Messi, Adios Nonino y la presencia eterna de Diego. Algunos datos para ilusionarnos con esta Copa América, en la previa del clásico rioplatense. Escribe Agustín Barbeito.

Hace casi 20 años, los argentinos comenzábamos a descubrir una de las mayores series de la historia de nuestra heterogénea televisión argentina. Los Simuladores se transformó en un programa de culto que, como el vino y las leyendas, cobra mayor preponderancia a medida que el tiempo se vuelve plastilina.

La narración de cada relato cobra sentido en los detalles que su creador, Damián Szifrón, selecciona para cada capítulo. Toda pieza tiene su lugar, su razón de ser en tiempo y espacio. ¿Cómo establecer un hilo conductor entre Maradona, el actor Cacho Bidonde, el tango, Messi, Borges y el debut de la Argentina en la Copa América que nos pisa los talones? La respuesta la traen dos palabras: la música y el tiempo.

En el episodio 6, “El pequeño problema del gran hombre”, el maestro Cacho Bidonde interpreta al presidente argentino Agustín Mendilaharzu, quizá, la persona más encumbrada que un país pueda tener. Con un claro problema de impotencia, Los Simuladores orquestan un plan cuya victoria se concreta en un salón de baile, cuando Bidonde es seducido por un grupo de mujeres. El bailarín de tango Juan Carlos Copes se desplaza de punta a punta, mientras suena Adiós Nonino, de Astor Piazzola.

Comenzó una nueva Copa América, esta vez sin Maradona, el primer torneo oficial desde que le provocaron la muerte. Fue, en su momento, el primer certamen oficial que disputó Diego con la Selección mayor y con una particularidad: Juan Carlos Bujedo le robó la 10 y el astro tuvo que elegir otro número. Sí, la número 6. No sabemos si será la última, pero los datos dicen que Messi saldrá a la cancha para su sexto capítulo en el torneo, cuya sequía en la Selección Mayor le provocan la misma impotencia que Bidonde sufría allá por 2002.

Unas semanas antes del comienzo del Mundial de Corea-Japón, la empresa Quilmes nos refregaba en la cara ese poder que tiene el tiempo, sintetizado en una de sus mágicas publicidades. “Eran otros tiempos” se llamaba el cortometraje, un compendio de historia que duraba 1.40 y terminaba con la palabra emoción, probablemente, el arma más influyente de sus propagandas. Hace algunos días, Quilmes nos volvió a tirar al vacío con esa vieja y clásica emoción de sus comerciales cuyo canal para empatizar es y será siempre la música seleccionada. Esta vez aparecen camisetas brasileras. Maradona en modo Dios. Y un tango que empieza a justificar cómo las historias siempre se entrelazan. Sin letra, nos estremecemos con Adiós Nonino.

El último torneo que la Argentina disputó sin Diego en este mundo fue, justamente, una Copa América (si no contamos la selección juvenil que participó de los Juegos Olímpicos de Roma en 1960). Se realizó en la Argentina bajo el viejo nombre de Campeonato Sudamericano, entre el 7 de marzo y el 4 de abril de 1959, y el campeón fue el local a pesar de que Brasil contaba con todas sus figuras como Pelé -resultó goleador y mejor jugador-.

Hubiese ocurrido lo mismo este año si el torneo se disputaba en el país (para celebrar, quizá, la copa ganada en casa en 1921) que ya se acostumbró a autoboicotearse o verse impedida de realizar certámenes por culpa de intereses políticos. En esta oportunidad, las encuestas de consultoras privadas inclinaron la balanza a la hora de la decisión presidencial, a días del comienzo del torneo continental. En 2016, con motivo del Centenario, la Copa América que debió jugarse en nuestro país y Uruguay, sufrió cambios en coincidencia con las jugadas geopolíticas del momento. Con la irrupción del FIFAgate, la designación de Estados Unidos como anfitrión fue una devolución de favores luego de que le quitarán en 2010 la realización del próximo mundial en tierras cataríes.  

