo que renuncio”. Don Julio arrojó el celular, “no hace falta que me lo digás, estás echado”. Hasta ese momento Grondona nunca había echado a un técnico de la selección. Ferraro continuó en el cargo, a partir del siguiente partido Messi fue titular y Argentina levantó su quinto Mundial sub 20.

Puskas el esquivo

Ferenc Pùskas fue el mejor jugador de la historia de Hungría. Según la página oficial del Real Madrid es la mejor pierna izquierda que ha pasado por el Bernabéu. Con el equipo blanco obtuvo 3 Copas de Europa, 1 intercontinental, 5 ligas y 1 Copa de España. Hizo 242 goles en 262 partidos. Con su selección jugó 85 partidos y fue subcampeón del Mundial de Suiza 54, perdiendo la final contra Alemania.

Pùskas fue uno de los mejores jugadores de la posguerra europea. Hoy en día el estadio de Budapest y el premio al gol más lindo del año otorgado por la FIFA desde 2009 llevan su nombre.

El ex delantero húngaro está presente en la carrera de Lionel Messi. No solo porque el rosarino lo superó en cantidad de goles y porque ambos perdieron una final del mundo contra Alemania en un año terminado en 4. Está presente porque el premio Puskàs es el que nunca pudo obtener Messi y su debut con la selección fue en el Ferenc Pùskas Stadion. En 2019, cuando Messi era candidato al premio por séptima vez, la revista Marca sacó una nota titulada “Messi, el Di Caprio del premio Puskas”. El actor de Titanic obtuvo su primer Oscar tras 22 años de carrera. El argentino volvió a quedar en el podio.

Volvamos al 17 de agosto de 2005. Lionel Messi pisaba por primera vez Budapest con la posibilidad de debutar en la selección mayor que dirigía José Néstor Pekerman. El Ferenc Pùskas Stadion esperaba el debut de quien había sido la figura del Mundial de Holanda sub 20 y era la gran promesa del Barcelona.

El equipo titular argentino estaba integrado por la mayoría de los que disputarían el mundial de Alemania un año después: Leo Franco; Lionel Scaloni, Roberto Fabián Ayala, Gabriel Heinze, Juan Pablo Sorín; Lucho González, Lucas Bernardi, Maxi Rodríguez; Andrés D’Alessandro; Lisandro López y Hernán Crespo. En el banco esperaba Messi para hacer su debut. Las crónicas argentinas tienen un error que, en cualquier otro caso hubiera sido pasado por alto: tanto ESPN como Infobae no incluyen entre los titulares del equipo húngaro a Vilmos Vànczak y ponen Norbert Toth

Vilmos Vànczak el olvidado

De no haber sido por aquella jugada nadie se hubiera detenido en el error. A los 63 minutos y 16 segundos Argentina gana el partido por 2 a 1 con goles de dos rosarinos Maxi Rodríguez y Gabriel Heinze. El partido es el típico amistoso de fecha FIFA, aburrido y sin nada llamativo. Hasta que Pekerman decide mover el banco. A los 63 minutos y 16 segundos, Lisandro López deja la cancha e ingresa otro rosarino: Lionel Messi.

El encargado de marcar a la joven promesa es Vilmos Vànczak, el olvidado de los medios argentinos. “Todos estaban esperando que Messi entre a la cancha. Se venía especulando con que haría su debut internacional, y así todo, era muy pronto en su carrera, él ya había aparecido mucho en las noticias”, recordó años más tarde en la revista FourFourTwoHungary. Vànczak es parte de la última generación de húngaros nacidos tras la cortina de hierro, al momento del debut Messi jugaba en el Ujpest FC, el equipo de la policía durante los primeros años del comunismo en Hungría. Había debutado en la selección un año antes. En el 2006 jugaría a préstamo en Sint-Truident de la liga belga, hasta recalar en club donde se convertiría en ídolo y capitán: el FC Sion, ahí ganó tres Copas de la Liga Suiza.

Messi entra a la cancha con el número 18 en la espalda y se para sobre la derecha. Vànczak se pega a él. Se acerca a jugar con sus compañeros con el húngaro acechando. Messi va a hacia el centro. Recibe y se perfila para encarar pero prefiere tocar la pelota. El lateral izquierdo de camiseta roja lo acecha. A los 63 minutos y 50 segundos se da vuelta como para gambetear. Vànczak lo agarra de la camiseta. Messi intenta liberarse estirando su brazo hacia atrás dos veces. El húngaro cae acusando un golpe. El árbitro Markus Merk cobra falta. Con Vánczak tirado en el piso el árbitro se lleva la mano al bolsillo y empieza a buscar a Messi con la mirada. Los jugadores argentinos rodean al árbitro. Saben lo que está por suceder. Tras un minuto de discusión el árbitro amonesta a Vànczak y expulsa a Lionel Messi. El entonces número 18 se va tras estar noventa segundos en cancha.

