¿Dónde empezó el camino de la selección argentina que terminó en el Maracaná? A 7 años del debut en Brasil 2014 esta nota busca los posibles puntos donde puede considerarse el comienzo de esa historia. Desde la trompada de Alí en Sudáfrica 2010 pasando por la Copa América 2011 y las eliminatorias hasta llegar al partido con Bosnia. Escribe Juan Stanisci.

“¿Dónde empieza una historia?”, se pregunta la protagonista de un cuento de Antonio Tabucchi. Y eso mismo me pregunto. Porque el final es más fácil. O por lo menos en esta historia en particular, el final se encuentra fácil: la tarde del 14 de julio de 2014 en Río de Janeiro. Más precisamente en el estadio Maracaná. ¿Pero el inicio? Esta historia tiene muchos inicios. Vuelvo a Tabucchi: “Pensó que las historias no empiezan, las historias suceden y no tienen un principio.”

En el principio fue el error

No siempre los finales y los comienzos tienen puntos en común. En este caso sí. El final y el comienzo coinciden en el estadio Maracaná de Río de Janeiro. Argentina debuta en el Mundial de Brasil contra Bosnia, una selección que juega por primera vez esta competencia bajo este nombre. Ya la había jugado cuando formaba parte de la extinta Yugoslavia.

Alejandro Sabella plantea una formación que hace ruido dentro y fuera del plantel. Cinco defensores: Pablo Zabaleta. Hugo Campagnaro, Federico Fernández, Ezequiel Garay y Marcos Rojo. Cinco defensores que, cuando argentina tiene la pelota se transforman en tres, ya que Pablo Zabaleta y Marcos Rojo se acoplan a Mascherano, Maxi Rodríguez y Angel Di María. La idea es que siempre un hombre abajo sobre para marcar a Edin Dzeko, el mejor jugador bosnio.

La selección arranca ganando a los tres minutos con un gol en contra de Kolasinac. El resultado se abre pero el partido no. “En el primer tiempo, el seleccionado no creo situaciones de gol y se puso en ventaja gracias a un gol en contra”, decía la crónica de La Nación al día siguiente. A la selección le sobraba un hombre atrás. Dicen quienes estuvieron cerca que en el entretiempo los jugadores le dijeron a Sabella que había que cambiar. Y al segundo tiempo salieron Fernando Gago y Gonzalo Higuaín. Se quedaron en el banco Hugo Campagnaro y Maximiliano Rodríguez.

El segundo tiempo fue un poco mejor. A través de los dos delanteros delante de Messi y la tenencia que aportaba Fernando Gago la selección mejoró. El 10 frotó la lámpara y clavó un golazo para el dos a cero. A falta de seis minutos Ibisevic descontó para Bosnia. El comienzo no era el mejor, pero al menos los tres puntos estaban. Messi se tomó un tiempo antes de ir al vestuario para marcar un poco la cancha: “Se nos hacía difícil jugar, pero con un hombre de más arriba cambiamos y mejoramos.” Los cinco defensores no volverían a aparecer. Pero para llegar al primer partido del mundial, tiene que haber existido una llegada al territorio donde el mundial se disputaría. Y como todo viaje, tuvo que tener una despedida.

La despedida

Sucede cada cuatro años. Puede tener lugar en el Monumental o en La Plata. Es el partido menos importante pero el que siempre llena la cancha: el amistoso de despedida. Selecciones menores, que a cambio de no pegar demasiado no reciben una cantidad de goles escandalosa. Un partido que en realidad no importa. Es la excusa para que los y las hinchas llenen la cancha y les den el último adiós a los muchachos que se van rumbo al país anfitrión.

La tarde del 7 de junio de 2014 veintiún jugadores eslovenos pisaron por primera vez el Estadio Único de La Plata. Entre ellos se encontraba como suplente un joven Jan Oblak. 52 mil personas llenaron el estadio para ovacionar a los futbolistas. El problema fue cuando se dieron cuenta que el 10 estaba en el banco. Al principio el “Messi, Messi” bajaba de las tribunas con admiración. Pero ya entrado el segundo tiempo se escucharon algunos silbidos para Sabella por no ponerlo.

Nuestro querido Pachorra no lo ponía porque los eslovenos habían olvidado aquella cláusula tácita de no pegar a los futuros mundialistas. Metían y bastante, al punto de que Biglia salió lesionado a los 14 minutos por una paralítica. Sabella le hacía señas al entrenador rival pidiendo que aflojen. Para no tener ningún contratiempo la mayoría del partido lo jugaron los suplentes. El primer gol lo hizo Ricky Álvarez. El segundo Messi a los 76 minutos tras una gran combinación con Agüero. Cinco minutos antes la cámara lo agarró a Messi vomitando en pleno campo lo que generó comentarios de parte del periodismo que veinte días más tarde se rendiría a sus pies.

