En el día del cumpleaños de Ricardo Enrique Bochini, un homenaje. Alejado de la comparación barata, un paralelismo entre Messi y el Bocha. Escribe Pato Ramón.

¿Se asemejan Bochini y Messi? Diría que no, en primera instancia. En algo, si repaso sus número, primero el de sus camisetas, y luego los números de sus logros conseguidos. Bastante, si comparo la humildad de uno con el otro. En todo, si gustamos del buen fútbol.

Son idénticos, si me imagino dos crack, aún con distintas características de juego. Dos gotas de aguas, como caudillos futbolisticos, desde el juego. No es mi intención comparar. No me gusta hacerlo. Sería hasta obsceno intentarlo, por no corresponderme. Solo que veo a Messi, y pienso en Bochini. Jugadores con algunas similitudes en sus trayectorias, triunfos, y fidelidades. Hasta sus personalidades se emparejan al verlos caminar la vida.

Seguramente el periodismo, sobre todo el gráfico, encontrará algún título para sus revistas y diarios, desde lo que puedan “decir” sus botines, no así sus labios. Son bastantes atípicos al resto de los jugadores. Cada uno deja su sello en la era que les toca desarrollar sus trayectorias.

Bochini en una interminable carrera de casi veinte  años que surcaron los ‘70/’80/’90 (1972-1991). Messi, con más de quince años, ya, en Primera División, desde aquel debut en 2004, en El Barcelona F.C., quedándole varios años más todavía. Los dos, dueños indiscutibles del dorsal #10 en sus clubes.

El rojo y el blaugrana fueron por siempre  únicos colores de sus uniformes. Celeste y blanca también fue su “camiseta alternativa” cuando no usaban la de Independiente y la de Barcelona.

Otros jugadores seguían siendo lo mismo cuando se sacaban los botines y enfrentaban el día, y también la noche.

Ronaldinho continuaba fuera de la cancha con su enorme sonrisa, de la misma manera, con el  ritmo del carnaval carioca que tenía jugando, en clubes, o con su Selección de Brasil.

Maradona ponía todo dentro de una cancha, como fuera de ella. Caudillo, guapo, genialidades y goles, en su “oficina”. Verborrágico, mediático y justiciero, fuera de ella. Siempre haciéndose cargo de los errores de sus compañeros, jugando; siempre haciéndose cargo de sus horrores, en su vida que nunca fue privada.

Zinedine Zidane se lo veía danzar al ritmo del ballet en la cancha, siempre elegante, deslizándose a la hora de manejar la pelota, pensando cada jugada antes de habilitar a un compañero. Mesurado y equilibrado a la hora de enfrentar a los periodistas. Recatado en los triunfos, medido en las derrotas. Refinado y armonioso en su vida civil, casi como un modelo deportivo. Dentro de la cancha, de la misma manera.

Pero este, El Bocha, salía,  y La Pulga, sigue saliendo, de la cancha, de hacer las mil y una, y pareciera que se les agotaran las pilas, o mejor, que se desenchufaran, y comenzaran a transitar una vida demasiada tranquila, sin grandilocuentes declaraciones, casi sumisos, sin exposiciones mediáticas, sin escándalos. Siempre dispuestos para una foto con la dama, o el autógrafo para el caballero, pero sin la pomposidad de otras estrellitas que nunca alcanzaron el brillo de estos dos mega crack.

Pienso en los más de 700 partidos del Bocha con la casaca Roja, y veo los más de 700 goles de Lio con la casaca azulgrana. Lo pienso, y lo veo. Sueño a uno, y lo hago realidad con el otro. No los confronto. Imposible de equipararlos.

Nadie nació para hacer lo que Bochini hizo en Independiente. Nadie nacerá para repetir lo que Messi terminará haciendo en el Barcelona. Añoro a uno, lo extraño. Veo al otro, lo disfruto.

Recuerdo a uno, y me deleito con  aquel gol intercontinental a la Juventus. Sigo mirando al otro, y no me decido por ninguno de sus siete centenares de goles. No puedo compulsar uno con el otro. Sería injusto con el Bocha por tanta mediatez que hay ahora. Sería injusto con la Pulga que nunca pudo jugar en el club de su ciudad.

El Diablo, ganó, e hizo ganar. El Culé, ganó, y gana. Hizo ganar, y hace ganar. Seguirá ganando. Pienso en las copas internacionales ganadas por Bochini, y veo las ganadas por Messi. Bochini, 4 Copas Libertadores. Messi, 4 Champions League. Bochini, 3 Interamericanas. Messi, 3 Supercopas de Europa. Bochini, 3 Copas del Mundo (2 Intercontinentales Club, 1 Copa del Mundo de  Selecciones). Messi, 3 Copas Mundial de Club.

Bochini y Messi, con cosas de actores dentro de la cancha. Uno, chaplinesco, el Bocha. Sin cara de galán, sin contar con un libreto, siempre improvisando con sus botines negros, tal cual Chaplin y su obras mudas, con sus grandes botines, también negros, ambos, de galera y bastón.

El otro, Lio, con el vértigo de MacGyver, dando respuesta de todo, y a todos, con una dinámica descomunal a la hora de dar efectivas soluciones a los conflictivos en los tendidos de enmarañadas marcas.

El Bocha y Messi, con la misma costumbre de dormir largas siestas, tanto como puedan, y los dejen, siendo esto, lo de dormir, su mejor alimento. Bochini y Messi, con cosas de pibes de barrio. Aquellos pibes que siempre eran elegidos primeros en el pan y queso.

Miguel Hirám Ramón

Pueden leer más de sus geniales textos acá.

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