Entrevista a Rodrigo Daskal autor de Hinchas. Pasión y política en River Plate (1996-2013). Nos habla de su libro y como combinar las ciencias sociales con el tablón. Escribe Santiago Núñez.

“Ensayo”. Esa es la palabra con la que el costado de la tapa autodefine al libro. Abajo del título (“Hinchas”), la portada muestra una frase que es acompañada por un período de años  establecido entre paréntesis “(1996-2013)”, lo que indica, junto a la primera palabra citada, que estamos ante un trabajo académico. Todo “normal” hasta que en el fondo, el “objeto de estudio” sale a la luz simplemente con una imagen: decenas de hinchas levantan bengalas de humo con sus brazos. El trabajo que va a hablar de la pasión y la política en River durante 17 años encuentra en la tapa su síntesis perfecta.

Rodrigo Daskal expresa esa comparación entre tribuna y academia como pocos. Doctor en Sociología de la UNSAM, es investigador del Centro de Estudios del Deporte (CED), docente universitario (UNLP y UNDAV) y tiene a cargo el área de Museos, Trofeos e Historia de River. El autor se mete en un mundo novedoso que empieza con grupos de hinchas realizando acciones pintorescas para alentar a su club y cuyas actuaciones luego devienen no solamente en movilizaciones impresionantes sino también en acciones solidarias a gran escala. Es militancia. Es “hinchismo”.

El viaje fascinante (no necesariamente alegre) entra a su punto principal cuando estos sectores empiezan a tener tensiones permanentes con la actividad política, con el quehacer político. Ese mundo de entrada y salida, de idas y vueltas, encontrará puntos neurálgicos tanto en el fanatismo de una Caravana inolvidable en el 2001 como en la imaginación que nos lleva a pensar a Max Weber comiendo un asado en los quinchos de atrás del Monumental. Es sociología de la bengala. Epistemología del tablón. Un doctorado en tribuna.

¿Por qué escribiste el libro?

Hay dos cuestiones. Por un lado, por un interés académico: El libro es la publicación de una tesis de doctorado. Tiene que ver con lo que me gusta hacer, qué es lo que está vinculado a  las Ciencias Sociales. Y después, la otra cuestión es que abordo el deporte, la política, el fútbol y River, que son todos temas en los cuales estoy inmiscuidos hace mucho tiempo. Fue combinar el placer académico con el placer por el fútbol, la política y la militancia en los clubes.

¿De qué forma se utiliza la sociología para una cuestión tan popular? ¿Cómo es utilizar la Teoría de la Configuración de Norbert Elías para hablar de la fiesta en la tribuna o cómo se habla de la cultura del tablón citando a Raymond Williams y a Antonio Gramsci?

Eso apunta a trabajar con una realidad de la que somos parte pero también distanciarnos un poco de ella para comprenderla y aprender. Las teorías y marcos teóricos nos brindan esa posibilidad cuando uno los trabaja de manera adecuada y consistente. Uno puede pensar en términos de Elías la emocionalidad en el fútbol y la configuración de las emociones, en un mundo de tantos controles como el que vivimos. Elijo varios autores. La clave es que haya coherencia. Hay siempre una opinión teórica que se puede tener. Pero en Ciencias Sociales lo que queremos hacer es dar explicaciones parciales que se van concatenando para lograr llegar a explicaciones más generales.

En el libro trazás un contraste entre la construcción colectiva y los lazos un poco perdidos en la individualidad propia del período conocido como “neoliberalismo”. ¿Cómo se da esa relación?

Uno trata de mostrar lo que está investigando y ponerlo en línea con los contextos generales. Eso te da ciertas conclusiones, aunque sean parciales. Yo, por un lado, coloco el marco de la “cultura del aguante”: la organización de los hinchas, de la fiesta en la tribuna y el compromiso político. En términos de configuración futbolística, la “cultura del aguante” es lo que domina el período. Ahora también lo que trato de mostrar es que hay una militancia política, motivada por el fútbol y por el club, que es previa o paralela a las construcciones políticas militantes que pueden existir a nivel nacional. Ahí lo que se ve es la fortaleza del campo (parcialmente) autónomo del fútbol. Hay una lógica del fútbol que permite que esa militancia exista. ¿Se vincula con las militancias post 2001, 2003 y 2008? Sí, pero es previa. Después hay vínculos y relaciones con lo que pasó en el contexto más general. Hay militantes que actúan muy tempranamente en otros espacios que no son los de la “política tradicional”. 

¿Por qué hay que darle tanta importancia a la caravana del 2001 de los hinchas de River?

