Un festejo de un título de la selección en un estadio, la vuelta del público, un equipo que gana y sigue invicto. Tres goles de Messi, siga, siga semental que la cosa no va mal. Lágrimas de revancha y emoción del Loco de Ezeiza. Crónica de una noche inolvidable en el Monumental. Escribe Lucas Jiménez.

No sabíamos qué había el día después a ser campeón. Nunca lo habíamos experimentado. Hablo en nombre de una generación entera curtida a base de finales perdidas. Según la visión de cada persona podías disfrutar o criticar lo que había, pero nunca podías imaginar cómo sería ese día porque era la dimensión desconocida.

Cuando el árbitro uruguayo Esteban Ostojich marcó el final del Brasil-Argentina de la Copa América 2021 Messi ya estaba con las rodillas en el piso. Segundo antes se había tirado a bloquear un remate como un arquero y ahí quedó. Cuando intentó levantarse escuchó el silbatazo que sonó en su cabeza como las murgas en carnaval. Messi llora poco en público, la procesión casi siempre va por dentro. A veces la situación lo desborda como en la final de la Copa América Centenario de 2016. No se perdonaba haber errado el primer penal después de que Chiquito Romero haya atajado el suyo. La segunda lágrima visible con la celeste y blanca fue de felicidad en el Maracaná.

Anoche fue la tercera pero fue la primera como local. En su casa, donde lo miraron de reojo, donde se ganó a la opinión pública a base a venir siempre y poner su talento al servicio del equipo, ha integrado mejores y peores. Siempre que le dieron estabilidad y mínima identidad de juego fue parte de planteles que llegaron hasta el último día de la competencia con Basile, Sabella, Martino y Scaloni. Donde tuvo que soportar que el periodismo llegue tarde al sentir de la gente y aproveche cada derrota para pegarle en el piso. Ayer cuando sonó el final del himno cantado por Sergio Torres en el Monumental, Messi tragó saliva y llanto para no desviarse del partido. Ya estaba emocionado.

Después de perder la final de la Copa América 2007 contra Brasil y un mes después de la fecha original Messi festejó su cumpleaños número 20 en un pub de Rosario llamado La Usina solo con la familia y los amigos de siempre.

De repente aparece alguien que hace que el cumpleañero se pare para abrazarlo y decirle “gracias por lo de esta noche”. Es el dueño del lugar y el ex cantante de Grupo Cali Sergio Torres. “Yo me crié escuchando sus canciones de cuando él hacía furor en Cali. Un día, hace un par de años, yo estaba comiendo en un restaurante de Rosario y él tocó en la zona de las pistas. Yo le mandé a decir que lo quería conocer, pero como había mucha gente, nos citamos como a las tres de la mañana en un café de bulevar Oroño. Así, nació esta amistad tan linda que tenemos con Sergio”, le cuenta Messi al único periodista presente Darío Pignata del diario El Litoral, amigo de Torres.

En 2015 Messi fue entrevistado por su ex compañero en Barcelona y actual productor musical, José Manuel Pinto. Le preguntó sobre sus gustos musicales. «Antes me gustaba más la cumbia, ahora música más tranquila como el reggae», respondió La Pulga que eligió sus 10 canciones favoritas. Arrancó con Los Cafres, Shakira y Juanes para cerrar con el tema que le hizo El Polaco “La zurda de oro”, “Qué calor” de Pibes Chorros y 3 canciones de Sergio Torres, el músico amigo que le organizó el cumpleaños del 2007. “Me dediqué a perderte”, “Díganle” y “Mira como baila”.

Messi y Sergio Torres se conocen hace años. Desde la época que el 10 usaba la 30 del Barcelona, camiseta que le regaló. Ahora podrá regalarle la 30 del PSG. El himno argentino en la voz de Torres lo llevó de viaje por todo lo que vivió hasta llegar a este momento de estar por jugar el primer partido como local como campeones de América después de ganarle la final a Brasil.

Ya en el calentamiento previo la gente lo ovacionó, también hubo reconocimientos para Di María y Scaloni. Los 3 juntos vivieron el mundial de Rusia 2018 donde la selección estalló en mil pedazos. Cambios constantes y promesas incumplidas del técnico Sampaoli a los jugadores, desembocaron en una reunión antes del partido con Nigeria. Scaloni era la pata del cuerpo técnico que más hablaba con los jugadores de experiencia. Había sido compañero de Messi y Mascherano. Miró la situación de costado pero se involucró para destrabar el conflicto.

Contó el periodista Sebastián Varela del Río, en un vivo de Twitch, la semana pasada, que después de ganarle a Nigeria, Scaloni fue a buscar a Sampaoli y lo llevó a la parte de las duchas donde estaban los referentes: Mascherano, Messi y Biglia. Ahí lo soltó como diciéndoles a los jugadores ‘díganle lo que me dijeron a mí’. Messi le pidió disculpas a Sampaoli por el tono del planteo post Croacia. Scaloni ya mostraba dotes de liderazgo. Esos que vio Chiqui Tapia puertas adentro. Esos que lo llevaron a darle un interinato en la selección para no seguir acumulando deudas, ya que estaban pagando 3 sueldos de ex entrenadores al mismo tiempo (Bauza, Martino y Sampaoli). Lo que para mucha gente fue una traición, para Scaloni era la oportunidad de su vida.