El desafío del tiempo

Luego del partido inaugural del seleccionado frente a Chile, algunos datos son concluyentes: en primer lugar, el análisis estadístico de lo colectivo refleja que Chile jamás derrotó a la Argentina en un partido oficial por Copa América (el sinsabor de la tarea inconclusa yace en las dos finales que, penales mediante, Chile obtuvo en su país y en los Estados Unidos. Sí, las únicas de su palmarés).

El segundo escalafón tiene que ver con los registros vigentes de súper récords con los que Messi, en una maratónica carrera contra el tiempo, somete a la prensa a tener que tipear y tipear y tipear cada semana números nuevos, números ostensiblemente ficticios pero que el streaming y la televisión vuelven realidad.

Cinco años atrás, en un estadio termosellado con aire acondicionado por dentro y desafiando el calor texano de Houston, el rosarino nos hizo transpirar en abrazos cuando la pelota se coló en el ángulo derecho del portero Guzán luego del genial tiro libre con el que  se convirtió en el máximo anotador de la historia argentina (55 goles). Y a pesar de las declaraciones de Batistuta al confesar su “tristeza” por ser destronado, al ex 9 de la Fiorentina le quedaba un registro que guardó en silencio durante estos años para que nadie se lo pudiera arrebatar. Hasta que Lionel, el lunes pasado y ante Chile, luego de hacerse eco de aquel secreto, resolvió calcar el tiro libre de la Copa América Centenario y alcanzar, una vez más, el récord de mayor goleador histórico, esta vez, en competencias oficiales (39 tantos).

Otra marca, no menos pretenciosa, la consiguió al igual a Américo Tesoriere como jugador en disputar seis Copa América, con la diferencia de que su coterráneo lo hizo de forma continuada (entre 1921 y 1926), y Leo, un estratega del tiempo, comenzó en 2007 hasta llegar aquí. El registro que engorda la lista y pone en evidencia esa relación participar Messi-Copa América tiene que ver con la posibilidad de convertirse en el jugador con mayor cantidad de partidos disputados con la camiseta argentina. En el partido con Bolivia, luego de jugar con Paraguay, podría lograrlo (con el de hoy frente a Uruguay llegará a 146) para dejar segundo a Javier Mascherano -147-.

Para terminar el empadronamiento de los récords, dos datos más engalanan su misión: si completa los siete partidos del actual certamen, igualará a Sergio “el sapo” Livingstone, arquero chileno que disputó la Copa del Mundo de 1950 y que jugó en Racing Club, como el jugador con más presencias en la Copa América (34). El último repertorio alimenta aún más esa simbiótica y desenfrenada voracidad entre Messi y Cristiano Ronaldo. Con el último gol a Chile, superó al portugués (57 a 56) como el futbolista activo con más tantos de pelota parada.

 A los estadistas el transcurrir de los años les hace agua la boca. Una serie de datos podría concluir con que la Copa América es sorprendente y se vuelve arena entre las manos para muchas figuras: hay por lo menos 8 jugadores estrella de sus países que no alcanzaron la gloria máxima a nivel continental. Valderrama, que se encontraba activo en 2001 cuando Colombia campeonó de local, pero no había sido convocado. Chilavert en Paraguay y Salas en Chile. En Brasil figuran Sico, Sócrates y, aunque no lo crean, Pelé. Diego está por Argentina. Y, aunque el destino se disfrace retorcido, Messi y Neymar, que ya tienen oro olímpico, todavía buscan alzar el título más longevo del mundo a nivel selecciones.

Mientras la Brasil de Tité, sin lujos y con Neymar Jr. como bandera, aplasta a cualquier oponente y se vuelve aún más favorito de lo que ya es, la única certeza que tenemos a estas horas es que Argentina revive, una vez más, el clásico sudamericano más antiguo frente a Uruguay, mientras O Rey Pelé descansa en su casa natal frente del televisor. Leo trota ligero en el calentamiento previo sobre paneles de pasto que se levantan en Brasilia, con la certeza de la burla. La genialidad de engañar la línea del tiempo y habernos traído el lunes pasado un ratito a Diego, festejando en un salto bien alto y con el puño derecho sacudido. Y Diego, desde donde sea que esté, seguramente hace honor al comercial de la cervecería. Por allí andará, bailando un tango con la 10 como partenaire.

Agustín Barbeito

Twitter: @AgusBarbeito90

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