Algo similar sucedió con la lista de convocados. Desde los medios de comunicación se intentó generar un clima de ruptura dentro del grupo por haber dejado afuera a Banega. Al mismo tiempo que Marcelo Bonelli decía que Lavezzi se había escapado de un control anti doping de la FIFA por miedo a dar positivo y un periodista de TN remarcaba que la selección viajaba a Brasil con el promedio de edad más alto, y ponían el foco en que lo mismo había sucedido en el mundial 2002. El mismo canal abrió un espacio en la calle llamado “opinódromo” dónde distintas personas se acercaban a dar su visión del destino de la selección en Brasil: casualidades de la edición, todos los que hablaron coincidieron en que argentina volvía en primera ronda.

Dos días más tarde la selección dejaba el país con rumbo definitivo a Brasil. Comenzaba el camino más lindo en veinticuatro años. Pero para llegar a un mundial, primero hay que clasificar.

La asunción

Si de comienzos hablamos, el comienzo de un mundial para un país se da cuando este consigue la clasificación. Nuestra cabeza está formateada para creer que cada mundial tiene un participante asegurado: Argentina. En otros países no suelen hablar del mundial con tanta tranquilidad hasta no clasificar. Luego de tambalear en algunos partidos de unas eliminatorias muy parejas, Argentina logró clasificar una fecha antes. Y jugando uno de sus mejores partidos en mucho tiempo.

El partido contra Paraguay, con los titulares pero ya eliminada, fue la demostración de todo lo que la selección no haría al año siguiente en el Mundial. Evidentemente Sabella tomó nota de los graves errores defensivos para no volver a cometerlos. Lo mejor del partido estuvo de la mitad de cancha para adelante. Ese equipo jugaba con tres delanteros y medio y dos cinco. Casi podríamos hablar de un 4-2-4 a la brasileña. Zabaleta, Coloccini, Campagnaro, Basanta; Gago, Mascherano, Di María; Messi, Agüero, Palacio. Di María cumplía más funciones para delante que en defensa. Si bien el equipo recibió dos goles por errores defensivos, hizo cinco. Y el segundo tiempo fue un festival.

De los catorce jugadores que estuvieron en cancha esa noche, once llegarían al mundial. La conformación de ese grupo se fue dando a través de distintos momentos de las eliminatorias.

El cruce de Los Andes

Las eliminatorias sudamericanas tienen la particularidad de jugarse de a dos partidos con una distancia considerable entre cada par. Una mala imagen en uno de los dos, más que nada si se da en el segundo partido, puede generar un clima complicado para los meses siguientes. O bien puede suceder lo contrario. Que lo que pintaba para fecha difícil termine con seis puntos adentro.

Solo una vez en todas las eliminatorias, la selección pudo ganar el par de partidos. Y se dio en las dos fechas más difíciles: Uruguay y Chile. Uno había sido campeón de la Copa América un año antes eliminando a Argentina en cuartos de final; el otro sería campeón de la misma Copa tres años después también ganándole a la selección pero en la final.

El partido con Uruguay se jugó en Mendoza un 12 de octubre. Típico clásico rioplatense. Cerrado. Trabado. Peleado. Hasta que a los 64 minutos Lugano salió lesionado. Sesenta segundos después Messi definió adentro del área chica en la zona que fue impenetrable mientras el rubio y aguerrido zaguero uruguayo estuvo en cancha. Ese gol fue como una represa que se quiebra. A partir de ahí Argentina tuvo la pelota y Uruguay corrió detrás. A los 74 Agüero definió una gran jugada entre Messi y Di María. Y cinco minutos después Messi clavaría aquel famoso gol por debajo de la barrera.

Cuatro días más tarde tocaba Chile en Santiago. La roja dirigida por El Bichi Borghi tras la renuncia de Marcelo Bielsa. Los primeros quince minutos fueron un calvario. Chile parecía tener caja de quinta y Argentina palanca al volante con tres cambios. Pero la falta de un nueve de área con oficio hizo que Chile errara todo lo que generaba. Los goles no convertidos parecieron ir bajando la moral de la roja. El partido se fue emparejando. A los 27 minutos Fernando Gago filtró una pelota por dónde solo él puede ver, Messi amagó y convirtió un golazo. Tres minutos después Gonzalo Higuaín armó una gran jugada y la clavó en el ángulo. Tras sufrir el embate chileno, Argentina se encontraba dos goles arriba. En el último minuto Felipe Gutiérrez descontó. La selección de Sabella lograba hilvanar dos triunfos y así conseguir un poco de calma después de varias fechas de dudas.

“Este equipo nació en Barranquilla”

La frase es de Javier Mascherano. Barraquilla es, además de una ciudad dónde el calor y la humedad son el jugador número doce de Colombia, un lugar que no le sienta tan mal a la selección. Más que nada si se viene con varias dudas. Cuarta fecha de las eliminatorias. Sabella lleva cinco meses en el cargo. Luego de un buen arranque ganándole a Chile en el Monumental, Argentina pierde con Venezuela por primera vez en la historia. Para colmo, en la fecha siguiente empata 1 a 1 con Bolivia en el Monumental. Ese partido marcó a Demichelis por su error en el gol boliviano. No volvería a jugar hasta el partido con Bélgica por los cuartos de final del Mundial.