“Tan pronto como entró como sustituto lo seguí: lo agarré de la camiseta, pero fue expulsado por agredirme. No fue una agresión peligrosa o fuerte y la verdad no fue en un lugar difícil, solo me tocó la garganta, así que no creo que deban haberle mostrado la tarjeta roja. Sentí un poco de pena por él, porque creo que nunca soñó con esta clase de debut internacional”, dijo Vànczak también en FourFourTwoHungary. El defensor húngaro se retiró y trabaja actualmente en el Ferenc Pùskas Ladbarugo Akademia.

Markus Ment el primer alemán que hizo llorar a Messi

El debut de Lionel Messi en la selección argentina tuvo dos presagios que se revelarían con el correr de su carrera. El primero es el mencionado Puskas. El segundo con el país que le dio sus mayores tristezas: Alemania.

El técnico de Hungría en aquel partido era Lothar Matthaus, campeón del mundo con Alemania en Italia 90 ganándole la final a la selección Argentina de Maradona y Bilardo. El árbitro que lo echó a los noventa segundos de entrar a la cancha también es alemán.

Markus Ment odontólogo de profesión, desde 1991 viaja a la India para arreglar bocas en los barrios más pobres. En 1992 dirigió su primer gran torneo: Los Juegos Olímpicos de Barcelona. El destino parece empecinado en que estas historias se conecten por distintos lugares.

En 2004 fue distinguido como el mejor árbitro del mundo. Al año siguiente, a pesar del error en la expulsión de Messi también sería elegido como el mejor del mundo. Es entendible que un amistoso entre selecciones no haya influido en la decisión, pero quince años más tarde, resulta llamativo que quién equivocadamente expulsó por primera vez al mejor jugador del mundo, haya sido premiado de esa manera el mismo año.

“Hoy es amarilla. Hoy cualquier codazo sin intención es amarilla. Pero ahí ni lo toco”, recordó Messi en una entrevista con Pablo González. Quien estuvo de acuerdo con él, aunque luego lo tildaría de llorón, fue José Mourinho. El portugués opinó sobre la expulsión a los pocos días, “una amarilla hubiera sido controversial. Está claro que usó la mano para sacar al jugador que lo estaba agarrando. Es una pena por este chico.”

Messi y Ment se volverían a cruzar, aunque no directamente. Por las semifinales de la Champions League del 2006, Barcelona recibía al Milan. Era el partido de vuelta, la ida había sido para los catalanes por uno a cero. Messi estaba lesionado, así que no jugó ese partido. El que sí estuvo en cancha fue Ment que anuló mal un gol de Shevchenko que hubiera empatado la serie.

Todavía no se había enfrentado con Alemania en mundiales ni con el Bayern Munich en Champions. Markus Ment fue el primer alemán en sacar lágrimas de los ojos de Messi.

Dos segundos

“El debut señoras y señores de Lionel Messi en Argentina. Como Diego Maradona, contra Hungría”, anuncia en la transmisión televisiva Alejandro Fabbri. La comparación estaba al alcance de la mano. Cuarenta y cinco días antes Messi había sido figura en el Mundial sub 20 con dos goles en la final, al igual que Diego en Japón 1979. Para colmo el debut era contra el mismo equipo.

“(Maradona) lo hizo en 1977 en la cancha de Boca. Un partido que el equipo de Menotti ganó cinco a uno en el verano”, continúa Alejandro Fabbri. Walter Nelson, el relator de ese partido, acota “tres goles de Bertoni”. Mientras el uruguayo pronuncia esas palabras, Messi toca su primera pelota. “Y te voy a dar otro dato. Maradona debutó ese día con la camiseta 19, Messi con la 18. Un numerito más faltaba”, completa Walter Nelson. El rosarino de 18 años ya había tocado su segunda pelota.

“Lucho González. Viene para Scaloni. Bernardi. Primera pelota que toca el pibe Messi. Acá va. Ya lo agarraron de la camiseta. Ya empezaron”, Walter Nelson solo pudo relatar dos segundos con Messi en cancha.

Van 65 minutos y 55 segundos cuando Messi vuelve a cruzar la línea de cal, esta vez camino a los vestuarios. Camina cabizbajo, pasa por al lado del técnico pero Pekerman no le dice nada.

Llegó al vestuario vacío. “Tenía 18 años y pensaba: entré y me echaron. No vuelvo nunca más. No me van a llamar más”,  se decía entre las lágrimas y el enojo. Con el partido terminado, los jugadores argentinos fueron llegando al vestuario. Uno a uno se acercaron a consolar al pibe. Alguno le dijo que a él también lo echaron en el debut y que ahí estaba, que no había dejado de jugar en la selección. Intentaban hacerlo reír pero no había caso. Hugo Tocalli y José Néstor Pékerman le dijeron que iba a ser llamado en la siguiente convocatoria. Nadie podía parar sus lágrimas. Messi antes que su talento, mostraba la seriedad con la que se tomaba a la selección y las calenturas que es capaz de agarrarse cuando las cosas no le van bien.

El pibe no lo sabía en ese vestuario de Budapest. Tampoco el compañero que se acerca a consolarlo. No será el último partido del pibe con la selección. Tampoco terminará en ese vestuario su relación con el compañero que lo abraza e intenta consolarlo. Quién intentaba calmarlo era Lionel Scaloni.

Juan Stanisci

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