Fue un momento fundante para estos grupos, en términos de mostrarse a sí mismos y hacer ver que podían actuar en conjunto y generar una movilización tan grande como la de 50 o 60 mil hinchas caminando en la calle. Antes solamente había actividades en la tribuna. Fue como una apuesta para ver la repercusión en miles de hinchas de todo lo que ellos veían y creían. Es también una reivindicación de la Historia, porque era festejar el Centenario, pero también ver si eso se traducía en una militancia y un acto concreto. Al ver que salió  bien y funcionó, eso solidifica lo que sucedió más adelante.

Tomada de La Página Millonaria

¿Qué tensiones genera el proceso mediante el cual estos grupos de hinchas que hacen acciones puntuales empiezan a meterse de lleno en la participación política? En un momento del libro utilizas la palabra “cooptación”.

Varias y en diversos niveles. Una se relaciona con las características del ingreso al campo político y en el “cómo” es esa relación con el campo más tradicional de la política. La palabra “cooptación” no me gusta pero sirve un poco para retratar algunas discusiones que se daban por parte de algunos hinchas que decían “bueno, vamos a hacer un paso a la política” y otros que preferían simplemente seguir siendo agrupaciones de hinchas sin meterse de lleno en el campo. La discusión de la cooptación sirve porque hay hinchas que no siguen en ese proceso. Y más fuerte que esto es otra cuestión: el debate sobre “hacer” o “no hacer” política. Hay muchos hinchas que lo aceptan y otros que expresan que no les interesa. Escuchamos mucho esto en la sociedad. Aunque muchos de ellos por más que digan que no hacen política, sí la hacen. Cuando llega la elección, por ejemplo, integran una lista como representantes de socios, o vocales suplentes. Esa manera de la “no-política” sigue siendo política.

En el libro marcás la “institucionalización” de este tipo de prácticas “hinchistas” bajo la presidencia de José María Aguilar, aunque has marcado que esto no reivindica su gestión. ¿En algún momento tuviste miedo que alguien lo interprete de esa forma?

Miedo no. Mi preocupación no pasa por ahí pero sí con algo parecido: que se interprete que mi tesis es un trabajo que pretende valorar positiva o negativamente una u otra gestión. Esto lo podemos hacer como hinchas y como socios, no hay problema. Pero la tesis no es eso. Supone una distancia. No es ese el objetivo y en general los trabajos académicos  pretenden marcar conocimiento. Si uno a partir del mismo toma posición o ese conocimiento es utilizado para ayudarnos a conocer más y formar opinión está muy bien. Forma parte de otra dimensión. Pero el objeto central de la tesis no fue hablar bien o mal de ninguna gestión. Lo que sí me parece es que cuando uno muestra algunas cuestiones que quizás no se trabajaron, aunque lo haga en términos académicos siempre hay lecturas de los demás que pueden tender a eso. Por ejemplo si yo digo que la gestión de Aguilar fue una gestión de puertas abiertas a nuevas generaciones de hinchas  o nuevos socios que quisieron incorporarse a la vida política lo puedan hacer, yo estoy describiendo algo que pasó. Ahora sí alguien  piensa que por eso se está defendiendo a la gestión de Aguilar mi respuesta es que no es así, aunque considero que esas cuestiones son inevitables.

¿Por qué no le das tanto lugar al descenso de River en el libro?

No es el objetivo del libro, la dimensión futbolística casi no está trabajada, está como a un costado para tratar de contarnos un poquito que pasaba con los hinchas militantes. Lo que más me importa del descenso, por ejemplo, es cómo se organizaron los hinchas en 2012 para organizar la bandera más larga del mundo. Pero mi interés no está en el derrotero futbolístico del equipo.

El libro termina en 2013, lo cual es particular para un trabajo editado en el 2020 ¿Por qué es así? ¿Cómo calificarías este proceso del 1996 al 2013 durante la gestión actual del club?

Termina en el 2013 porque el triunfo de (Rodolfo) D’Onofrio muestra la llegada (entre comillas) de estos grupos de hinchas a la gestión del club. Ahí se abre otro período. Yo llegué hasta ahí con la tesis, que tiene que tener como siempre un recorte temporal. Si vos me preguntás qué pasó después, te diría que es una institucionalización plena porque todos los grupos de la Subcomisión del Hincha pasan a ser parte de diferentes lugares de la gestión del club. Actualmente, por ejemplo, Fernando Guarini es el presidente de todo el fútbol amateur de River. Esa institucionalización significó en los últimos años que la fiesta en la tribuna formara más parte del espectáculo. Cada vez que la Subcomisión organizaba algo previo (antes de la pandemia) salía en todos lados, incluso había notas institucionales. En este momento está plenamente institucionalizado.

Si la sociología futbolera fuera “banderera”, ¿qué trapo colgaría?

A mi me gusta mucho Elías, soy “Eliasiano”. Por ende, colgaría una bandera que diga  “Aguante Norbert” . No Norberto, Norbert.

Santiago Núñez

Twitter: @SantiNunez

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