Ricardo Zielinski prefiere alejarse de las grandes luminarias y los micrófonos. A fuerza de trabajo, construye equipos sólidos e incómodos para todos los rivales. Estudiantes de La Plata y el Ruso parecían estar predestinados para encontrarse. Escribe Gonzalo Bressan Otegui.

En Argentina existe una eterna discusión para saber quién es el sexto de grande del futbol nacional. El debate encierra, para que pueda mantenerse en el tiempo, un resultado incognito. Cada institución, cada hincha, expone sus argumentos. Estudiantes de La Plata tiene como principal sustento los títulos logrados, resaltando los internacionales. Es que el caso del equipo a bastones es particular. Luego de Independiente y Boca, junto a River, es uno de los cinco clubes con mas Libertadores de América. Su método efectivo, durante la época de Osvaldo Zubeldia, le dieron el mote de resultadista.

El 15 de julio de 1987, Alfredo Relaño, periodista español, escribió para el diario El País una columna sobre el club platense. En la misma habla de un equipo con métodos europeos, con organización de partidos, con planificación de jugadas, preparación física y seriedad en el trabajo. Un conjunto ganador.

Pero en los últimos años los resultados no fueron los esperados. Máximo Randrup, periodista de La Nación, especializado en el futbol de La Plata, detalló en su nota Como de la familia, la decisión de la dirigencia ante los últimos rendimientos cuantitativos. Récords negativos, como quince partidos sin ganar, o los históricos 697 minutos sin gol, pusieron a los que toman las decisiones en busca de un técnico efectivo: Ricardo Zielinski.

El entrenador comenzó su carrera en 1995 en una de las escuelas de Carlos Salvador Bilardo. Su posterior trayectoria no lo hizo desprenderse de lo embebido en su primer año. Pasó por varios equipos del ascenso y en 2009 ascendió con Chacarita a Primera División. Duró cinco partidos. En 2011 volvió a llevar un equipo a la máxima categoría, esta vez Belgrano, y frente a River. Estuvo en Racing y en Atlético Tucumán. Estudiantes fue a buscar un técnico que le dé resultados, pero antes que nada pensó en alguien que trabaje en el equipo.

En Belgrano también hizo debutar a grandes jugadores como Zelarrayán y Emiliano Rigoni

‘’Somos simples, no la complicamos’’, dice Zielinski. Y agrega: ‘’El que juega bien tendrá que preocuparse por jugar bien, el que marca tendrá que preocuparse por marcar’’. Desde su ascenso con Chacarita, pasando Belgrano, hasta su paso por Atlético Tucumán, Ricardo mantiene un molde inamovible. Dos líneas de cuatro. Los centrales del fondo suelen ser altos, preparados mas para el juego aéreo que para la salida desde el fondo. Desde Mariano Echeverría, en Chacarita, a Claudio Pérez, en Belgrano, con un promedio de altura y gol entre los más altos de futbol argentino. En el mediocampo el clásico doble cinco, pero ambos de recuperación. Por las bandas los rápidos, con buena ejecución de centros. Arriba fue mutando. En Chacarita, Belgrano y la primera etapa en Tucumán, colocó dos habilidosos para contraatacar. Alustiza, Cesar Pereyra o Luis Miguel Rodríguez. En el último tiempo, en Atlético, se mostró con doble nueve, ambos preparados para el roce, con potencia y juego aéreo. Uno recibe la pelota larga y descarga para que su compañero pueda hacerse de la segunda jugada.

Es decir, el juego que Zielinski llama simple reside en dos líneas de cuatro que trabajan como bloque defensivo, a la cual se le suman los delanteros que colaboran con la recuperación. Estos mismos preparados para el juego sucio, hacerle la tarea imposible a los defensores rivales, y tener presencia ofensiva. Para esto se necesitan extremos preparados para el centro en velocidad, además de ejecutantes precisos de pelota parada. Para esta última hay que destacar la presencia de los defensores centrales, un rasgo de los equipos de Zielinski.

Por esto la dirigencia fue en busca del presente técnico, que el último domingo debutó frente a River. Que perdiendo uno a cero, y con un jugador menos, mantuvo el equilibrio. Como si sus jugadores, empapados de las nuevas formas, supieran el final. Que lo iban a empatar con una pelota dividida. Que lo iban a ganar con un cabezazo de Fabián Noguera. El defensor central que pidió Zielinski, mide 1,93 metros. En su primera temporada en Banfield metió siete goles, cinco de cabeza, todos de pelota parada, en 27 encuentros. Cuando el árbitro dio por terminado el encuentro, fue como si Estudiantes de La Plata y Ricardo Zielinski se conocieran desde hace tiempo. No solo por el resultado, también por las formas.

Gonzalo Bressan Otegui

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