El paro nacional en Colombia mostró a las barras de los clubes de fútbol como actores fundamentales en las calles. Esto es un parte de un proceso que lleva casi una década: el barrismo social. Escribe Juan Stanisci.

El 17 de diciembre de 2017 Millonarios de Bogotá salía campeón del fútbol colombiano. Seis días después, en la víspera de la noche buena, Andrés Pastrana fue declarado Presidente Honorario de la institución. Pastrana fue presidente de Colombia entre 1998 y 2002, cuando la Copa América estuvo a punto de suspenderse por el conflicto con las FARC. Su padre, Misael Pastrana Borrero, también había sido presidente del país entre 1970 y 1974. El 28 de abril de este año, cuando las protestas por la reforma tributaria comenzaban, la estatua de Misael Pastrana Borrero fue derribada en su ciudad natal, Neiva.

El pueblo colombiano tomó la posta de las protestas en Chile y Estados Unidos. Los paros nacionales o las manifestaciones, son una manera de repensar el presente y el futuro de una nación, pero la acción de derribar una estatua es también poner en cuestión el pasado. O quiénes escriben una determinada historia. No es lo único que se replica en Colombia de las protestas de los últimos años en América Latina. Pudieron verse en las calles colombianas miles de manifestantes con la camiseta de la selección nacional, algo que marca una continuidad con las protestas en Perú el año pasado y en Chile en 2019. A esto se le suma el rol fundamental de las barras de los clubes en las protestas.

“Las barras colombianas tomamos como referencia lo que hacen las barras chilenas que participan activamente en los eventos sociales del país y fueron claves en las protestas”, explicó al medio colombiano La Silla Vacía David Pombo, miembro de Garra Samaria Norte, la barra de Unión Magdalena. Las barras no solo salieron a la calle durante las protestas sino que además lo hicieron de manera conjunta y organizada. Esto es parte de una iniciativa que lleva casi una década llamada Barrismo Social. “El barrismo social surge como una iniciativa de transformar el mundo de las barras bravas, que acá más bien se ha querido entender como barras populares. En Colombia a la mayoría de las barras no nos gusta que se nos llamen barras bravas sino barras populares, porque nos queremos distanciar de esa mirada en la que se entiende a la barra como una barra que extorsiona, que aprieta, que delinque”, explica desde Medellín Andrés Felipe Muñoz, miembro de Los del sur, la barra de Atlético Nacional.

“utilizar el fútbol como un medio y una excusa para que las personas reaccionen y nos unamos como grupo social organizado”

“La narrativa oficial y la de los medios masivos de comunicación, presenta a las barras como agentes que distorsionan la protesta, responsables del giro vandálico que toman algunas protestas”, dice un informe de la organización no gubernamental Alianza para la paz. “A través del barrismo social, hemos querido encausar el nombre de las barras populares entendiendo que son barras donde hay un montón de gente de las poblaciones, de los territorios, que en definitiva han preferido o han optado por hacer un trabajo que beneficie su barrio, su ciudad y no exclusivamente el apoyo a un equipo de fútbol”, continúa Andrés Felipe Muñoz, “en ese orden de ideas se conformaron unos valores, unos baluartes, que tienen que ver con trabajos de solidaridad, con trabajos pedagógicos, educativos y con todo un asunto que tiene que ver más con lo social en un país que lo necesita tanto”. Ese trabajo dentro de los barrios, se transforma en tiempos de movilizaciones sociales en la manera de organizar a la comunidad para poder protestar. Las barras “Son parte de esa comunidad y ponen al servicio de la protesta lo mejor que tienen, su capacidad de actuar colectivamente”, dice el informe de Alianza para la paz.

En un país donde quizás el rasgo más identitario de los jóvenes pasa por el club del cual son hinchas, girar el foco de las barras puede ser fundamental. Maicol Giraldo, miembro de Rexixtenxia Norte, la barra de Deportivo Independiente de Medellín expresó, “utilizar el fútbol como un medio y una excusa para que las personas reaccionen y nos unamos como grupo social organizado”.

El fútbol suele ser señalado como un arma de distracción utilizada por los gobiernos en momentos de crisis. En este sentido el presidente Duque y la Confederación Sudamericana de Fútbol intentan mantener a toda costa la Copa América en Colombia. Esta semana se jugaron tres partidos en pleno caos por la Copa Libertadores. Dos fueron mudados de ciudad para garantizar que se puedan jugar y el restante cambió de estadio. Pero las protestas se sintieron igual. Uno fue aplazado tres horas. Los periodistas del equipo visitante pudieron reproducir una carta abierta de un grupo de barristas de la ciudad de Pereyra en contra de que el fútbol se siga jugando en ese contexto. “Si no hay pan, tampoco habrá circo”, decía la carta abierta. Los otros dos partidos, ambos jugados en Barranquilla, tuvieron que ser detenidos cada pocos minutos por el ingreso de gases lacrimógenos al campo de juego. De fondo fueron constantes las bombas de estruendo y los tiros. Los periodistas a cargo de las transmisiones se pusieron del lado de los reclamos del pueblo colombiano. En lugar de ocultar, el fútbol terminó funcionando como vehículo para visibilizar internacionalmente las protestas y los reclamos.

Las barras colombianas se han unido en el reclamo contra el gobierno de Duque y contra la realización de la Copa América el mes que viene. Los Comandos Azules, barra de Millonarios, club del cual era presidente honorario Misael Pastrana Borrero, pretender que caiga el torneo continental como lo hizo la estatua del ex presidente. “No permitiremos que oculten la realidad de nuestro país con este tipo de eventos deportivos. El fútbol es una herramienta de transformación social, no un distractor de la realidad económica, social y cultural para el Narcoestado colombiano.”

Juan Stanisci

Twitter: @juanstanisci

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