Los convocados para el partido con Colombia evidenciaban la confianza de Sabella en los jugadores que tuvo en Estudiantes: Federico Fernández, El Chapu Braña, José Sosa, Clemente Rodríguez, Leandro Desábato. A ellos se sumaba el comodín de las eliminatorias que quedó a las puertas del mundial: El Cholo Guiñazú.

A los treinta y siete minutos Burdisso se rompe los ligamentos. Siete minutos más tarde Mascherano la mete en su propio arco. Para el segundo tiempo Sabella decide quemar las naves. Afuera el Cholo Guiñazú adentro el Kun Agüero. Pareciera que con Messi, Agüero e Higuaín en cancha no teníamos nada que temer. La selección levanta el partido a puro empuje. A los sesenta empata Messi. Y faltando cinco minutos Agüero lo da vuelta marcando uno de sus goles más gritados en Argentina.

Ese partido no era solamente afianzar el recién comenzado ciclo de Sabella. Era empezar a cerrar una herida abierta el 16 de julio de ese mismo año. Años más tarde Mascherano contaría que el equipo que jugó la final contra Alemania se formó en aquel partido en Barranquilla. Superando lo que hubiera sido un golpe complicado para Sabella y para los jugadores que venían de quedar afuera de la Copa América disputada en nuestro país meses antes.

“Mucho auto importado”

Las luces del estadio Brigadier López de Santa Fe se apagan. Solo se ve una cabina iluminada. En ella Fernando Niembro descarga uno de sus editoriales más recordados. Si quien lo escucha no vio el partido pensará que Uruguay aplastó a la selección y la goleó. La realidad es que en un gran partido, con muchas llegadas, Uruguay terminó ganando en los penales. Y que, si Tévez convertía el penal y Argentina avanzaba de ronda, todos los adjetivos que iban para los uruguayos, hubieran ido a los nuestros. Todo por un penal.

Pero no exageremos que para eso está Niembro, quién acusa a los jugadores de tener “mucho auto importado y muchas chicas” y pide para la selección “un director técnico severo, que le haga chas chas a los jugadores” y que les “pegue con una regla en la punta de los dedos”. Sí, en el año 2011. Lo que Niembro no sabía en aquel entonces es que siete de los once jugadores, ocho si sumamos a quienes entraron, serían parte del plantel que llegó a la final del Mundial tres años después. Romero, Zabaleta, Gago, Mascherano, Di María, Messi, Higuaín, Agüero y Biglia. Y seis de ellos serían titulares. Vueltas del destino, catorce meses después de la final contra Alemania, Niembro era investigado y apartado de una candidatura por graves acusaciones de corrupción.

Dicen quienes habitaron vestuarios y concentraciones que las derrotas forjan el carácter de los grupos. El plantel que llegó a la final, a maniatar a Alemania jugando su mejor partido, había tenido un duro golpe en Santa Fe. Y si de golpes hablamos. Es momento de hacer nuestra última escala en la búsqueda de un comienzo para esta historia.

La trompada de Alí

Un año antes del editorial de Fernando Niembro, Argentina sufría una de las peores derrotas de los últimos tiempos: 4 a 0 con Alemania. ¿Nuevamente qué encontramos? Que siete de los once jugadores que jugaron esa tarde en Ciudad del Cabo estarían entre los 23 del mundial de Brasil. Cinco jugarían la final también. Y los dos que no la jugaron fueron fundamentales para llegar hasta ese lugar: Di María contra Suiza y Maxi Rodríguez contra Holanda.

No es tarea fácil pensar y rememorar los distintos momentos que tiene que atravesar un equipo que llega a una final de un mundial. Habrá muchas instancias desconocidas para quienes no formamos parte de esos planteles. Mates, picados, viajes, juegos, peleas, lo que sucede en cualquier grupo humano. Solo que a la vista de millones de personas. Entre la trompada de Alí, que fue como describió Diego al partido con Alemania, y la final contra el mismo rival solo pasaron cuatro años y once días. Parece mucho y a la vez parece poco.

Y quizás podríamos seguir yendo hacia atrás. Al mundial de Holanda 2005, a los juegos olímpicos de Pekín en 2008 o a Canadá 2007. A su vez el partido en el Maracaná es un inicio de algo que no sabemos cómo ni cuándo va a terminar. Podemos volver a Antonio Tabucchi: “O al menos ese principio no se ve, se escapa, porque ya estaba inscrito en otro principio, en otra historia, el principio es solo la continuación de otro principio.”

Juan Stanisci

Twitter: @juanstanisci

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