Utilizó todos los amistosos de mitad de 2018 a mediados de 2019 para probar jugadores. La mayoría de los que se afianzaron como titulares ya habían estado cerca de ir a Rusia 2018 como Pezzella, Paredes y Lautaro Martínez. En cambio Rodrigo De Paul es todo de él. Lo convocó en principio como opción de volante ofensivo por los costados y aprovechó la evolución que tuvo como futbolista en Udinese para usarlo como volante interno. Terminó armando un tándem en el eje con Paredes que le da un ritmo infernal al equipo por momentos.

Arrancó las Eliminatorias con un 11 que incluía a Martínez Quarta y Lucas Ocampos, a quienes sacó cuando bajaron el nivel e irrumpieron los Cuti Romero y Nico González. Su arquero titular siempre fue Armani hasta que Dibu Martínez dejó la comodidad del Arsenal donde era suplente y mostró su valía en Aston Villa. No tuvo problemas en rotar los laterales si veía que estaban parejos en rendimiento. Hizo sentir a todos importantes.

Volvió a convocar al Papu Gómez y lo puso unos minutos en el partido de Eliminatorias contra Perú para que se sintiera parte. Armó un grupo rocoso y competitivo que fue a Brasil a ganar la Copa América y lo logró. Cocinó a fuego lento la vuelta de Di María tras la Copa América 2019. De no convocado a jugador número 12. De primer suplente a titular indiscutido. Ayer lo sacó para que ovacionen a ese ídolo invisible de la selección que al fin es reconocido.

Hoy el Di María de la Copa América es Joaquín Correa que entra en los segundos tiempos a romper defensas cerradas. En las ganas con la que entran los suplentes está la sal competitiva de un equipo campeón que quiere seguir ganando. Los ingresados aprenden de los titulares, de Messi y Di María, dos tipos de más de 33 años que, como dice Santi Núñez, parecen “dos pibes jugando en la canchita del parque contra los que paran en la cuadra del otro lado”. Tocan, ríen, juegan, contagian al resto.

Argentina es un equipo constructor de grandes jugadas e insoportable por momentos. Cuando Paredes juega en modo Peluquero, a puro corte, cuando la presión es colectiva y bien arriba. También hay momentos de baches porque cuesta más recuperarla con las líneas bajas, porque hay que mejorar la salida del fondo y entender que no siempre puede ser prolija si el rival te presiona. Esa montaña rusa de emociones que es La Scaloneta sube porque el técnico saca al que no está aportando al momento del partido. Por eso el primer cambio fue el Papu Gómez que abierto por izquierda queda aislado y rinde mejor cerrado.

La continuidad de partidos también fue generando sociedades. Messi-Lautaro ya funcionan como dupla. Te las perdiste Barcelona, serás más feliz vagabundeando. Todos los goles nacieron de los pies de Paredes y maduraron en los de Messi. El emblema de la renovación de la alegría y el líder espiritual de esta selección, ya son un solo puente conectado como Camino Negro y General Paz. PSG los disfrutará igual que nosotrxs.

Se armó una atmósfera positiva tan linda alrededor de la selección que dan ganas de nombrarlos a todos. Cómo nos vamos a olvidar de los centros atrás del Huevo Acuña. Mirá si no fueron justas las ovaciones para Otamendi y De Paul cuando fueron reemplazados.

La buena felicidad dicen que no se nota pero acá está a la vista. El equipo sale a jugar al ritmo de la gente. La gente alienta al ritmo del equipo. El mejor momento de la relación público-selección de los últimos 20 años. Una señora se baja el barbijo para cantar el himno y filma la cancha. Se toca el pecho y se emociona. Ayer a la mañana me vi del video del crack de Octavio Gencarelli de Goles en Contexto sobre la final con Brasil y muestra una abuela asomándose a un bar post partido agitando una banderita celeste y blanca. Yo arriba de un bondi no pude parar las lágrimas porque por más que no se note seguimos en pandemia. Capaz no nos dimos cuenta pero hace un año y medio no vamos a la cancha ¿Podrán liberar más entradas para octubre por el amor de D10S?

Se podía ser feliz hinchando por la selección argentina. No era un ejercicio al que solo se accedía mirando videos en You Tube. Tuvo que venir un cuerpo técnico curtido en selección. Fíjate si saben lo bravas que son las Eliminatorias Sudamericanas que el Ratón Ayala gritó el segundo gol a Bolivia como si fuera el primero. Aprendió de Bielsa que solo festejaba los goles que liquidaban los partidos.

En la misma línea Messi solo se dio el permitido de dejar caer las lágrimas cuando terminó el encuentro. Se puso a llorar para recordarnos por qué nos gusta más que el rock. Lo hizo después de traer la Copa América y regalarle un gol en vivo a cada 10% de público que estaba en el Monumental. El Loco de Ezeiza ama demasiado este país y esta camiseta. Había que ser muy mierda para criticarlo sin parar y acá está lleno de soretes de traje que tienen el poder y lo van a perder.

Aparecen cantito nuevos, el equipo funciona, gana y sigue invicto. Podemos prender la tele de nuevo. Tachamos los días para la próxima fecha FIFA. Vamos caminando por la calle y le preguntamos a un puestero a cuanto del buzo del Dibu Martínez. Vemos hermosa la camiseta más fea de la historia de la selección. No sé cuánto va a durar esto. Por lo pronto es 10 de septiembre y se cumplen dos meses del Maracanazo. Messi se llevó la pelota. En la tribuna su mamá y sus hermanos, “y el Diego, en el cielo lo podemos ver, con Don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel».

Lucas Jiménez

Twitter: @lucasjimenez88

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